Katerina Douka, tras la búsqueda de homininos en Asia

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Cuando hacemos referencia a la evolución humana, por lo general pensamos en los avatares de nuestros antepasados en África, o bien en su salida de este continente y la conquista de Europa. En los últimos años, sin embargo, gracias al hallazgo de nuevos yacimientos y al acelerado progreso y aplicación de las tecnologías más avanzadas, las poblaciones homininas que habitaron las vastas extensiones asiáticas han empezado a despertar un considerable interés entre la comunidad de especialistas.

Cueva de Denisova. Imagen: Wikimedia Commons.

El gran salto en esta dirección se produjo a partir de los descubrimientos realizados en el sur de Siberia, concretamente en la región de Altái donde se encuentra la cueva de Denisova. Este refugio representa, en la voz de numerosas expertas y expertos, «un  yacimiento único en el mundo», clave para entender las complejas relaciones entre los grupos de homininos que habitaron Eurasia.

En la citada cueva, se descubrió el fragmento óseo de un dedo que en 2010, mediante estudios de ADN antiguo, pudo asignarse a un grupo humano nuevo previamente desconocido: los denisovanos. En la actualidad, la comunidad científica piensa que estos homininos se extendieron geográficamente desde las estepas siberianas hasta los bosques tropicales del SE asiático y Oceanía. No obstante, pese a ese supuesto amplio rango espacio-temporal, de momento, aquellos humanos arcaicos solo se conocen a partir de unos pocos y diminutos fragmentos de huesos, algunos dientes y un fragmento de mandíbula.

La escasez de fósiles, junto a recientes trabajos como los publicados por las científicas Viviane Slon y Samantha Brown, que consolidan la importancia de los homininos asiáticos, han impulsado a los y las especialistas a buscar más restos en el refugio de Denisova y en otras regiones del inmenso continente oriental.

Katerina Douka, entusiasta estudiosa de homininos arcaicos

La científica, de origen griego, Katerina Douka, es una arqueóloga especializada en técnicas analíticas y moleculares que permiten establecer la antigüedad de las muestras excavadas en diversos yacimientos. Desde 2005 hasta 2017, Douka disfrutó de una estancia como investigadora asociada en el Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Oxford (Laboratory for Archaeology and the History of Art at the University of Oxford). Previamente había participado en diversos proyectos de investigación en España, Egipto y en su Grecia natal, proporcionándole todo ello una amplia experiencia en su especialidad.

En el año 2017, Katerine Douka se incorporó al Departamento de Arqueología del Instituto Max Planck en Jena, Alemania (Department of Archaeology, Max Planck Institute for the Science of Human History) como Directora de Grupo, gracias a la obtención de una importante beca conocida como FINDER (Fossil Fingerprinting and Identification of New Denisovan Remains from Pleistocene Asia), cuya duración es de cinco años (desde junio de 2017 a mayo de 2022). Como indica su título, se trata de un estudio cuyo objetivo principal es analizar los restos fósiles de homininos hallados en Asia, en particular de los denisovanos.

Señalemos que FINDER es un proyecto inicial fundado con dos millones de euros por el Consejo de Investigación Europeo (European Research Council), constituido por diversos colaboradores y asesores científicos. Este Consejo decidió otorgar la primera beca de investigación a Katerina Douka y a su equipo. Podemos encontrar mayor información sobre esta interesante beca en esta dirección.

Recordemos que una de las mayores dificultades para el estudio de nuestra evolución y de la arqueología prehistórica, radica en la escasez de fósiles de las distintas especies humanas hoy extinguidas; un problema que en Asia está muy acentuado. Por ejemplo, explica Douka en su página web, «en todo el continente asiático, hasta la fecha solo se ha desenterrado un puñado de fósiles de homininos». La meta destacada del proyecto FINDER es precisamente contribuir a llenar ese vacío.

Durante una entrevista concedida al periodista científico y Jefe de Redacción para Europa (Locum Bureau Chief ) de la revista Nature, Ewen Callaway, Katerina Douka recordaba el entusiasmo experimentado en su primera visita a la cueva de Denisova, confesando que para ella «era un paraíso. Me sentía totalmente alejada del mundo».

