Catalina Pimiento, la mujer que consiguió “pescar” al Megalodón

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Estimar las dimensiones de los animales extintos no es tan sencillo como hacen parecer algunos documentales y las películas de Parque Jurásico. En realidad, es un trabajo complejo que requiere de la aglutinación de varias ciencias, además de equipamientos tecnológicos. La alometría es una de ellas.

Este concepto engloba el estudio de la tasa de crecimiento de una parte de un organismo, en relación a las dimensiones totales de este. También establece medidas para predecir tamaños a través del período de crecimiento de los seres vivos.

C. megalodon (en gris y rojo) con el tiburón ballena (violeta), el gran tiburón blanco (verde), y un humano (negro) a escala. Wikimedia Commons.

Recientemente, un equipo de científicos utilizaron esta técnica para descifrar las dimensiones del Megalodón (Carcharocles megalodon). Este pariente prehistórico de los tiburones blancos, fue el rey de los océanos entre más de 5 y 2.6 millones de años atrás. Hoy, de su paso por el planeta Tierra, solo quedan dientes fosilizados.

Los incisivos de este gigante marino fueron “la parte” de la que se valieron los expertos para integrar “el todo” del animal extinto. Los especialistas primero evaluaron la alometría entre los dientes y el cuerpo completo de cinco especies vivientes de tiburones. Luego, extrapolaron sus cálculos al animal protagonista de su proyecto. Además, para reforzar su conclusiones realizaron una extrapolación morfológica.

Finalmente, estimaron que el Megalodón había medido aproximadamente 16 metros de largo en edad adulta. Poseía una imponente cabeza de 4,65 metros, una aleta dorsal de 1,63 y cola de 3,85. Además, se aventuraron a aseverar que las aletas dorsal y caudal del gigantesco tiburón se habría adaptado para una rápida locomoción y extensos períodos de natación.

Las conclusiones del estudio fueron publicadas en la revista Scientifics Reports el 3 de septiembre de 2020. El nombre de Catalina Pimiento resaltaba entre los autores.

Tras las pistas del coloso marino

En octubre de 2014, Catalina estaba inmersa en las investigaciones que materializarían su tesis de doctorado. La joven científica, poco a poco, se había hecho un nombre en una rama científica prácticamente desconocida para muchos: la paleobiología.

Su amor por la biología marina surgió mucho antes de esa fecha. A los 15 años, su padre le regaló una suscripción a la revista “National Geographic”. Un tiburón blanco era el protagonista de la carátula del primer ejemplar que recibió. Ella todavía conserva la publicación.

La investigadora, nacida en Bogotá, la capital colombiana, materializó sus sueños juveniles al matricularse en 2001 en la Universidad Javierana de ese país para estudiar Biología. Su grado como licenciada lo alcanzó tras estudiar la ecología de poblaciones de tiburones ballena en el Parque Nacional Isla Contoy, en México.

Después se trasladó a Panamá. Durante varios años, trabajó en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. En esa entidad comenzó como miembro del Laboratorio Marino de Naos, donde estudió los patrones de migración de los propios tiburones ballena.

Catalina Pimiento en Panamá. Foto: Caribbean Paleobiology.

Sin embargo, con el tiempo se vinculó al Centro de Paleoecología Tropical y Arqueología de la misma institución. Allí surgió su interés y pasión hacia la paleontología.

El reconocido paleontólogo Carlos Jaramillo se encontraba al frente de una serie de excavaciones en el Canal de Panamá. Cada vez que encontraba dientes de tiburones se los hacía llegar Catalina.

“La chica de los tiburones”, como varios colegas comenzaron a llamarla, se percató de que los incisivos no eran únicamente de especímenes vivos. Tras conseguir identificar varios de ellos como ejemplares que hubieran pertenecido a un Megalodón, comenzó a pensar en la siguiente fase de sus estudios.

Pimiento se trasladó a la Universidad de La Florida para completar su tesis de maestría. En este proyecto investigativo, la científica reportó que los dientes de Megalodón hallados en Panamá eran más pequeños que los del resto del mundo.

