La ciencia, los medios y el cerebro de las mujeres

Hace unos años, en el British Medical Journal, Margaret McCartney, médico y columnista habitual de la revista, se preguntaba quién se beneficiaba de la manipulación de la ciencia, tan frecuente en los medios de comunicación. Se publican historias, basadas en investigaciones científicas, que son simplificadas, a menudo exageradas e, incluso, en algunos casos, engañosas por no decir fraudulentas. No ayudan a divulgar la ciencia y a que llegue, y eduque, a los ciudadanos. Y además provocan la confusión en los lectores y el desengaño de los valores de la práctica de la ciencia. Los científicos y sus centros de trabajo se benefician de las noticias en los medios y sus estudios llegan al público. Las revistas científicas que publican los estudios también difunden su nombre y consiguen una buena publicidad al conseguir una gran audiencia.

Los periodistas tienden a difundir resultados científicos llamativos basándose en un solo estudio, sin conocer y valorar el contexto de investigación relacionada con ese estudio. Son escasamente críticos ante lo que les llega envuelto en una etiqueta tan prestigiosa que dice “datos científicos sólidos”. Aceptan, sin contrastar, errores ya que, según el tema del que traten, buscan creer en ello. Lo hacen tanto periodistas como científicos y expertos en ese asunto. Falta cultura científica para decidir si una investigación científica es aceptable y creíble no por quien la firma, el centro de trabajo donde se investigó o por la revista que la publica sino, simplemente, porque otros científicos consiguen reproducirla. En conclusión, no todo lo publicado es buena ciencia, sean los que sean la revista científica o el medio de comunicación en que se difunde.

Un ejemplo de lo que ocurre con una investigación científica cuando llega a los medios y al público es el estudio de Cliodhna O’Connor y Helene Joffe, del Colegio Universitario de Londres, sobre la difusión de resultados sobre la relación entre el cerebro y el género. Eligen un artículo publicado sobre este tema, el firmado por Madhura Ingalhalikar y su grupo, de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, que trata de la conectividad en el cerebro, es decir, de las sinapsis o conexiones entre las neuronas.

Las autoras siguen la difusión del contenido del artículo original a través de cinco niveles de comunicación: el artículo original, la nota de prensa sobre el artículo original de la Universidad de Pensilvania, los medios de comunicación escritos tradicionales con un total de 87 textos, los comentarios de los lectores on line con 4062 a mes y medio de la publicación del artículo original, y las entradas en 162 blogs hasta un mes después. Si ponemos los niveles de comunicación en orden según el número de textos, tenemos el uno para el artículo original y la nota de prensa de la universidad, 87 textos para los medios tradicionales, 162 para los blogs y 420 para los comentarios de los lectores.

Es la multiplicación del número de lectores en el paso de nivel a nivel lo que implica la enorme difusión del contenido del artículo original, de cualquier contenido, en la red, en ese entorno interconectado y globalizado.

Las autoras encuentran que los estereotipos de género social y cultural influyen en todos los niveles de comunicación sobre las evidencias científicas para apoyar las creencias en que se basan los estereotipos, incluyendo el artículo original que O’Connor y Joffe estudiaron.

En los pasos entre los niveles de comunicación se apoya que las capacidades de los cerebros masculino y femenino son iguales y “complementarias”, o sea, iguales pero no las mismas. Según las autoras del estudio, se practica un sexismo benévolo que afirma que las superiores habilidades emocionales de las mujeres compensan su inferioridad en racionalidad y productividad, típicas de los hombres, que, por cierto, son cualidades muy valoradas socialmente. Para terminar, sugieren que la neurociencia puede ayudar en los cambios de los estereotipos que necesita la sociedad actual.

En detalle, en el artículo original y en la nota de prensa de la universidad aparecen los argumentos que he mencionado sobre las diferencias en el cerebro en ambos sexos. Pero, cuando llegan a los medios, se destacan conductas concretas: habilidades sensoriales, intuición y orientación espacial. Los blogs tratan de las habilidades sensoriales y motoras, la memoria y el mejor trato social de la mujer pues, al trabajar fuera del hogar, se relaciona con más personas. Y los comentarios de los lectores on line destacan las habilidades multitarea, el éxito en el trabajo y la concentración en una sola tarea.

Estas diferencias en la conectividad del cerebro en ambos sexos, para los medios y los blogs, se basan en un determinismo biológico, y en los comentarios de los lectores on line hay un debate entre el genoma y la educación.

Pocos meses después, Christian Jarrett, de la British Psychological Society, publicó una crítica del artículo original de Madhura Ingalhalikar y su grupo, y comentaba que, de 34 716 medidas de conectividad, solo 178, el 0,5%, son significativamente diferentes entre hombres y mujeres. El título del texto de Jarrett es suficientemente claro “Sí, los cerebros de hombres y mujeres funcionan de manera diferente, pero es una pequeña diferencia”.

Es evidente que, a veces, los estereotipos de género también influyen en los científicos y llevan a conclusiones que, en general, siguen la corriente social más aceptada en el entorno.

Referencias

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

3 Comentarios

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javier ortizjavier ortiz

muy buen aporte cientifico

Víctor LinaresVíctor Linares

Magnífico artículo, la interrelación entre sesgos y distribución está muy bien retratada. Me ha impresionado el seguimiento de los comentarios y difusión del paper original. Compartiendo….

Eduardo Angulo PinedoEduardo Angulo Pinedo

Gracias por los comentarios, anima a seguir con ello, muchas gracias…

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