Elizabeth Blackwell, una extraordinaria ilustradora de plantas en el siglo XVIII

Elizabeth Blackwell. Imagen: Wikimedia Commons.

Cuando el siglo XVIII iniciaba su recorrido, nacía en Aberdeen, Escocia, una niña que recibió el nombre de Elizabeth Blackwell. No se sabe con precisión la fecha de su llegada al mundo, aunque la mayor parte de los textos que la mencionan apuntan que fue en torno a los primeros años de 1700.

Antes de continuar, queremos recordar que más de un siglo después nació, esta vez en los Estados Unidos, una niña también llamada Elizabeth Blackwell (1821-1910), que con el tiempo se convertiría en la primera mujer norteamericana en recibir el grado de médica y la primera mujer que logró ejercer esa profesión en todo el mundo. No debemos confundirlas: se trata de dos personas diferentes que proceden de épocas distintas.

Los primeros pasos de la joven escocesa

Elizabeth Blackwell era hija de una familia próspera y adinerada dedicada al comercio en Aberdeen. Su padre, William Blachrie, y su madre, Isobel Fordyce, gracias a su buena situación económica pudieron proporcionar a sus hijos una educación apropiada para su nivel de vida. En lo que a las chicas respecta, a principios del siglo XVIII esa formación incluía dibujo, pintura, música y también idiomas. Tal como ha relatado Bruce Madge, quien dirige el Health Care Information Service, The British Library, la joven Elizabeth supo aprovechar muy bien lo que le enseñaban, mostrando excelentes dotes para el dibujo y la pintura.

Cuando tenía 28 años se casó en secreto con un primo segundo, Alexander Blackwell, cuya personalidad era un tanto turbia, al ser proclive a realizar arriesgados negocios. Practicaba la medicina, pero al parecer sin preocuparse por alcanzar una formación médica formal. Cuando su derecho a considerase doctor fue puesto en duda, se vio envuelto en serios problemas, por lo que para evitar la acusación de ejercer la medicina ilegalmente la pareja optó por huir desde Aberdeen a Londres.

La vida en la capital británica

Según nos informa Wikipedia, en Londres, Alexander Blackwell se asoció con una firma editora y tras adquirir algo de experiencia estableció su propio taller de impresión, a pesar de no pertenecer a ningún gremio ni haber pasado por el periodo de aprendizaje obligatorio como impresor. Poco después fue acusado de desobedecer las estrictas reglas del oficio y multado severamente, viéndose obligado a cerrar la imprenta. Incapaz de pagar sus deudas, nuevamente entró en conflicto con las autoridades y terminó encarcelado por insolvente.

Ilustración de “A Curious Herbal”.
Imagen: Wikimedia Commons.

La Revista Espores, del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia y dedicada a la divulgación científica, apunta al respecto: «hay que tener en cuenta que a principios del siglo XVIII la imprenta era un arma de doble filo por su poder político, social y religioso y, por tanto, toda actividad ejercida en torno a ella era objeto de un estricto control. Denunciado por el gremio de impresores, Alexander Blackwell fue obligado a cerrar su negocio. Las multas comenzaron a acumularse y finalmente, fue encarcelado».

Elizabeth Blackwell, por su parte, se encontró en una difícil situación con su marido en la cárcel, una casa que mantener, dos hijos que criar y ningún ingreso. Comprendió entonces que dependía de sus propios recursos, y a ello se enfrentó con notable valentía y determinación. En este punto la joven, que ha sido descrita como una «ingeniosa mujer», se propuso un ambicioso proyecto que le permitiría pagar las deudas y sacar al esposo de la cárcel. Aprovechando la buena formación en dibujo y pintura que recibió cuando vivía con su familia en Aberdeen, y a su notable interés por la botánica, decidió que era el momento de usar sus talentos.

Tenía conocimiento de que tanto a los médicos como a los boticarios (nombre que recibieron los farmacéuticos hasta principios del siglo XIX), les hacía falta un libro de referencia que incluyera imágenes y descripciones de las numerosas y exóticas plantas medicinales procedentes de América, tanto del norte como del sur. Es decir, era necesario elaborar un herbolario.

