Vera Leisner, una arqueóloga entre las guerras de un siglo

Vidas científicas

Hay viajes que comienzan siendo de turismo y te pueden cambiar la vida. Todo indica que es lo que le pasó a la famosa arqueóloga Vera Leisner que, junto a su marido Georg, fueron dos de los grandes investigadores de una cultura megalítica con más de 5000 años, cuyo origen situaron en tierras de la península. Su sistemático enfoque ayudó a situar la arqueología portuguesa como un referente en el contexto europeo del estudio del Neolítico. Todo ello, a lo largo de un siglo en el que tres guerras marcaron su devenir personal y científico.

Vera Leisner. Fuente: Patrimonio Cultural.

La historia de Vera de la Camp, su nombre de soltera, tenía remotas raíces en el mismo territorio al que dedicó su trabajo. Su familia, ennoblecida por Felipe II en la península, acabó por afincarse en los Países Bajos, de donde en el siglo XIX emigraría Nueva York. Allí nació Vera, cuyo padre tenía un negocio de importación, en 1885. Huérfana de madre, una vez que su progenitor volvió a casarse, la niña acabó viviendo en Hamburgo, primero con sus abuelos y luego en un internado con una educación muy enfocada a la música y la pintura, lo normal para las niñas de la época.

A los 24 años se casó con Georg Leisner, militar con graduación 15 años mayor que ella. Georg era un hombre culto y conocía mundo, pues había participado en la rebelión de los bóxers en China y en la guerra contra el pueblo herero en lo que hoy es Namibia. Pocos años después, durante la Primera Guerra Mundial, mientras su marido batallaba, Vera trabajó como enfermera en un hospital en Múnich, sin presagiar que un día entraría la arqueología en su vida y ella en la historia de la ciencia. Acabado el conflicto, la pareja se compró un terreno en un pueblo de Baviera con el afán de convertirse en granjeros, asunto del que poco sabían.

Un cambio radical de vida

Su vida dio un giro en 1924, cuando hicieron un viaje de siete meses por Italia visitando monumentos y ruinas históricas que les fascinaron. A su vuelta, vendieron la granja y Georg comenzó a colaborar con el Instituto Frobenius de Morfología Cultural de la Universidad de Frankfurt. Algo también tuvo que ver en su cambio que conocieran a Hugo Obermaier, ya entonces un conocido prehistoriador de la Universidad Central de Madrid, hoy Complutense, que había publicado ya su obra El hombre fósil y que les animó a estudiar sobre el pasado.

Vera Leisner. Fuente: U. de Lisboa.

Todo indica que le hicieron caso: primero estudiaron, en la Universidad de Múnich, donde Vera se doctoraría con 42 años, y luego en la de Marburgo, donde se creó la primera cátedra alemana de arqueología prehistórica en 1928. Para cuando ella ingresó en Marburgo, Georg ya había planeado hacer su doctorado sobre las tumbas megalíticas de la península Ibérica. Y se convirtieron en un equipo de dos.

Durante siete meses, recorrieron España y Portugal, desde el norte hasta el Algarve. Vera hacía los dibujos de mapas y de las tumbas, algo fundamental en arqueología, y también fotografías. Al final, entre terminar su propio doctorado en Alemania o trabajar en el terreno con Georg, que ya tenía el suyo, optó por lo primero, así que comenzaron el proyecto de recabar información sobre el máximo número posible de sepulcros megalíticos. Un gran dúo científico mixto en tiempos en los que la arqueología era cosa de hombres. Y Georg era muy consciente. Para sus colegas, Vera era solamente su asistente, algo que le preocupaba mucho, así que trataba siempre de que se reconocieran los derechos de la gran investigadora que era su esposa.

El trabajo era duro. España era un país muy pobre, con nefastas comunicaciones. Y lo mismo Portugal. Además, en sus primeros viajes para documentar los yacimientos no tenían ayuda económica alguna, solo el apoyo moral de Obermaier, en Madrid, y de Gero von Merhart, en Marburgo. Sólo desde el tercero lograron financiación de la precursora de la Fundación Alemana de Investigación.

