Sexo y género no son binarios

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La mayoría de las personas tiene un fuerte sentido de una identidad de género temprano en la vida, ser niños o niñas y en consecuencia crecer siguiendo ese sentimiento y comportándose en la forma típica asignada en la sociedad. Pero no siempre es así. Se puede tener un cuerpo masculino pero sentir que dentro existe una mujer o lo opuesto. Esta diversidad existe porque el sexo y la identidad de género se determinan por separado, en tiempos diferentes durante el desarrollo.

Imagen extraída de “The physical basis of heredity”. Internet Archive Book Images/Flickr (dominio público).

La identidad de género es el sentido que se tiene de a cuál categoría, en el continuo de la sexualidad, se pertenece: ser hombre, mujer, ninguno o ambos. Abarca el desarrollo biológico, los sentimientos y el comportamiento. Puede variar de manera amplia en las personas en tanto que es una función del desarrollo normal del cerebro.

Para aquellas personas en las que su identidad de género no casa con el sexo anatómico, el sentimiento de estar dentro del cuerpo equivocado se inicia ya en la niñez y se incrementa en la adolescencia y puede extenderse hasta la edad adulta. Ese conflicto causa confusión y angustia y puede llevar a depresiones, ansiedad y otros problemas médicos. De ahí que el índice de suicidios en la adolescencia sea alto, si no se recibe la ayuda y el acompañamiento de especialistas.

¿Pero en qué momento se forja ese sentido de identidad de género. Antes del nacimiento o es una construcción social?

Veamos. El sexo anatómico se refiere a las características externas, genitales. El sexo gonadal se refiere a la presencia de testículos y ovarios. El sexo cromosómico se refiere a la diferencia en los cromosomas sexuales entre hombres y mujeres y determinan el sexo anatómico, en principio: XY y XX. El cromosoma Y, alrededor de la sexta semana de la gestación, acciona un gen, el SRY, que dirige la indiferenciada cresta gonadal al desarrollo de testículos. Ellos producen testosterona, que en la octava semana alcanza el nivel de la de un adulto. En la sexta semana de gestación, el embrión con dos cromosomas X inicia el proceso del desarrollo femenino: ovarios, sin mayor intervención de las hormonas.

Proteína SRY. Imagen: Wikimedia Commons.

Todo esto está definido en términos de la anatomía. Pero ocurre que el cerebro no obedece a esas mismas reglas y que con estudios venidos del comportamiento de animales y que se pueden extrapolar a los humanos, es bisexual.

Según los estudios de Dick Swaab y Alicia García-Falgueras [2], del Instituto de Neurociencia en Holanda, la identidad de género y la orientación sexual están programadas en nuestras estructuras cerebrales cuando todavía estamos en el útero. Sin embargo, puesto que la diferenciación sexual de los genitales ocurre en los dos primeros meses del embarazo y la diferenciación sexual en el cerebro comienza en la segunda mitad del embarazo, estos dos procesos pueden tener estímulos separados, lo que podría resultar en intersexualidad. También señalan que no existe evidencia científica de que factores ambientales después del nacimiento tengan algún efecto en la identidad de género o la orientación sexual.

La intersexualidad se acentúa en la adolescencia, de ahí que cualquier camino a escoger debería corresponder a la decisión tomada por cada individuo. Por esta razón, los endocrinólogos prefieren “retrasar” la adolescencia usando hormonas, así se da un compás de espera. Aún no son claros los efectos colaterales pero ya existen varios estudios andando. Algunos psicólogos se inclinan a indicar que los pequeños que no se sientan cómodos en sus cuerpos, sigan la inclinación que les dicta su sentir, hasta que llegue la edad adecuada para que, ya sea con intervenciones quirúrgicas o tratamientos hormonales logren armonizar cuerpo y cerebro.

Pero no siempre es así, ni ha sido así. Si hoy se puede hablar con claridad y se pueden realizar estudios y tratar cuando se necesite manifestaciones de la amplia gama de identidades sexuales y de género es porque se ha ido imponiendo el conocimiento científico a los preconceptos y reclamos venidos de sociedades oscurantistas. Pero ha habido mucho sufrimiento humano en el camino.