Desde las lejanas montañas de Altái, la arqueóloga y su equipo tienen entre sus objetivos estudiar «las abultadas colecciones de fragmentos de huesos animales sin identificar (más de 30.000 muestras) procedentes de docenas de yacimientos del norte y sur/sureste de Asia», y averiguar si algunas de ellas pertenecían a homininos.

Con el fin de cumplir tan amplio propósito, Douka y colaboradores tuvieron la lúcida idea de aplicar una equilibrada combinación de las técnicas más novedosas del momento, especialmente diseñadas para identificar, datar y caracterizar genéticamente los fósiles del continente asiático.

A título de ejemplo, citemos que usaron la huella del colágeno (collagen fingerprinting), técnica que sirve para analizar huesos fósiles fragmentados en pedacitos tan pequeños que resulta imposible identificarlos de otra manera. También emplearon la datación con radiocarbono, con el fin de determinar la edad de restos orgánicos presentes en los fósiles; o el análisis de ADN antiguo, recuperado de material arqueológico.

Huesos y dientes perforados de la cueva Denisova. © Katerina Douka.

En diversas ocasiones, Katerina Douka ha explicado que con el empleo de distintas técnicas «pretendemos compensar la escasez actual de huesos humanos antiguos de Asia, y tratar de comprender mejor a los denisovanos y a otros homininos arcaicos». Asimismo, continua la experta, «proyectamos revelar su edad, su rango geográfico y posibles estrategias de subsistencia, entre otros objetivos». En suma, resume Douka, «nuestra meta es averiguar dónde vivieron, cómo se relacionaron, cuándo entraron en contacto con los humanos modernos  y por qué se extinguieron».

Encuentros entre homininos

La comunidad de especialistas asume que los neandertales habitaron principalmente en Europa, mientras que los denisovanos vivieron en Asia. Coinciden también en señalar que la cueva de Denisova, al ser un lugar de frontera entre ambos continentes, representa un sitio probable para el encuentro entre aquellos grupos. La hoy célebre hominina híbrida adolescente llamada Denny, es un producto evidente de que tuvieron fructíferas relaciones sexuales.

En efecto, el ADN obtenido a partir de restos fósiles de neandertales y de denisovanos, bien preservado debido probablemente a las bajas temperaturas del lugar,  ha proporcionado pruebas muy claras de que entre ambas poblaciones hubo intercambio de material hereditario, o lo que es lo mismo, se cruzaron entre ellas.

Katerina Douka.

En un artículo publicado en enero de 2019, Katerina Douka y sus colaboradores subrayan que para entender la naturaleza de la interacción entre homininos, así como aspectos de sus adaptaciones culturales y de subsistencia, es imprescindible determinar la edad de los fósiles. Detectar cuándo vivieron, la época probable en que surgieron y la fecha aproximada de su extinción, inserta a nuestros antepasados en el contexto del árbol evolutivo humano.

«Los resultados que hemos obtenido, apunta K. Douka, indican que todos los fósiles de neandertales y denisovanos son anteriores al Paleolítico Superior», cuyo comienzo se estima en unos 49.000 años atrás. Los denisovanos estuvieron presentes en la cueva desde hace unos 200.000 años hasta unos 55.000. Los neandertales habitaron en la zona durante menos tiempo, entre 140.000 y 80.000 años atrás. De hecho, la mayor presencia de neandertales en la cueva se concentró hace alrededor de 120.000 años, cuando el clima era relativamente cálido; los denisovanos, por su parte, sobrevivieron a períodos mucho más fríos.

El equipo de investigación también menciona la presencia de humanos modernos en la región de Altái, y sostienen que probablemente se encontraron con otros homininos. La cueva de Denisova por lo tanto podría haber servido nexo de unión entre varios grupos humanos; «un activo cruce de caminos», como ha apuntado Ewen Callaway.

Una cueva con utensilios, ¿quiénes los elaboraron?

