Betty Shannon, de computadora humana a crear máquinas capaces de aprender

Vidas científicas

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Betty Shannon, de computadora humana a crear máquinas capaces de aprender

Mucho antes de que los ordenadores terminaran cabiendo en un bolsillo, la palabra computadora no designaba una máquina, sino una profesión. Eran personas, a menudo mujeres, con formación matemática contratadas para resolver a mano los cálculos que la ciencia y la ingeniería necesitaban. Su trabajo exigía precisión, rapidez y una notable capacidad de razonamiento, aunque rara vez se veía ni se reconocía fuera de los laboratorios donde lo desarrollaban.

Betty Shannon. Wikimedia Commons.

Algunas de aquellas mujeres, sin embargo, no se limitaron a hacer cálculos. Participaron en investigaciones, construyeron dispositivos experimentales y contribuyeron a algunos de los desarrollos tecnológicos que acabarían transformando el siglo XX. Betty Shannon fue una de ellas. Matemática de formación, trabajó durante décadas en Bell Telephone Laboratories, uno de los centros de investigación industrial más influyentes de su época, donde participó en proyectos que hoy forman parte de la historia de la informática, la teoría de la información y los antecedentes remotos de la inteligencia artificial.

Cálculos a mano en Bell Laboratories

Mary Elizabeth Moore, conocida desde siempre como Betty, nació en Nueva York el 14 de abril de 1922. Estudió en el New Jersey College for Women gracias a una beca completa y obtuvo el grado en Matemáticas tras ser admitida en Phi Beta Kappa, una asociación académica que reconoce a estudiantes con expedientes destacados.

Al terminar sus estudios comenzó a trabajar en Bell Laboratories, en Murray Hill (Nueva Jersey). En los laboratorios de esa empresa coincidían físicos, matemáticos, ingenieros y especialistas en comunicaciones que investigaban problemas muy diversos, desde la transmisión de señales telefónicas hasta los primeros sistemas electrónicos de cálculo.

Betty se incorporó como una de esas primeras computadoras, realizando los cálculos matemáticos que necesitaban los ingenieros. Era una tarea muy compleja que requería un trabajo manual minucioso y preciso, ya que por entonces los errores no podían corregirse pulsando una tecla. Con el tiempo fue ascendida a asistente técnica, una responsabilidad que le permitió participar de forma más directa en distintos proyectos de investigación.

Música escrita con matemáticas

Durante su trayectoria en Bell Laboratories, Shannon participó en varios proyectos experimentales y de desarrollo. Por ejemplo, en 1949 ella y John R. Pierce colaboraron en una publicación titulada Composing Music by a Stochastic Process (Composición musical mediante un proceso estocástico), en la que exploraban la idea, poco habitual para la época, de utilizar modelos matemáticos basados en probabilidades para generar secuencias musicales. Lo que aquel estudio planteaba era que determinados aspectos de una pieza musical podían describirse mediante reglas estadísticas.

No se trataba de sustituir al compositor, sino investigar hasta qué punto las matemáticas podían ayudar a comprender la estructura de la música. Hoy suele citarse entre los primeros trabajos relacionados con la composición algorítmica, un campo que aún tardaría muchos años en desarrollarse plenamente.

Un ratón mecánico capaz de aprender

Pero el más conocido fue Theseus (llamado así en recuerdo Teseo, el héroe griego que consiguió salir del laberinto del Minotauro), un ratón electromecánico diseñado para recorrer un laberinto y recordar el camino correcto después de varios intentos. Aunque visto hoy resulta un mecanismo sencillo, en la época en la que se desarrolló Theseus fue la demostración que una máquina podía modificar su comportamiento en función de la experiencia acumulada, una idea que décadas más tarde estaría en la base de muchos sistemas de inteligencia artificial.

Theseus. MIT Museum.

Las fuentes disponibles coinciden en atribuir a Betty Shannon buena parte del cableado interno de la máquina, aunque la distribución de tareas en la construcción de prototipos no se documentaba con la precisión con la que se hace hoy y por eso es difícil asegurar con contundencia quién hizo qué. En cualquier caso, ese cableado, de nuevo, puede parecer una tarea secundaria, pero en aquellos primeros dispositivos experimentales cada conexión debía realizarse manualmente y cualquier error impedía el funcionamiento del conjunto.

Una colaboración difícil de medir

Fue también en Bell Laboratories donde Betty conoció al matemático Claude Shannon, con quien se casó en 1949, y cuyo apellido adoptó. Ambos compartieron durante décadas intereses científicos y una intensa actividad investigadora, una circunstancia que ha hecho que la figura de ella aparezca con frecuencia ligada exclusivamente a la de su marido.

Sin embargo, la realidad era algo más compleja, y más interesante. Shannon ya era matemática en Bell Labs antes que se casaran, había desarrollado allí una trayectoria y figuraba como investigadora con proyectos y especialización propios. Quienes conocieron a la pareja describieron una relación en la que las ideas circulaban continuamente entre ambos, y es difícil saber dónde terminaban las aportaciones de ella y comenzaban las de él, algo habitual en colaboraciones desarrolladas durante décadas tanto dentro del laboratorio como fuera.

Una de las anécdotas más repetidas es su participación en las pruebas realizadas en Las Vegas con un pequeño dispositivo electrónico diseñado para mejorar las probabilidades de acertar en la ruleta. Según varios testimonios posteriores, Betty colaboró en aquellos ensayos junto a Claude y el matemático Edward Thorp. El experimento hoy ocupa un lugar singular en la historia de la computación portátil, aunque no queda una documentación suficientemente clara como para saber cómo se desarrollaron aquellas pruebas ni qué papel concreto desempeñó cada uno de los tres investigadores.

Una vida más allá del laboratorio

Bell Laboratories ocupó una parte importante de su vida profesional, pero no toda. Desarrolló intereses muy diversos que iban desde la genealogía hasta el tejido.

Precisamente este último terminó convirtiéndose en una de sus grandes aficiones, hasta traspasar la frontera que separa un hobby de un campo de investigación técnica. En la década de 1970 fue una de las primeras personas en experimentar con telares asistidos por ordenador, aunque la experiencia difícilmente debía competir con la satisfacción de tejer a mano y finalmente regresó al tejido tradicional. Durante años participó activamente en el Gremio de Tejedores de Boston, del que llegó a ser decana y recibió varios reconocimientos por su contribución a esta disciplina.

Betty Shannon falleció el 1 de mayo de 2017, a los noventa y cinco años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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