Las Marie Curie que no fueron

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Las Marie Curie que no fueron

En 1976, solo el 3 % de las personas que figuraban como inventoras en las patentes estadounidenses eran mujeres. La proporción ha aumentado hasta el 14 % en 2023, pero sigue muy lejos de la paridad. En contraste, durante esas mismas décadas, la presencia femenina entre profesionales de la medicina y del derecho, por ejemplo, ha crecido hasta acercarse al 50 %. ¿Cuáles son las consecuencias económicas de que tantas mujeres queden fuera de la actividad inventiva? Es decir, ¿qué pierde una economía, una sociedad, debido a la falta de paridad?

Esta es la pregunta que plantea el economista Jean-Félix Brouillette en un trabajo de título elocuente: «The Lost Marie Curies and Foregone Economic Growth». Su respuesta es que las barreras que apartan a las mujeres de la investigación no solo perjudican a quienes las sufren. También impiden que algunas de las personas con mayor talento para crear ideas lleguen a hacerlo y, en consecuencia, reducen la productividad y el nivel de vida del conjunto de la sociedad.

Homenaje a Marie Curie. Wikimedia Commons.

El estudio combina datos de patentes y ocupaciones con un modelo macroeconómico. El ejercicio sugiere que la escasa presencia de mujeres entre quienes inventan tiene un coste económico elevado: eliminar las barreras que afrontan las inventoras aumentaría la renta por habitante de Estados Unidos un 14,2 % a largo plazo. Es una cifra importante, aunque hay que ser precavidos en su interpretación ya que no procede de un experimento ni de una comparación causal directa. No podemos comparar directamente la situación actual con lo que ocurriría con paridad; pero este trabajo da pistas sobre la comparación. El resultado proviene de un experimento contrafactual de un modelo con varios supuestos, entre ellos que mujeres y hombres tienen la misma distribución innata de talento inventivo.

Tres barreras

El modelo desarrollado en el artículo tiene en cuenta tres mecanismos que pueden apartar a una mujer de la investigación. El primero es la discriminación en el mercado de trabajo. Esta puede tomar la forma de salarios más bajos, menos ascensos o una participación desigual en las rentas generadas por la propiedad intelectual.

El segundo mecanismo es la penalización asociada a la maternidad. Las madres siguen asumiendo una parte desproporcionada de los cuidados y del trabajo doméstico. El coste puede ser especialmente alto en profesiones que premian las jornadas largas y poco flexibles. En los datos utilizados en el estudio, las investigadoras con hijos trabajan un 4,5 % menos de horas semanales que las que no los tienen, mientras que los padres trabajan un 2,7 % más que los hombres sin hijos.

El tercer mecanismo aparece antes de entrar en el mercado laboral: algunas niñas y mujeres jóvenes tienen menos oportunidades de conocer la actividad inventiva, contar con modelos cercanos o imaginarse a sí mismas en una profesión científica. El artículo llama “exposición” a esta combinación de información, referentes y oportunidades. Una persona que nunca entra en contacto con esas posibilidades puede no elegir una carrera de investigación, aunque posea un talento extraordinario.

Mejores inventores más que más inventores

¿Qué ocurriría si desaparecieran simultáneamente las tres barreras? Según la simulación, la oferta de trabajo investigador de las mujeres acabaría multiplicándose por más de cuatro, mientras que la de los hombres se reduciría alrededor de un 10 %. En conjunto, el trabajo dedicado a investigar aumentaría un 49 % durante los primeros cincuenta años tras la desaparición de las barreras.

Sin embargo, el número total de inventores apenas crecería a largo plazo. Lo decisivo sería quién inventa. La entrada de mujeres con gran talento elevaría la productividad media y desplazaría de la investigación a algunos hombres de talento comparativamente menor. Las ganancias procederían, sobre todo, de seleccionar mejor a las personas que producen ideas, no de acumular sin más un número mayor de investigadores.

Este mecanismo explica el aumento del 14,2 % en la renta por habitante a largo plazo. Como referencia, en el mismo modelo, si un gobierno otorgase una subvención general del 30 % a la investigación y el desarrollo elevaría el consumo por persona solo un 1,5 %.

Además, el trabajo sugiere que, de las tres barreras que se tienen en cuenta, sin duda la más relevante es la tercera, la exposición, es decir, la dificultad de las niñas para tener contacto con actividades innovadoras y acceso a ellas. En la cuantificación del artículo, la eliminación de esta barrera supone tres cuartas partes de la mejoría en la renta por habitante.

Un beneficio que tarda en llegar

Las ideas se acumulan lentamente y las decisiones profesionales no se revierten de un día para otro. Por eso, hacen falta muchos años para alcanzar la mejora final de la eliminación de las barreras a la paridad. Las generaciones futuras sí se beneficiarían de toda la mejora, mientras que, según la estimación del artículo, las generaciones que ya están vivas solo experimentarían una mejora del 1 %. El resultado recuerda una dificultad habitual de las reformas: sus costes pueden concentrarse hoy en un grupo visible, mientras que buena parte de sus beneficios se reparte entre muchas personas y llega más tarde. Pero esto no deber ser una excusa para no llevarlas a cabo.

Abrir la puerta a las ideas

La política científica suele intentar que quienes ya investigan dispongan de más recursos. El estudio de Brouillette dirige la mirada hacia una fase anterior: quién consigue entrar en el sistema de innovación. Una subvención a la I+D+i puede aumentar el esfuerzo de las personas que ya están dentro, pero hace poco por una niña que nunca ha conocido a una inventora, por una estudiante que no recibe información adecuada o por una joven cuya contribución se infravalora.

No sabemos todavía qué combinación de políticas eliminaría esas barreras ni si todas las agrupadas bajo la etiqueta de exposición responden realmente a la falta de modelos femeninos. Harían falta datos más directos sobre ingresos, formación, aptitudes durante la infancia y trayectorias profesionales. Aun así, el mensaje central del artículo es muy claro: cuando una sociedad cierra el camino de la invención a una parte de su población, pierde esa sociedad entera, no sólo aquellas personas cuyo camino se ha cerrado. Entre las mujeres que no llegaron a investigar había algunas Marie Curie y muchas personas capaces de producir ideas revolucionarias que nunca llegaremos a conocer o lo haremos más tarde.

Referencia

Brouillette, Jean-Félix (2025). «The Lost Marie Curies and Foregone Economic Growth». American Economic Journal: Macroeconomics, a aparecer

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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