Margaret Pittman, la bacterióloga que ayudó a hacer la tosferina una infección menos peligrosa

A día de hoy, la tosferina, una enfermedad infecciosa que afecta a los pulmones, da mucho menos miedo que hace varias décadas y es en parte gracias al trabajo de Margaret Pittman. Esta microbióloga desarrolló una vacuna contra esta enfermedad que aún hoy sirve como base de las que se aplican en muchos lugares del mundo. Aunque las vacunas disponibles contra la tosferina no confieren una inmunidad del 100 %, sí que han reducido mucho su circulación y hacen que, en caso de infección, esta sea mucho menos grave.

Margaret Pittman y Sadie Carlin, 1938.

No es poca cosa. La tosferina, que es altamente contagiosa, no suele tener un pronóstico grave en niños mayores o en adultos, pero sí podría causar la muerte a los bebés si se infectan. A día de hoy, la vacuna contra la tosferina forma parte de los calendarios vacunales y en el mundo desarrollado pocos niños mueren por su causa. Y como decimos, es en gran parte gracias a Margaret Pittman.

Ayudante de consulta para su padre

Pittman nació en Arkansas, EE. UU., en 1901, hija de un doctor local. Tanto ella como su hermana a menudo ayudaban en la consulta de su padre, administrando anestesia o vacunas a sus pacientes. Tras la muerte prematura de éste, su madre se mudó a otra localidad, donde trabajaba como costurera y elaborando conservas de alimentos para costear los estudios de Pittman y sus dos hermanos.

Ella se graduó en 1923 en el Hendrix College en matemáticas y biología, y durante un tiempo dio clases en una escuela universitaria local. Después se matriculó en la Universidad de Chicago, donde obtuvo un título de máster en Bacteriología en 1926. De allí se marchó al Instituto Rockefeller de Investigación Médica de Nueva York para ocupar una plaza de investigadora, y después volvió a la Universidad de Chicago, donde se doctoró en 1929.

En los años posteriores a la gripe española

En aquel momento, la bacteriología era una rama de la ciencia relativamente nueva. Se habían hecho muchos progresos en el conocimiento y el estudio de las infecciones pero aún había muchas que no se sabía cómo prevenir, como la difteria, la neumonía o la tosferina.

Durante la vida de Pittman hasta ese momento, 1918 había sido un año negro en lo que a infecciones se refiere con la pandemia de la gripe española [esta enfermedad se conoció así porque de los países occidentales, solo España que no estaba involucrada en la I Guerra Mundial informaba de la pandemia en sus periódicos], que costó la vida a 40 millones de personas en todo el mundo, la mitad en Estados Unidos. La carrera investigadora de Pittman comenzó en los años posteriores, cuando el gobierno y la sociedad en su conjunto dedicó gran cantidad de recursos al control de las enfermedades infecciosas a través de medidas de salud pública.

Primeros descubrimientos y publicaciones

Margaret Pittman (1938). Imagen: Wikimedia Commons.

Como científica del Instituto Rockefeller, estudió la bacteria Haemophilus influenzae, capaz de causar en los humanos infecciones como la bronquitis o la sinusitis. Ella observó que algunas cepas de la bacteria están rodeadas por una cápsula que les permite entrar en el torrente sanguíneo burlando las defensas del organismo. En total identificó seis de estas cepas, una de las cuales era responsable de un tipo de meningitis infantil. Esto, junto con algunas publicaciones sobre el neumococo causante de algunas neumonías, hicieron que se labrase una reputación internacional en su campo en muy poco tiempo.

En 1936 se incorporó al Instituto Nacional de Salud (NIH, hoy Institutos Nacionales de Salud, el organismo público estadounidense de investigación biomédica), donde trabajó en la producción, puesta a prueba y estandarización de vacunas contra el tifus, el cólera o la tosferina entre otras enfermedades. Impulsó la idea de que la efectividad de una vacuna estaba directamente relacionada con su potencia medida en el laboratorio, así que desarrolló métodos para medir esa potencia.

Durante la II Guerra Mundial contribuyó a la faceta sanitaria del esfuerzo bélico al desarrollar estándares con los que procesar el plasma sanguíneo. En aquel momento se usaban transfusiones sanguíneas para tratar a los heridos, pero a veces esto producía fiebres altas y otros problemas, así que Pittman y su colega Thomas Probey desarrollaron métodos para mantener y comprobar las condiciones adecuadas del plasma sanguíneo antes de ser transfundido al paciente.

Su trabajo contra la tosferina

Durante este periodo, en 1943, comenzó su trabajo enfocado a la tosferina. Junto a otros compañeros desarrolló un método para comprobar la seguridad y eficacia de la vacuna, un trabajo que se convirtió en la base de los requisitos internacionales de potencia exigida a esta vacuna. En un periodo de cinco años tras establecerse este requisito se observó una evidente caída en la mortalidad a causa de esta enfermedad. Esto fue para ella uno de sus grandes logros.

Y eso que el desarrollo y la implementación de esa vacuna no estuvieron exentos de problemas. En 1976, Pittman trabajaba para solucionar el hecho de que la vacuna contra la tosferina causaba una serie de efectos secundarios severos. Un día cayó en la cuenta de que la enfermedad estaba causada por una exotoxina, una toxina producida por una bacteria, igual que ocurre con la difteria o el cólera. Al entender la tosferina como una infección mediada por una toxina se pudo desarrollar una vacuna más segura.

Directa, enérgica, interesada en lo nuevo y una líder efectiva

Margaret Pittman (1971).

Pittman dirigió la División de Estándares Biológicos del Laboratorio de Productos Bacterianos de 1957 a 1971, convirtiéndose en la primera mujer que lideró un gran laboratorio dentro de los Institutos Nacionales de la Salud. Era famosa por ser directa, sistemática y siempre llena de energía, capaz de reconocer las posibilidades de todo lo nuevo y con ganas de aprovecharlas. En 1970 recibió el Premio Federal de las Mujeres porque “su habilidad para identificar problemas, estimular la investigación y evaluar los resultados la han hecho una líder inusualmente efectiva”.

De 1960 a 1970 participó en una investigación sobre el cólera en Pakistán, fue directora de investigación del cólera en los NIH y asesora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en varios momentos entre 1959 y 1983. Se jubiló en 1971, pero continuó trabajando sin remuneración en los NIH y como asesora ocasional de la OMS.

En 1986 fue elegida como miembro honorífico de la Academia Estadounidense de Pediatría por sus “esfuerzos por mejorar la vida y el bienestar de los niños” y hay una beca en los NIH que lleva su nombre para hacer honor a sus logros como parte de la institución.

Murió en Maryland en 1995.

Referencias

Sobre la autora

Rocío P. Benavente (@galatea128) es periodista.

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