En las primeras décadas del siglo XX, las mujeres graduadas universitarias se enfrentaban a un mundo acusadamente androcéntrico, que se resistía a abrirles sus puertas académicas para acreditar conocimientos. En ese hostil contexto, fueron necesarias constantes luchas y debates hasta que comenzaron a ser admitidas en profesiones tradicionalmente estereotipadas como masculinas. Los avances se consiguieron gracias a la combinación de una serie de circunstancias, incluyendo el aumento de la educación pública, el activismo social que culminó en el sufragio universal, cambios legales que irían otorgando a las mujeres un status como «personas», y los trastornos generados por las dos guerras mundiales que proporcionaron variaciones en las relaciones sociales.
Los cambios acecidos, sin embargo, no fueron suficientes para explicar las carreras femeninas. Se requirió gran determinación, persistencia, coraje e inteligencia para que las mujeres tuvieran éxito y se abrieran un lugar por sí mismas como profesionales en campos contrarios a su presencia. Un ejemplo de notable interés lo constituye la creativa y destacada participación femenina con el fin de localizar depósitos de petróleo y de otros hidrocarburos, mediante un cuidado análisis de microfósiles, esto es, fósiles de organismos que solo se ven con el microscopio.

Entre estas innovadoras científicas, destaca la geóloga y paleontóloga australiana Irene Crespin quien, contratada por instituciones de la Commonwealth, contribuyó con sus trabajos a estudiar la conexión entre los fósiles y las posibilidades de hallar petróleo, gas y otros hidrocarburos en su país.
Primeros años
Nacida en un suburbio de las proximidades de Melbourne, Irene Crespin era hija de Godwin George Crespin, un subastador, y de Eliza Jane. Inicialmente, la joven deseaba ser música, pero después de cursar el bachillerato se despertó su vocación por la geología. Siguiendo esta senda, en 1919, se matriculó en la Universidad de Melbourne, donde tuvo la oportunidad de asistir a las clases del respetado paleontólogo Frederick Chapman (1864-1943), según ha descrito la historiadora de la ciencia Margaret E. Bartlett. La influencia de este notable profesor impulsó a la aplicada estudiante a especializarse en geología y paleontología.
Una dinámica carrera profesional
Tras graduarse, Crespin fue contratada por el Servicio Geológico de Victoria (Geological Survey of Victoria), asumiendo la tarea de describir los macro y microfósiles hallados en sedimentos en la Península de Mornington, situada al sur de Melbourne. Apuntemos que la principal diferencia entre ambos tipos de fósiles radica, además de su complejidad, en el tamaño, siendo los más pequeños solo visibles con el microscopio.
En 1927, la joven ocupó el cargo de ayudante de Frederick Chapman, a quien el Gobierno Federal había contratado como geólogo experto en la búsqueda de petróleo y minerales en diversos yacimientos australianos. Crespin, mujer de notable dinamismo, emprendió muy pronto numerosas excursiones al campo. Viajó ampliamente por su país con el fin de recolectar fósiles y ampliar conocimientos sobre los sedimentos en que se encontraban y sus posibles relaciones con el también llamado «oro negro».
En su autobiografía, escrita a petición de sus colegas y publicada en 1975, Crespin ha comentado que «como mujer, era una pionera en el estudio y aplicación de micropaleontología a la búsqueda de petróleo en Australia, Papua Nueva Guinea y otras zonas de la región del Pacífico».
Unos años más tarde, tras el retiro de Chapman, el 1 de enero de 1936, Crespin fue nombrada su sucesora. Según ha descrito Bartlett, fue un gran honor para ella continuar con el trabajo del apreciado paleontólogo, aunque, desafortunadamente, solo por el hecho de ser mujer recibiría un salario muy bajo: la mitad del de Chapman; asimismo, se vio obligada a disponer de medios claramente escasos en un ambiente de trabajo poco deseable.
Motivada por su inquebrantable vocación, Crespin no se desalentó. Como paleontóloga de la Commonwealth, aceptó un traslado a Camberra, que por ser la capital del país le ofrecía perspectivas notablemente más amplias. Una vez en la ciudad, entró en contacto con el experto geólogo asesor de la Commonwealth, Walter George Woolnough (1876-1958), con quien empezó una productiva colaboración con muy buenos resultados, centrados en el empleo de microorganismos para localizar petróleo y gas.
Nuevamente, según ha denunciado Bartlett, por su condición de mujer «su salario se fijó en torno a la mitad de lo que ganaban sus colegas varones; otra vez, tuvo que apañarse con un espacio de trabajo inadecuado y con un instrumental de inferior calidad».
