Asombro y emoción

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En Mujeres con Ciencia ya hemos mostrado el trabajo de Gavin Aung Than y sus Zen Pencils. Y, por supuesto, hemos hablado en varias ocasiones de Rachel Carson.

En esta ocasión hablamos de ambos a la vez porque una cita de Rachel Carson sacada de su libro The Sense of Wonder publicado en 1965, sirve al joven dibujante como inspiración para este estupendo cómic.

Una reflexión sobre la importancia de mantener la curiosidad y la capacidad de asombro. Mantenerla en cada uno de nosotros para así ser capaces de acompañar a nuestros hijos, a nuestros alumnos y, en general, a los más jóvenes que nosotros en el descubrimiento del mundo que les rodea.

Mantener la curiosidad por un mundo en el que siempre hay cosas por las que maravillarse, asombrarse y preguntarse los porqués.  El asombro y la emoción llevan a las preguntas, a la búsqueda de respuestas y a querer saber más. La curiosidad nos ha llevado hasta aquí.

El mundo de un niño es nuevo y hermoso, lo llenan el asombro y la emoción. Es una desgracia que para la mayoría de nosotros esa visión clara, ese instinto auténtico de lo que es hermoso e impresionante, se oscurezca, e incluso se pierda, antes de llegar a la vida adulta. Si hubiera tenido influencia ante ese hada buena que preside los inicios de todos los niños, le pediría que su don para cada niño del mundo fuera una capacidad de asombro tan indestructible que le durara toda la vida, como un antídoto infalible contra el aburrimiento y los desencantos, contra la preocupación estéril por cosas que son artificiales, contra el alejamiento de las fuentes de nuestra fortaleza.

Para que un niño mantenga vivo ese sentido innato del asombro, sin que las hadas le hayan concedido ese don, necesita la compañía de al menos un adulto con el que pueda compartir el asombro, que redescubra con él la alegría, la emoción y el misterio del mundo en que vivimos.  A menudo, los padres tienen una sensación de insuficiencia al enfrentarse, por una parte, a la mente ansiosa y sensible de un niño y, por otra parte, a un mundo de una naturaleza física compleja, habitado por una vida tan diversa y extraña que parece imposible reducir al orden y el conocimiento.

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En un estado de ánimo autodestructivo, exclaman: ‘¿Cómo voy a enseñarle a mi hijo acerca de la naturaleza? ¡Porque no sé diferenciar un pájaro de otro!’. Sinceramente pienso que para el niño y para el padre que trata de guiarle… saber no es ni la mitad de importante que sentir.

Si los hechos son las semillas que más tarde producirán conocimiento y sabiduría, las emociones y las impresiones de los sentidos son el suelo fértil en el que las semillas habrán de crecer.

Los años de la primera infancia son el momento de preparar el suelo. Cuando las emociones hayan sido despertadas… lo hará también una sensación de belleza, con la emoción de lo nuevo y lo desconocido, los sentimientos de simpatía, piedad, admiración o amor… y entonces desearemos el conocimiento sobre el objeto de nuestra respuesta emocional. Una vez encontrado, su significado es permanente.

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Sobre la autora

Ana Ribera (Molinos), historiadora con 14 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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