Wally Funk, 60 años de exclusión en la carrera al espacio

Vidas científicas

Me enseñaron que, cuando algo no funciona, debes buscar una alternativa que sí lo haga.

Mary Wallace Funk, más conocida como Wally Funk, nació en Las Vegas, Estados Unidos, el 1 de febrero de 1939. Interesada en el mundo de la aviación desde muy pequeña –construía aviones de madera a los siete años y recibió su primera lección de vuelo a los nueve–, se graduó a los 19 y obtuvo la licencia de piloto en la que entonces era considera la mejor escuela de vuelo del país: la Universidad de Oklahoma. Poco más tarde se convirtió en la primera civil instructora de vuelo de una base militar estadounidense, rompiendo así el primero de muchos moldes que ha roto a lo largo de su vida.

First Lady Astronaut Trainees

En 1961, a sus 21 años, Wally se ofreció como voluntaria para participar en Mujeres en el espacio, un programa secreto que perseguía demostrar que las mujeres, al igual que los hombres, podían ser astronautas. El programa fue una iniciativa privada del médico William Randolph Lovelace II, quien había participado en el diseño de las pruebas a las que fueron sometidos los astronautas varones seleccionados por la NASA para el programa Mercury, el primer programa espacial tripulado de los EE. UU. Convencido de que las mujeres tenían atributos que, tanto física como emocionalmente, las hacían más fuertes que los astronautas varones, el Dr. Lovelace se puso en contacto con 23 mujeres pioneras en el campo de la aviación para someterlas a los mismos test físicos y psicológicos a los que se había sometido a los hombres.

Funk quedó tercera de las 13 candidatas, autodenominadas FLATs –First Lady Astronaut Trainees– y actualmente conocidas como Mercury 13, que superaron las dos primeras fases de pruebas. La continuidad del estudio peligró cuando la Armada de los Estados Unidos negó su permiso para utilizar sus instalaciones en Pensacola (Florida) para la tercera fase. La NASA, desconocedora del programa, y alertada por unos resultados que en muchos casos superaban a los de los hombres de Mercury 7, se mostró contraria a la iniciativa y el gobierno decidió cancelarla.

En julio de 1962 las Mercury 13 llevaron su caso al Congreso para defender que las mujeres merecían un lugar en el futuro de la investigación espacial de la nación. Sus esfuerzos sirvieron para avivar el debate público y agitar algunas conciencias, pero no para conseguir que se reactivara el programa. Ninguna de ellas volaría nunca al espacio.

Toda una vida dedicada a la aviación

Wally Funk.

Cuando la NASA finalmente empezó a entrenar a mujeres en la década de los 70, Wally Funk se postuló en varias ocasiones, pero fue rechazada por dos razones: no tener el título de ingeniera y no haber sido piloto militar de combate.

A lo largo de su carrera profesional, Funk se convirtió en la primera inspectora de la Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) y la primera investigadora de seguridad aérea para la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte.

Hasta su jubilación en 1984, Wally acumuló cerca de 20 000 horas de vuelo, enseñó a volar a más de 3.000 estudiantes y participó en la investigación de más de 450 accidentes de aviación.

Viaje espacial con sabor a justicia

El 20 de julio de 2021 Wally Funk alcanzó su sueño y voló al espacio en el primer lanzamiento tripulado de un cohete comercial de la compañía Blue Origin, convirtiéndose así en la persona más longeva en viajar al espacio. Su predecesor, el exsenador y astronauta de la NASA John Glenn, tenía 77 años en su última misión y ahora es Funk, con 82 años, la que posee ese título.

Aunque fuera durante solo unos minutos, en un vuelo suborbital comercial e invitada por un hombre, ese viaje representa algo de justicia para con Wally Funk y todas las mujeres que, décadas atrás, quisieron ser astronautas y no pudieron ni intentarlo por el simple hecho de haber nacido mujeres.

También puede que esa no sea la última vez que veamos a Wally Funk viajar al espacio, ya que se cree que hace años pagó una cantidad muy elevada de dinero por reservar un asiento a bordo del primer vuelo de Virgin Galactic.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.