El trastorno depresivo de Marie Curie

Marie Curie, hacia 1898.

Durante el Congreso de Solvay de 1911 Marie Curie recibió dos telegramas. El primero pertenecía al comité Nobel y le anunciaba que era la única galardonada con un segundo premio Nobel, esta vez en química. El segundo le informaba que la mujer de Paul Langevin había mandado las cartas amorosas que Marie le había escrito a Paul, a la prensa. Había estallado el escándalo. Marie abandonó el Congreso y su casa fue rodeada por personas que arrojaban piedras contra las ventanas. La prensa que la había encumbrado con la concesión del primer premio Nobel no puso ningún reparo en destronar a su ídolo.

La historia amorosa había empezado un año antes. Tras la muerte de Pierre, Marie vio en Paul Langevin, antiguo alumno de Pierre y amigo del matrimonio, un cómplice y un refugio. Paul, por su parte, encontró en Marie el cariño que no tenía en casa y no tardó en pedirle consejo sobre «la desastrosa» equivocación de casarse con Jeanne Desfosses. Ambos se sentían atraídos y compartían inquietudes científicas. Marie sentía que Paul podía convertirse en un compañero de investigación como lo había sido Pierre. Pero la mujer de Langevin no era de la misma opinión. Jeanne, si bien había tolerado otras infidelidades, montó en cólera al sospechar que su nueva amante era la famosa científica a quien había acogido en su casa en tantas ocasiones. Estaba dispuesta a poner fin a la situación costase lo que costase y fue al encuentro de Marie para ordenarle que abandonase Francia o, de lo contrario, la mataría.  Paul, que conocía a su mujer y la creía capaz de cumplir su amenaza, le aconsejó a Marie que se fuese. Pero esta se negó mientras su desesperación por una situación cada vez más insostenible iba en aumento.

Congreso Solvay 1911.

Marie y Paul se reunían en secreto en un pequeño piso, cercano a la Sorbona, que había alquilado Langevin. En la Semana Santa de 1911, las cartas de amor de Marie desaparecieron del apartamento y, una semana más tarde, el cuñado de Jeanne Langevin advirtió a Marie de que estaban en poder de Madame Langevin. El detective que esta había contratado para espiar a la pareja, las había sustraído del cajón del escritorio.

Marie fue acusada de romper una familia, de mujer disoluta, de tentadora polaca y de judía. Su romance se dio a conocer en medio de un clima de antisemitismo y xenofobia generado por la invasión extranjera. La sociedad francesa anhelaba venganza y los periodistas le estaban ofreciendo lo que pedía. Paul Langevin, a pesar de que capeó mejor el temporal, retó a un duelo al periodista conservador Gustave Téry que había afirmado que era un «zafio y un cobarde». Al final, Téry se negó a disparar para no privar a Francia de una de sus mentes más brillantes y Langevin tampoco levantó el arma.

Muchos antiguos amigos del matrimonio le dieron la espalda. Paul Appell movió los hilos para que un grupo de profesores de la Sorbona exigiera a Marie que abandonara Francia. Pero al decírselo a su hija, quien había acogido a Marie en su casa, esta le plantó cara por primera vez en su vida y le respondió de forma tajante: «Si cedes a este idiota movimiento nacionalista, si insistes en que Madame Curie se vaya de Francia… te juro que nunca volverás a verme en toda tu vida». Así que Appel, a pesar de su enfado, aceptó posponer la decisión.

Pero los ataques provenían de todos los frentes. En medio del sainete, un miembro del Comité Nobel le escribió pidiéndole que se abstuviera de acudir a Suecia a recibir el premio y añadió que «si la Academia hubiera creído que las cartas podían ser auténticas, es muy probable que no le hubiera concedido el premio…». Marie le contestó que no podía aceptar la idea de que en la apreciación del valor de las investigaciones científicas influyese la difamación y la calumnia sobre la vida privada. Asistió a la ceremonia del Nobel junto a su hermana y su hija Irène y en el discurso de aceptación dejó claro sus méritos: «La historia del descubrimiento y el aislamiento de esta sustancia constituyó una prueba de mi hipótesis de que la radiactividad es una propiedad atómica de la materia y puede servir de método para encontrar nuevos elementos». También recordó que «el aislamiento del radio como una sal pura fue llevado a cabo únicamente por mí». Sus aportaciones a la ciencia quedaban claras.

