Científicas en el nacimiento de la industria lítica

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A lo largo del proceso evolutivo, la manipulación de rocas o minerales con el fin de obtener herramientas ha sido considerada una clara muestra de actividad humana. Ciertamente, los utensilios de piedra han contribuido a modificar los hábitos de nuestros antepasados estimulando una paulatina adaptación a entornos nuevos y diversos. Por ejemplo, su uso permitió ampliar la dieta e incorporar vegetales duros o fibrosos, o bien extraer la carne animal procedente de cadáveres abandonados.

Canto tallado (tecnología olduvayense). Wikimedia Commons.

Aunque es cierto que otros animales, como las nutrias o los alimoches, también utilizan ocasionalmente piedras como herramientas, no llegan a fabricarlas ni a conservarlas, siendo los chimpancés y bonobos la otra excepción. En este caso, hay constancia de la modificación de palos, palitos y hasta piedras para cascar frutos secos, pero todo ello de una manera muy rudimentaria. Para elaborar piedras cortantes se requiere otra destreza.

El paleoneurólogo Emiliano Bruner, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), exponía a la periodista científica Cristina Saéz (La Vanguardia, 2015), que la producción de herramientas es muy importante en la historia de la evolución humana porque marca el inicio de una nueva estrategia de comportamiento que acabó transformando los sistemas sociales y la cultura de los humanos a través del aprendizaje social de habilidades y tecnología. Las herramientas, continúa Bruner, «se asocian a un proyecto, a un plan, a la capacidad de establecer relaciones entre objetos, de entender las causas y de ser capaces de proyectar en el futuro las consecuencias, además de la gran capacidad de coordinación motora necesaria».

Los orígenes de la producción de herramientas de piedra, esto es, la llamada industria lítica, han sido objeto de numerosos estudios a medida que nuevos y antiguos yacimientos fueron proporcionando más material de trabajo. En este complejo ámbito, la participación de científicas especializadas en el tema es considerable dado el rigor e interés de sus investigaciones, lo que se refleja en el incuestionable mérito de sus aportaciones. A continuación, queremos traer a la palestra algunas de ellas.

¿Cuándo se elaboraron las primeras herramientas?

A través de la prehistoria, es posible distinguir varios estadios caracterizados por el empleo de tipos de técnicas diferentes en la producción de utensilios líticos cada vez más elaborados. Hasta hace pocos años, la tecnología más antigua conocida era la llamada olduvayense o Modo 1, descrita por primera vez por la arqueóloga británica Mary Nicol Leakey (1913-1996). Esta sagaz experta es hoy considerada entre las personas de su tiempo que con mayor fiabilidad estudió nuestro pasado distante.

Mary Nicol Leakey, casada con el conocido antropólogo británico nacido en Kenia Louis Leakey (1903-1972), fue una mujer de gran independencia y autonomía, tanto personal como profesional. Mediada la década de 1935, llegó junto a su marido al continente africano; desde esas fechas, ha confesado en su autobiografía, se sintió fascinada por aquellos entornos, y salvo breves viajes a Gran Bretaña y a Estados Unidos, pasó el resto de su vida entre Kenia y Tanzania.

A partir de 1960, Mary Nicol Leakey vivió durante largo tiempo en la Garganta de Olduvai, «el sitio en que más a gusto me sentía», en sus propias palabras. Este lugar, que antiguamente fue un lago, hoy es un barranco erosionado de unos 100 metros de profundidad, cuyos acantilados albergan numerosos fósiles y gran profusión de herramientas de piedra. Un contexto que a la científica le resultó deslumbrante, y al que convirtió en su objeto de estudio continuo.

En aquella región, Mary Nicol Leakey, en colaboración con un equipo de exploradores nativos, desenterró centenares de artefactos de piedra que constituyeron el registro de las culturas de la edad de piedra más largo y continuado que ningún otro arqueólogo o arqueóloga hubiese llevado a cabo hasta el momento. A partir de 1963, la científica pasó los siguientes cinco años en su despacho en el Centro de Prehistoria y Paleontología del Museo de Nairobi, analizando la vasta colección de utensilios que había reunido.