La hipótesis del proyecto de estudio de la joven bióloga advertía que se trataban de los incisivos de crías. Esta idea se basó en que la mayoría de las especies vivientes de tiburones establecen áreas de crianza donde las hembras dejan a los recién nacidos para mantenerlos protegidos de los depredadores.

Catalina consiguió demostrar que el área de Gatún, en Panamá, había sido un área de crianza para Megalodones durante el Mioceno tardío. El estudio marcó pautas en varios sentidos. En primer lugar, se convirtió en el primer registro fósil documentado de este tipo de estructuras para esos colosos marinos ya extintos. A su vez, probó que los tiburones han utilizado estos espacios para aislar a sus “bebés” durante millones de años, como una estrategia adaptativa.

Para su doctorado, la joven experta se centró en responder algunas preguntas poco analizada sobre los Megalodones. ¿Por qué se extinguieron? ¿Cómo ocurrió? Y para mayor precisión, ¿cuándo?

Algunas de estas interrogantes encontraron respuesta en las siguientes fases de estudio de la investigadora. Su proyecto concluyó que la desaparición de la especie puede datarse alrededor de 2,6 millones de años.

Por otro lado, consiguió descartar uno de las teorías más antiguas sobre las causas de la desaparición de esta especie. Durante años, se afirmó que el Megalodón se manejaba mejor en aguas cálidas y no soportó el enfriamiento del océano. Las pesquisas de Pimiento han conseguido demostrar que el tiburón vivió en casi cualquier rincón del planeta, tolerando diferentes temperaturas por igual.

Otra hipótesis era que la especie consiguió crecer demasiado y eso provocó inconvenientes para su desarrollo. Una vez más, Catalina formó parte de los estudios que descartaron esta idea.

En una entrevista ofrecida al periódico colombiano El Tiempo, la científica explicó que: “Los grandes animales tienen requerimientos energéticos mayores, y les es difícil conseguir suficiente alimento. Pero los datos nos mostraron que el Megalodón conservó su tamaño desde que apareció hasta que se extinguió”.

Catalina Pimiento. Foto: Eric Ellena (El Tiempo).

Asimismo, la experta y sus colegas apuntaron a que el descenso en la población de estos tiburones gigantes coincidió con la apariciones de especies competidoras. Entre ellas resaltan las actuales ballenas orcas y los tiburones blancos.

“Propusimos que la causa de la extensión fue biótica, por competición o falta de presas suficientes para todos”, explicó Pimiento en la misma entrevista, antes mencionada. Hasta el momento, esta es la teoría que más adeptos ha ganado.

Una pasión que no se detiene

Para seguir su desarrollo profesional, Catalina se ha vinculado al Museo de Historia Natural de Berlín, la Universidad de Zúrich y la Universidad Swansea. Junto a especialistas de estas instituciones ha publicado varios artículos, entre ellos el más reciente, dedicado a las dimensiones del gigantesco tiburón prehistórico.

Este proyecto además consiguió una reproducción en 2D que mostró de forma realista la estructura del Megalodón y, próximamente, tendrá lugar una versión en tres dimensiones.

Para el desarrollo de sus estudios, la joven colombiana ha sido galardonada con becas como la Marie Curie o la Alexander von Humboldt. También, hace poco tiempo, obtuvo un reconocimiento a su labor de parte del gobierno de Suiza.

Pimiento, quien ahora solo cuenta 37 años, ha comenzado a centrar sus estudios posdoctorales en el gigantismo en especies de tiburones actuales. Aunque la científica advierte que algunos ejemplares, como el tiburón ballena, no desaparecerán por falta de comida, si enfrentan otros dilemas relacionados con su alimentación.

Los microplásticos inundan los océanos y, según las proyecciones de Pimiento, esto pondrá en peligro la megafauna marina en los próximos cien años. En la actualidad, Catalina trabaja fuertemente por lograr una mayor concientización sobre el funcionamiento de los ecosistemas marinos y la necesidad de protegerlos.

Bibliografía

Sobre la autora

Claudia Alemañy Castilla es periodista especializada en temas de ciencia y salud. Trabaja en la revista Juventud Técnica.

1 Comentario

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GabrielaGabriela

Excelente artículo todo un trabajo hecho con vocación. Gracias por compartir

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