Louise Blanchard Bethune, una arquitecta que rompió muros y moldes

Vidas científicas

El mundo de la arquitectura, desde que se convirtió en una disciplina dedicada a proyectar y construir edificios y estructuras para actividades humanas, ha estado dominado por los hombres; pero hay algunas mujeres que, rompiendo muros y moldes, lograron abrirse paso en ese cerrado mundo de planos y diseños. Este es el caso de la norteamericana Jennie Louise Blanchard Bethune, la primera en su país en ser reconocida profesionalmente, autora de importantes edificios a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Más de 150 construcciones, incluido el hotel Lafayette de la ciudad de Búfalo, llevaron su sello, aunque muchos ya han desaparecido.

Louise Blanchard Bethune.

Cuando Louise Blanchard Bethune, como es conocida, nació en Waterloo (estado de Nueva York) en 1856, Estados Unidos estaba en plena efervescencia. Sus padres, maestros, le enseñaron en casa hasta los 11 años; allí pudo adquirir una capacidad de autonomía que más tarde la haría salirse de muchos de los ‘corsés’ sociales de las mujeres de su época. La familia acabó trasladándose a la creciente ciudad de Búfalo y allí Louise acabó sus estudios de secundaria. Años después diría que fue en esa etapa cuando comenzó a interesarse por la arquitectura, al principio como algo lúdico, aunque llegó a ser algo muy absorbente en su vida. Una vez graduada, con 18 años, dedicó los dos años siguientes a prepararse para estudiar el nuevo grado de Arquitectura en la Universidad de Cornell. Pero no llegó a matricularse.

No se sabe cómo se dio a conocer, pero lo cierto es que, en 1876, uno de los estudios más respetados de su ciudad, la oficina de Richard Waite, le ofreció un puesto de aprendiz como dibujante. Al final, aquel lugar se convirtió en su auténtica escuela, pues pudo participar en proyecto como el gran hotel Pierce Palace Hotel, a la vez que colaboraba con otro conocido arquitecto, Franklin Wellington Caulkins. Fue trabajando con Waite como conoció a Robert Bethune, también arquitecto, un encuentro que acabó en boda en 1881. Ese mismo año, cuando ella tenía 25 años, ambos abrieron su propia firma, a la que bautizaron como Bethune & Bethune, y enseguida comenzaron a llegarles los encargos. El país vivía un momento de auténtico ‘boom’ urbanístico.

La primera arquitecta reconocida

Apenas cuatro años después de comenzar con su empresa, Louise Bethune pidió entrar en la Asociación Occidental de Arquitectos (WAA, por sus siglas en inglés) para verse reconocida como la profesional que era. Aunque nunca se definió como feminista, para entonces ya era conocida por sus tendencias a la igualdad –de hecho, rompió otra simbólica frontera al ser la primera mujer en comprarse una bicicleta en su ciudad–, pero también era reconocida su reputación, así que fue aceptada, abriendo así la puerta a la admisión de otras mujeres en la WAA. El texto que recoge la decisión es sin duda contundente: “Si la señora practica la arquitectura y tiene buena reputación, no hay ninguna razón por la que no deba ser uno de nosotros… Ha trabajado sola y ha tenido mucho éxito. Es elegida miembro por unanimidad”, se señala.

De hecho, Louise no solo se hizo miembro de pleno derecho, sino que llegó a ser su vicepresidenta y tesorera. Unos pocos años después, en 1888, también sería la primera arquitecta en ser parte del Instituto Estadounidense de Arquitectos (AIA, en inglés), aunque acabaría fusionándose al año siguiente con la WAA.

En lo que se refiere a sus trabajos, enseguida mostró inclinación por construir escuelas, quizá influenciada por haber tenido unos progenitores docentes. De hecho, Bethune & Bethune ganó concursos públicos para construir dieciocho colegios dentro de un plan público de expansión de la red educativa. Siguiendo las directrices del superitendente de Búfalo del momento, James Crooker, proyectaron escuelas en las que se separaba al alumnado por edad y con escaleras externas de salida de incendios. En 1991, con la entrada en el estudio de otro arquitecto, William Fuchs, ampliaron más su cartera de clientes, diseñando también muchas residencias, sedes de instituciones, industrias y comercios, si bien todos eran proyectos que no trascendían fuera del municipio.