Moviéndose de un lado a otro en autobús, coche, carro, bicicleta e incluso burro, Vera y Georg recorrieron toda Andalucía y Galicia. En muchos lugares ni había planos publicados de las tumbas encontradas en anteriores excavaciones. La pareja dibujaba las conocidas y a la vez iba descubriendo muchas otras. Su tarea se vio interrumpida por el conflicto en España, que les obligó a volver a Baviera, tiempo que aprovecharon para hacer su primer volumen sobre sus hallazgos.

Vera y Georg se instalan en Portugal

A continuación, estalló la II Guerra Mundial, poniendo más difícil sus investigaciones. En 1943, mientras estaban en Portugal trabajando, un bombardeo sobre Múnich impactó contra su vivienda y perdieron numerosos documentos sobre el megalitismo. Como no podían volver y ante la escalada bélica, optaron por quedarse a vivir en Lisboa, intentando desde ahí continuar su periplo por la península con la escasa ayuda que recibían del Instituto de Alta Cultura alemán y algo que conseguían de la empresa Siemens. Ese mismo año, los Leisner publicaron el primer volumen de Las tumbas megalíticas en la Península Ibérica, pero con escaso eco por ser en alemán. Además, muchos ejemplares desaparecieron en el conflicto.

Una vez instalados en Portugal, colegas de este país trataron de que Georg, que tenía ya 70 años, tuviera un puesto en la Universidad de Coimbra –ni se plantearon que pudiera ser para Vera–, pero no pudo ser porque Alemania estaba perdiendo la guerra, sin un gobierno claro que respondiera por él. Años más tarde, en 1954, con la reapertura en Madrid de la oficina del Instituto Arqueológico Alemán, la pareja si que consiguió una subvención para publicar el segundo volumen de su obra y seguir recabando datos de los monumentos megalíticos. En esos años, la mayor parte de la investigación ya era responsabilidad de Vera, dado que su esposo estaba delicado de salud. Acabó falleciendo en 1957.

Vera Leisner y Octávio da Veiga Ferreira (1961).

Tras su muerte, Vera continúo investigando con el mismo afán y meticulosidad, junto con arqueólogos portugueses de prestigio que ya si reconocían su valía. Siempre apostó por su tesis de que el megalitismo había tenido origen en el Neolítico y en la zona occidental de Europa. En 1963, junto a Octavio da Veiga Ferreira, publicaría la que fue la primera datación de carbono 14 en los grandes sepulcros megalíticos portugueses. Así quedó confirmada su antigua cronología y, por lo tanto, su hipótesis científica, convirtiendo su obra en un clásico de referencia en la arqueología de este periodo.

A los volúmenes sobre tumbas andaluzas y del Alentejo (1943), el Algarve (1956), y Extremadura (1965), tras el fallecimiento de Vera, en 1972, se sumó el último de sus volúmenes, publicado en 1998 por su discípula y colaboradora Philine Kal, que hizo numerosas aportaciones.

Antes de fallecer, Vera había donado el “archivo Leisner” al Instituto Arqueológico Alemán en Madrid, señalando que quería que no saliera de su sucursal en Portugal. Cuando ésta cerró, en 1999, su patrimonio científico pasó al estado portugués y hoy está en el Palacio de Ajuda de Lisboa. Son más de 49 500 documentos, cerca de 19 000 escritos y 30 500 dibujos y fotografías que la pareja acumuló a lo largo de su vida. Aunque trabajaban con gran precisión, aún hay fotos de monumentos que hizo Vera de los que se desconoce la ubicación. Incluso hay una copia de cada carta que escribieron, una costumbre que ha sido muy útil. Gracias a la Fundación Calouste Gulbenkian, todo ese archivo se ha catalogado y desde 2013 están en una página web para su difusión.

Hoy en día es raro encontrar algo relacionado con el megalitismo ibérico que los Leisner no hubieran identificado: sólo en Portugal, unos 4000 monumentos, casi todos dólmenes, ya están documentados con toda su información, fotos y dibujos de los planos. Algunos han sido destruidos desde que Vera y su marido los encontraron. Pero gracias a ellos se sabe de su existencia.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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