Hoy los llamamos X e Y

Nettie M Stevens. Wikimedia Commons.

Nettie Maria Stevens fue una investigadora estadounidense pionera de principios del siglo XX cuyas aportaciones en el campo de la genética suponen un punto de inflexión en la biología. Aunque la Historia no la haya tratado muy bien, fue reconocida por sus contemporáneos como una gran científica, audaz, paciente y dedicada. Tuvo que trabajar varios años para poder ahorrar para ir a la universidad y poder cumplir sus aspiraciones. A pesar de comenzar muy tarde su carrera científica, ya que apenas se matriculó en la universidad con treinta y cinco años, sólo necesitó nueve años para revolucionar su campo y dejar un gran legado científico tras de sí. La enfermedad se la llevó con cincuenta años, en pleno auge de su carrera científica, antes de que pudiese ocupar la cátedra que se había creado para ella.

Stevens se doctoró en el año 1903 y comenzó entonces sus estudios de genética y embriología en Filadelfia. Por aquel entonces, no se conocía qué contenía la carga genética ni cómo se transmitía de una generación a la siguiente. De hecho, muchos científicos de la época dudaban de que algo así realmente existiese y apenas se estaban desempolvando las investigaciones de Mendel sobre la herencia en los guisantes.

Sus estudios embriológicos en la especie de escarabajo Tenebrio molitor son los que, a día de hoy, han tenido mayor repercusión en el devenir de las ciencias biológicas. Nettie Stevens observó en el desarrollo embrionario que todos los individuos presentaban diez parejas de cromosomas, de las cuales nueve eran largos e iguales y además bien tenían una pareja desigual (con uno largo y uno corto) o bien los dos de la pareja eran largos también. A esta última pareja se la denominó “cromosomas auxiliares” o heterocromosomas. Buscando el origen de estas diferencias, amplió su estudio hacia la espermatogénesis (o desarrollo de los espermatozoides) y allí descubrió que, dado que los espermatozoides poseen un cromosoma de cada pareja, la mitad poseían el cromosoma corto y la otra mitad el largo. En cambio, los óvulos siempre presentan diez cromosomas largos. Las observaciones de Stevens demostraban que estos cromosomas eran responsables de la determinación del sexo y además concluía que los machos surgen de un huevo fertilizado por espermatozoide con el cromosoma auxiliar corto y las hembras con un espermatozoide con el cromosoma auxiliar largo.

Tenebrio molitor. Wikimedia Commons.

Posteriormente, en la segunda monografía que publicó sobre el tema analiza otras diecinueve especies de diferentes familias de insectos donde la determinación del sexo se produce de forma similar a la de Tenebrio molitor. Hoy en día conocemos a los cromosomas responsables como los cromosomas X e Y.

Nettie, con todo ello, consiguió esclarecer uno de los problemas científicos más controvertidos e importantes de la época y además sus pesquisas pusieron finalmente a los cromosomas en el punto de mira para el estudio de la herencia mendeliana, permitiendo que la genética experimental despegara. De hecho, Stevens comenzó a trabajar en este campo al final de su carrera.

Ilustraciones del desarrollo de cromosomas a lo largo del ciclo celular de Nettie M Stevens. Wikimedia Commons.

Las observaciones de Nettie Stevens fueron de gran influencia para los investigadores de la época, incluyendo sus mentores. Sus investigaciones ayudaron a resolver la cuestión de la localización del material genético. Gracias a esto, más adelante, las demostraciones experimentales del papel de los cromosomas en la herencia de caracteres le valieron a T. H. Morgan un Premio Nobel más de veinte años después de la muerte de Stevens. El galardonado honró el legado de Stevens escribiendo el artículo en la revista Science tras su muerte, donde concluye:

Fue una competente experta en el sentido moderno de la palabra, en el sentido en que la biología ha dejado de ser un parque infantil para el aficionado y un juguete para el místico. Su notable éxito tiene que ver, en parte, con su razonamiento único y su dedicación, combinados con un agudo sentido de la observación, junto con su amabilidad y paciencia, unidos a un juicio equilibrado.

Referencias

Sobre el autor

Manuel San Martín Fernández de Heredia (@Cieniciencia) es microbiólogo y divulgador.

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