Marlene Zuk: toda una vida dedicada al sexo

Años de formación inicial

Marlene Zuk.

Marlene Zuk nació el 20 de mayo de 1956 en Filadelfia (Pensilvania, Estados Unidos), aunque se trasladó a Los Ángeles (California) a edad temprana.

Los primeros estudios universitarios los cursó en la Universidad de California en Santa Bárbara, donde se matriculó para cursar un major en lengua inglesa. Pero pronto cambiaron sus intereses y decidió estudiar biología. Ella ha declarado que durante su niñez en Los Ángeles había desarrollado un cierto interés por los insectos y que cuando entró en la universidad le gustaban los animales. El razonamiento que la llevó a cambiar la orientación de sus estudios es que llegó al convencimiento de que podría seguir cultivando su afición por la lengua y la literatura siendo una bióloga profesional, mientras que no le parecía tan fácil poder cultivar su afición por la biología animal si optaba por una profesión relacionada con la lengua.

Tras completar los estudios de Bachelor en Santa Barbara, se dedicó a escribir y trabajó como profesora fuera del ámbito universitario durante tres años.

La hipótesis Hamilton-Zuk

En esa época Marlene Zuk contactó con William D Hamilton, uno de los biólogos evolucionistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, que se encontraba, a la sazón, en la Universidad de Michigan. A finales de la década de los setenta Hamilton había dejado el Imperial College de Londres y marchó a Ann Arbor (U. Michigan), en la que había obtenido el puesto de Museum Professor. En 1980 se convirtió en miembro de la Royal Society y en 1984 retornó a Inglaterra, al aceptar el puesto de Royal Society Research Professor en la Universidad de Oxford. En 1982, cuando todavía se encontraba en Ann Arbor, publicó con Marlene Zuk un artículo en Science que ha tenido una gran influencia en la biología evolutiva. En ese artículo propusieron la que, andando el tiempo, se ha denominado “hipótesis de Hamilton-Zuk sobre la selección sexual”.

Marlene Zuk en una conferencia TEDWomen 2015.

De acuerdo con la hipótesis de Hamilton y Zuk, los adornos sexuales (que forman parte de la batería de caracteres sexuales secundarios) son indicadores de la resistencia a los patógenos del individuo que los porta. A esa conclusión llegaron tras comparar el grado de infestación con parásitos sanguíneos con el atractivo del plumaje y la calidad del canto en un centenar largo de especies de pájaros de Norteamérica. La hipótesis es acorde con la noción más general de “los buenos genes”, según la cual, un individuo reproductor prefiere a una pareja de la que tenga más garantía de que transmitirá buenos genes a la progenie. Rasgos como la calidad del canto o la brillantez y aspecto del plumaje, por ejemplo, actuarían como “señales sinceras” (honest indicators) de esa mayor calidad genética general que proporcionaría a la progenie una mayor probabilidad de supervivencia y de éxito reproductivo. La validez de esa hipótesis exige que exista correlación entre los rasgos preferidos por el individuo que escoge pareja y la supervivencia de la progenie o algún otro factor, como el grado de infestación parasitaria, que tenga un efecto nítido sobre ella. Y esto último es lo que demostraron Hamilton y Zuk en su trabajo de 1982.

La carrera científica

La vuelta de Hamilton al Reino Unido no fue obstáculo para que Zuk realizara bajo su dirección la tesis doctoral, que defendió en 1986 en la Universidad de Michigan. El título de la tesis fue Sexual Selection, Mate Choice And Gregarine Parasite Levels In The Field Crickets Gryllus Veletis And G. Pennsylvanicus (insect Behavior, Female). En ella estudió la relación existente entre la elección de pareja y los niveles de infestación parasitaria en dos especies de grillos, Gryllus veletis y G. pennsylvanicus. Zuk difundió los resultados de su tesis en cinco artículos publicados en 1987 en revistas de primer nivel.

Marlene Zuk, 2014.

Tras obtener el título de doctora, se trasladó a la Universidad de Nuevo México, en Alburquerque, en la que realizó una estancia postdoctoral. Allí formó parte del grupo de Randy Thornhill, que trabajaba con el gallo bankiva Gallus gallus en temas de selección sexual. El resultado de esa colaboración se materializó en una importante serie de artículos publicados entre 1990 y 1993. Con este trabajo Zuk volvía a trabajar con aves.