¿Qué es un herbolario?

Ilustración de “A Curious Herbal”.
Imagen: Wikimedia Commons.

Como se explica en The British Library, un herbolario es un libro sobre plantas que describe su apariencia, sus propiedades y cómo pueden usarse para preparar pomadas, uguentos y medicinas. El uso medicinal de las plantas, como se ha revelado tantas veces a lo largo de la historia, es muy antiguo. Está registrado en fragmentos de papiro y tabletas de arcillas de Egipto, Jordania y China con una edad en torno a los 5 000 años, pero en ellos se documenta información incluso aún más antigua.

Alrededor de 65 años antes de nuestra era, un médico griego llamado Dioscórides escribió un extenso herbolario que se tradujo al latín y al árabe. Titulado y conocido como De materia medica, se convirtió en el trabajo más influyente sobre plantas medicinales, tanto para el mundo cristiano como para el musulmán, hasta finales del siglo XVII. Una copia ilustrada manuscrita del texto realizada en Constantinopla (actualmente Estambul) se conserva desde el siglo VI.

Los primeros herbolarios impresos datan desde los albores de la prensa europea en los años de 1480 en adelante. Principalmente han proporcionado información muy valiosa para los boticarios, cuyo trabajo consistía en elaborar píldoras y pociones prescritas por los médicos. En el siglo siguiente, William Turner, calificado como el padre de la botánica inglesa, elaboró en su país herbolarios que alcanzaron gran trascendencia.

Las mujeres botánicas

En el siglo XVIII, la historia natural era vista como una ocupación adecuada para las mujeres. Muchas de ellas supieron aprovechar las oportunidades que tenían a su alcance, logrando producir hermosos y valiosos trabajos. No obstante, al igual que en tantos otros sectores, las contribuciones y descubrimientos femeninos han permanecido escondidos y olvidados hasta muy recientemente.

Ilustración de “A Curious Herbal”.
Imagen: Wikimedia Commons.

En el caso de la botánica, como apuntan las científicas del Kew Gardens, Heather Lindon y Maria Vorontsova, las mujeres han realizado durante siglos formidables contribuciones y, pese al anonimato en que muchas han caído, otras tantas han conseguido eludir el olvido. «Gracias a una larga tradición, explican estas expertas, cuando el espécimen de un herbario recibe nombre, el recolector o recolectora es citado/a y estos datos se inscriben juntos en el libro de registros de modo que quedarán unidos para siempre […]. Ello significa que disponemos de un listado de autores desde 1753, el año en que comenzó el sistema moderno para clasificar y nombrar las plantas».

Las citadas Heather Lindon y Maria Vorontsova, junto a otras científicas del Kew Gardens, han usado la base de datos del Índice Internacional de autores de nombres de las plantas (International Plant Names Index’s author) para analizar las contribuciones específicas realizadas por mujeres a la descripción y denominación de vegetales a lo largo de los últimos 250 años. Este trabajo les ha permitido descubrir que Elizabeth Blackwell fue la primera mujer británica en publicar formalmente un herbolario.

Recordemos, no obstante, que en 1680 la gran naturalista e ilustradora Maria Sibylla Merian, nacida en Franckfurt en 1647, había publicado un catálogo de sus pinturas y grabados realizados a mano de flores de jardín con el fin de usarlas como modelo de bordados y para pintar sedas. Según indica Bruce Madge, junto a otros autores, es muy probable que Elizabeth Blackwell hubiese visto ese magnífico libro.

La forja de un exitoso proyecto: A Curious Herbal

Según The British Library, el propósito de Elizabeth Blackwell era elaborar un nuevo herbolario al que daría el título de A Curious Herbal. Para tal fin, contó con la amistad y asesoramiento del entonces conservador del Jardín botánico de Chelsea (Chelsea Physic Garden), Isaac Rand, botánico y boticario además de miembro fundador de la Sociedad de Boticarios (Society of Apothecaries).

Portada de “A Curious Herbal”.
Imagen: Wikimedia Commons.

