Tine Tammes, extraordinaria bióloga durante el nacimiento de la genética en los Países Bajos

En la primera década del siglo XX se produjo el nacimiento de una nueva disciplina biológica, la genética. Este acontecimiento cobró gran fuerza en el conocido laboratorio de William Bateson, en Cambridge. Sin embargo, Gran Bretaña no fue el único país que intentó crear con éxito una base institucional para potenciar la investigación de los problemas de la herencia. En otros países también se produjo un importante despertar de los estudios en esta materia y, al igual que en el laboratorio inglés, las mujeres científicas fueron un componente considerable de su desarrollo.

Tine Tammes. ©University Museum Groningen.

Desde este contexto, queremos recordar a Jantine (Tine) Tammes (1871-1947), una destacada bióloga capaz de enfrentarse al rechazo de la comunidad académica de su tiempo para conseguir la oportunidad de participar activamente en la investigación científica avanzada. Formaba parte de un conjunto creciente de mujeres jóvenes que en el cambio del siglo XIX al XX ya no estaban dispuestas a quedarse en casa después de haber recibido algún tipo de educación. Exigían el derecho a más formación y a conseguir, posteriormente, un trabajo concordante con su especialización.

Por esos años, las universidades se vieron obligadas por las circunstancias a abrir, o al menos entornar, sus puertas ante las presiones de las mujeres; primero como estudiantes, posteriormente como personal contratado y, por último, como profesoras e investigadoras. Paralelamente, a partir de 1900, con el redescubrimiento del trabajo que el monje checo Gregor Mendel había publicado en 1865 demostrando que los caracteres hereditarios se transmiten de una generación a otra siguiendo leyes precisas, la genética empezó a establecerse como una nueva disciplina científica que, según algunos expertos, podría resultar muy prometedora.

Dado que estos ámbitos novedosos estaban casi desocupados porque apenas atraían a los científicos varones con ambiciones académicas, las primeras mujeres universitarias descubrieron que aquí tenían oportunidades, algún espacio en el que insertarse con garantías de permanencia. En genética, como rama de la ciencia aún en su  primera etapa, la estudiosa y vocacional Tine Tammes encontró esa oportunidad.

Tine Tammes: vida y obra de una gran bióloga vegetal

En 1871 nacía Jantina (Tine) Tammes en Groningen, norte de los Países Bajos, dentro de una familia de clase media. Su padre, Beerend Tammes, era fabricante de cacao y su madre fue Swaantje Pot. En 1883, Tine entró en una escuela secundaria para niñas, que ofrecía una educación supuestamente adecuada a la naturaleza femenina. De hecho, según describen la profesora de historia de la ciencia de la Universidad de Ámsterdam, Ida H. Stamhuis, y el biólogo del Museo Noruego de Historia Arve Monsen, las enseñanzas impartidas eran totalmente insuficientes como formación para futuros estudios universitarios.

Tine Tammes.

La falta de conocimientos no era la única barrera. Por añadidura, valga señalar que en los Países Bajos, hasta 1906, las jóvenes necesitaban un permiso ministerial para poder asistir a la escuela oficial (el gymnasium) que preparaba alumnos para la entrada en la universidad. Solo un número muy limitado de chicas, la mayoría de ellas pertenecientes a las clases adineradas, solicitaban y conseguían ese permiso. No obstante, estas universidades estuvieron abiertas a las mujeres relativamente pronto, pues desde la década de 1870 ya admitían estudiantes femeninas.

Después de terminar la escuela secundaria, según describen los citados Stamhuis y Monsen, Tine Tammes recibió clases particulares de matemáticas, física y química; en 1890 conseguía matricularse en la Universidad de Groningen. Pero no fue de las primeras, cuando la joven Tammes se incorporó a la Universidad de Groningen, ya había once mujeres estudiando allí, de un total de cuatrocientos quince estudiantes.

A las alumnas se les permitía asistir a las clases teóricas y prácticas, pero no estaban autorizadas para realizar exámenes académicos. Al final solo se les otorgaba un diploma como certificado de las clases a las que habían asistido. En 1896, según revelan los archivos de la Universidad, Tammes, junto a otras dos estudiantes, fundó el llamado «club de caminantes», que en 1898 de transformó en la Sociedad Femenina de Estudiantes de Groningen. Desde 1912 se llamaría Magna Pete, la «hermandad» más antigua de los Países Bajos.

Tine Tammes fue una de las discípulas del profesor de botánica, especializado en fisiología vegetal, Jan Willem Moll (1851-1831), quien jugaría un importante papel en la formación de la joven y en su carrera académica. Moll había estudiado botánica en Ámsterdam y obtuvo el doctorado en fisiología vegetal en la Universidad de Leiden en 1876. Como estudiante trabó una buena amistad con el conocido botánico y uno de los primeros genetistas, Hugo de Vries (1849-1936).