Mary y Louis Leakey excavando en la Garganta de Olduvai. Wikimedia Commons.

Con sus resultados, escribió la que sería su obra clásica (La Garganta de Olduvai: excavaciones en los estratos I y II, vol. 3), donde analizaba meticulosamente las características físicas de las herramientas que había extraído, describiendo su forma y aspecto, el material del que estaban hechas, etc. Asimismo, llevaba a cabo una discusión sobre lo que sus hallazgos sugerían acerca del comportamiento de los humanos arcaicos. Con posterioridad, los expertos han considerado que esta tarea originó una nueva y significativa dimensión de la investigación Paleolítica.

Cabe señalar que antes del trabajo de Mary N. Leakey, la comunidad especializada asumía como un hecho que cualquier evidencia de la vida o actividades de la humanidad primitiva se había desvanecido mucho tiempo atrás. Sin embargo, las excavaciones de esta singular investigadora demostraron que no era así. Fue pionera al subrayar la asociación existente entre las piedras y los huesos, proporcionando a la disciplina la primera visión del comportamiento humano primitivo.

Los artefactos que Mary Nicol Leakey recuperó en Olduvai fueron datados en torno a los dos millones de años, por lo que se convirtieron en las herramientas más antiguas conocidas en aquellas fechas. Se trataba de simples utensilios, no mucho más que guijarros a los que se habían hecho saltar una o dos esquirlas por percusión en uno de los extremos, para conseguir un borde cortante o triturante. Una persona no especializada sería incapaz de considerarlos como utensilios, pero la investigadora reconoció su verdadero carácter. Para ella era evidente que habían sido moldeados con algún propósito en la mente, y por esta razón propuso que esta peculiar industria llevara el nombre de olduvayense.

Las cuidadas observaciones de esta investigadora pionera la llevaron a concluir que la gran variabilidad detectada en el material estudiado era una clara señal de que los homininos debían haber estado elaborando herramientas de piedra cientos de años antes de llegar a Olduvai. En otras palabras, la complejidad de los utensilios de hace dos millones de años sugería que con anterioridad debían haber existido etapas mucho más primitivas y desorganizadas implicadas en su fabricación.

Tras los estudios de Mary Nicol Leakey, las herramientas de la garganta se asociaron a fósiles de Homo habilis hallados en la Garganta de Olduvai, cuya antigüedad oscilaba entre 2,1 y 1,5 millones de años. El original trabajo de Mary Nicol Leakey, junto a su capacidad de innovación en el campo de la arqueología, llevó a que la comunidad especializada reconociera en sus resultados el arranque de una nueva dimensión para los estudios sobre arqueología paleolítica. Igualmente, fue considerada como la descubridora de la cultura olduvayense o Modo 1.

A partir de entonces, y durante décadas, la comunidad especializada ha supuesto que el origen del tallado de las piedras por nuestros antepasados estaba ligado a la emergencia del género Homo, y que este desarrollo tecnológico estuvo, asimismo, directamente unido al cambio climático y a la propagación de la inmensa sabana. La premisa era, por lo tanto, que solo nuestro linaje dio el salto cognitivo para golpear las piedras y arrancar pedazos de lascas afiladas, y que tal actividad constituyó los cimientos de nuestro éxito evolutivo (Harmand et al. Nature, 2015).

Mucho después de los descubrimientos de Mary Leakey, en 2010, un equipo de investigación publicaba haber hallado en el yacimiento de Dikika, situado en la región de Afar, Etiopía, evidencias de que los homininos empezaron a usar herramientas de piedra mucho antes de lo supuesto. El descubrimiento consistía en huesos de animales que presentaban marcas de corte o arañazos y una sorprendente edad de 3,4 millones de años. Tal antigüedad indicaba que las señales no podían haber sido realizadas por miembros del género Homo, por lo que se asumió que fueron hechas por otra especie más antigua, concretamente Australopithecus afarensis, los únicos homininos conocidos que habían vivido en la zona de Dikika durante aquel periodo de tiempo (Kate Wong, 2010).

