Carme Rovira: «Me gustaría que el conocimiento que generamos pudiera contribuir, algún día, al desarrollo de nuevos fármacos»

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Carme Rovira: «Me gustaría que el conocimiento que generamos pudiera contribuir, algún día, al desarrollo de nuevos fármacos»

Carme Rovira es Profesora de Investigación ICREA en la Universidad de Barcelona (UB), donde dirige el grupo de simulación por ordenador de procesos biológicos. Es doctora por la UB y ha realizado estancias de investigación en EE. UU. (Universidad de Carolina del Norte y Southern Illinois University, durante el doctorado), Alemania (Max-Planck-Institut für Festkörperforschung, como becaria Marie Curie) y Reino Unido (University of York, profesora invitada).

Su trabajo se centra en el modelado mediante simulación computacional de mecanismos catalíticos en enzimas, con especial énfasis en enzimas que procesan los carbohidratos. Ha recibido diversos premios de investigación (Distinció de la Generalitat de Catalunya, Premio Emil Fischer de la Sociedad Europea de Carbohidratos, Premio Ciudad de Barcelona en Ciencias y Tecnología y el Premio Nacional de Investigación Enrique Moles) y ha publicado más de 200 artículos, además de haber sido ponente invitada en más de un centenar de congresos internacionales. Sus proyectos han recibido financiación de España (MICIU) y de Europa (ERC-SyG y H2020-MSCA-ITN). Ha organizado varias reuniones científicas y escuelas sobre métodos computacionales, y ha dirigido trece tesis doctorales. Actualmente preside el Panel de Química de la European High-Performance Computing Joint Undertaking (EuroHPC JU), es Presidenta del Grupo de Química Computacional de la Real Sociedad Española de Química (GEQC-RSEQ) y miembro del Comité Editorial de la revista ACS Omega. Ha sido elegida miembro de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona.

Carme Rovira. Fotografía proporcionada por la investigadora.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?

Mi área de investigación es la química computacional aplicada a la simulación del funcionamiento de proteínas y enzimas. Me interesan especialmente aquellas relacionadas con enfermedades cuyo funcionamiento a nivel molecular todavía no se conoce bien. En los últimos años me he especializado en enzimas que procesan carbohidratos y que pueden ser dianas terapéuticas, como la neuraminidasa, una enzima presente en la superficie del virus de la gripe.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?

En parte, por azar. Durante mi doctorado trabajaba en un campo completamente distinto, el de los sólidos moleculares, y utilizaba herramientas de cálculo más tradicionales. Para el postdoctorado quise aprender unas técnicas de simulación muy prometedoras que se habían desarrollado poco tiempo antes. Mi mentor en Alemania me propuso varios proyectos y escogí uno en el que aplicaría estas técnicas al estudio de proteínas. Podría haber elegido un proyecto más relacionado con mi formación anterior, pero me pareció que este campo sería tan difícil como interesante. También pensé que tendría más posibilidades de conseguir una beca postdoctoral, como finalmente ocurrió. Con el tiempo, descubrí que entender cómo funcionan las proteínas y las enzimas a nivel molecular era un reto científico fascinante, y ahí me quedé.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?

Sí, varias. Al inicio de mi carrera científica, algunos de mis profesores y profesoras fueron mis primeros referentes. Más adelante, durante mi etapa postdoctoral, una figura muy importante fue Michele Parrinello, no solo por sus contribuciones fundamentales a la física y la química computacional, sino también por su manera de dirigir el grupo de investigación, siempre con entusiasmo y buen humor.

También admiro a científicas de gran prestigio como Carolyn Bertozzi, premio Nobel de Química en 2022, que desarrolló técnicas de química bioortogonal, es decir, reacciones químicas compatibles con los sistemas vivos. Más recientemente, he tenido la suerte de conocer a Fátima Bosch en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona. Fátima dirige el Centro de Biotecnología Animal y Terapia Génica de la Universidad Autónoma de Barcelona y es pionera en el campo de la terapia génica. De ambas admiro no solo sus logros científicos, sino también su amabilidad y su capacidad para comunicar de manera sencilla fenómenos que son muy complejos.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?

Sé que es un objetivo muy ambicioso, porque me dedico a la investigación básica, pero me gustaría que el conocimiento que generamos pudiera contribuir, algún día, al desarrollo de nuevos fármacos o nuevas terapias para enfermedades que todavía no tienen cura, como algunas enfermedades raras de origen genético. En nuestro campo intentamos entender, a escala molecular, cómo funcionan determinadas proteínas y enzimas, y también qué ocurre cuando dejan de funcionar correctamente. Ese conocimiento puede ser un primer paso para identificar nuevas estrategias terapéuticas o para mejorar las existentes.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?

Le diría que vaya poco a poco. La investigación requiere paciencia y constancia: no se descubre algo importante cada semana, ni siquiera cada año. Pero si se ha escogido este camino porque realmente gusta, el trabajo se convierte en algo apasionante. Además, es una gran alegría cuando, de vez en cuando, se da un paso importante hacia el objetivo perseguido: una nueva molécula que por fin funciona, un método que permite ver algo que antes no veíamos, o la confirmación de una predicción.

Y, en particular, a las chicas les diría que no se autolimiten. Que no piensen de entrada que no van a llegar por ser mujeres o por los condicionantes sociales que todavía existen. Hay muchas oportunidades, y merece la pena intentarlo.

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