Edith Alice Müller, la astrónoma suiza nacida en Madrid que utilizó cuatro idiomas para impulsar el estudio del Sol

Edith Alice Müller.

De padres suizos, Edith Alice Müller nació en Madrid el 5 de febrero de 1918, y vivió y estudió en España hasta que en 1936 ingresó en la Universidad de Zúrich, en Suiza. Con el tiempo se convertiría en una experta internacional en física solar, y en eso tuvo un enorme papel esa infancia intercultural y plurilingüe: además de sus extensos conocimientos sobre los fenómenos que ocurren en la atmósfera del Sol, Müller hablaba con soltura español, inglés, francés y alemán. Había pocos sitios en el mundo donde no pudiese dar una clase o una conferencia, y muy pocos científicos y expertos con los que no pudiese mantener un interesante intercambio de ideas tanto por su experiencia en la materia como por sus habilidades lingüísticas.

Cuando Müller nació, sus padres llevaban ya cuatro años viviendo en Madrid. Su padre, Max Müller, trabajaba como ingeniero y la familia vivió feliz y próspera hasta la Guerra Civil Española, a pesar de que su madre era al principio reacia a embarcarse en la aventura española, ya que en ese momento España era poco menos que el fin del mundo. Finalmente allí se hicieron un hueco, tenían una feliz vida social y eran conocidos por su hospitalidad, especialmente para otros ciudadanos suizos y viajeros que pasaran por Madrid. Durante toda su vida, ella no perdió ese espíritu acogedor y abierto.

De España a Suiza tras la Guerra Civil

Ya durante sus primeros años escolares en España, en el colegio alemán de Madrid, Müller se interesó por la física y las matemáticas, hasta el punto de que su padre pidió que la liberasen de las lecciones de labores domésticas para poder asistir a más clases de matemáticas con los chicos. Tras estudiar física en la Universidad de Zúrich, en 1943 se doctoró en física solar. Poco después de llegar ella y su hermana a estudiar en la ciudad suiza, sus padres se reunieron con ellas: la situación en Madrid tras la Guerra Civil ya no era la misma y decidieron marcharse.

Permaneció en la ciudad suiza hasta 1950, primero como investigadora asistente y luego como asociada. En 1951 trabajó como astrónoma invitada en el Observatorio Real de Cambridge, Reino Unido, y de allí se trasladó a Michigan, donde permaneció investigando hasta 1962. Allí contribuyó a la publicación de un trabajo científico monumental sobre el Sol y sus fenómenos que seguiría vigente durante décadas. Después volvería a Suiza, donde trabajó en varias instituciones.

Aprender sobre el Sol y colaborar con todo el mundo

Dos grandes intereses impulsaron su carrera. El primero era aprender todo lo posible sobre la física del Sol y los elementos que intervienen en los distintos procesos de su atmósfera. Müller trabajó con ahínco en el dominio de la espectroscopía solar para estudiar qué elementos y en qué cantidad se encuentran e interactúan en la atmósfera solar. También le interesaba y analizó qué efecto tenían las variaciones en esas cantidades sobre el equilibrio termodinámico del Sol.

Edith Alice Müller (1988).

El segundo era impulsar la colaboración científica internacional y fomentar el uso sistemático de la información extraída de observaciones de alta precisión también en el estudio de otras estrellas similares al Sol, algo que su conocimiento en idiomas favorecía y potenciaba. Gracias a eso, y también a su interés y seguimiento de las relaciones internacionales en un mundo convulso por las grandes guerras y la situación que dejaron, obtuvo un lugar predominante dentro de la escena internacional de su campo de investigación.

Como ejemplo de ese lugar protagonista, Müller fue secretaria general de la Unión Astronómica Internacional (IAU por sus siglas en inglés) entre 1976 y 1979 y tuvo vinculación con su comité ejecutivo durante varios años después. Fue también la presidenta del Comité Nacional Suizo de la IAU y de comités de enseñanza e intercambio dentro de la misma IAU.

Müller se retiró en 1983, y desde ese momento dedicó gran parte de su tiempo a cuidar a su hermana, afectada de alzhéimer, pero siguió en contacto con el mundo de la astronomía, ya que viajaba y visitaba observatorios y acudía a charlas y conferencias. La astrónoma falleció en el verano de 1995 de un ataque cardíaco repentino cuando estaba de vacaciones en España.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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