La noticia despertó un agitado debate que aún no se ha resuelto. De hecho, no pocos especialistas apuntaron con mirada escéptica que las supuestas marcas de cortes eran en realidad el resultado de los huesos aplastados por las patas de animales, mientras que otros han sugerido que se trataba de marcas dejadas por mordiscos de cocodrilos.

Cinco años más tarde, el 21 de mayo de 2015, salía publicado en la revista Nature, otro novedoso artículo acerca de la fabricación de utensilios de piedra por parte de antiguos homininos. Nuevamente se ponía en tela de juicio la hipótesis de que la tecnología lítica fue ideada por miembros del género Homo. Se trataba de un llamativo hallazgo que hacía retroceder al menos en 700 000 años la antigüedad de las primeras herramientas. Esta información conmocionó a la comunidad científica y al público interesado en general. Veamos.

Una destacada arqueóloga en un mítico yacimiento

La científica francesa Sonia Harmand, nacida en 1974 y que hoy es una acreditada experta en arqueología de la Edad de Piedra Temprana, fue la investigadora principal del citado artículo de 2015 publicado en la revista Nature. Al igual que en tantas otras ocasiones, nos encontramos ante una profesional que no solo ha realizado valiosas aportaciones a la ciencia, sino que también ha demostrado una notable capacidad para dirigir fructíferos grupos de trabajo.

Sonia Harmand.

Sonia Harmand se graduó en la Universidad de París, donde estuvo asociada a la unidad de investigación de Prehistoria y Tecnología, un centro de reconocido prestigio por sus trabajos en el ámbito del análisis de herramientas de piedra. La joven graduada leyó su doctorado en la Universidad Paris Nanterre, y posteriormente fue durante cuatro años (2009-2012) Científica Investigadora en el Centre National de la Recherche Scientifique, CNRS.

Desde 1998, Sonia Harmand ha enfocado su trabajo en la reconstrucción de la génesis tecnológica de los homininos, un período inicial sobre el que el registro arqueológico es bastante exiguo. En la actualidad, es profesora asociada en la Stony Brook University de Nueva York. Además de sus investigaciones sobre los orígenes de la tecnología humana, centradas en torno a cómo, cuándo y por qué se originó la manufactura de herramientas de piedra entre los homininos, la científica se dedica a estudiar la biomecánica implicada en la elaboración y posible uso de las herramientas de piedra (el control y la morfología funcional de manos y muñecas). Asimismo, en colaboración con especialistas en arqueología de primates, está construyendo modelos evolutivos sobre el posible comportamiento de los homininos.

Los revolucionarios hallazgos en torno al lago Turkana

En las áridas costas del lago Turkana, situado en el valle del Gran Rift, noroeste de Kenia, Sonia Harmand y su equipo de investigación hallaron en el año 2011 evidencias de la industria lítica más antigua conocida, con una edad de 3,3 millones de años. El hallazgo tuvo lugar en el hoy llamado yacimiento de Lomekwi, el cual sorprendentemente retrasaba el comienzo del registro arqueológico en al menos 700 000 años.

El revuelo provocado entre la comunidad especializada y el público interesado ante tan antiguas herramientas ha sido notable, entre otras razones, porque evidencian, como ha afirmado el paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro, «lo mucho que aún nos queda por conocer sobre nuestro pasado más remoto». Acariciando la misma idea, el geólogo Chris Lepre, uno de los coautores del artículo, apuntaba que «el yacimiento entero es sorprendente porque reescribe la historia de muchas de las cosas que pensábamos que eran ciertas».

El equipo de investigación ha explicitado en el artículo de Nature que su hallazgo consistió en 149 utensilios de piedra, comprendiendo lascas, rocas usadas para golpear, y otras cuya función parece ser de yunque. Sonia Harmand ha subrayado con énfasis, pues se trata de una observación relevante, que «los núcleos y lascas que recuperamos están claramente tallados y no son el resultado accidental o natural de la fractura de una roca».

