Andrea Gamarnik, la científica argentina que estudia el virus del dengue y rompe el techo de cristal en la investigación

Vidas científicas

Fue la única de su familia en cursar una carrera universitaria y se graduó en bioquímica con medalla de oro al mejor promedio. Es la primera mujer argentina en integrar la Academia Estadounidense de Microbiología. La viróloga Andrea Gamarnik (1964) lidera desde hace más de veinte años el equipo que descubrió la estrategia que utiliza el virus del dengue para desactivar la defensa de las células del ser humano. Esto abre la posibilidad de crear vacunas más efectivas contra la enfermedad causada por este patógeno, que provoca cada año entre 100 y 400 millones de infecciones en todo el mundo.

La científica tuvo un rol clave en su país durante la pandemia de COVID-19 pues el grupo de trabajo que dirige en la Fundación Instituto Leloir (FIL) desarrolló en menos de dos meses la primera prueba de anticuerpos para el virus SARS-CoV-2 de fabricación argentina. Ha realizado también aportes destacados para avanzar en el diseño de inmunizaciones contra el VIH y las hepatitis B y C.

Es una gran defensora del rol de las mujeres al frente de investigaciones clave y actualmente denuncia internacionalmente al gobierno de Javier Milei por el recorte feroz de recursos para la ciencia y la tecnología argentinas.

La virología por azar y el exilio

Andrea Gamarnik. FIL.

Gamarnik nació el 5 de octubre de 1964 en Lanús, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Hija de una actriz y un comerciante, quiso primero estudiar biología, aunque para cursar esa carrera debía recorrer grandes distancias. Fue entonces cuando decidió inscribirse en Farmacia y Bioquímica en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se graduó en 1988 con medalla de oro al mejor promedio. Lo hizo gracias al apoyo de su familia y de una beca del Colegio de Farmacéuticos de su ciudad.

En 1994, apenas concluyó su doctorado en la UBA, aceptó una propuesta para trasladarse a Estados Unidos y formarse en biología molecular. Realizó un posdoctorado en Virología en la Universidad de California en San Francisco (UCSF), disciplina que no había estudiado antes y que nunca más dejó.

Allí se dedicó a estudiar los mecanismos moleculares de replicación del virus de la poliomielitis. Luego trabajó en la industria, colaborando en empresas biotecnológicas, en las que participó en el desarrollo de ensayos fenotípicos para los virus VIH y hepatitis B y C.

Gracias a un programa de repatriación de científicos regresó a Argentina a finales de 2001. Se incorporó a la Fundación Instituto Leloir y creó allí el primer laboratorio de Virología Molecular, que todavía dirige y en el cual ya se han formado más de treinta jóvenes profesionales.

Es investigadora superior en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA), que funciona bajo la órbita del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la FIL. Se concentra en el estudio de los mecanismos de replicación, multiplicación e infección de los virus del dengue y del Zika.

Los estudios del dengue que sirvieron para combatir la pandemia de COVID-19

El dengue es una de las infecciones virales transmitidas por la picadura del mosquito Aedes aegypti. Si bien era poco conocida en América Latina en la década del 2000, en los últimos años hubo diferentes brotes en la región, pues aunque normalmente se da bajo climas tropicales y subtropicales, el cambio climático ha extendido las zonas de presencia del vector de la enfermedad.

Gamarnik comenzó a investigar este patógeno en los inicios del Laboratorio de Biología Molecular que conduce hace casi 25 años. Su equipo investiga desde entonces los mecanismos que utiliza el virus para infectar al ser humano.

Hace dos años lograron descifrar el camino que recorre para controlar la respuesta antiviral de las células y poder «contaminarlas» de manera exitosa. Además determinaron que esa vía de defensa viral es diferente según la variedad que causa la infección (DEN1, DEN2, DEN3, o DEN4).

Los estudios de Gamarnik constituyen un descubrimiento novedoso y revolucionario, que no sólo explica la replicación del dengue, sino que abren la puerta a entender cómo funcionan otros virus zoonóticos (aquellos que se transmiten a los humanos desde especies animales, como mosquitos, aves, cerdos o murciélagos), como por ejemplo el Zika o la fiebre amarilla. Tal como explica la científica:

Estos trabajos nos enseñan sobre los mecanismos que usan los virus para saltar de una especie a otra, y nos ayudan a entender cómo surgen virus que no conocemos; por ejemplo, de ambientes selváticos. Es una pregunta más amplia, no solo para el dengue.

En 2020, cuando el virus SARS-CoV-2 comenzó a extenderse y miles de personas de todo el mundo se contagiaron con COVID-19, el equipo de investigación que lidera la viróloga se concentró en aplicar sus conocimientos al estudio de esta nueva variante de los coronavirus. En plena escasez de insumos, como las mascarillas o los kit de detección rápida, el laboratorio desarrolló en sólo 45 días la primera prueba de anticuerpos de fabricación argentina, llamada «COVIDAR IgG», que permitió afrontar uno de los momentos más críticos de la pandemia.

Gamarnik y su equipo continuaron luego con sus investigaciones sobre el dengue y crearon el «Kit Detect-AR Dengue ELISA NS1», primer test de antígeno nacional para el diagnóstico de la enfermedad, que sirve para determinar la infección por cualquiera de los cuatro serotipos del virus. Fue aprobado para su comercialización y exportación a otros países en 2024.

El techo de cristal de las investigadoras

La científica argentina fue incorporada a la Academia Estadounidense de Microbiología en 2014, convirtiéndose en la primera mujer argentina en llegar allí. En 2021 fue nombrada miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias; en 2022 fue distinguida como Investigadora de la Nación, el mayor reconocimiento que entrega el sistema científico argentino; y en noviembre de 2023 recibió el premio Konex de Platino por su labor destacada en el área de “Desarrollo Tecnológico”.

Andrea Gamarnik (2021). CONICET.

Aprovecha cada reconocimiento público para ponderar el rol de las mujeres en la ciencia y la tecnología. Uno de sus argumentos principales es la realidad que conoce muy de cerca: más del 50 % del personal de CONICET son mujeres, pero la mayoría tiene cargos bajos. A medida que avanza la carrera de investigador, sólo llega a cargos superiores el 25 % de ellas, y el 75 % restante es para los varones. Allí es donde se produce el verdadero techo de cristal del mundo de la investigación.

El laboratorio que lidera es un caso atípico, en donde las mujeres tienen una alta participación.

La visibilidad de mujeres que hacen ciencia y tecnología no es la única batalla que da Gamarnik todos los días. También se ha convertido en una de las voces del sistema científico argentino que viene denunciando hace más de un año al gobierno de Milei por el recorte brutal de los fondos para la investigación, aún de aquellos que estaban asignados o ganados internacionalmente desde mucho antes de que él asumiera la conducción del país.

Referencias

Sobre la autora

Analía Boggia es comunicadora, periodista, docente y divulgadora. Actualmente cursa el Máster en Comunicación Social de la Investigación Científica en la Universidad Internacional de Valencia.

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