Las arqueólogas Sánchez Carrilero: una pasión y dos destinos
La historia de la arqueología española, hasta tiempos muy recientes, anda escasa de nombres femeninos hasta finales del siglo XX pero, pese a las dificultades, y en plena dictadura franquista, hubo algunas mujeres que se abrieron paso, unas con más recorrido que otras, en un escenario dirigido por hombres. Este es el caso de las hermanas manchegas Julia y Nieves Sánchez Carrilero. La primera llegó a ser la primera arqueóloga del país en estampar su firma en un artículo científico sobre pinturas rupestres; la segunda, perseveró para conservar los rastros de pasado de su tierra para generaciones venideras.

A las hermanas Sánchez Carrilero les tocó vivir y desarrollar sus carreras científicas en un momento en el que en España las mujeres apenas ocupaban el 10 % de las plazas universitarias y cuando estaba mal visto que viajaran sin tutela, aunque fuera en expediciones científicas, o que dedicaran sus esfuerzos a la ciencia y no a tener hijos y cuidar del hogar, como acabó experimentando la menor. La mayor, Nieves, nació en Albacete el 15 de abril de 1921 y todavía pudo vivir una adolescencia en un periodo de libertad, que se truncó primero con la Guerra Civil y luego con el régimen franquista. Julia vino al mundo el 16 de mayo de 1933.
La influencia de su padre, Joaquín Sánchez Jiménez, un hombre culto muy implicado en salvaguardar el patrimonio histórico de su tierra, fue fundamental. Él es recordado como impulsor y primer director del Museo de Albacete, que dirigió desde su apertura en 1927 hasta su muerte en 1962. Joaquín, desde la infancia, llevaba a sus hijas a pie de zanja en las campañas arqueológicas por la provincia, como las que realizó en El Llano de la Consolación o la Hoya de Santa Ana. Como viajaban amparadas por la autoridad paterna, las jóvenes evitaban el estigma social y los impedimentos que tenían otras mujeres para pernoctar o trabajar en zonas rurales alejadas. También fue Joaquín quien dirigió sus pasos dentro de la arqueología, que a ambas les fascinaba y les daba una libertad poco común por entonces.
Nieves solo estudió hasta Bachillerato. Su padre desde pronto la introdujo en la gestión diaria del patrimonio que dirigía y a los 25 años la consiguió un puesto de auxiliar administrativa en el Museo, convirtiéndola en su mano derecha operativa. A su cargo puso tareas de gran importancia de inventario, archivo, catalogación, así como de la atención al público, lo que desempeñaría durante cuatro décadas. Pero nunca sería reconocida esa labor que excedía las funciones de una secretaria, nunca cambiaría de categoría laboral pese a su trabajo.
El padre debió ver en Julia cualidades que le impulsaron a apoyarla en sus estudios académicos. La joven hizo la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Murcia, entonces el distrito al que pertenecía Albacete y con el que su padre tenía vínculos. Su memoria de fin de carrera, que culminó en 1956, versó sobre la cultura del mundo íbero en su provincia, un trabajo en el que reunió, catalogó y analizó de manera científica, y por primera vez, decenas de yacimientos dispersos que se conocían allí de la Edad del Hierro. Y no era un resumen de hallazgos de otros, sino que incluyó los datos que había obtenido en excavaciones con su padre en lugares como la necrópolis de El Llano de la Consolación. Aunque no se publicó, el manuscrito original aún se conserva en el museo por su importancia.
Hallazgos de arte rupestre levantino
Por entonces, su hermana Nieves llevaba dos años casada con el arqueólogo Samuel de los Santos, al que conoció en las excavaciones de la necrópolis ibérica de La Torrecica, en la que también trabajaron las dos hermanas con su padre. Samuel sería el sucesor de éste al frente del Museo. En esos tiempos era impensable que una mujer dirigiera una institución de este tipo. El arqueólogo había comenzado a documentar el arte rupestre levantino en el abrigo de Peña Bermeja, en el municipio de Socovos. Lo que hoy se hace con fotografía digital y escáneres con láser o luz ultravioleta, a mediados del pasado siglo se conseguía dibujando calcos directos sobre la roca de las pinturas y grabados, lo que permitía estudiar las obras en el laboratorio, y Julia tenía una gran destreza técnica para ello, así que pasó a formar parte del equipo familiar volcado en esas investigaciones.