Moll, que muy pronto descubrió el talento de la joven Tammes, aceptó incorporarla como ayudante en su laboratorio. Poco después, con el fin de impulsar el desarrollo de la carrera científica de su alumna, decidió ponerse en contacto con De Vries. En una carta escrita al célebre botánico, le solicitaba que admitiese a T. Tammes para investigar durante un tiempo bajo tu dirección. Y además añadía: «Es una joven realmente con mucho talento que ama a la ciencia con todo su corazón».

En esta correspondencia, Moll también apuntaba: «Se que no te gusta tener a una mujer como científica visitante, pero verás que es mejor de lo que esperas; ella es capaz de trabajar independientemente muy bien y de decidir su propia dirección. Por lo tanto, estoy seguro que no te molestará». A regañadientes, De Vries dio su consentimiento y Tinne Tammes pudo realizar una estancia de investigación durante varios meses en su laboratorio (Stamhuis y Monsen, 2007).

De Vries era muy conocido por sus numerosos experimentos de hibridación con variedades de plantas, y sus teorías sobre la transmisión de los caracteres hereditarios. Los numerosos resultados que había logrado le permitieron llegar en 1900 a las mismas conclusiones, hasta el momento olvidadas, propuestas por Mendel treinta y cinco años antes. De Vries estaba perfectamente preparado para entender el significado y el enorme valor del trabajo del monje checo.

Tine Tammes, durante el tiempo que pasó en el laboratorio de Hugo de Vries, trabajó en asuntos relacionados con la variación hereditaria que existe en una población o especie, sobre la cual puede actuar la selección natural e impulsarse la evolución biológica. Sus trabajos se centraron en diversas especies vegetales y obtuvo unos excelentes resultados.

De vuelta a Groningen

Cuando Tine Tammes regresó a su universidad, tras la exitosa colaboración con de Vries, tenía entre sus objetivos prioritarios el doctorarse. Sin embargo, debido a que por ser mujer no se le había permitido presentarse a los exámenes académicos oficiales, tampoco pudo obtener el doctorado por la Universidad de Groningen y Moll trató entonces que consiguiera ese título académico en otro país, pero tampoco esto fue posible.

Linum usitatissimum.

Tales obstáculos no frenaron la carrera de Tammes. La joven optó por seguir con su investigación científica y así, hasta 1899 continuó siendo ayudante de Moll. Con posterioridad, se trasladó muy cerca, al nuevo Laboratorio de Botánica que el maestro había contribuido a establecer, en cuyas instalaciones contaba con un magnífico jardín botánico. A partir de esos años publicó varios trabajos que tuvieron una considerable influencia entre sus colegas, nacionales e internacionales.

En 1903 Tammes comenzó una extensa y cuidada investigación sobre los caracteres hereditarios de plantas cultivadas de lino (Linum usitatissimum). Moll fue una vez más la fuerza impulsora de este proyecto. Se preocupó de que Tammes pudiera realizar su  importante trabajo en las mejores condiciones posibles, y que los resultados se publicaran en la revista Dutch Society of Sciences. Así, en 1907 salía a la luz una excelente monografía que contenía un riguroso estudio sobre la anatomía del tallo de las plantas de lino; en esta obra, de casi 300 páginas, utilizó la estadística y teoría de probabilidad para arrojar luz sobre la herencia de rasgos genéticos en el lino. La magnífica exposición publicada consolidó la carrera académica de Tine Tammers.

En los años siguientes, Moll volvería a ayudarla. En noviembre de 1910 propuso su nombre para un doctorado honorario por la Universidad de Groningen. En una carta dirigida a la Facultad de Física y Matemáticas, el científico solicitaba que Tine Tammes fuera premiada con ese doctorado en base a sus investigaciones, que él definía como «originales» y «precisas».

Moll describía los importantes trabajos elaborados por la científica sobre la fisiología de los vegetales. También subrayaba que «su principal actividad está en el ámbito experimental, inicialmente desarrollado por Hugo de Vries», con cuya colaboración Tammes había realizado un notable proyecto. Además, explicitaba que tenía numerosos artículos publicados en revistas nacionales e internacionales por los que había conseguido un notable prestigio.

Tine Tammes. ©University Museum Groningen.

De la carta de recomendación de Moll puede concluirse que  él estaba convencido del mérito que tenían las investigaciones de Tammes, y utilizó ese hecho significativo como argumento para defender su causa. Finalmente, en 1911, la científica recibió un doctorado honorario en zoología y botánica.

