Una valiosa sepultura ibérica: la «Dama Roja» de El Mirón

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En los últimos años han salido a la luz hallazgos que parecen indicarnos que las mujeres prehistóricas pudieron haber disfrutado de situaciones notablemente más igualitarias con respecto a sus coetáneos varones de las que tradicionalmente se les han adjudicado. El descubrimiento de la llamada «Dama Roja», en Cantabria, podría ser un ejemplo que, en la misma línea que otros restos como los hallados en Dolni Vestonice (Moravia), nos muestra un tipo sociedad en la que las mujeres ocupaban puestos de poder.

Sin recurrir a la mitología de un supuesto matriarcado primitivo, del que hoy no existen pruebas rigurosas, los hallazgos citados no solo reflejan la necesidad de erradicar ciertos prejuicios androcéntricos que tanto han impregnado la interpretación de nuestra prehistoria. Esos descubrimientos contribuyen también a desvelar los roles de las mujeres, y a que ellas sean reconocidas en su verdadero lugar en aquellas lejanas sociedades. Insistimos, se trata de visiones que intentan certificar que hubo situaciones donde el orden jerárquico no fue el habitualmente asumido.

El nombre de «Dama Roja» se originó en 1823, cuando se halló una sepultura en la cueva de Paviland al sur del País de Gales, Gran Bretaña, que contenía un esqueleto humano incompleto al que le faltaba la cabeza. Ese esqueleto estaba cubierto de un pigmento de ocre rojo, lucía un collar de marfil y a su lado se esparcían fragmentos del mismo material. Además, en sus cercanías se encontró un omóplato de carnero.

El geólogo inglés más importante de aquellos años, William Buckland, estudió el yacimiento y dio a su hallazgo el nombre de Dama Roja de Paviland, asumiendo que se trataba de una mujer no por razones anatómicas, sino porque llevaba un collar. No obstante, unos noventa años más tarde y usando nuevos métodos, el esqueleto fue atribuido a un hombre del Paleolítico Superior (período que abarca entre unos 38 000 y 10 000 años antes del presente). Es inevitable hacer consideraciones sobre las suposiciones que interaccionan género, ornamentos y estatus grupales.

En el año 2007, sin embargo, la profesora de historia de la ciencia de la Universidad de Lucerne, Marianne Sommer, en su libro titulado Bones and ochre: the curious afterlife of the Red Lady of Pavilan (Huesos y ocre: la curiosa vida después de la muerte de la Dama Roja de Pavilan), señalaba que el misterio del sexo/género de este hallazgo aún no se ha resuelto. Y al respecto afirmaba que «la biografía de la Dama Roja [de Paviland] refleja las ambiciones personales, profesionales y nacionales de quienes la han estudiado, haciéndose eco de la época en que se llevó a cabo la investigación». Dicho de otra manera, y de acuerdo con la reflexión de la prestigiosa historiadora, cabe preguntarnos: ¿habría Damas Rojas de distinto significado simbólico según fueran las fechas de su estudio?

Un valioso hallazgo en Cantabria

En el año 2010 se descubrió otra Dama Roja, esta vez en la Península Ibérica. En una cueva llamada El Mirón, en Cantabria, un equipo de investigación internacional dirigido por el profesor Manuel González-Morales, catedrático de la Universidad de Cantabria, y miembro del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), junto a Lawrence Guy Straus de la Universidad de New Mexico, Alburquerque, USA, realizó un importante hallazgo: el primer enterramiento del Paleolítico Superior descubierto en la Península Ibérica.

Restos arqueológicos hallados en la cueva de El Mirón (Cantabria, España). Imagen: Wikimedia Commons.

Tal como explica en el Blog Científico de Atapuerca el doctor en biología y director del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos, José Miguel Carretero Díaz, colaborador en el citado proyecto, el último período del Paleolítico Superior (llamado Magdaleniense) «corresponde al tiempo en que los artistas plasmaron parte de su mundo en las paredes de cuevas francesas como La Chauvet y Lascaux, o españolas como la de Altamira y El Castillo, por citar verdaderos referentes del arte paleolítico».