Ese contacto directo con las pinturas prehistóricas la fascinó por completo. Un hallazgo casual, como tantos relacionados con la prehistoria, hizo que el objetivo final de su doctorado lo dedicara a la Solana de las Covachas, en el municipio de Nerpio, en la Sierra del Segura. En 1954, un maestro rural de una pedanía de Nerpio, en uno de sus paseos, descubrió que había nueve abrigos rocosos continuos con figuras rupestres que podían tener un gran valor, así que no dudó en avisar a las autoridades. La noticia llegó a la Comisaría Provincial de Excavaciones, a cuyo frente estaba Joaquín Sánchez, quien envió a su futuro cuñado y a su hija Julia, los más preparados de su departamento, a documentar el hallazgo. Tras los datos recogidos en aquella campaña, Julia decidió centrar su investigación doctoral en este lugar, una tesis que culminó en 1962, cuando publicó su “Avance al estudio de las pinturas rupestres de Solana de las Covachas”.

Este trabajo de Julia Sánchez Carrilero ha pasado a la historia de la arqueología española, no solo porque rompió el techo de cristal que había para las mujeres en el estudio del arte rupestre levantino, sino porque sus calcos revelaron al mundo una de las composiciones más famosas y singulares de la prehistoria española: una escena de carácter ritual o chamánico, conocida como la Danza de Nerpio, donde un personaje masculino preside un grupo de mujeres ataviadas con largas faldas. Esta imagen se convirtió en un icono arqueológico para estudiar la organización social y de género en el Neolítico. Además, el nivel de detalle de sus diarios de campo, sus descripciones estilísticas y su forma de dibujar sentaron un estándar metodológico muy elevado para futuras generaciones de arqueólogos que acudieron a la Sierra del Segura.
Pese a esta brillante carrera, cuando estaba en su mejor momento, con solo 29 años, la joven arqueóloga abandonó la investigación. Ese mismo 1962 se casó con Fernando Cantero Carvajal, del que se conoce la profesión, y la pareja se trasladó a vivir a Huesca, un lugar ajeno a su trayectoria, que abandonó totalmente para dedicarse al hogar y a criar a los tres hijos que tuvieron. Así lo marcaban los cánones de la época y se desconoce si la afectó o no esa decisión. En todo caso, una carrera truncada, como tantas otras, por un sistema que no permitía a las mujeres desarrollar su potencial dentro de una vida en pareja. De hecho, de su tesis doctoral solo se publicó una reseña en el Noticiario Arqueológico Hispánico de 1962, quedando también inédita en los archivos. En Hueca, falleció el 15 de noviembre de 2016 a los 83 años de edad.
Sin embargo, su hermana Nieves y Samuel de los Santos formaron un tándem arqueológico formidable y continuaron excavando juntos yacimientos fundamentales en la provincia de Albacete, como el Tolmo de Minateda (uno de los enclaves arqueológicos más importantes del sureste peninsular), Venta Segovia (fundamental para comprender la romanización y las vías de comunicación antiguas en la meseta manchega), el poblamiento de Casa de la Berruga o Los Capuchinos. Ella no firmaba casi ninguna publicación con su nombre; lo hacían su padre o su esposo. Su conocimiento se diluyó en los informes, memorias oficiales e inventarios del museo, aunque era el motor operativo sin el que las excavaciones hubieran sido posibles, del mismo modo que sin su trabajo diario de inventariado, ordenación de almacenes y restauración, miles de piezas claves se habrían perdido, traspapelado o deteriorado sin remedio.
Si gracias a Julia Sánchez Carriledo se puso en valor, décadas más tarde, el conjunto rupestre de Solana de las Covachas, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, su hermana Nieves hizo posible que la memoria arqueológica de Albacete esté disponible para generaciones venideras. Dos hermanas con una misma pasión y, al final, dos destinos.
Referencias
- Nieves Sánchez Carrilero, Wikipedia
- Julia Sánchez Carrilero, Wikipedia
- María Lillo Bernabéu, Julia Sánchez Carrilero, ArqueologAs, 2021
- Julia Sánchez Carrilero, El jardín de las arqueólogas, Miradas en femenino, Ministerio de Cultura
- Nieves Sánchez Carrilero, El jardín de las arqueólogas, Miradas en femenino, Ministerio de Cultura
- Pinturas rupestres, yacimientos arqueológicos y cuevas, Ayuntamiento de Socovos
- Arte rupestre en Nerpio, Turismo de Nerpio
- Margarita Díaz-Andreu, Women’s Pathways in the History of Spanish Archaeology: A New Synthesis. En: López Varela, S.L. (eds) Women in Archaeology. Women in Engineering and Science (2023) 221–242
Sobre la autora
Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.