Louise Blanchard Bethune.

Cuentan que Louise Bethune tuvo una oportunidad de dar el salto a nivel nacional participando en el diseño de un edificio para mujeres dentro de la Exposición Mundial Colombina, en Chicago, de 1893; pero se negó al conocer la tremenda desigualdad que había entre lo que se ofrecía a las mujeres y a los hombres: a ellos les pagarían 10 000 dólares por encargo y a ellas 1000. Aunque no quería parecer una radical sufragista, porque eso podía dañar su negocio, ante aquello no pudo por menos que declarar: “La idea de separar por sexos expresa un sentimiento de inferioridad que las mujeres de negocios están lejos de sentir”. Asimismo, hay documentos que reflejan que fue muy contundente en la defensa de la formación de las mujeres en una profesión que era su vida. Así, durante una conferencia ante sindicalistas en 1991 diría que “el futuro de la mujer en la profesión arquitectónica es lo que ella considere oportuno realizar” y siempre que tenía ocasión dejaba claro que no se podía encasillar a las arquitectas en el diseño de viviendas, algo considerado más doméstico, porque ellas eran tan capaces como sus colegas masculinos para proyectar los edificios más relevantes. “La vivienda es el trabajo más artesanal y peor pagado que jamás haya realizado un arquitecto. Se teme porque normalmente hay que tratar de satisfacer los deseos contradictorios de toda una familia, que desentierra el hacha para su beneficio y celebra reuniones diarias. Al final se pierde dinero. La arquitectura residencial, como especialidad para mujeres, debería estar fuera de toda discusión con el nivel actual de remuneración”, señaló en otra de sus conferencias.

Algunas de sus obras de esos años que aún perviven en Búfalo son la sede el 74th Regimental Armory (Búfalo, 1885; más adelante el Elmwood Music Hall), la bolsa de valores Buffalo Livestock Exchange (Búfalo, 1890), la Lockport Union High School (Lockport, 1890), el gran complejo para la Buffalo Weaving Company (Búfalo, 1902) o la sede de la empresa de puertas Iroquois Door Building (Búfalo, 1904) . La mayoría, sin embargo, han desaparecido a lo largo del tiempo.

El hotel Lafayette

Pese a su incesante trabajo, no fue hasta inicios del siglo XX que Louise tuvo ocasión de crear un edificio relevante a nivel nacional: el Hotel Lafayette, cuyo diseño fue encargado a su estudio por un millón de dólares y del que ella se hizo cargo. Situado en el centro de la ciudad, con siete plantas y 225 habitaciones, el estilo renacentista que diseñó le convirtió en un lugar de referencia durante mucho tiempo. No solo incorporó novedades, como el agua fría y caliente en todos los baños y teléfonos en todas las habitaciones, sino que hasta ideó todas sus lámparas, alfombras y cortinas. “Es uno de los hoteles más magníficos y perfectamente equipados del país, diría The New York Times al inaugurarse en 1904. Apenas unos años después, sus propietarios decidieron hacer una ampliación, que también encargaron a la ya prestigiosa firma Bethune, Bethune & Fuchs. Y es que, en general, los diseños que salieron de Bethune aplicaban con éxito avances científicos que se iban conociendo para el saneamiento, la ventilación, la protección contra incendios y otras ventajas que se convertían en auténticos retos para los arquitectos, inmersos en una rápida urbanización y un trepidante desarrollo industrial.

Lafayette Square (Búfalo): El Hotel Lafayette es el edificio situado al fondo, en el centro.

Louise Blanchard Bethune murió joven, a los 57 años de edad, en 1913, pero su legado trascendió su fallecimiento. Como empresaria y como arquitecta, allanó el camino a muchas mujeres que después de ella quisieron dedicarse a esa arquitectura en la que aún queda mucho para conseguir la verdadera igualdad. Más de un siglo después de su desaparición, todavía hoy solo un tercio de las personas que ejercen esta profesión son mujeres aunque ya son la mitad de las matriculadas en muchos países.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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