Tam y Sally, un amor en las sombras

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Tam O’Shaughnessy (1952) y Sally Ride (1951-2012) se conocieron a través de una pasión compartida por el deporte. A temprana edad, ambas competían en el circuito juvenil de tenis en el sur de California. Pronto entablaron una estrecha amistad que se profundizó durante sus años de adolescencia.

A lo largo de esa época, Tam se volcó de forma profesional con las raquetas. Participó varias veces en el Campeonato Nacional de Estados Unidos y en 1972, llegó al terreno de Wimbledon. Incluso, según los récords de la Asociación Mundial de Mujeres en el Tenis, consiguió ocupar el número 52 a nivel global. Por su parte, Sally también tuvo resultados deportivos, aunque no tan notables como el de su antigua compañera.

Sin embargo, los años universitarios obligaron a las jóvenes a perder el contacto durante algún tiempo. Tam se marchó a la Universidad Estatal de Georgia. Ahí cursó su licenciatura y máster en biología. Sus propios resultados en el tenis le valieron una beca de estudios que le abrió las puertas del mundo académico.

Sally Ride y Tam O’Shaughnessy. Imagen: Kay Loveland.

Por otro lado, Sally se quedó en California. Consiguió un doble grado en Física e Inglés en la Universidad de Stanford. En esa institución permaneció de forma fija hasta 1978, cuando concluyó su doctorado analizando la interacción del medio interestelar con los Rayos X.

Alrededor de estas fechas, Tam volvió a trasladarse a su California natal. Su objetivo era también completar su doctorado, en este caso en psicología escolar. Una de sus grandes aspiraciones era contribuir a la metodología de enseñanza necesaria para apoyar a niños con necesidades especiales de aprendizaje.

Tras el regreso, las jóvenes retomaron el contacto. Pronto se hicieron cada vez más íntimas y compartían de manera asidua con círculos de amigos en común.

Las carreras de ambas iban en ascenso. Sally decidió aplicar para convertirse en astronauta para la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés). Fue seleccionada en un grupo de 35 entre más de ocho mil candidatas. En este marco profesional conoció a quien se convertiría en su primer esposo, Steve Hawley, otro caminante espacial. La pareja se divorciaría solo tras cinco años de matrimonio en 1987.

En 1983 viajó al cosmos en el transbordador Challenger STS-7. Se convirtió en la primera mujer, nacida en el continente americano, en realizar tal hazaña. Desde entonces, su nombre quedó registrado en la historia de la Astronomía a nivel global.

Tam tuvo una vida manos publicitada. Siguió dedicada a la la psicología infantil con especial énfasis en aquellos chicos con problemas para la lectura. Comenzó a escribir algunos libros y pronto se dio cuenta de la necesidad de contribuir a la divulgación y promoción vocacional de las ciencias desde edades infantiles.

Llegó a formar parte de un proyecto del Departamento de Educación del Estado e, intermitentemente, ofreció clases y conferencias entre Georgia y California.

Un proyecto profesional y otro de vida

El 11 de marzo de 2011, Sally Ride fue oficialmente diagnosticada con cáncer de páncreas. Su vida se apagaría en solo 17 meses. Durante ese tiempo, Tam y ella se abrieron al mundo de forma pública como pareja lesbiana. Ya no había tiempo para guardar las apariencias que la sociedad les imponía.

Desde mediados de la década de los 90, los nombres de ambas amigas comenzaron a aparecer juntos en portadas de libros. Los volúmenes eran dedicados a niños y niñas para inspirar en ellos el amor por las ciencias. En paralelo, ambas crearon Sally Ride Science, una fundación dedicada a motivar el interés de los jóvenes por el conocimiento.

Para mayores respaldos, se adhirieron la Universidad de California en San Diego como una organización sin fines de lucro. En la medida que el proyecto crecía, ambas sentían miedo de que no las tomarán en serio al ser una pareja homosexual. Decidieron mantener oculta su relación.

O’Shaughnessy llegó a confesar: “Nuestra empresa dependía de los patrocinios corporativos, y en ese entonces no teníamos confianza en que los líderes corporativos nos apoyarían si supieran que estábamos juntas”.

Tam O’Shaughnessy y Sally Ride, 2010. Imagen: Vicki Fletcher.

En el entorno cercano no prevaleció esa conducta. La familia y los amigos eran felices solo con saber que ellas también lo eran. Continuaron trabajando de conjunto y asumieron diversas responsabilidades, al tiempo que ocultaban de la opinión social su relación personal.

Luego de que la enfermedad de la astronauta fuera identificada, dejaron de tener tapujos para presentarse en escenarios públicos como “compañeras”. No obstante, no fue hasta el propio funeral de Sally en que Tam fue reconocida oficialmente como la pareja romántica de la astronauta.

Tras el lamentable fallecimiento, O’Shaughnessy se convirtió en la albacea del legado material de su compañera y, hasta la actualidad, trabaja por expandir el interés y amor por las ciencias en nombre de Ride.

Bibilografía

Sobre la autora

Claudia Alemañy Castilla es periodista especializada en temas de ciencia y salud. Trabaja en la revista Juventud Técnica.

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