Marie Curie, 1903.

Diecinueve días más tarde fue llevada de urgencias al hospital por lo que se dijo que era una dolencia renal. Se ocultó que había sufrido una crisis nerviosa y se había sumido en la depresión más profunda de su vida. Años más tarde le contó a su hija Eve que había querido suicidarse y algunas de sus cartas muestran que lo planeó. Este fue el peor de los episodios de una enfermedad que convivía con Marie desde la infancia.

El comienzo de la dolencia se manifestó a los once años, tras sufrir la pérdida de su madre y su hermana. Ella misma, antes de convertirse en la conocida Marie Curie, confesaba haber padecido una «profunda depresión», pero al pasar a ser el foco de atención, empezó a referirse a ello como «fatiga», «agotamiento» o «mis problemas con los nervios».

Se pasaba horas llorando a escondidas, sin ganas de hablar con nadie. Su única forma de sobrellevar el dolor era centrarse en los libros. Ocultó su estado a familiares y compañeros y siguió siendo la primera de la clase.

Al final del curso escolar de 1879, la directora de la escuela, Madame Silorseka, le dijo a su padre que Manya era tan sensible y psicológicamente frágil que sería recomendable que esperase un año en pasar al curso siguiente. Pero su padre no la creyó e hizo todo lo contrario. La sacó del ambiente protector de la directora y la matriculó a un instituto ruso cuyos esfuerzos por eliminar la cultura polaca le causaron daños emocionales. Acabó sus estudios a los quince años, con la mejor nota de la clase y una medalla de oro como mejor alumna de 1883.

Pero los años de presión por rendir académicamente, por ocultar su desesperación, le pasaron factura y sufrió una crisis devastadora. El primer capítulo de un trastorno depresivo recurrente que la acompañó toda la vida.

***

Manya ocultó su depresión del mismo modo que, todavía en la actualidad, hace mucha gente. Ese silencio agrava la situación del enfermo que no entiende lo que le pasa y la de las personas de su entorno que, sin pretenderlo, en demasiadas ocasiones refuerzan el sentimiento de culpabilidad de este, responsabilizándolo de la persistencia de la enfermedad.

Las personas depresivas no están «bajas de ánimo» sino que sufren un profundo estado de desesperación al que desean poner fin. Y eso, en ocasiones, se traduce en suicidio. Hablar abiertamente de la depresión puede ayudar a poner de manifiesto su gravedad y la necesidad de tratamiento, y contribuir a acabar con el estigma.

Sobre el artículo original

El artículo El trastorno depresivo de Marie Curie se publicó en el blog Los Mundos de Brana de Laura Morrón el 7 de abril de 2017.

Un especial agradecimiento a la autora del artículo por permitir su reproducción en Mujeres con ciencia.

Sobre la autora

Laura Morrón es licenciada en Física. Como apasionada de la divulgación científica, escribe en su blog personal Los Mundos de Brana y colabora en Naukas, Pa ciència, la nostra, Desgranando Ciencia y Desayuno con fotones.

9 Comentarios

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Silvana CaseroSilvana Casero

Me pareció muy interesante el artículo, que muestra la dimensión humana de Marie Curie.
Tengo la impresión, que se ha filtrado un de en el texto.

El segundo le informaba de que la mujer de Paul Langevin…

Saludos cordiales.

FaynaFayna

Me entristece mucho que en las redes sociales se plasme esta imagen de ella…. sobre todo cuando no conocemos nada de ella….

Hay tanto que leer, que aprender, que visitar para intentar ponerse en su piel, que yo que acabo de llegar de Varsovia de conocer su discreto museo pienso que quiero saber más, tanto que al final del viaje pensé el año que viene toca Francia.

Por tanto, ni lo creo ni lo dejo de creer…. solo que no interesa su “depresión” si antes no destacas no solo sus descubrimientos que también sino sus aportaciones voluntarias como cuando iba en la Primera Guerra Mundial en una ambulancia con un equipo de radiografías como cuando trataba a enfermemos de cáncer junto con su marido Pierre.