Científica viajera
Durante su carrera como paleontóloga de la Commonwealth, Crespin continuó realizando numerosos viajes al campo, siempre con la finalidad de recolectar y analizar los diversos fósiles que hallaba, su contexto y características geológicas. La emprendedora científica no solo recorrió su país, también viajó en diversas ocasiones al extranjero. En 1939 inició sus numerosos viajes, participando en debates donde los especialistas al servicio de la industria discutían intensamente sobre problemas relacionados con la búsqueda de petróleo, como han descrito Barbara Lemon y Rosemary Francis de la National Library of Australia.
En la década de 1940, en un puerto llamado Lakes Entrance, situado al sudeste del país, Crespin participó en una excavación cuyo fin era alcanzar la zona en que podían encontrarse estratos ricos en hidrocarburos. Descendió en una cesta hasta unos 366 metros, ha relatado Bartlett, inspeccionando cuidadosamente la secuencia de las rocas procedentes del Terciario, esto es, de hace entre unos 60 millones y 2 millones de años.
A partir de 1946, Crespin amplió aún más sus itinerarios viajeros, convirtiéndose en una activa participante en conferencias científicas nacionales e internacionales. En 1951, la American Association of Petroleum Geologists la invitó a visitar los Estados Unidos para una estancia de tres meses. Según ha publicado Wikipedia, hubo una fuerte oposición por parte del gobierno para impedir que la científica aceptara esa oferta; sin embargo, ella, con decidido deseo de abrir sus horizontes, optó por emprender el viaje. Al llegar a su destino, fue cálidamente recibida por sus colegas geólogos estadounidenses, con quienes estableció una productiva colaboración según ha descrito la escritora Anne Rees.
Reconocimientos ante una lúcida vida profesional
De vuelta a su país y en el apogeo de su profesión, Irene Crespin recibió un duro golpe en el año 1953 al producirse un enorme incendio en las oficinas del Departamento de Recursos Minerales (Bureau of Mineral Resources) de Camberra. El resultado fue catastrófico para ella ya que, como ha detallado Barttlet, muchos de sus libros, especímenes y parte de su trabajo fueron destruidos por el fuego.

Contrastando con tan desastroso hecho, ese mismo año recibió un importante premio: la valorada medalla de la coronación de la reina, Queen Elizabeth II’s coronation, altamente apreciada en Australia. Este no fue el único galardón recibido; en 1957 la eligieron presidenta de la Royal Society of Canberra. Poco después, le entregaron otra importante condecoración, la medalla Clarke de la Royal Society of New South Wales. Sin extendernos demasiado en los diversos agasajos recibidos por esta original científica, apuntemos que en 1960 la nombraron miembra honoraria de la Royal Microscopical Society de Londres, la distinción quizás más valiosa de las recibidas.
Sin entrar en detalles técnicos, pues la obra de Crespin es altamente especializada, sí consideramos de interés destacar que los reconocimientos citados, y otras muestras de aprecio a su trabajo, estaban más que justificados. A lo largo de su carrera, esta ilustre paleontóloga publicó en torno a 90 artículos como única autora, y más de 20 en colaboración con otros colegas.
En el año 1961, debido a la ley vigente, la prolífica investigadora se retiró oficialmente de su cargo. Contaba 65 años de edad, mantenía un pleno rendimiento profesional junto a una inagotable pasión por la ciencia, de manera que aceptó continuar con sus proyectos mediante sucesivos contratos. Por estas fechas escribió su citada autobiografía detallando la historia y peripecias de su vida profesional, intensamente dedicada a la micropaleontología y los yacimientos de hidrocarburos..
Los reconocimientos a la labor de nuestra protagonista siguieron llegando; la Asociación de profesionales de la Commonwealth (Commonwealth Professional Officers’ Association) reconoció en 1962 con emotivos elogios sus méritos. En 1973, la Asociación para el Avance de la Ciencia de Australia y Nueva Zelanda (Australian and New Zealand Association for the Advancement of Science) la nombró miembra honoraria, distinción que agradeció con orgullo.
Irene Crespin murió el 2 de enero de 1980 en el hospital de Camberra (Royal Canberra Hospital), siendo incinerada según el rito anglicano. En la actualidad, es recordada como una gran científica que además supo defender sus derechos profesionales para sí misma y para las generaciones de mujeres que la sucedieron.
Referencias
- Bartlett, Margaret E. Irene Crespin (1896–1980). Australian Dictionary of Biography. Canberra: National Centre of Biography, Australian National University
- Crespin, Irene (1975). «Ramblings of a micropalaeontologist». Bureau of Mineral Resources, Geology and Geophysics 83
- Lemon, Barbara and Rosemary Francis, Crespin, Irene (1896-1980). The Australian Women’s Register, 20 julio 2020
- Rees, Anne (2016). «Travelling to tomorrow: Australian women in the United States, 1910-1960», Tesis Australian National University
- Wikipedia: Irene Crespin
Sobre la autora
Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.