Juana Bellanato, la química que no olvida la escasez de la Guerra Civil

Juana Bellanato. Imagen: CSIC.

Juana Bellanato nació en Madrid en 1925, así que tenía 11 años cuando comenzó la Guerra Civil. Esta prolífica química española que se especializó en el campo de la espectroscopía y gracias a su trabajo pudo observar la estructura de una gran variedad de compuestos, de alimentos a fármacos, ha contado en varias ocasiones cómo los años de la contienda, y sobre todo los inmediatamente posteriores, supusieron una época de carestía y hambruna para la mayoría de la población.

Al principio de la guerra, Bellanato, sus padres y su hermana menor resistieron en Madrid, pero en noviembre de 1936, ella se marchó al pueblo materno, Calzada de Calatrava, en Ciudad Real, donde ya vivía su hermana mayor. Su madre y su hermana menor la seguirían poco después, mientras que su padre permanecería en Madrid durante toda la guerra, sobreviviendo por poco y con suerte. Ha contado en entrevistas como esta que si bien la escasez era algo generalizado en España en aquella época, en el pueblo era menos dura que en la ciudad, ya que allí la gente tenía el recurso de la tierra para cultivar patatas y cereales con los que hacer pan.

De vuelta a Madrid tras la guerra

“Volvimos a Madrid en cuanto acabó la guerra, y en 1939 me examiné por libre de bachillerato. De esa época tengo peor recuerdo porque ya era mayorcita, ¡y pasamos una escasez!”, contaba Bellanato, que recuerda una ocasión en la que, ante la obvia situación de hambre que padecía, una amiga la invitó a entrar en una pastelería “a que me hartase”.

A pesar de las estrecheces de alimentos, su familia nunca renunció a sus estudios ni los de sus hermanas. Sus padres, de pocos recursos, querían que sus hijas tuviesen una formación tan avanzada como fuese posible. “Todo el mundo me decía que hiciera Química porque se me daba bien”. Entre el Premio Extraordinario de Bachillerato que obtuvo gracias a sus buenas calificaciones y el dinero que obtenía dando clases particulares, pudo finalmente matricularse en la Universidad Central de Madrid (hoy la Complutense).

Mujeres ayudantes, pero no licenciadas

Hizo allí la carrera de Química entre 1944 y 1949, pero al terminar suspendió una parte del examen final, lo cual impidió que cerrase sus estudios. Mientras esperaba a repetir el examen y volver a intentarlo, se matriculó extraoficialmente de dos asignaturas de doctorado, una de ellas de Espectroscopía impartida por Miguel Antonio Catalán, referencia en su época, de mentalidad abierta en cuanto a la participación científica de las mujeres y que se convertiría en uno de los pilares de su trabajo. Catalán era además el jefe del departamento de Espectroscopía del recién creado Instituto de Óptica Daza de Valdés del CSIC.

Juana Bellanato por Paco Camallonga Andrés
en “Ellas tienen la fórmula“.

Debido a las dificultades para encontrar trabajo en un laboratorio (“admitían a mujeres bachilleres para ser ayudantes, pero no licenciadas…”) finalmente decidió hacer la tesis en este campo, apadrinada por Catalán. Sería entonces cuando entraría en dicho instituto del CSIC, empezando como “becaria sin beca” y terminando, años después, con un puesto de profesora de investigación.

Un ascenso que, según cuenta, no era común en todos los centros de investigación de la época. “En los demás hacías la tesis pero sabías que seguramente no te podrías quedar a trabajar allí, que no habría plaza para ti entre otras razones por ser mujer. Además, muchas mujeres al terminar la carrera o la tesis se casaban y dejaban de trabajar. En los centros no las querían casadas porque el marido no querría que siguiesen trabajando o porque, como ellos no colaboraban en casa, ellas tendrían que estar faltando todo el rato si los niños se ponían malos… […] Luego algunas se reincorporaban, por ejemplo como profesoras en colegios particulares, cuando los hijos eran mayores”. “Era una época en la que sólo continuaban investigando las solteras”, añadía en este artículo recientemente publicado.

Estancias en el extranjero para aprender de Premios Nobel

Bellanato nunca se casó ni tuvo hijos, así que su vida doméstica no supuso estos dilemas. Pudo además realizar estancias en centros científicos del extranjero, lo cual complementó y amplió su formación en su campo de investigación haciéndola una científica muy valiosa. La primera de esas estancias, de 15 meses, la realizó en el Institut für Physikalische Chemie, en la ciudad alemana de Friburgo, donde conoció a científicos relevantes de la época, principalmente C.V. Raman, que ganaría el premio Nobel de Física en 1930 por el descubrimiento del efecto y la técnica espectroscópica que lleva su nombre y que ella aprendió a dominar junto con la espectroscopía infrarroja.

Ambas le permitieron realizar grandes avances en la observación de la estructura de materiales muy diversos y útiles: alimentos (lácteos, cervezas, aceites), microorganismos patógenos, medicamentos y fármacos, cálculos renales, materiales industriales… También pasó por Oxford, donde trabajó con otro premio Nobel de su campo, Sir Cyril Norman Hinshelwood.

Su otro interés: la teología

La teología ha sido otro de sus intereses. Estudió Ciencias Religiosas de joven y tras su jubilación se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Comillas. “Me decidí por la especialidad de Teología Moral y Praxis Cristiana y en concreto por la Bioética porque está más relacionada con mi formación. Hice la tesina sobre terapia génica en humanos.”

En toda su carrera publicó más de 175 artículos en revistas científicas, un libro y capítulos en muchos otros libros científicos. También ocupó cargos en organismos científicos, como por ejemplo el de Jefa de la Unidad Estructural de Espectroscopía Molecular del Instituto de Óptica entre 1979 y 1990 o el de Presidenta del Comité Español de Espectroscopía entre 1985 y 1988.

Referencias

Sobre la autora

Rocío P. Benavente (@galatea128) es periodista.

4 Comentarios

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Luis Felipe Albuquerque PérezLuis Felipe Albuquerque Pérez

Extraordinaria científica y persona . Con una capacidad de trabajo encomiable.
Me alegro de que se publiquen articulos de ella pues fué una española pionera en la ciencia.

OlgaOlga

Todo un orgullo haber compartido almuerzo con esta gran mujer…. te llevo en mi recuerdos de madrid y mi paso por el CSIC

EmiliaEmilia

Encantada de haberla conocido personalmente y muy agradecida por aceptar nuestra invitación para participar en una mesa redonda sobre mujer y ciencia

Lola CabezudoLola Cabezudo

Habria que añadir a las cientificas/cientificos siguientes a los que trasmitió su especialidad, que fueron muchas. Si hubiera que citar un rasgo suyo predominante, sería SERVICIAL y RIGUROSA. La he conocido bien por la proximidad de la edad y cientificas próximas.

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