El equipo de Douka también revela la existencia en la cueva de Denisova de artefactos (piezas elaboradas para una función específica). Sobre todo hallaron colgantes, hechos de dientes de animales perforados que podrían haberse usado como adorno, y también puntas de huesos talladas probablemente empleadas como herramientas. Estos objetos, datados con radiocarbono, se habrían elaborado a comienzos del Paleolítico Superior y su antigüedad oscilaría entre 43.000 y 49.000 años. Hasta el momento, se consideran las evidencias más tempranas de la producción de artefactos en el norte de Eurasia.

En base a los datos arqueológicos actuales, apunta Katerina Douka, podría asumirse que tales artefactos están asociados con poblaciones denisovanas. Actualmente, sin embargo, no es posible determinar con certeza si los humanos anatómicamente modernos estuvieron implicados en su producción. Al respecto, el profesor del Departamento de Arqueología de la Universidad de Exeter, UK, Robin Dennell, ha recordado que la llegada de Homo sapiens a Siberia tuvo lugar hace unos 45.000 años, y por tanto, «tal fecha induce a pensar que nuestra especie pudo haber contribuido en la producción de los depósitos correspondientes al comienzo del Paleolítico Superior hallados en Denisova».

Por su parte, Tom Higham, profesor de la Universidad de Oxford, ha precisado que «decidir si fueron los denisovanos o los humanos modernos quienes elaboraron los adornos personales encontrados en la cueva, es una cuestión que permanece abierta». Según este experto, será necesario esperar a que, en su debido tiempo, la aplicación de análisis de ADN más precisos «nos permita identificar a los creadores de tales objetos, que a menudo asociamos con un comportamiento simbólico y complejo en el registro arqueológico».

Los avances del proyecto FINDER

Hasta el momento, Douka y sus colaboradores han conseguido un logro de notable trascendencia: demostrar que las nuevas técnicas moleculares representan una valiosa fuente de información para la paleoantropología, esto es, que están enriqueciendo significativamente el estudio de nuestro pasado prehistórico.

Proyecto FINDER.

Al respecto, Robin Dennell ha escrito que «la huella del colágeno, usada para analizar miles de fragmentos de huesos procedentes de excavaciones de toda Eurasia, ayuda a elucidar la distribución de los neandertales, denisovanos y sapiens a un nivel tan detallado que habría parecido ciencia ficción hace solo unos pocos años».

No obstante, también debe tenerse en cuenta que Katerina Douka y sus colegas han señalado que, debido a la naturaleza y complejidad de los depósitos y de los métodos de datación seguidos, aún existen incertidumbres sobre sus resultados. Pensemos que el trabajo del equipo se publicó recientemente, enero de 2019, y es por tanto posible que en el futuro requiera algún tipo de corrección. Lo que sí está claro es que han obtenido datos rigurosos acerca del modelo de ocupación de la cueva de Denisova por distintos grupos de homininos.

En este sentido, Tom Higham declaraba en la página web Archaeology & Arts: «Es la primera vez que podemos asignar con confianza una edad a todas las secuencias arqueológicas de la cueva y su contenido». Pero seguidamente admite que «tenemos por delante mucha búsqueda». Los futuros hallazgos de más fósiles del yacimiento de Denisova, y de otros enclaves eventuales, junto a la determinación de sus edades y genomas, arrojarán más luz sobre las relaciones entre los homininos arcaicos y los humanos modernos, y también nos permitirán comprender mejor su cultura, concluye este profesor de Oxford.

Por su parte, el investigador de Exeter, Robin Dennell, sostiene que «el trabajo de Douka y sus colegas ha generado unos cimientos sólidos para futuros esfuerzos, proporcionando un riguroso y convincente cronograma de los sedimentos de la cueva y sus contenidos».

Cabe concluir que los sorprendentes estudios sobre genomas antiguos, que hasta hace pocos años parecían solo producto de la imaginación, ahora están transformando nuestros conocimientos sobre los homininos arcaicos presentes en Eurasia. Es indudable que esos trabajos recientes, aunque iniciales y todavía incompletos, han impactado a la comunidad de especialistas. Las nuevas claves descubiertas sobre la vida de los homininos arcaicos cuestionan con fuerza el tradicional árbol evolutivo de nuestra especie. Certificamos asimismo que las mujeres científicas son activas participantes de esa corriente de aire fresco y renovador.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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