Luz Rello: “Me han llegado a ofrecer mucho dinero por la patente de Dytective, pero he decidido no venderla para que sea un servicio gratuito”

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Conocía de la existencia de Luz Rello de casualidad, por una entrevista en El País. Contacté con ella y accedió a que la entrevistase para LaGeneracionC.com. Todavía no había defendido su tesis doctoral. Mantuvimos el contacto y su proyecto para ayudar a gente con dislexia, le valió el premio European Young Researcher’s Award. Posteriormente fue seleccionada por MIT entre los Innovadores menores de 35 y ganó el premio en la categoría de innovación social. Poco después obtenía una beca en Carnegie Mellon para seguir investigando sobre la dislexia y es nominada como “Ashoka Fellow”. Actualmente Luz ha lanzado Change Dyslexia tras desarrollar una tecnología que permite la detección temprana de la dislexia. Vive entre EE. UU. y España, y charlamos por teléfono en una de sus visitas a nuestro país para promocionar su empresa.

Guillermo de Haro (GdH) ¿Cuándo fuiste consciente de que querías ser científica y dedicarte a la ciencia?

Luz Rello. Fotografía de Julio Gonzalo.

Luz Rello (LR) El deseo de ser científica creo que viene desde que era niña: estaba en el colegio y vi un dibujo de Marie Curie con un parrafito que explicaba que era una mujer que había roto barreras, conseguido el premio Nobel… Pensé que yo también quería descubrir cosas. Sin embargo, una cosa es saber lo que quieres y otra es darte cuenta de que lo puedes conseguir, y eso último creo que fue muy tarde. En el 2013 cuando gané el Premio al Mejor Investigador Europeo de EuroScience y fui a dar la charla delante de tanta gente, investigadores mucho mayores que yo y bastante reconocidos, fue cuando me dije a mí misma “soy investigadora”.

(GdH) Puede llegar a ser frustrante para alguien querer ser investigador y ver lo complicado que, sobre todo cuando no tienes referentes, pero es que además tú tenías que luchar con la dislexia. Durante los primeros años, cuando ya eras consciente de que querías investigar, ¿cómo vivías este problema?

(LR) Yo quería ser investigadora y hacía todo lo posible por ello, pero lo hacía pensando que nunca me iba a ser posible conseguirlo. Es más, de pequeña pensaba que iba a ser azafata de vuelo. De todas formas, ya con mi doctorado bajo el brazo, todavía es duro a día de hoy. Por ejemplo, los artículos científicos que escribo los tienen que revisar. Repaso mis mails ocho veces antes de enviarlos y aun así todavía me da rabia cada vez que encuentro faltas de ortografía. Estás en un laboratorio en el que todo el mundo es muy inteligente y tienes que dedicar más tiempo a leer que el resto, que no tienen por qué saber lo que te ocurre. Así que todavía no me es fácil.

Por otro lado, creo que hay cosas que me ha dado la dislexia por las que tengo que estar agradecida, como la capacidad de trabajo. También eres mucho más tolerante a los errores.  Muchos compañeros de laboratorio no son tolerantes con el fracaso, están tan acostumbrados a ser los mejores en su área y a tener tanto reconocimiento que, cuando tienen un error, errores que, por cierto, son muy frecuentes, pues no lo toleran bien. Muchos se frustran y algunos incluso entran en depresión o lo pasan fatal. Creo que la dislexia me ha ayudado a estar tranquila con los errores y a tolerar el fracaso, incluso a ser un poco creativa. Aun así, sigue siendo un problema para mí. Creo que hay niños que lo tienen más superado porque se lo han detectado desde jóvenes y les han dado una muy buena reeducación, por lo que no tienen esas consecuencias que yo sigo notando. Pero a estas alturas me tengo que aceptar como soy, no puede ser de otra forma.

(GdH) Una vez descubren que tienes dislexia, no es solo que te pongas a enfrentarte a ella y estudiar, sino que además aprendes otro idioma.

(LR) Mis padres, antes de saber que yo tenía dislexia, vieron que se me daba mal el inglés, así que hicieron un esfuerzo económico muy fuerte y empezaron a enviarme a Irlanda o Inglaterra desde los diez años. Pasaba allí los veranos, por lo que empecé a aprender inglés de manera comunicativa, es decir, de forma natural. No aprendiendo a leer o escribir, con la gramática y los dictados, que es como se suele aprender, sino comunicándome con las personas. Creo que eso fue lo que me hizo aprender inglés. Mis padres intuitivamente vieron que me tenía que ir allí a aprender a hablar e hicieron un esfuerzo que les agradeceré toda la vida. Y te hablo de un esfuerzo de verdad, mis padres renunciaron muchas veces a sus propias vacaciones para que yo pudiera ir allí a aprender.