Veamos una historia contada por su protagonista [3].

Alicia Roth Weigel, activista y estratega política cuenta su vivencia como intersexual

Imagine usted que cada aspecto de su fisiología, desde su estatura hasta la talla de su sujetador, fue escogido de un menú, no por la naturaleza sino por médicos y familiares.

Desde el momento en que nací, los médicos tomaron decisiones sobre en cuál de las dos categorías de género debería encajar mi cuerpo. La primera fue eliminar con cirugía mis gónadas, un primer paso en el camino a hacerme mujer. Pero no se paró ahí. Mi familia fue consultada sobre si una estatura de un metro setenta estaría bien y cuál sería el régimen hormonal correcto para lograrlo. Me pusieron un dilatador, antes de llegar a la adolescencia, en preparación de una adecuada vagina.

Alicia Roth Weigel.

Nací intersexual, con un juego cromosómico XY, pero con una total insensibilidad andrógena. Si usted no sabe lo que eso significa no lo culpo. Según algunas estimaciones, alrededor del dos por ciento de la población mundial, intersexual como yo vive en las sombras por causa del estigma y la vergüenza. El estigma no conoce límites, al igual que mi cuerpo, en apariencia: yo no respondí a las hormonas masculinas en el útero, y entonces el desarrollo a la masculinidad se paró. Al final nací con anatomía femenina externa pero con testículos internos en lugar de ovarios. En consecuencia se decidió que debía ser criada como una niña. Esa decisión ha moldeado el curso de toda mi vida pero se tomó sin mi consentimiento.

La cirugía para retirar los testículos fue interna pero abrió las compuertas de una secuencia de alteraciones físicas que afectarían mi apariencia y mi identidad. Mi destino. ¿Por qué se tomaron esas decisiones rápidas? No porque fueran necesarias médicamente, hubiera podido vivir una vida totalmente sana como ese yo que era, sino porque era vital “normalizarme”.

El deseo de forzar a las personas para que se acomoden a las cajas condicionadas por la sociedad ha llevado a esterilizar niños y a someterlos a cirugías innecesarias. Esas cirugías son irreversibles, dejan cicatrices físicas y emocionales y se hacen sin el debido consentimiento.

Ahora la administración de Trump quiere que esas medidas coercitivas sean la preferencia oficial del estado.

Yo he vivido en carne propia las consecuencias de la falsa idea del género binario en lo que es con frecuencia un mundo no binario.

Así está administración quiera trazar líneas supuestamente claras, “sólo existen dos sexos, masculino y femenino definidos al nacer” han dicho, la neblina que existe alrededor puede ser explotada por su belleza y su importancia. Hasta ahora muchos hemos vivido en un estado defensivo, sufriendo asaltos constantes a nuestras existencias. Esta es una oportunidad para armar una ofensiva fuerte, basada en el amor y el entendimiento. Un día, tal vez pronto, ellos se cansen de su intento de borrarnos”.

Referencias

[1] Claire Ainsworth (2015). Sex redefined. The idea of two sexes is simplistic. Biologists now think there is a wider spectrum than that. Nature 518, 288-291

[2] Dick F. Swassb and Alicia García-Falgueras (2009). Sexual Differentation of the Human Brain in Relation to Gender Identity and Sexual Orientation. Functional Neurology 24(1) 17-28

[3] Alicia Roth Weigel, Intersex, and Erased Again. New York Times Op-Ed, 24 octubre 2018

Sobre el artículo original

El artículo Sexo y género no son binarios apareció el 30 octubre de 2018 en el blog Ciencia Cierta.

Un especial agradecimiento a la autora por permitir su reproducción en Mujeres con ciencia.

Sobre la autora

Josefina Cano es PhD en Genética Molecular de la Universidad de Sao Paulo. Premio Nacional de Ciencias Alejandro Angel Escobar y otras distinciones en Colombia. Ahora vive en Nueva York dedicada a la divulgación de la ciencia.

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