Con relación a los habitantes de estas cuevas, el periodista científico de la Web «Ciencia y Materia», Daniel Mediavilla, escribía en el periódico El País del 6 de abril de 2015, que «hace 19 000 años, los humanos que vivían en Europa comenzaban a recuperarse de la etapa más dura de la última glaciación». Por esa época, una parte importante del norte del continente había quedado cubierta de hielo y, continua Mediavilla, «huyendo de las temperaturas extremas, muchos de aquellos humanos se habían refugiado en el sur».

En la cueva de El Mirón, situada en Ramales de la Victoria cerca de Altamira, el equipo de investigación de González-Morales y Lawrence Straus, después de haber explorado este importante yacimiento desde 1996, detectó un gran bloque de piedra, de dos metros de largo por uno de ancho, que había caído del techo y que presentaba una serie de rayas grabadas, unas anchas y profundas y otras más estrechas y superficiales. Tras este bloque descubrieron restos humanos de un extraordinario enterramiento.

Como apunta Carretero Díaz, «se trata de un enterramiento asociado a un complejo ritual funerario que tiene una antigüedad calibrada de 18 700 años antes del presente». Según este experto, los dibujos observados en el bloque desprendido del techo podrían corresponder a grabados rituales representando o asociados al sexo femenino, pues también se observa entre ellos un motivo en forma de V que podría simbolizar un triángulo púbico. Una hipótesis de arraigada convicción clasificatoria.

En relación a esos dibujos observados en bloque, González-Morales comentaba al periodista científico Daniel Mediavilla que, «aunque es todo un poco especulativo, se veían dos líneas, que pueden ser un cuerpo esquematizado, con triángulos asociados a vulvas que representarían a una mujer».

Pigmento ocre en la cueva de El Mirón. Imagen: Dailymail.

Ciertamente, relata Carretero Díaz, gracias a los numerosos estudios realizados en torno a este destacado enterramiento, pudo averiguarse que la persona inhumada «era una mujer adulta pero joven, de complexión fuerte y aparentemente sana, de entre 30 y 40 años, con unos 59 Kg de peso y 159 cm de estatura. La robustez y marcas musculares de los huesos de sus piernas y hombros nos indican que realizaba una elevada actividad física. Sin embargo, en sus huesos no hemos encontrado signos de enfermedades que arrojen pistas sobre la causa de su muerte». El esqueleto se hallaba cubierto del pigmento ocre rojo, por lo que sus descubridores la bautizaron como la Dama Roja de El Mirón, siguiendo al primer hallazgo de este tipo realizado en Gran Bretaña.

El hecho de que todo el conjunto estuviese impregnado de ocre rojo muy puro ha dado lugar a que se piense que la mujer enterrada podría ser alguien especial o tener cierto carácter sagrado. El prehistoriador de la Universidad de Alicante Romualdo Seva Román, uno de los expertos que ha analizado el ocre que recubre el fósil de El Mirón, ha explicado que en el Paleolítico la utilización de pigmentos minerales y, en concreto el ocre, era habitual entre los humanos con distintos fines, no sólo el artístico, sino también por motivos medicinales y en rituales como enterramientos y otro tipo de manifestaciones espirituales.

El mineral que recubre a la mujer de la cueva, concreta Romualdo Seva, «es un ocre ideomorfo (geométricamente perfecto y muy brillante) proveniente del Monte Buciero en Santoña, a 26 kilómetros de distancia del lugar donde se descubrieron los restos óseos». Importa constatar que el recubrimiento del cuerpo no se produjo con materiales autóctonos sino transportados desde cierta distancia, lo que puede interpretarse como una prueba más de que aquellos humanos dedicaron un especial esfuerzo a este funeral. Además, afirma el profesor Seva que la práctica de cubrir con ocre rojo los restos de personas no ha sido exclusiva de Homo sapiens, ya que «puede asociarse a algún tipo de ritual cuyas raíces yacen en el Paleolítico Medio y han continuado a lo largo del resto de la Prehistoria».

