Julia Hall, la química que ayudó a su hermano a extraer el aluminio (y a ganar dinero con ello)

Vidas científicas

El aluminio, uno de los materiales más abundantes de la corteza terrestre, lleva décadas siendo la materia clave en industrias de todo tipo por sus convenientes propiedades. Pero hasta finales del siglo XIX no había una forma de extraerlo y por tanto aprovecharlo.

Aluminio en lámina.

En 1886, dos jóvenes químicos, el francés Paul Héroult y el estadounidense Charles Hall, protagonizaron una intensa competición científica y técnica para reclamar como suyo el conocimiento necesario para convertir el aluminio en un material valioso y, con ello, recibir sus beneficios. En esa competición hubo una tercera protagonista, Julia Brainerd Hall, hermana de Charles y su estrecha colaboradora.

Que los dos patentasen sus desarrollos en el mismo año, uno en Estados Unidos y el otro en Francia, les llevó a enfrentarse en los tribunales por el derecho a explotarlos internacionalmente. La industria del acero comenzó a despegar gracias a estos avances y había mucho dinero en juego. También por ese motivo el papel de Julia Hall, que en otras circunstancias podía haber pasado desapercibido como tantas otras mujeres en la historia de la ciencia que fueron imprescindibles pero invisibles para los logros de hombres cercanos a ellas, cobró una especial relevancia: había sido testigo directo y participante en el trabajo original de su hermano.

Hermana mayor y asistente de laboratorio

Hall (a partir de ahora con esto nos referimos a Julia Hall) nació el 11 de noviembre de 1859 en Jamaica, donde sus padres eran misioneros. Al año siguiente la familia volvió a Estados Unidos, a Ohio, donde nació su hermano Charles Hall en 1863. Ambos asistieron al Oberlin College y estudiaron ciencias. Ella tenía más créditos que él, pero solo obtuvo un diploma y no un título. Además de ciencias estudió música y pintura.

Julia Brainerd Hall.

Hall era la hermana mayor y por lo tanto recayó sobre ella la tarea de cuidar a sus padres al hacerse mayores y llevar la casa cuando su madre ya no pudo hacerlo y tras su muerte. Esto incluía también el mantenimiento de la cabaña adyacente donde su hermano Charles instaló su laboratorio, en el que ella también trabajaba a menudo. Debido a sus conocimientos científicos, su hermano pequeño recurría a ella para hacerle consultas sobre cómo llevar a cabo sus experimentos y qué anotaciones realizar.

Charles logró producir aluminio por electrólisis, un proceso que utiliza la electricidad para separar los elementos de un compuesto. Utilizando baterías caseras y una sartén de hierro, extrajo los primeros, aunque poco impresionantes, pedazos de aluminio, que serían el punto de partida de una revolución industrial y una lucrativa carrera empresarial. Charles terminaría fundando la Pittsburgh Reduction Company, semilla de la posterior Alcoa (Aluminium Company of America), que hoy es una multinacional y la tercera empresa más grande del mundo en la producción de aluminio.

Un juicio por patentes: la importancia de Hall como testigo

Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, el químico francés Paul Héroult llegó a las mismas conclusiones por otro camino, y patentó su descubrimiento. El sistema para otorgar patentes no era el mismo en ambos países en ese momento, y eso generaba algunos conflictos cuando los descubrimientos empezaban a generar interés a nivel internacional. Héroult demandó a Charles Hall, que se vio obligado a demostrar que había alcanzado sus conclusiones de manera independiente antes de 23 de abril de 1886, fecha de la patente del francés.

Cuando el trabajo de Charles fue sometido a escrutinio el papel de Hall fue especialmente relevante. Durante toda su vida, Charles y ella intercambiaron cartas, a pesar de vivir en la misma casa. Ella mantenía esa correspondencia datada y ordenada, lo que permitió establecer una cronología del trabajo científico de su hermano así como de sus trabajos de documentación y sus intercambios con otros científicos. Sus notas de laboratorio recogían los resultados de sus experimentos con detalle y cronología coherentes con el desarrollo de un trabajo original.

Gracias a sus aportaciones, Charles pudo no solo realizar sus descubrimientos sino también demostrar que tenía el derecho a explotarlos. Fundó su compañía y ganó muchísimo dinero con ella. También Hall, que poseía acciones de Alcoa, ganaba una considerable cantidad de dinero al año al final de su vida. Sin embargo, cuando en 1911 Charles recibió la Medalla Perkin de la Sociedad Estadounidense de Química, una ceremonia a la que por cierto acudió Paul Héroult desde Francia, en su discurso de agradecimiento se refirió a “las participaciones familiares” que habían llevado a fundar la Pittsburg Reduction Company sin mencionar explícitamente a su hermana.

En 1917, Hall se había mudado a Rochester Nueva York con algunas de sus hermanas, y murió allí el 4 de septiembre de 1926.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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