Eva Mameli Calvino, la botánica italiana que dio importancia a algas, musgos y flores

Vidas científicas

La trayectoria científica de la botánica italiana Eva Mameli Calvino siempre se narra ligada a la de su marido, el agrónomo Mario Calvino, con quien es cierto que llevó a cabo gran parte de su trabajo, incluidos los cinco años que pasó trabajando en Cuba que les dieron gran parte de su fama. Pero antes de casarse, Mameli ya era una mujer entregada a la ciencia, con una formación sólida y dedicada a la investigación.

Mameli nació el 12 de febrero de 1886 en Sassari, Cerdeña, en una familia republicana y laica descendiente del compositor del himno nacional italiano, Goffredo Mameli. Fue una de las primeras niñas en ir a clases en un liceo público en una época en la que eran escasas las que seguían estudiando pasados los 9 años fijados en la educación básica obligatoria. Ella continúa estudiando y en 1905 obtiene su primera licenciatura en Matemáticas.

La importancia de algas y musgos

Eva Mameli.

Tras la muerte de su padre se traslada junto a su madre a Pavía, donde su hermano mayor era profesor de química orgánica. En la universidad de esa ciudad se matricula en Ciencias Naturales y en 1907 se licencia por segunda vez, esta vez en Historia Natural. En esa época tiene la oportunidad de visitar a menudo el laboratorio de Giovanni Briosi, dedicado al estudio de algas y musgos, poco frecuentes en la Italia de la época pero imprescindibles en el campo de la fisiología, patología y ecología vegetal.

También durante esa época fue asistente en el Instituto de Botánica de Pavía y recibió formación como docente. Junto a su hermano y su cuñada Anna Menessier trabajó en el estudio de los aspectos químicos y farmacológicos de las plantas medicinales de los ecosistemas sardos. Publicó sus trabajos en revistas internacionales y se hizo especialmente conocida por un trabajo sobre la fijación de nitrógeno atmosférico en plantas no leguminosas con órganos provistos de clorofila, un conjunto de pigmentos verdes presentes, entre otros, en plantas y algas.

Durante los años de la Primera Guerra Mundial, Mameli bajó el ritmo de investigación para formarse como enfermera de la Cruz Roja y prestar servicio como tal en el hospital de reserva de Pavía. Su dedicación fue reconocida con una medalla de plata de la Cruz Roja y una de bronce del Ministerio de Interior italiano. En 1915 obtuvo la libre docencia en botánica: fue la primera mujer en Italia en obtener este permiso en esta disciplina.

De Italia a Cuba en una luna de miel

No está claro cómo se conocieron Mameli y Mario Calvino, el que sería su marido, pero todo apunta a un noviazgo extremadamente breve y una conexión personal basada en las inclinaciones científicas y el rechazo a la religión que ambos sentían.

Eva Mameli.

Según la versión más aceptada, Mario Calvino viajó de Cuba, donde vivía y trabajaba desde 1917, hasta Italia por una breve misión de trabajo, y allí pidió información sobre alguna mujer, botánica y soltera, con la que casarse y llevarla de vuelta consigo. El nombre de Mameli estaba entre los que recibió como respuesta. Ella era por entonces docente en la Universidad de Pavía, así que Calvino cogió un tren directo hasta allí y se plantó en su casa para pedirle sin rodeos que se casara con él. Ella pidió un tiempo para pensarlo pero él tenía prisa, debía volver a Cuba y Mameli tuvo que decidirse rápido. Le dijo que sí.

Otra versión de esta historia sugiere que ambos se conocían ya de antes de que él se marchase a Cuba, que su relación había empezado entonces y se había consolidado durante su ausencia a través de cartas donde intercambiaban ideas y experiencias científicas.

En cualquier caso, se casaron en Pavía el 30 de octubre de 1920 e inmediatamente se fueron a La Habana. Permanecieron en Cuba cinco años, trabajando primero en la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas y después en la Estación de Chaparra. En ambos enclaves ella ocupó el puesto de jefa del Departamento de Botánica, con lo que se convirtió en la primera mujer que ocupó un cargo directivo en el campo de la agricultura en Cuba. Como parte de su trabajo, visitaba a menudo otros jardines botánicos y estaciones agrícolas para traer nuevas semillas, plantas y datos interesantes con los que investigar.

De vuelta a Italia entre injertos y flores

En 1925 la pareja vuelve a Italia con la misión de crear la Estación Experimental de San Remo, llevando allí su interés por la floricultura y la experimentación con nuevos injertos de flores y plantas. En 1930 ambos fundan la Sociedad Italiana de Amigos de las Flores. En esos años fue también profesora de Botánica de la Universidad de Cagliari y una efusiva defensora de la naturaleza y en especial de las aves durante el periodo de entreguerras. Cuando en 1951 fallece su marido, ella asume la dirección de la estación de San Remo.

Mameli publicó más de 200 artículos científicos a lo largo de su carrera, en los que tocaba las áreas de la liquenología, la micología, la fisiología vegetal, la genética aplicada a las plantas ornamentales, la fitopatología y la floricultura. Fue además coautora de un diccionario etimológico de nombres genéricos y específicos de plantas y flores. En cuanto a su trabajo sobre el terreno, participó en la reforestación del jardín botánico de Cagliari, que había sido dañado durante la Primera Guerra Mundial, con palmeras, eucaliptos, encinas y otras plantas exóticas, así como en estudios de botánica aplicada sobre el tabaco y la caña de azúcar los años que vivió en Cuba.

Ítalo Calvino y Eva Mameli. San Remo (Italia).

En palabras de su hijo Ítalo, Mameli era “una mujer muy estricta, austera y rígida en sus ideas, tanto en las pequeñas como en las grandes cosas”. Murió el 31 de marzo de 1978 en San Remo, Italia, a los 92 años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

1 comentario

  • Muy interesantes las investigaciones y su proyeccion en varias ramas de las ciencias naturales.

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