Siguiendo el consejo de Rand, según lo relatado en The British Library, la ilustradora se trasladó a vivir cerca del Jardín. La proximidad a este centro le daba la oportunidad de recibir plantas y flores frescas, pudiendo así observarlas en vivo y dibujarlas con mayor precisión, lo que obviamente era un valioso incentivo para una artista botánica.

Elizabeth Blackwell sometió sus dibujos preliminares de plantas medicinales al criterio de dos destacados expertos: el médico y botánico Sir Hans Sloane  (1660-1753) y el también médico Dr. Richard Mead. Ambos quedaron impresionados por su trabajo y la estimularon que continuara con vistas a una publicación (Bruce Madge, 2013). La tenaz autora recibió soporte económico por parte de ambos médicos y también de la Sociedad de Boticarios, como se informa en Botanical Arts & Artists.

La participación del marido preso fue escribir, gracias a sus conocimientos médicos, los textos que acompañaban a las ilustraciones. El plan de Blackwell funcionó y su herbolario tuvo un considerable éxito. Con las ganancias obtenidas pudo pagar las deudas y sacar a su marido de la cárcel. No obstante, tal como describen diversas biografías, poco tiempo después Alexander Blackwell, tras varios fracasos financieros, decidió dejar a la familia y trasladarse a Suecia. Debido a diversas intrigas políticas fue acusado de conspiración contra la corona y sentenciado a morir decapitado. Fue ejecutado en julio de 1747.

Reconocimientos a un trabajo magnífico

Elizabeth Blackwell elaboró su herbolario con hermosas ilustraciones a las que, además, grababa en planchas de cobre para imprimir y luego coloreaba a mano. Esta colosal labor, apunta Bruce Madge, usualmente habría requerido al menos la participación de tres artistas y artesanos diferentes; al hacerlo ella sola lograba ahorrar una apreciable cantidad de dinero. El libro resultante, que contaba con 500 láminas de las plantas más útiles usadas en la práctica médica, se publicó semanalmente en fascículos de cuatro páginas acompañadas de texto. La edición tuvo lugar a lo largo de 125 semanas entre 1737 y 1739.

Ilustración de “A Curious Herbal”.
Imagen: Wikimedia Commons.

La propia autora, continúa Bruce Madge, presentó en 1737 la primera parte de su obra en el Colegio de Médicos. Fue muy gratamente recibida y los expertos aprobaron su libro; en reconocimiento añadieron una primera página que llevaba un grabado de Teofrasto y Dioscórides, considerados los padres de la botánica. Mostraba además, encerrado en un círculo y escrito en griego el lema: «Mientras estas (las plantas) florezcan, la medicina florecerá con ellas». Dos años más tarde, en 1739, aparecería el segundo volumen.

El éxito del herbolario fue notable. Según la comunidad de especialistas, el triunfo pudo deberse, al menos parcialmente, a que en aquellos momentos había gran necesidad de un trabajo como ese. Probablemente por esta razón los médicos Hans Sloane y Richard Mead apoyaron la publicación de la obra de la ilustradora. Sin embargo, anota Bruce Madge, un examen más detallado revela que hubo otros dos trabajos que cubrían un campo muy parecido, aunque ambos se publicaron más de diez años antes. Numerosas descripciones de las propiedades medicinales de las plantas del herbolario de Blackwell se tomaron de esos libros anteriores. No obstante, el principal inconveniente que tenían ambos es que no estaban ilustrados. Esa fue la razón por la que Hans Sloane pensaría que un herbolario ilustrado era necesario.

Además, también parece probable que Sloane apoyara la publicación del libro de Elizabeth Blackwell, continua Bruce Madge, porque quería estar seguro de que las plantas que él mismo había traído de Jamaica, donde había participado en una expedición y recolectado gran cantidad de material botánico, se describiesen y alcanzaran al público. Al parecer, el célebre médico consideraba de gran interés que los nuevos herbolarios que se publicaban incluyesen sus exóticos ejemplares, y sobre todo que sus propiedades medicinales se investigaran.

Ilustración de “Herbarium Blackwellianum”.
Imagen: Wikimedia Commons.

Por otra parte, hay quienes consideran que las recomendaciones de otros boticarios, botánicos y médicos avalando la obra, fueron igualmente de gran ayuda para que A Curious Herbal alcanzara un elevado nivel de ventas. De hecho, fue reeditado en formato de dos volúmenes en 1739, 1751 y 1782.