Convencido de la valía profesional de su colega, Moll trataba de promocionar aún más la carrera de Tammes. Con tal fin, expuso a la dirección de la universidad la necesidad de contratar de forma extraordinaria a un profesor para impartir clases sobre la teoría de la herencia y la variabilidad. Esta propuesta estaba apoyada por la influyente Society for Higher Agricultural Education. Una las principales razones para justificar el interés de tal contrato se apoyaba en que la genética se estaba expandiendo rápidamente, y en los años venideros podría incrementar con creces su utilidad para la agricultura del país.

Además, Moll argumentaba que en el Laboratorio de Botánica existía un candidato «cualificado en todos los aspectos pertenecientes a esta nueva materia» que estaba dispuesto a aceptar con buena voluntad «un trabajo no particularmente bien pagado». Moll defendió que el candidato era Tine Tammes; sus colegas estuvieron de acuerdo en que no era necesario ofrecer a una mujer el salario de un profesor a tiempo completo. La propuesta de Moll, sin embargo, no fue aceptada. Sin ningún argumento claro se concluyó que no existía urgencia alguna para contratar a un nuevo profesor.

En este punto, merece subrayar la positiva influencia que tuvo Jan Willem Moll como tutor en la vida profesional de Tine Tammes. Tal como ha especificado la profesora Ida H. Stamhuis: «Tuvo la suerte de tener a Moll como maestro, con su actitud liberal hacia las mujeres intelectuales. Él se aseguró de que ella tuviera una carrera científica proporcionada a sus capacidades. Gracias a él pudo trabajar con el famoso Hugo de Vries […]. Moll tuvo importantes dificultades en conseguir un trabajo para ella y ofrecerle un tema de investigación prometedor. No obstante, el científico logró organizar un nuevo laboratorio en el que su ex-alumna dispusiera de las plantas necesarias para establecer un instituto agrícola. Cuidadosamente eliminó todos los obstáculos para su formación y se esforzó generosamente en que fuese una seria candidata a profesora de la universidad».

Cuando J. W. Moll se retiró, en 1917, fue sustituido por un antiguo estudiante de Tammes, J. C. Shoute, quien inició una nueva campaña con el fin de conseguir un contrato como profesora para la científica. Lo primero que hizo fue solicitar cartas de recomendación a los  más eminentes expertos internacionales en genética de aquella época. El alemán Erwin Baur (1875-1933), el suizo Hermann Nilsson-Ehle (1873-1949), el danés Wilhelm Johannsen (1857-1927) y el británico William Bateson (1861-1926) compartían la opinión de que Tine Tammes era muy indicada para ese cargo, y todos ellos certificaron su capacidad científica.

En concreto, Baur escribió: «Miss Tammer ha demostrado a través de una serie de buenos e importantes trabajos, que domina por completo este campo y que por encima de todo tiene el talento necesario para llevar a cabo investigaciones científicas independientemente. En un caso semejante, no dudaría en proponer por segunda vez a Miss Tammes como profesora; su reputación es muy elevada en países extranjeros, especialmente aquí en Alemania».

Tine Tammes. ©University of Groningen.

La carta de Baur, junto a las otras recomendaciones de estilo semejante, se envió al Ministro de Educación, responsable último del contrato de los profesores. La campaña tuvo éxito, y finalmente en 1919 Tine Tammes fue nombrada profesora de genética de la Universidad de Groningen. La primera docente (mujer o varón) de esta especialidad que alcanzó tal distinción en los Países Bajos, y la segunda mujer (de cualquier disciplina) en todo del país.

Como miembro del cuerpo docente de la universidad, Tammes dedicó parte de su tiempo a supervisar la investigación de otros. Además, fue miembro del consejo editorial de la prestigiosa revista Genetica desde 1932 a 1943, y al mismo tiempo activa participante de la Dutch Association of Women Graduates (VVAO).

Pero sobre todo, la científica fue una gran profesora que se mantuvo en la enseñanza universitaria hasta su retiro en 1937. En esta época, y en gran medida gracias a su trabajo, la genética se había convertido en una disciplina respetada en la Universidad de Groningen, siendo ampliamente reconocida en otros países.

Tine Tammes murió en 1947 en su ciudad natal. En 2001 la Universidad de Groningen creó una cátedra con su nombre con el fin de estimular la enseñanza y la investigación en Estudios de Género. Esta cátedra ha sido sucesivamente ocupada por un período de tres meses por profesores procedentes de universidades de fuera de los Países Bajos.

Valga terminar con un distendido comentario de la profesora Ida Stamhuis: «Pese a sus logros y ascenso profesional, Tine Tammes seguía siendo muy pequeña. Muchos alumnos recuerdan que debía subirse en un cajón para dar sus magistrales clases de genética». Una marginal paradoja de esta destacable científica.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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