Autoras o agradecidas
La socióloga Harriet Zuckerman mostró en su tesis doctoral, publicada en 1965, la importancia de las relaciones estructurales en los grupos de investigación a la hora asignar méritos. Sus resultados fueron fundamentales para que, en 1968, el también sociólogo y ya reconocido investigador Robert King Merton identificara, explicara y definiera el efecto Mateo en su artículo The Matthew Effect in Science. Sin embargo, el trabajo de Zuckerman no fue reconocido públicamente por el sociólogo; su nombre aparecía únicamente en las notas a pie de página.
Algo parecido le ocurrió a Mary Tsingou. Programó, en los años cincuenta del siglo pasado, uno de los primeros experimentos numéricos de la física y obtuvo los resultados que mostraron un comportamiento inesperado de sistemas no lineales. Tampoco figuró como autora del artículo Studies of Nonlinear Problems (escrito por Enrico Fermi, John Pasta y Stanislaw Ulam) aunque fue reconocida en los agradecimientos.

Son dos ejemplos históricos de una situación que plantea una pregunta que sigue siendo actual: ¿quién recibe la condición de autor o autora de una publicación científica y quién aparece únicamente en los agradecimientos? La diferencia no es menor. La autoría es fundamental para conseguir trabajo, proyectos, ascensos y reconocimiento. Un agradecimiento deja constancia de una ayuda, pero tiene escaso valor para una carrera académica.
El artículo «Dissecting the gender divide: authorship and acknowledgment in scientific publications», de Keigo Kusumegi, Daniel E. Acuña y Yukie Sano, estudia si la frontera entre autoría y agradecimiento es diferente para mujeres y hombres. Sus resultados muestran que, cuando realizan determinadas contribuciones, las mujeres tienen menos probabilidades de aparecer como autoras. Pero también señalan que el género no actúa solo: el prestigio académico tiene un peso relevante en el reparto del crédito.
Firmar o aparecer en los agradecimientos
La ciencia es cada vez más colaborativa. En un mismo trabajo pueden participar personas que diseñan el proyecto, realizan experimentos, recogen o analizan los datos, proporcionan materiales, desarrollan programas informáticos, obtienen financiación o escriben el texto. No todas acaban firmando el artículo.
Los agradecimientos sirven, en principio, para reconocer aportaciones que han sido útiles pero que no justifican la autoría. El problema es que no existe una frontera perfectamente definida entre ambas formas de reconocimiento. Una contribución al análisis de datos, por ejemplo, puede dar lugar a la autoría en un trabajo y a un agradecimiento en otro. Como la decisión depende de reglas poco claras, las relaciones jerárquicas y los estereotipos pueden influir en quién firma.
Para estudiar esta cuestión, el artículo analiza cerca de 20 000 artículos publicados entre 2016 y 2021 en siete revistas de acceso abierto del grupo PLOS. Los artículos pertenecen a nueve grandes disciplinas, entre ellas medicina, biología, química, informática, matemáticas y psicología. La base inicial contiene más de 63 000 personas mencionadas en los agradecimientos, además de los autores.
El estudio utiliza artículos a partir de 2016 porque, desde ese año, las revistas PLOS utilizan la taxonomía CRediT, que identifica la contribución de cada autora o autor. Esta información permite saber, por ejemplo, quién participó en la investigación y el análisis, quién aportó materiales y recursos, y quién intervino en la escritura. Los investigadores clasifican también las tareas descritas en los agradecimientos y comparan, para una misma clase de contribución, qué proporción de mujeres y hombres recibe autoría.
Menos autoría para las mismas tareas
La diferencia más clara aparece en las tareas de investigación y análisis. Entre los artículos en los que participaron mujeres y hombres en ese tipo de tarea, aproximadamente el 70 % de los hombres fueron incluidos como autores, frente al 65 % de las mujeres. También existe una diferencia significativa, aunque menor, en las contribuciones relacionadas con la escritura.
En cambio, no se observa una brecha significativa cuando la aportación consiste en proporcionar materiales o recursos. El tipo de tarea importa, por tanto, para entender dónde aparece la desigualdad. No todas las contribuciones se valoran de la misma manera ni están sujetas al mismo margen de interpretación.