(GdH) Me decías antes que Marie Curie fue tu referente inicial para querer ser científica, pero ¿qué otros referentes encuentras en el mundo científico con quién identificarte? ¿Quizá tus padres o alguien de tu familia es o ha sido científico?

(LR) Nadie de mi familia es científico, soy la primera. Algo que te da la dislexia –y lo he hablado con más disléxicos–, es que como no te puedes comparar con la gente, porque no es una comparación “justa” en casi ningún término, al final la referencia eres tú mismo y compites contra ti mismo. Ese fue mi caso: medir cuánto tardaba en leer, en hacer cada cosa… Tenía obsesión por mejorar respecto a mis propias marcas. Pero si tengo que darte una creo que un referente fundamental que he tenido ha sido mi supervisor principal del doctorado. Casi más bien mentor realmente.

(GdH) Normalmente se comenta, no solo en España sino en todo el mundo, la falta de referentes femeninos en ciencia. Es más, se supone que esto influya en que menos mujeres elijan estudiar ciencia o tecnología. Sobre todo, en áreas como programación es muy acusado. En tu caso, a pesar de la dislexia haces la carrera de lingüista y te decides por un doctorado en informática. ¿Qué fue lo que te motivó a seguir ese camino?

(LR) Yo quería hacer un doctorado porque quería ser investigadora. Eso lo tenía claro. Antes había estado investigando otros temas que tenían que ver con aprendizaje automático y técnicas de inteligencia asistida. Y entonces tuve la suerte de dar con un supervisor buenísimo, Ricardo Baeza-Yates. Él, durante el primer año del doctorado, se dio cuenta de que yo tenía un problema de lectoescritura. Le conté que tenía dislexia y me preguntó que por qué no utilizaba todo lo que estaba investigando para ayudar a gente como yo. Así que la idea inicial de mezclar informática lingüística y dislexia fue de Ricardo. También está muy concienciado con la igualdad de género en informática, por lo que cada vez que hay un comité de defensa de doctorado se preocupa de que haya mujeres. A mí también me enseñó a ser consciente de eso.

Así que volviendo a la pregunta anterior creo que voy a ampliar mi elección. Cómo referente ideal tendría a Marie Curie, pero también a Alexander Fleming o Hedy Lamarr. Lamarr es poco conocida pero que fue la creadora del “wifi” y también actriz. Finalmente, eso sí, como mentor, Ricardo.

(GdH) Luz, ¿crees que premios como el MIT Innovadores 35 o el European Young Researcher’s Award que obtuviste, pueden influir en cambiar esta situación? ¿Quizá ayudar a contar historias de investigadoras de forma más cercana para facilitar que seáis referentes modernos?

(LR) Creo que eso es crucial. A mí me ha costado disfrutarlos porque yo lo he vivido como una responsabilidad enorme. Desde el momento en que lo anuncian, antes y después de recibirlo. El problema es que, como lo que hacíamos era para personas con dislexia, hay muchas familias implicadas, conoces a muchas personas de primera mano y las expectativas que se generan cada vez que te dan un premio son cada vez más grandes con relación a cómo va a ser la herramienta que ayude a sus hijos. Ya con la primera app conseguimos más de 10 000 descargas, pero en muchos casos mantenía el contacto con familias, madres y niños con dislexia ya diagnosticada, como la mía. Siempre me he implicado mucho a nivel personal.

Ahora, respondiendo a tu pregunta de si los premios ayudan, creo que más bien a posteriori. Cuando me han invitado a dar premios, a hacer una mesa redonda para los nuevos premiados o cuando estuve entregando becas de La Caixa de doctorado hace un año… Cuando estás un poco en el otro lado, es cuando te das cuenta de lo importante que son los premiados de otros años para las personas a las que les entregan esos premios, porque les han inspirado. No sé si yo he sido referente para alguien en particular, pero creo que es importante.

(GdH) ¿Qué cambiarías de los sistemas educativos para fomentar que haya más científicos o más vocación científica?