Valga recalcar, siguiendo el criterio de diversos expertos y expertas, que el libro en sí mismo era la colección más completa de imágenes de plantas medicinales disponibles en aquel tiempo. No obstante, también hubo ciertas críticas por parte de quienes opinaban que las plantas aparecían rígidas y poco naturales, o que había demasiados espacios en blanco, o bien que se daba una visión excesivamente simplificada. Con todo, el trabajo de Elizabeth Blackwell solo fue mejorado por la publicación entre 1790-1794 de la obra Medical Botany escrita por William Woodville.

Nos parece de interés señalar que entre 1747 y 1773 se publicó un versión ampliada y mejorada de las 500 láminas originales de Elizabeth Blackwell en latín y en inglés en Núremberg, donde las láminas se redibujaron y grabaron. Este libro se tituló Herbarium Blackwellianum y apareció en cinco volúmenes. En 1773 salió a la luz un sexto volumen, titulado Herbarii Blackwelliani auctarium, que contenía muchas plantas nuevas, incluyendo especies ornamentales y venenosas.

Elizabeth Blackwell falleció en 1758 y fue enterrada en el cementerio de la iglesia de Chelsea (Chelsea Old Church), próxima a su viejo aliado el médico Hans Sloane. El original de A Curious Herbal, como relata la revista Espores, se conserva a día de hoy en la Facultad de Medicina y Cirugía de la ciudad escocesa de Glasgow.

Desde el olvido al reconocimiento

Pese a que una revisión de la literatura sobre la historia de la medicina muestra que Elizabeth Blackwell fue una de las primeras mujeres en elaborar un herbolario, esta excelente ilustradora botánica ha permanecido largamente olvidada. Década tras década, los especialistas (botánicos, farmacéuticos, médicos) responsables del Chelsea Physic Gardens, el jardín botánico donde Blackwell pasó tanto tiempo dedicada a estudiar y dibujar su extenso muestrario de plantas, han minusvalorado su meritoria contribución. Igual que en tantos otros casos su obra era considerada un «trabajo de mujeres», y por tanto, sin suficiente entidad científica.

Ilustración de “A Curious Herbal”.
Imagen: Wikimedia Commons.

Ciertamente, hasta hace muy pocos años la comunidad de especialistas le dedicó escasa atención. Destaca ese poco interés por recordar una obra ilustrada con notable habilidad y diligencia, tanto en el grabado como en la pintura a mano de las plantas medicinales disponibles para la profesión médica y farmacéutica y para el público general interesado.

En la actualidad, sin embargo, se reconoce que el extenso y amplio trabajo de Elizabeth Blackwell, además de realizado con notable habilidad, prolijidad y cuidadoso rigor, en su tiempo prestó un servicio indiscutible a los profesionales de la medicina. En Botanical Arts & Artists se destaca que hoy figura entre los cuatro nombres escritos en una placa dedicada a la memoria de las mujeres distinguidas del cementerio de Chelsea.

Para terminar, queremos subrayar que a comienzos del siglo XXI la Biblioteca Británica (British Library) y la Biblioteca Nacional de Medicina (National Library of Medicine) de Washington, han realizado un trabajo conjunto poniendo en formato digital algunas de las láminas coloreadas a mano del herbolario de Elizabeth Blackwell. Se trata de parte de un proyecto titulado Pasando las páginas (Turning the Pages). Quizás de esta manera la obra de Elizabeth Blackwell sea adecuadamente recompensada y ella pueda emerger de su inmerecida oscuridad, alcanzando el lugar que merece en la historia de la ciencia.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

2 Comentarios

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YurenaYurena

Me ha encantado. Precioso. Está página web me tiene cautivada, pero éste post en concreto lo he guardado para releerlo. Muchísimas gracias por ésta entrada

Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Hola Yurena, muchas gracias a tí por tu comentario. Recordar a científicas, en este caso una botánica, que nos han dejado trabajos tan bien hechos es una gran satisfacción. Y que los demás los valoren, también.
Un cordial saludo
Carolina

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