La experta y sus colaboradores sostienen, asimismo, que estos útiles son únicos en comparación a los ya conocidos, porque su tamaño es mucho mayor que las herramientas hasta el momento más antiguas, esto es, las pertenecientes a la cultura olduvayense. Además, las marcas detectadas en las piedras muestran que las técnicas de manipulación seguidas eran muy rudimentarias, ya que, como ha explicado Sonia Harmand, «los [modos y] gestos implicados recuerdan a los de los chimpancés cuando usan piedras para abrir frutos secos».

Otro dato de notable interés radica en que los estudios de los artefactos de Lomekwi sugieren que podrían representar un estadio tecnológico intermedio, una especie de eslabón entre el aporrear piedras usado por los homininos más ancestrales y el comportamiento dirigido a obtener láminas y bordes cortantes que llegó con posterioridad. Se trata de un razonamiento que concuerda con la sugerencia que, como hemos visto, realizaba Mary Nicol Leakey señalando que antes de la cultura olduvayense debieron haber existido etapas de tallado mucho más desorganizadas y primitivas.

Lo transcendental del trabajo de Sonia Harmand y su equipo radica en que desafía la idea ampliamente asumida de que los primeros homininos capaces de desarrollar una técnica para obtener utensilios fueron miembros del género Homo, cuya antigüedad hoy se calcula en 2,8 millones de años. Dado que las herramientas son mucho más antiguas, la científica y sus colaboradores proponen un nuevo nombre, tecnología lomekwyaense, (en castellano podría traducirse, según Bermúdez de Castro, como el lomekviense) que sería anterior a la olduvayense y por lo tanto marcaría un nuevo comienzo para el registro arqueológico.

Sonia Harmand y Jason Lewis examinando piedras en Lomekwi. MPK-WTAP. Imagen: SINC.

Debe destacarse, dada su relevancia, que de los nuevos hallazgos se desprende con bastante claridad que un grupo anterior a Homo ya tenía la capacidad intelectual necesaria para idear cómo hacer herramientas afiladas, sugiriendo, por lo tanto, que el comportamiento tecnológico hominino podría tener una antigüedad hasta ahora altamente discutida.

En este sentido, el profesor del Área de Prehistoria de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, y director del IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució), Robert Sala i Ramos, especialista en tecnología lítica, ha explicado a la citada periodista científica Cristina Saéz que el hallazgo es muy significativo porque demuestra que homininos anteriores al género Homo «eran capaces de repetir un gesto con intencionalidad, y además, prever que de la fractura de la piedra que golpeaban saldría un utensilio con el que podrían cortar». Cuestión en la que el experto insiste ya que, por ejemplo, «nuestros parientes vivos más próximos, los chimpancés, no lo saben hacer; usan artefactos al modo de herramientas, pero no conocen cómo fabricarlas».

Por su parte, Sonia Harmand ha señalado que «estas viejas herramientas de Lomekwi arrojan luz a un inesperado y previamente desconocido periodo del comportamiento hominino y, por lo tanto, pueden decirnos mucho sobre el desarrollo cognitivo de nuestros antepasados que no podría entenderse solo a partir de los fósiles». Y más adelante añade: «nuestro hallazgo finalmente rebate la asunción sostenida durante largo tiempo de que Homo habilis fue el primero en elaborar herramientas».

En 2017, Sonia Harmand fue nombrada una de los «50 franceses [y francesas] más influyentes» por la edición francesa de la revista Vanity Fair. Durante la entrega de la valorada distinción Hamand señalaba, entre otros aspectos de su investigación, que «nos llevó un largo tiempo publicar nuestro trabajo en Nature. Fueron tres años […], pero pudimos hacer la cubierta [de ese número de la revista], lo que no ocurre con frecuencia, especialmente cuando hablas de herramientas de piedra. La aventura no está terminada, concluye, porque el yacimiento continua bajo excavaciones. Seguimos acudiendo cada verano a excavar».

En el sentido de «aventura no terminada», queremos apuntar que el excelente trabajo de Sonia Harmand y sus colaboradores requiere una nueva entrada en el blog con el fin de hacer referencia al debate acerca de quiénes fueron los primeros fabricantes de herramientas en la lejana cuenca del lago Turkana, que tanto ha contribuido a desenmarañar la evolución humana.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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