(LR) Creo que uno de los retos es la falta de recursos en España, pero en realidad lo que falta es motivación. Es cuestión de mentalidad: aquí los investigadores no están motivados para crear patentes porque el sistema no les va a dar nada por ello. Si creas aquí una patente, tienes problemas con la universidad porque nadie sabe bien cómo funcionan todos los mecanismos, cómo explotarla, ni exactamente con qué te quedarías. Mientras, en Estados Unidos y otros países están incentivando las patentes: te suben el sueldo si patentas, puedes participar de su explotación, solo tienes que devolver un 3% de los royalties… Debería haber una especie de sueldo variable en la investigación, pero aquí está un poco anquilosado. Por supuesto al principio siempre estás motivado, porque te fascina el tema que estás tratando, pero a lo largo de los años la gente se desmotiva porque ve que su esfuerzo no hace diferencia en el sistema, y creo que ese es uno de los problemas de fondo que hay.

Luz Rello. Fotografía de Julio Gonzalo.

(GdH) Entiendo que lo dices por experiencia ya que has vivido los dos modelos, el español y el de EE. UU. con tu proyecto, ¿cómo ha sido esa evolución?

(LR) Pues mira, en noviembre de 2014 teníamos aplicaciones derivadas de la investigación, como “Piruletras” y “Otros Lectores”, que no eran sostenibles. “Piruletras” tenía unos 13 000 usuarios, pero cada vez que había un cambio de sistema operativo o aparecía un dispositivo nuevo, no teníamos recursos para hacer las nuevas imágenes y gráficos. Piensa que esto lo lanzamos en 2012 tres amigas: Clara Bayarri, Azuki y yo. Yo la lingüista, otra diseñadora y la última programadora. El desarrollo, el mantenimiento, todo lo hacíamos nosotras.

En 2015, me ofrecen trabajo en el departamento de informática de Carnegie Mellon. Durante 2015 sentía una especie de tensión entre investigar en el mejor departamento del mundo de informática o hacer nuestro proyecto sostenible a lo largo del tiempo. Al final combinamos un poco las dos cosas: por un lado, empezamos a gestionar el proyecto de Change Dyslexia que, en enero del 2016, se ha constituido como empresa social y, por otro lado, aproveché esos tres años en Carnegie Mellon para hacer la investigación del detector. Es decir, teníamos herramientas para ayudar con la dislexia, pero no teníamos una herramienta para detectarla, que es el mayor problema.

En Carnegie Mellon han sido unos años muy duros: he envejecido, tengo canas… ¡Si me ves ahora no me reconoces Guillermo! Hicimos una investigación que salió bien en el cuarto intento. Lo que hicimos fue mezclar todo lo que habíamos aprendido de “Piruletras”, el “datamining”, todos los patrones lingüísticos, cómo la gente con dislexia jugaba a los ordenadores… y lo hemos mezclado con inteligencia artificial, con un algoritmo de machine learning de redes neuronales recurrentes. Todo esto lo introdujimos en un test y después lo evaluamos con 10 000 participantes; no sé si lo viste en redes sociales, también salimos en las noticias por televisión pidiendo participación… Si entras en la página web de Change Dyslexia verás todos los voluntarios, unos sesenta colegios, dos asociaciones de dislexia… La investigación salió a la calle, era la única manera de que funcionara, necesitábamos datos y así lo conseguimos.

El experimento salió bien y lo hemos patentado en la Oficina de Patentes de Estados Unidos. Está licenciada ahora mismo por Change Dyslexia, es decir, Change Dyslexia tiene que pagar la licencia y los royalties a Carnegie Mellon por utilizar la tecnología patentada, tecnología que he desarrollado yo y mis colaboradores. Finalmente conseguí el patrocinio de Samsung para que ellos hicieran la campaña de comunicación. Y así las navidades pasadas había un cartel de Samsung de dislexia en Callao. Una pasada.

(GdH) Lo vi, de hecho, recuerdo que estuvimos hablando en la presentación en Madrid y me comentaste que tuviste más opciones antes de cerrar el acuerdo con Samsung, algunas de ellas totalmente increíbles e inesperadas, ¿no?

(LR) El resto de reuniones que tuve fueron con multinacionales tecnológicas y de educación que me han llegado a ofrecer mucho dinero por la patente de Dytective. Una de ellas, sin negociar, en una cena me puso un cheque sobre la mesa. Pero he decidido no venderla para que sea un servicio gratuito. Mi impresión era que la iban a explotar con licencias para hospitales y el diagnóstico iba a costar mucho dinero, por lo que no solucionábamos nada. Creo en el modelo de negocio que hemos montado para Change Dyslexia, aunque todavía no es sostenible. El test, que es gratuito, funciona como un generador de leads, y esos leads te pueden llevar a un directorio de profesionales. Porque la manera ideal de superar la dislexia es con un profesional. La aplicación actual, que es una gran mejora de “Piruletras”, se llama DytectiveU y tiene 35 000 ejercicios que se van personalizando. Esa es de pago. Lo que necesitamos es que mucha gente la utilice para poder hacer Change Dyslexia sostenible y poder romper las tres barreras de la dislexia.