Acerca de la complejidad de la tumba, Carretero Díaz también ha subrayado que «el ocre de El Mirón, de color especialmente intenso, junto con un gran cristal de cuarzo, varias conchas perforadas y un incisivo de Ibex (un tipo de ciervo) igualmente perforado, se consideran evidencias relacionadas con ofrendas. Asimismo, en la zona del enterramiento se ha detectado una concentración inusual de polen cuya presencia podría significar que entre los honores que dispensaron a la difunta también se encontraban las flores».

El impacto de un descubrimiento trascendente

El director del Laboratorio de Evolución Humana, el citado biólogo Carretero Díaz, ha precisado que la singularidad e importancia del hallazgo de El Mirón, dio lugar a que la prestigiosa revista internacional «Journal of Archaeological Science» publicara en 2015 un número monográfico especial (editado por Lawrence Guy Straus, Manuel R. González-Morales y José Miguel Carretero Díaz), conteniendo valiosos artículos escritos sobre el tema.

Cabe señalar, por ejemplo, el trabajo publicado por Rebeca García-González, investigadora en el Laboratorio de Evolución Humana y profesora de la Universidad de Burgos. Esta científica, junto a sus colaboradores, estudió los posibles hábitos alimenticios de la mujer hallada en El Mirón a través de las características de los dientes fosilizados. Además, realizó un análisis químico de los huesos. El equipo de trabajo detectó que las estrías dejadas por los alimentos en la superficie dental, sumadas a los residuos de sarro acumulados, revelaban una dieta mixta que incluye carne, recursos acuáticos y vegetales. Esto implica, señalan Rebeca García-González y sus colaboradores, «una explotación generalizada del ambiente tal como ha sido previamente establecido en otros especímenes del Paleolítico Superior».

Mandíbula de la Dama de rojo de Mirón. © L.G. Straus.

Del estudio de la dentadura, se ha concluido asimismo que «los dientes anteriores (incisivos) de la mandíbula estaban muy desgastados, probablemente debido a su uso como herramienta en diversas actividades: por ejemplo, trabajar piel o fibras vegetales». Se trata de una característica también detectada en otras dentaduras fósiles, incluso más antiguas como por ejemplo en los neandertales, como han señalado los investigadores del CSIC de Madrid, Almudena Estalrrich y el experto en neandertales, Antonio Rosas.

Las científicas Jeanne Marie Geiling y Ana B. Marín-Arroyo, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), contribuyeron positivamente con un artículo dedicado a la interpretación del enterramiento. Señalaron que el cuerpo de la mujer inhumada se había colocado alejado de la entrada de la cueva, en un  lateral, y que originalmente se encontraba tumbada de lado y con las piernas flexionadas. Asimismo, detectaron que después de la descomposición de los tejidos blandos, los restos fueron manipulados para extraer el cráneo y la mayor parte de los huesos largos, que probablemente se depositaron en otro sitio. El resto del esqueleto fue otra vez recubierto ritualmente de ocre rojo, sedimentos y piedras.

Posible posición de la Dama de rojo de Mirón. Imagen: Dailymail.

Cabe también apuntar que, como se menciona más arriba, a nivel del sepulcro hallado en la cueva se detectó una alta concentración de polen. Este procedía de plantas de la familia Chenopodiaceae, que comprende especies como la espinaca o la remolacha. Tan llamativo hallazgo ha sido estudiado por los investigadores del Grupo de Prehistoria de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Maria José Iriarte-ChiapussoÁlvaro Arrizabalaga, junto con la profesora de la Universidad de Zaragoza, Gloria Cuenca-Bescós. Los tres científicos contribuyeron en el número especial del «Journal of Archaeological Science» con un valioso artículo sobre las condiciones medioambientales bajo las que tuvo lugar el enterramiento.

