El físico de las científicas

Desde los años setenta, los psicólogos estudian los efectos del atractivo físico en el juicio sobre las personas y su influencia en el trato personal y en las relaciones sociales. Es el atractivo físico, en la práctica, una herramienta importante para evaluar a las personas y un apoyo significativo para la percepción que tenemos de los demás en el entorno social cambiante en que nos movemos. Según el estudio de Daniel Bar-Tal y Leonard Saxe, de las universidades de Tel-Aviv y Boston, en esa década de los setenta ya se tenía como evidente que los juicios sobre el atractivo físico eran importantes como base para juzgar otras características de las personas y, como consecuencia, mejoraba la evaluación general de las personas consideradas atractivas. Además, el juicio sobre el atractivo físico es más importante en las mujeres que en los hombres y, como decía, el resultado de ese juicio se extiende e influye en otras características de la persona. Y, en los hombres atractivos se supone, para el que puntúa su atractivo, que, a más atractivo, más sueldo, y en las mujeres, en cambio, supone que, a más atractivo, más posibilidades de encontrar pareja, pues, entonces, se sigue, como consecuencia, que es lógico que, a igual trabajo, el hombre cobre más.

Ahora nos podemos preguntar cómo influye el atractivo físico en la actividad científica y, en concreto, para las mujeres que son, como hemos visto, a las que se aplica con mayor intensidad esta evaluación. No podemos olvidar el significado que tienen los estereotipos y la relación que marcan entre las que se dedican a la ciencia y el estereotipo de la mujer como científica. Así, Anna Gheorghiou y sus colegas, de la Universidad de Essex, en Inglaterra, han estudiado la influencia del rostro con el éxito de su función en los comunicadores de ciencia. Por estudios anteriores, ya sabían que lo que se busca en el rostro de las personas es honradez, competencia y sociabilidad. Aunque, claro está, el rostro puede llevar a engaño y las conclusiones que se obtienen quizá tengan escasa validez. Pero, a pesar de ser así, el rostro es lo que el observador ve y siente y, por tanto, es importante para conocer la eficacia del comunicador e investigar lo que se transmite a los que reciben la comunicación de la ciencia.

Anna Gheorghiou trabaja con universitarios voluntarios a los que muestra imágenes del rostro de científicos reales de los campos de la física y la genética. Lo que interesa es, como decía, deducir de sus rostros honradez, competencia y sociabilidad. Entre los resultados destaca que el atractivo físico ayuda al interés por lo que cuenta el comunicador pero, sin embargo, también se juzga que el atractivo es una característica que se opone a ser un buen comunicador científico. Y no hay diferencia entre sexos.

La diferencia aparece cuando se juzga, según el atractivo físico, el puesto que se ocupa en la jerarquía científica. Lo han estudiado Sarah Banchefsky y sus colegas, de la Universidad de Colorado, con 51 voluntarios trabajadores de Amazon, con 26 mujeres, de 16 a 63 años y edad media de 35 años. Observan ochenta fotografías de científicos reales, la mitad mujeres, y se les pide que juzguen su feminidad y la probabilidad de que sean científicos o maestros de primaria.

En los resultados de la encuesta sorprende que las mujeres obtienen mejor puntuación que los hombres como maestros de primaria pero obtienen casi la misma puntuación en parecer científicas. También aparece que, cuanto más femenina se puntúa a la mujer, parece más maestra de primaria y menos científica. Incluso los hombres considerados más femeninos parecen menos científicos.

Imagen Wikipedia.

Queda demostrado que, en mujeres, se relaciona ciencia con poca feminidad y con menos atractivo físico, lo que puede desanimar a cualquier adolescente que piense en dedicarse a la ciencia. Por ello, Diana Beltz y Denise Sekaquaptewa, de la Universidad de Michigan, han investigado cómo influyen estos estereotipos en las posibles vocaciones para la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, el conocido STEM anglosajón, en jóvenes de 11 y 12 años. Leen entrevistas con científicas que se presentan femeninas (vestido rosa, maquillaje, aspectos de modelos de revistas para mujeres,…) o con aspecto neutro (ropa oscura, sin maquillar, con gafas,…). También algunas aparecen con éxito en su carrera científica (se les califica de ingeniera estrella, las alaba un profesor concreto de química,…) o con éxito en el centro de estudios o, como es conocido, son populares (alabadas por un profesor sin especificar la especialidad, la más popular del centro,…).

Los resultados muestran que el modelo ‘STEM femenino’ desanima a las jóvenes, rebaja su interés por las matemáticas, caen su autoconfianza y sus expectativas de éxito. Parece que ven imposible que puedan alcanzar el éxito en el STEM y, a la vez, estar a la moda y ser muy femeninas. Sienten que se les pide demasiado (recordar la película Una rubia muy legal, con Reese Whitersponn, dirigida por Robert Luketic en 2001).

Las autoras concluyen que se necesita estudiar a fondo la relación entre STEM y feminidad, es decir, la relación STEM-género, para facilitar el acceso de las jóvenes a la ciencia. La misma autora, Diana Beltz, en un artículo más general en Scientific American, afirma que animar a las jóvenes para que se acerquen a la ciencia con modelos de ‘científicas femeninas’ parece que es contraproducente. Lo más adecuado y eficaz es la referencia que ofrece una científica real que comparta con ellas su historia de cómo llegó a la ciencia y demostrando que se puede hacer ciencia y, además, el por qué la ciencia es importante, tanto para quien la practica como para la sociedad.

Solo se necesita la carta de una científica real que les ofrezca un modelo a las jóvenes. Según Sarah Herrmann, de la Universidad del Estado de Arizona, debe transmitir la sensación de pertenencia a la ciencia que siente la científica y que el tiempo que se dedica a prepararse para la ciencia es una inversión para el futuro. Además, debe ser un ejemplo de que se pueden superar las dificultades para ser científica con dedicación y persistencia. Solo con un texto como este se consigue que, en la segunda enseñanza, mejoren las notas en ciencia y los abandonos desciendan un 30%. Es, por tanto, una referencia eficaz para las jóvenes.

Referencias

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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