Tras la estancia en la Universidad de Nuevo México, en 1989 Marlene recaló finalmente en el Departamento de Biología de la Universidad de California en Riverside, donde ha permanecido durante la mayor parte de su vida profesional.

El trabajo con los gallos no impidió que siguiera investigando acerca de la relación entre grado de parasitación y atractivo sexual en grillos, un trabajo al que se ha seguido dedicando con regularidad y en el que ha colaborado con numerosos investigadores de diversas procedencias geográficas, incluyendo a su marido John Rotenberry.

Su último movimiento académico tuvo lugar en abril de 2012, cuando el matrimonio Zuk-Rotenberry se trasladó a la Universidad de Minesota para trabajar en el College of Biological Sciences, en el que Zuk, aparte de su investigación, desempeña el cargo de Vicedecana (Vice Provost) de Igualdad y Diversidad.

Según sus propias palabras, Marlene Zuk está interesada en la ecología y evolución del comportamiento animal. Su investigación se ha centrado siempre en la selección sexual y los efectos de los parásitos en la elección de pareja reproductiva y la evolución de los caracteres sexuales secundarios. En la actualidad estudia el conflicto entre selección sexual y selección natural en grillos de la especie Teleogryllus oceanicus. Estos grillos se ven afectados por una mosca parásita que se guía por el sonido del canto para localizar a su huésped. Una mutación reciente ha privado a los grillos de las poblaciones afectadas de la capacidad de producir el típico canto, y gracias a esa mutación las moscas parásitas no pueden localizarlos; se ven así favorecidas esas poblaciones en términos de selección natural. El problema es que, a la vez, la mutación priva a los grillos de una señal sincera de calidad genética y, por lo tanto, entorpecen el proceso de selección sexual característico de la especie. Esta línea de investigación ha derivado, además, en un interés por los procesos de evolución rápidos y la función del comportamiento en el establecimiento de nuevos rasgos.

Actividad de divulgación

Además de su trabajo de investigación, en los últimos años Marlene Zuk ha dedicado parte de su tiempo a cultivar la divulgación científica. Le interesa especialmente deshacer malentendidos motivados por la propensión de los medios de comunicación y el público a atribuir comportamientos sexuales que se observan en animales a la especie humana, o a juzgar su idoneidad en nuestra especie a partir de su existencia en otras. También se ha ocupado de desmontar otros mitos.

Su primer libro divulgativo fue Sexual Selection: What We Can and Can’t Learn about Sex from Animals (2003). En él discute temas como la maternidad, las bases genéticas del adulterio, el orgasmo femenino, la menstruación o la homosexualidad. Defiende que el feminismo puede proporcionar herramientas para examinar estos y otros temas relacionados. Y defiende la idea de que debemos mejorar nuestro conocimiento del mundo natural, sin utilizar los resultados de la investigación científica para dotar de contenido a la agenda feminista y evitando utilizar lo que sabemos de los animales como arma ideológica.

En 2007 publicó Riddled with Life: Friendly Worms, Ladybug Sex, and the Parasites That Make Us Who We are. Ofrece en esta obra un punto de vista inesperado acerca de los parásitos y el efecto que los patógenos han tenido en nuestra evolución y, por lo tanto, en nuestra naturaleza.

En 2011 publicó Sex on Six Legs: Lessons on Life, Love, and Language from the Insect World, donde hace un recorrido por algunos de los rasgos más llamativos del comportamiento de los insectos, sobre todo en la reproducción.

El siguiente libro fue publicado en 2014, y trató de los mitos acerca de la vida de nuestros antepasados en el Paleolítico: Paleofantasy: What Evolution Really Tells Us About Sex, Diet, and How We Live. En este libro Zuk sostiene la noción, muy querida por este cronista, de que contra lo que muchos piensan, la evolución humana no se detuvo hace decenas de miles de años, sino que nuestra especie no ha dejado de evolucionar, por lo que todas las creencias acerca de lo que nos conviene y no nos conviene basadas en como se supone vivían nuestros ancestros en Paleolítico, carecen de la más mínima base.

Y en agosto de este año saldrá a la venta su próximo libro, en coautoría con su colega Leigh Simmons, sobre la selección sexual: Sexual Selection: A Very Short Introduction. Se trata de un libro muy breve en el que los autores presentarán lo esencial de esa noción, a cuyo cultivo nuestra protagonista ha dedicado y dedica toda una vida profesional.