Con respecto a la gran cantidad de granos de polen observada exclusivamente en el contexto de la tumba, el equipo considera varias hipótesis. Podría tratarse de una ofrenda funeraria, o bien que las plantas hubiesen tenido un uso alimenticio; otra posible explicación sería que su fin fuera higiénico o medicinal. Según los autores, «aunque  todas estas posibilidades permanecen abiertas, lo más probable es que se trate de un depósito directo de flores realizado en el momento del entierro, ya fuera como parte de un ritual o con un propósito más práctico e higiénico», como podría ser evitar malos olores asociados al enterramiento.

Valgan estas citas como muestra de un conjunto mucho mayor de trabajos de notable interés incluidos en «Journal of Archaeological Science», pero que por razones de espacio no podemos incluir aquí.

El posible estatus social de las mujeres paleolíticas

Otra faceta que confiere importancia y singularidad al hallazgo de la cueva de El Mirón radica en que, como bien describe Carretero Díaz, «nos hace pensar en otro aspecto de su vida: el elevado estatus social y/o la relevancia que esta mujer debió tener en vida para los miembros  de su comunidad. El tratamiento especial de sus restos, entre los millares de hombres y mujeres que vivieron y murieron a lo largo de miles de años, y de los que no ha quedado vestigio alguno, no deja de sobrecogernos».

Ciertamente, los cuidados observados en la sepultura parecen indicar, con poco espacio para la duda, que se trataba de una mujer extraordinaria. Surgen entonces preguntas de muy difíciles respuestas: ¿Era una líder, una chamana? Recordemos que el término chaman/a hace referencia a una persona destacada (tradicionalmente asociado un hombre) con poderes ocultos, capaz de hacer predicciones o curar enfermedades y que ocupa un lugar significado en su pueblo. Al respecto, Lawrence G. Straus, uno de los codescubridores del enterramiento, ha sugerido en el blog Terra Antiqvae  que «esta mujer, cuando murió, podría ser una especie de presidenta de las actividades de su pueblo».

Creemos conveniente insistir en que la mujer sepultada en El Mirón no es la única europea que parece haber tenido un papel especial e importante en su sociedad. Valga recordar el citado esqueleto hallado en Moravia, que probablemente también fue inhumado siguiendo algún tipo de ritual relacionado con su jerarquía social, y que  presenta ciertas similitudes con el enterramiento cántabro.

Nuevamente, al igual que ha ocurrido con otras tumbas del Paleolítico Superior, quienes se dedican al estudio de esta apasionante cuestión están empezando a asumir que probablemente las mujeres prehistóricas desempeñaban funciones importantes e incluso centrales en las sociedades de las que formaban parte.

Como tan bien ha señalado este mismo año el profesor Manuel González-Morales, «todo proceso de creación de conocimiento a través de la ciencia es una construcción humana ligada a los prejuicios sociales, culturales y académicos propios de cada momento histórico». Y, ciertamente, más adelante este experto apunta, las «recreaciones en que las mujeres se quedan en la caverna o en la tienda al cuidado de los niños, mientras los hombres cazan…y desarrollan capacidades superiores del espíritu [han logrado] un fuerte arraigo en el imaginario popular, y se han venido repitiendo de manera regular a través del tiempo, inmunes a los avances de la investigación prehistórica».

A esta reflexión del profesor González-Morales, nos sumamos, pues ha llegado el tiempo de quienes sostienen que es hora de romper con esa inmunidad. Algo que nos conduce a terminar con el bello comentario del citado biólogo José Luis Carretero Díaz: «Pocos miles años después de su muerte [de la mujer de El Mirón], sentada a la luz de una lámpara de grasa, quizá alguna de sus descendientes pintaba maravillosas ciervas, caballos y bisontes en las paredes de una cueva no lejos del mar que hoy conocemos con el nombre de Altamira».

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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cc

Matriarcado :
“Mc” de algunos nombres de origen celta escoceses : Mam Clan
No es mas ciego que quien no quiere ver

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