(GdH) ¿Cuáles son esas tres barreras?

(LR) La primera barrera es que la dislexia deje de ser un trastorno oculto, porque la inmensa mayoría de las personas que tienen dislexia no lo saben. Para ello ofrecemos un test gratuito validado científicamente, Dytective Test, que hemos lanzado gracias a Samsung. De hecho, hasta finales del año pasado se llamaba  Dytective for Samsung. La segunda barrera son las dificultades de lectoescritura, que esperamos romper con el uso de DytectiveU, una herramienta científicamente probada para apoyar la dislexia. La tercera barrera son las dificultades socioeconómicas porque ahora, lamentablemente, puedes superar la dislexia si tienes dinero y puedes pagar un logopeda, y esto previo diagnóstico… Por eso estamos buscando fundaciones y empresas que financien becas de DytectiveU para las familias que lo necesitan. En vez de hacerlo buscando beneficios masivos, cosa que podría haber hecho, quiero medir el éxito de todo esto por el número de personas que se benefician por las becas, por el número de niños que han mejorado, por el número de niños detectados gratis… Eso me importa más que la facturación ahora mismo. Hemos sacado DytectiveU hace pocos meses y estamos consiguiendo algunas ventas del producto, pero todavía es muy poquito, el problema es encontrar el punto de equilibrio que permite hacerlo sostenible con este modelo Freemium.

(GdH) ¿Te imaginabas todo esto cuando empezaste con ‘Piruletras’ con tus dos amigas mientras estabas haciendo el doctorado?

(LR) No me lo imaginaba. No me suelo imaginar las cosas y una de las razones es porque de pequeña no pensaba que iba a terminar el colegio, luego no pensaba que iba a terminar la universidad y no pensaba que iba a terminar un doctorado. Nunca me he imaginado nada porque me daba miedo generar expectativas. Desde pequeña, por la dislexia, me acostumbré muy pronto a no soñar o no desear cosas, pero sí en cambio a luchar por ellas. Una de las cosas que he aprendido es que, si no te pones un objetivo muy grande como cambiar la dislexia, y te imaginas cosas pequeñas como hacer un acuerdo con una empresa, estás limitando lo que puede llegar a pasar.

(GdH) Cuando empezaste investigando, ¿pensaste que podía terminar siendo una empresa? Recuerdo que veías que podía crear mucho valor como proyecto de investigación, pero ahora tienes entre manos ciencia aplicada, un producto que busca ser rentable.

(LR) La verdad es que veía que era una necesidad para que el proyecto no se muriera por el camino. Ya he visto cómo se han muerto muchas aplicaciones nuestras y eso es muy triste, tanto esfuerzo se queda en nada. Sin embargo, una cosa es verlo claro y otra cosa es conseguirlo. La estrategia que he seguido con la empresa casi se parece a la de investigadora, ir recopilando datos para luego ir tomando decisiones. Pero es algo que veía desde el principio con este proyecto: quería dedicarme a investigar, pero sabía que esta era la única manera, convertirlo en una empresa. Pero en este caso es una empresa social.

(GdH) ¿Cómo ves el proyecto dentro de cinco años y cómo te gustaría que fuese?

(LR) Ahora mismo coinciden ambas visiones. Lo que me gustaría dentro de cinco años es que la dislexia dejase de ser una dificultad, es decir, que la inmensa mayoría de la población supiera que la dislexia existe, gracias a Dytective Test o a mil cosas que también saldrán en los próximos cinco años. Me gustaría ver que la tasa de abandono escolar provocado por la dislexia se ha reducido significativamente. En cifras me gustaría haber llegado al menos a un millón de niños. Ahora mismo hemos llegado ya a 80 000 con el test. También me gustaría haber adaptado las aplicaciones a diferentes lenguas. También querría haber mejorado las aplicaciones, son cinco años y probablemente no estará DytectiveU, sino que habrá aplicaciones con una  investigación y tecnología mucho más puntera. Y otro de mis sueños es que todas las cosas que saquemos estén relacionadas con las fortalezas de la dislexia, de forma que el test, por ejemplo, no solo te diga que tienes riesgo de dislexia sino también en lo que eres bueno. Centrar la investigación en las fortalezas y no solo en las dificultades.