Las diferencias tampoco son idénticas en todas las disciplinas. La brecha en investigación y análisis ronda el 10 % en medicina, matemáticas e informática, mientras que las ciencias ambientales son el único campo en el que no se detectan diferencias significativas. Estas comparaciones deben tomarse con precaución porque el número de trabajos y las costumbres de autoría varían mucho entre disciplinas.
El peso del prestigio
¿Se debe la brecha directamente al género o a la posición que ocupan las personas dentro de la ciencia? Para abordar esta cuestión, el estudio utiliza el número de citas como medida del prestigio académico. Separa, para cada sexo, al 10 % de investigadores más citados y al 10 % menos citado, y estudia qué ocurre cuando colaboran personas de distinto nivel.
Para las tareas de investigación y análisis, quienes tienen más citas aparecen con mayor frecuencia como autores, sean mujeres u hombres. Cuando una mujer muy citada colabora con un hombre poco citado, es ella quien tiene más probabilidades de recibir la autoría. En ese caso, la diferencia de estatus no solo compensa la desventaja asociada al género, sino que llega a invertirla.
El prestigio parece, por tanto, proteger frente a la pérdida de crédito. Sin embargo, esta conclusión no implica que el género deje de ser relevante. Hay muchos más hombres que mujeres entre los científicos muy citados. Además, las citas no son una medida neutral del mérito. Reflejan ventajas acumuladas a lo largo de la carrera: publicar antes y más, pertenecer a redes amplias, trabajar con investigadores reconocidos o recibir más crédito desde el comienzo, aumentan las probabilidades de ser citado en el futuro.
El estudio muestra así un mecanismo circular. Las personas con más reconocimiento tienen más posibilidades de firmar nuevos artículos, y esas autorías pueden proporcionarles todavía más publicaciones y citas. Si las mujeres parten con menos reconocimiento o reciben menos autoría en las primeras etapas, la desventaja puede aumentar con el tiempo. La jerarquía académica puede esconder una desigualdad de género anterior y, al mismo tiempo, reproducirla.
Lo que muestran los datos
El análisis permite comparar a miles de personas que realizaron tareas similares, pero no observa directamente cómo se tomó cada decisión de autoría. Por ello, no demuestra que una mujer concreta fuera excluida por ser mujer. Puede haber diferencias en la intensidad o la calidad de contribuciones que se agrupan bajo una misma categoría. Los resultados identifican un patrón agregado que requiere explicación.
La base de datos también tiene límites. Incluye solo artículos de revistas PLOS y llega hasta 2021. Además, solo se pudo identificar el prestigio de menos del 30 % de las más de 63 000 personas mencionadas en los agradecimientos. Quienes carecen de historial académico son precisamente quienes pueden encontrarse en las posiciones más débiles, de modo que su exclusión podría ocultar parte de la desigualdad.
Reconocer las contribuciones
La taxonomía CRediT ha supuesto un avance. Al indicar quién concibió el proyecto, analizó los datos, realizó los experimentos o escribió el artículo, hace más visible el trabajo que se esconde tras una lista de nombres. Sin embargo, queda aún la separación entre quienes aparecen en la lista de autores y quienes están en agradecimientos del artículo.
El problema de la decisión de quién «merece» ser autor y quién simplemente aparece en agradecimientos es difícil de resolver. Sin embargo, las revistas y las instituciones podrían exigir que los equipos acuerden los criterios de autoría al comienzo del proyecto y los revisen cuando cambian las contribuciones. También podrían solicitar una explicación detallada de las aportaciones reconocidas únicamente en los agradecimientos, sobre todo cuando incluyen investigación, programación o análisis de datos. La transparencia no elimina las relaciones de poder, pero hace más difícil que las decisiones queden sin justificar.
El mérito científico no depende únicamente de lo que una persona aporta. También depende del crédito que recibe por esa aportación. La historia de Harriet Zuckerman o Mary Tsingou nos resulta llamativa porque conocemos después la importancia de su trabajo. El estudio de Kusumegi, Acuña y Sano sugiere que la frontera entre autoría y agradecimiento continúa distribuyendo de manera desigual el reconocimiento, aunque la mayoría de los casos permanezcan invisibles.
Referencia
Kusumegi, Keigo, Daniel E. Acuña y Yukie Sano (2026). «Dissecting the gender divide: authorship and acknowledgment in scientific publications». Scientometrics 131, 5781-5801
Sobre el autor
David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.