Antonina Zabinski, una mujer asustada que salvó a cientos de personas escondiéndolas en las jaulas del zoo

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La historia de Antonina Zabinski parece la de la protagonista de una película, y de hecho así fue. Su vida fue llevada, de forma algo libre, a la pantalla en una película titulada en su versión original The Zookeepers Wife (La mujer del guardián del zoo sería una traducción al título en español, mucho más adecuada para esta historia que el título con el que se estrenó en España, La casa de la esperanza). La película tuvo cierto éxito y en ella la actriz Jessica Chastain interpretaba a Zabinski. Lo que sin duda es algo positivo para que se conozca su historia, que lo merece, tiene la contrapartida de que se olvide que Zabinski fue, al final, una persona real.

Antonina Żabińska. Fuente: Instituto Adam Mickiewicz.

Porque Antonina Zabinski fue una heroína de la Segunda Guerra Mundial, que gracias al acceso especial que le daba el trabajo de su marido, ayudó a salvar la vida de cientos de judíos y judías polacos en Varsovia, primero dentro del gueto que se creó en la ciudad y después ayudándoles a salir de él. Lo hizo junto a su marido y el hijo de ambos.

Los documentos que nos han llegado de su época y de la persona que fue cuentan que Zabinski no era una mujer especialmente valiente o arrojada que se enfrentase al peligro sin vacilar. Era una mujer sensible que no ansiaba exponerse a los riesgos, que temía por ella y sobre todo temía por su familia, porque sabía lo que les ocurriría si eran descubiertos. En una ocasión fue víctima de un engaño en el que fingieron ante ella la ejecución de su hijo. Y sin embargo, a pesar del miedo, Zabinski ayudó sin dudar a salvar la vida de personas que habrían muerto sin su ayuda.

Cuidadores de un zoo que se quedó sin animales

Antonina Maria Erdman (Zabinski era el apellido de su marido, que ella adoptó al casarse) nació el 18 de julio de 1908. Aunque vivió casi toda su vida en Polonia nació en San Petersburgo, en Rusia, de donde tuvo que huir al comenzar la revolución bolchevique debido a su fe católica. En Varsovia, Zabinski publicó como escritora varios relatos y libros centrados en la vida de los animales. Además de ello, durante los años de la guerra escribió un diario que es citado ampliamente en la novela que años después se escribiría basada en su historia y que inspiraría la película que mencionaba al principio de este artículo.

Jan Zabinski, su marido, era el director del zoo de Varsovia, además de autor de varios libros sobre comportamiento y psicología animal, y ella le ayudaba a menudo a cuidar y atender a los animales. Bajo su dirección, el parque zoológico polaco fue considerado brevemente uno de los más grandes e interesantes de Europa.

Sin embargo, los buenos tiempos del zoo duraron poco, ya que durante el asedio y la invasión de la ciudad por parte del ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial buena parte de las instalaciones quedaron destruidas y muchos animales murieron. Registros de la época explicaron que el zoológico sufrió duramente los bombardeos porque cerca de allí se ocultaba una batería antiaérea que los bombarderos alemanes se ocuparon de destruir, pero otros murieron a tiros por oficiales alemanes, liderados por un funcionario polaco, que en una Nochevieja decidieron celebrar el fin de año simulando una cacería que no era tal, ya que aquellos animales estaban cautivos y acostumbrados a los seres humanos. Algunos de los animales supervivientes, los más grandes, bellos o interesantes, fueron llevados a Berlín. Una de ellas fue una elefanta llamada Tuzinka, que había sido una de las principales atracciones del zoo.

Permiso para entrar y salir del gueto

Con la invasión de Varsovia por parte de Alemania y la destrucción del antiguo parque zoológico, los Zabinski decidieron utilizar esos terrenos para crear una granja de cerdos.

Además, Jan Zabinski, que era un hombre respetado y empleado del ayuntamiento, fue nombrado superintendente de parques públicos de la ciudad. Esto suponía estar a cargo de todos los demás jardines públicos de Varsovia. Ambas cosas les daban la oportunidad de ayudar a la población judía, ya que podían entrar en el gueto donde estaba confinada e introducir alimentos y otros suministros que necesitaban allí (aunque tradicionalmente la religión judía impide el consumo de productos de cerdo, la hambruna impuesta por el régimen nazi fue tan extrema y letal que cualquier alimento que ayudase a salvar vidas era aceptado y consumido).

Entre los dos ayudaron y salvaron la vida a cientos de judíos y judías polacos, primero en el propio gueto, llevándoles aquello que necesitaban y que ellos podían introducir en ese lugar de donde nadie podía salir y a donde casi nadie podía entrar, y después sacándoles de allí a escondidas y ocultándoles en el mismo zoológico o en su casa el tiempo necesario para conseguirles una vía de escape de la Polonia ocupada.

Nombres y fotos de personas escondidas en el zoológico. Wikimedia Commons.

Llegó a acoger a más de una docena en su casa, una villa de dos plantas situada en el perímetro del zoológico, donde intentó mantener alta la moral y el humor de las personas que allí se escondieron tocando a menudo el piano para ellos. De hecho, crearon un código en el que una melodía específica significaba que todos debían esconderse porque alguien se acercaba a la casa y otra daba la señal de que el peligro había pasado y podían salir de sus escondites.

Fue en una de esas ocasiones donde un oficial alemán se llevó a su hijo y a otro chico tras una tapia e hizo sonar dos disparos, haciendo creer a Zabinski que ambos habían sido ejecutados. Después salió de detrás de la tapia con una gallina muerta y, unos pasos por detrás de él, ambos muchachos vivos. El momento causó tal impresión en ella que lo recogió en su diario y lo recordaría a menudo años después.

La labor de Zabinski fue reconocida por sus conocidos en la época, y ambos aparecen mencionados en los diarios que muchos de sus contemporáneos, los que sobrevivieron y los que no, escribieron durante los años de la guerra. Incluso cuando Jan fue finalmente arrestado por participar en la resistencia, Antonina siguió ayudando todo lo que pudo, a pesar del miedo y la inseguridad que ella misma sentía. “Cada vez llegaban más náufragos a nuestra casa. Como si no fuera un endeble cascarón sobre el vaivén de las olas, sino el submarino del capitán Nemo, el que, a través de las profundidades silenciosas, los llevaría finalmente a puerto”, escribió ella en su diario.

Tras la guerra, los Zabinski se reunieron de nuevo y cuando el zoológico de Varsovia abrió en 1949, ambos estaban allí para participar en la ceremonia. Antonina escribió varios libros infantiles y publicó Ludzie i zwierzęta (Personas y animales) donde contaba lo que ella y su marido habían hecho durante la guerra. Ambos recibieron varios reconocimientos en sus últimos años, y también fueron reconocidos tras su fallecimiento. En 1968 se plantó un árbol en su honor en el monumento honorario oficial de Israel a las víctimas del Holocausto.

Antonina murió el 19 de marzo de 1971.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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