Científica y feminista

Marlene Zuk reúne en su persona la doble condición de científica y feminista, razón por la que ha intentado compatibilizar ambas predisposiciones. No le ha resultado cómodo el intento, tal y como veremos en los párrafos siguientes.

En una (por muy diferentes razones) interesante entrevista publicada en Current Biology (2008), afirma lo siguiente:

Yo había estado interesada desde hace tiempo en los derechos de las mujeres y, entonces, durante los estudios universitarios empecé a investigar en el tema de la elección de pareja y la selección sexual. Al principio me parecía que esos dos intereses deberían poderse complementar, por lo que me sorprendió descubrir que, por un lado, mis amigas y colegas más feministas desconfiaban o, incluso, eran hostiles a la ciencia, porque la veían como un ‘instrumento del patriarcado’, mientras que los científicos a menudo menospreciaban mi preocupación acerca del sesgo de género en la ciencia. Por eso, parte de lo que hago, y especialmente en mi primer libro, intenta trazar un camino entre esos dos intereses y encontrar un terreno común. Esto no quiere decir que yo haga ciencia de un modo diferente por esa razón, pero puedo plantear diferentes cuestiones o aproximarme a viejas cuestiones de una forma diferente.

A un nivel más práctico, nos queda un largo camino que recorrer para que las mujeres avancemos en la ciencia a la misma velocidad que los hombres, y yo trabajo para cambiar eso. Estoy muy interesada en las formas en que nuestros sesgos (a menudo inconscientes) hacen que evaluemos a la gente y sus logros de forma diferente dependiendo de en qué medida se ajustan a nuestras nociones preconcebidas. Un buen número de estudios han encontrado, por ejemplo, que un mismo logro es mejor valorado si lleva la firma de un hombre que si lleva la de una mujer. A menudo no vemos a las mujeres como modelos de científicas de éxito. Es importante mantener una actitud abierta para con estos asuntos; hay gente a quien incomoda reconocer que el género es un elemento de nuestros sesgos, pero una vez que lo reconocen, es mucho más fácil resolver el problema.

Creo que la transcripción (con traducción libre del cronista) ilustra bien a las claras la forma de pensar de nuestra protagonista.

Marlene Zuk, Universidad de Minesota, 2017.

Abundando en lo que expone en el párrafo anterior, creo que resulta esclarecedora esta carta que remitió al editor de Nature en 2005 junto con su colega Gunilla Rosenqvist. Denunciaban que el trato desigual que reciben las mujeres en la academia no se limita a las que son madres, como se había afirmado en un editorial previo en la misma revista, sino que afecta a todas las mujeres. Hacían hincapié en el hecho de que las mujeres habían de duplicar los méritos para obtener el mismo reconocimiento. Esa carta la enviaron siete años antes de que se publicasen los resultados del experimento de Jennifer y John.

Lo que la biología del comportamiento animal no puede enseñarnos y lo que sí

Para terminar con esta anotación, me ha parecido adecuado dejar dos pinceladas acerca de lo que la biología animal no debería enseñarnos y también acerca de aquello que sí puede ser mejor entendido si se tiene el debido conocimiento.

Como he apuntado más arriba, a Zuk le preocupa la forma en que medios de comunicación y público en general hace uso de las informaciones relativas a la biología de los animales con el propósito de justificar unos u otros (da igual el sentido de la justificación) comportamientos en materia sexual o de emparejamiento. Transcribo un breve fragmento de una carta remitida a Nature en 2006:

Si utilizamos animales como iconos con propósitos ideológicos no solamente acabaremos en discusiones sin sentido acerca de qué ejemplos son más significativos (¿mantis caníbales o bonobos promiscuos?), sino que nos arriesgaremos a perder de vista lo que es verdaderamente interesante e importante de su comportamiento.

Y como contraste, para ilustrar de qué forma la biología nos puede ayudar a entender mejor nuestra condición, permítaseme recomendar la lectura de este artículo. En él nuestra autora ofrece una explicación interesante acerca del hecho evidente de que en nuestra especie el masculino es el verdadero sexo débil.

Referencias

La principal fuente de información para esta anotación ha sido la relación de publicaciones científicas de Marlene Zuk tal y como las recoge la base Scopus.

En las siguientes referencias he encontrado algunos datos biográficos menores:

Sobre el autor

Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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