(GdH) Gracias una vez más Luz. Espero que el proyecto siga creciendo sea rentable y, se cumpla lo que te he escuchado varias veces: “los sueños no se leen, se hacen realidad”.

Sobre los autores

Guillermo de Haro es ingeniero, doctor en economía y en organización de empresas y profesor de Economía Aplicada en URJC. Publica en JotDownMagnet ElEconomista entre otros.

María Gil Fernández es estudiante en el Doble grado de Publicidad y Relaciones Públicas y Administración y Dirección de Empresas en URJC. Colabora con el ElEconomista.

10 Comentarios

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Esther

Hola Luz, hola Guillermo,

Como mujer y madre de un pequeño con dislexia he disfrutado muchísimo con la entrevista. Llevo tiempo siguiendo la pista a Luz y su proyecto. Además hoy además ha hablado de patentes, otro tema que me toca de forma profesional, y no puedo dejar de compartir las ideas que transmites: el diagnóstico temprano es esencial, la brecha social entre familias que pueden dar o no apoyo suplementario, la escasa remuneración al investigador etc. De verdad que te animo a seguir y te lanzo un reto más. Creo que la dislexia en las familias se comparte entre padres a hijos, pero en idiomas transparentes como el español con la edad se enmascara, porque adquirimos otras fortalezas. ¿Por qué no un “Dytective Test” familiar? Más de un padre/madre se dará cuenta de que también tiene una visión diferente del mundo, porque la dislexia no es mas que eso…

Victor SerranoVictor Serrano

Tengo 44 años, soy lo que se considera un disléxico de mayor grado, no tuve una infancia fácil, aun asi gracias a Dios, he salido adelante, hablo castellano, catalán e inglés bastante fluido y he desarrollado todo tipo de labores, desde picar zanjas, construcción, limpieza, profesor de informática, diseñador gráfico, técnico informático y montones de otras cosas, lo mejor de todo es que no cambiaria nada, amo mi cerebro tal y como es, lo qué vengo ha decir es que con ilusión y ganas de vivir todo es posible,

Guillermo de HaroGuillermo de Haro

Gracias por compartir Victor. Siempre he escuchado a Luz que un objetivo importante es conseguir que la dislexia deje de ser algo “oculto” y estimagtizado, que la clave es que se identifique pronto, se reconozca y se valore lo positivo de la situación. Si alguien puede conseguirlo es ella, por eso me apasiona tanto su proyecto y su trayectoria.

Guillermo de HaroGuillermo de Haro

Hola Esther, me dice Luz que el test está validado hasta 70 años, así que lo podéis hacer en familia y validar tu interesante hipótesis 🙂

AliciaAlicia

Hola, soy madre de dos niñas y un niño. Mi mediana tiene muuuchas faltas de ortografía (gravísimas). A pesar de ser una niña muy inteligente, le ha costado muchísimo (y lencuesta todavía) saberse las tablas de multiplicar, resolución de problemas matemáticos…Y el inglés…uf, ni hablamos. Le cuesta muchísimo..En el cole saben de su problema aunque no está considerada como disléxica (aprendió a leer con 4 años ella solita). Me preocupa mucho no saber cómo ayudarla. Cualquier consejo será bien recibido. Gracias

Guillermo de HaroGuillermo de Haro

Hola Alicia, me comenta Luz que es un caso muy particular. Usar la app no sería mucho problema para tener más información. Mi hija mayor usaba “Piruletras” para aprender español (ella es alemana). Pero la clave en estos casos son los expertos, médicos, pedagogos, ya que ellos son los que pueden identificar mejor el origen del problema. Las buenas noticias por lo que comentas es que la niña tiene una gran capacidad, por lo que se trata de identificar qué está provocando que le cueste muchísimo el inglés y los problemas matemáticos. Mucha suerte con todo y un abrazo para toda la familia.

AliciaAlicia

Gracias Guillermo. Ya ha hecho el test y le sale sin riesgo. Sé que es un caso particular y por eso no sé si es cuestión de ayudarla y darle herramientas de estudio o realmente necesita ir a un experto. Cuando hablas de identificar qué está provocando esa dificultad…¿qué podría ser?

Guillermo de HaroGuillermo de Haro

Me alegra que el test os haya salido bien Alicia. Si está teniendo dificultades con ortografía y matemáticas descartar en la medida de lo posible motivos siempre ayuda. No soy sicologo infantil pero como padre yo confiaría en el equipo docente del colegio para que te aconsejen. Mucha suerte.

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