Parece que solo interesa el morbo clásico del siglo XXI…

Lástima que para hablar de esto me haga eco de esta noticia pero si callo reviento.

Laura

Fayna,
Yo he escrito sobre diversos aspectos de Marie Curie en diferentes artículos y he hablado de su vida tanto por escrito como por radio. Me he leído muchísimas biografías de ella y también estuve en su museo. Pero, lo cierto es que pienso que es de las mujeres científicas que más se conocen. De hecho, cuando se habla de una mujer científica se suele hablar de ella. Aun así, por admiración a su trabajo y su fortaleza, toda información y difusión sobre ella me parece importante.
El artículo fue escrito como parte de la convocatoria «Hablemos de la depresión» que pretendía acabar con el tabú y normalizarla. Porque son muchas las personas que la padecen y la ocultan por la presión social, como Marie Curie. Y eso incrementa su sufrimiento. Sinceramente, opino que es importante y puede ayudar a mucha gente conocer la historia de personajes notables que también pasaron por ello. Ver como nadie está a salvo, que es algo, desgraciadamente, muy generalizado. Espero que algún día se entienda y se asimile que se trata de una enfermedad grave y se trate a los enfermos como lo que son. Personalmente, voy a contribuir todo que pueda a conseguir este objetivo y creí y creó que escribiendo este artículo aportaba mi pequeñísimo grano de arena. Para mí los testimonios son importantes para cambiar las cosas y, personalmente, leer que una persona ha padecido una depresión no me provoca ningún tipo de morbo.
Un saludo

AlexAlex

Yo estoy con Fayna, no quiero minusvalorar ningún esfuerzo, pero, Laura, aún entendiendo que tus lecturas puedan ser más amplias que las del resto de los mortales, creo, que no se combate la depresión, con tan variado espectro como se presenta, sacando a colación la figura de Marie Curie a la que debemos un agradecimiento infinito (diría en casi todos los aspectos vitales), en mi caso he trabajado como Radiofisico hospitalario durante 40 años y, además, he leído y releído el libro de su hija Eve (entre otros muchos), que recomiendo a todos los que quieran enjuiciar a Marie Curie.
Un saludo

Marta Macho StadlerMarta Macho Stadler

Soy Marta, la editora del blog. Yo misma pedí a Laura que me dejara reproducir su artículo en nuestro blog porque me parece fantástico.

Laura no habla de curar nada, habla de Marie Curie, de una de sus facetas. Y lo hace de manera delicada y admirable. En mi opinión este artículo no le quita ningún mérito a Marie Curie, al contrario, la muestra como el ser humano que era. No rebaja en absoluto a esta grandísima científica.

Hace poco entrevistamos para este blog a la nieta de Marie Curie, a la física Hélène Langevin Joliot: https://mujeresconciencia.com/2018/0...la-ciencia/

Ella, Hélène, nos decía en cierto momento:
“Eso es un mito. Marie Curie es un símbolo de mujer científica y eso es muy importante, pero a veces contribuye a crear mitos sobre su figura, como que fue una mujer que sacrificó su vida a la ciencia. No hay que pensar eso porque no fue así.”

Marie Curie es admirable, pero como cualquier persona su recorrido vital fue complejo. Yo la admiro aun más sabiendo que fue un ser humano, no una supermujer. La admiro una mujer comprometida, luchadora, compleja, inteligente… a veces fuerte y a veces vulnerable.

Gracias por el comentario. Un saludo

Laura

Alex,
Si he citado mis lecturas era para reflejar mi admiración hacia la figura de Marie Curie. Hay muchos artículos sobre la ciencia de Marie Curie y sobre sus diferentes facetas. No creo que sea nada malo tener una depresión ni que empeore su imagen. Este artículo, solo pretende contribuir a conocerla mejor y, para mí, la hace más humana.
Finalmente apuntar que no he dicho en ningún momento que este post vaya a servir para combatir la depresión, he hablado de combatir el tabú asociado a ella.
Gracias por tu comentario.
Un saludo

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