Cinco leyendas falsas sobre la química

Ciencia y más

Max Pixel.

Cuando me presento como química, suelo ver miedo e incomprensión en los ojos de la gente. A menudo se cree que los químicos son científicos locos, como la Dra. Maru en Wonder Woman, que practican magia negra y provocan explosiones. La mayoría de estas suposiciones están basadas en el desconocimiento de esta ciencia.

Por ello, me gustaría tratar las cinco ideas equivocadas más extendidas sobre la química y, con un poco de suerte, explicar qué aporta a nuestro día a día.

El término ‘química’ puede considerarse un sinónimo de materia, ya que una sustancia química es cualquier cosa que tenga masa. Por ejemplo, sustancias cotidianas como el agua, la cafeína y el azúcar. Los elementos de la tabla periódica también son sustancias químicas, al igual que sucede con las moléculas pequeñas, como la cafeína, y las grandes moléculas, como el ácido desoxirribonucleico (ADN) y esas cadenas casi infinitas llamadas polímeros, como los plásticos.

Ilustración de algunas de las sustancias químicas más frecuentes: 1,3,7-trimetilxantina (cafeína),
ácido desoxirribonucleico (ADN) y poliestireno (poliestireno extruido).
Alexandra Gellé, Author provided.

Primer malentendido:

Los productos sin sustancias químicas son más seguros


Los elementos químicos son los ladrillos que construyen el mundo que nos rodea. Ya sea porque hayan surgido de forma natural o porque hayan sido creados por el hombre, están por todas partes. No existen productos carentes de sustancias químicas, ya que cualquier cosa que toquemos es materia y, por lo tanto, una sustancia química. Los que anuncian productos “libres de químicos” en realidad quieren decir que dichos productos no contienen sustancias químicas peligrosas. Pese a ello, las empresas sacan provecho del miedo que las personas sienten hacia la química en sus anuncios, lo que hace incrementar el recelo de los consumidores.

Fachada de la tienda The Nue Co. en Nueva York.

Segundo malentendido:

Si no puedes pronunciarlo, es perjudicial


Los nombres de las sustancias químicas suelen ser terroríficos y suscitan inseguridad. Sin embargo, sus nombres no tienen relación alguna con el peligro que suponen ni con su origen. ¿Alguna vez ha consumido ácido acetilsalicílico o hidrogenocarbonato sódico? Si alguna vez se ha tomado una aspirina o ha comido algo que tuviera bicarbonato, la respuesta es sí.

A veces se utilizan nombres comunes para designar sustancias químicas. El monóxido de dihidrógeno (H₂O) se abrevia en “agua” y la 1,3,7-trimetilxantina suena complicada, pero se conoce de forma coloquial como “cafeína”. Los químicos a veces muestran un agudo sentido del humor al nombrar ciertos elementos y moléculas…

Californio (Cf), Quebecol (molécula presente en el sirope de arce), SEX (siglas en inglés para etil xantato
de sodio y que también significa ‘sexo’). Alexandra Gellé.


Tercer malentendido:

Productos orgánicos mejor que sintéticos


¿Sabía que los químicos pueden fabricar sintéticamente productos naturales en sus laboratorios? ¿Sabía que la gasolina, desde un punto de vista meramente químico, es una sustancia orgánica?

En 1789, el químico francés Antoine Laurent Lavoisier escribió en Traité élémentaire de chimie:

Nada se crea ni se destruye, solo se transforma.

Para inventar nuevas sustancias químicas, los químicos tienen que trasformar las que ya existen. Siempre utilizan materiales de origen natural como punto de partida para crear nuevas moléculas. Las sustancias químicas fabricadas en los laboratorios tienen su origen en la naturaleza (petróleo, madera, etc.) y con frecuencia son orgánicos, ya que contienen sobre todo átomos de hidrógeno, carbono y oxígeno.

El peligro es intrínseco a toda sustancia química, pero es la dosis lo que las hace venenosas. Es decir, no debemos temer la pequeña cantidad de cianuro que las manzanas presentan de forma natural y una barbacoa chamuscada no va a hacer que desarrollemos un cáncer. Sin embargo, beber unos seis litros de agua o 175 tazas de expreso puede ser letal.

Los productos sintéticos creados en laboratorios no son necesariamente más o menos peligrosos que otras sustancias químicas presentes en la naturaleza. Ya sea una molécula artificial innovadora o un producto natural creado por el hombre, el peligro depende de su estructura y no de su origen. También hay muchos venenos naturales secretados por plantas y animales. Sin embargo, los químicos dedican la mayor parte del tiempo a diseñar nuevas moléculas de las que la sociedad y el medio ambiente pueden beneficiarse, ya sean nuevas moléculas para medicamentos o nuevas baterías para automóviles eléctricos.


Cuarto malentendido:

Las nanopartículas son inofensivas


Las nanopartículas son pequeños grupos de átomos de entre 1 y 100 nm (el equivalente a 1/10.000 la anchura de un pelo humano), que se encuentran en muchos productos de uso cotidiano. Son tan pequeñas que resultan invisibles al ojo humano, pero no para los ecosistemas. De hecho, ya se sabe que las nanopartículas son tóxicas para la vida acuática.

Dado que no podemos advertir su presencia en el medioambiente, a menudo no nos damos cuenta de la gran cantidad de nanopartículas que tenemos a nuestro alrededor y descuidamos el impacto que generan.

Las nanopartículas, ya sean plásticas o metálicas, están presentes en muchos productos del cuidado personal como pastas dentífricas, exfoliantes para la piel y cremas solares. Se utilizan principalmente para la protección solar, como agentes antimicrobianos, aditivos y colorantes.

Desafortunadamente, las plantas de tratamiento de aguas no pueden filtrarlas por lo que acaban en arroyos, lagos y océanos. En consecuencia, se convierten en el alimento de la vida marina para, finalmente, alcanzar la cadena trófica y formar parte de nuestra cena.

La industria química ha comenzado a reducir el número de productos que contienen nanopartículas, pero muchas pinturas y protectores solares aún son fuentes potenciales de contaminación. Pese a ello, las nanopartículas parecen ser prometedoras para la medicina y el tratamiento del cáncer, por ejemplo.

Usos habituales de la nanotecnología. Andy Brunning, CC BY-NC-ND.

Quinto malentendido:

Los químicos son malvados


Los químicos son responsables ante la sociedad en lo que se refiere al desarrollo de productos nocivos para el medioambiente y la salud humana. Han realizado grandes progresos en el desarrollo de productos más limpios y ecológicos. A pesar de ello, la industria y los consumidores han tardado en adoptar este tipo de alternativas, a no ser que fuesen más baratas y, al menos, igual de eficientes.

Algunos días, los químicos desearíamos ser magos, capaces de crear soluciones de la nada. Sin embargo, continuaremos avanzando gracias a la investigación, creando nuevos productos e incentivando alternativas ecológicas que reemplacen las viejas costumbres. La química es una herramienta poderosa e innovadora, pero debemos usarla de manera inteligente.

Para los químicos, el vaso siempre está lleno. Una parte está llena de líquido y la otra de aire: nitrógeno (N₂), oxígeno (0₂), argón (Ar), dióxido de carbono (CO₂), etc. Gracias a la química se logran increíbles descubrimientos que mejoran nuestra calidad de vida… y aún queda mucho por descubrir.The Conversation

Sobre la autora

Alexandra Gellé, PhD Candidate in Chemistry, McGill University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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