Charlotte Moore Sitterly, pionera de la espectroscopia solar

Charlotte Moore Sitterly.

El elemento 43 de la tabla periódica fue siempre esquivo. Desde el siglo XIX, se hacían conjeturas sobre sus propiedades. Dmitri Mendeléyev, creador de la propia herramienta mnemotécnica, sugirió algunas de sus características.

Pero no fue hasta 1937 que Carlo Perrier y Emilio Segrè se convirtieron en los descubridores oficiales del tecnecio (Tc). Resultó en extremo inestable, razón por la cual encontrarlo de forma natural en la Tierra resultaba impensable para los investigadores de entonces.

De hecho, se creía que el elemento solo podía obtenerse de manera sintética hasta que una mujer probó lo contrario. Charlotte Moore Sitterly llevaba años analizando los espectros solares y atómicos cuando se topó con un hallazgo improbable.

Su carrera como astrofísica empezó en 1920, poco después de que la científica obtuviera su titulación en Swarthmore College. El camino hasta ahí fue de la mano de sus padres, dos profesores de colegio radicados en Ercildoun, Pennsylvania, quienes motivaron su crecimiento profesional.

La investigadora fue admitida en uno de los departamentos de la Universidad de Princeton y le encargaron realizar cálculos relacionados con indagaciones astronómicas. La ocupación era común entre mujeres educadas de la época. que fueron consideradas como computadoras humanas, en lugar de expertas.

A pesar de ello, Charlotte —todavía entonces apellidada Moore— no perdió la oportunidad de codearse con algunos de las mentes más brillantes de su tiempo. Se vinculó al trabajo de Henry Norris Russell, codesarrollador del diagrama de Hertzsprung-Russell, quien se convirtió en su mentor.

Sin embargo, cinco años después de iniciar su trabajo en la universidad de la Ivy League, la joven decidió marcharse. Se mudó a California donde obtuvo un puesto en el Observatorio del Monte Wilson. Ahí su interés se centró por primera vez en los espectros solares, específicamente en las longitudes de onda que no pueden penetrar la atmósfera de la Tierra.

Mientras se abría camino por sí misma en el mundo académico, la joven recibió una invitación del propio Russell para volver a trabajar con él. En esa nueva etapa, las pesquisas de ambos se encaminaron a la temática que, desde hacía más de un lustro, apasionaba a la joven investigadora.

En la siguiente década, Charlotte agregó un nuevo apellido a su nombre. Mientras trabajaba, conoció al doctor Brancroft W. Sitterly, también astrónomo, físico y miembro de la facultad de la Universidad Wesleyana. Se casaron en 1937 y permanecieron juntos, apoyando mutuamente sus carreras, hasta la muerte del esposo en 1977.

Por recomendación de su propio tutor, la científica se incorporó a la Oficina Nacional de Normas en la Sección de Espectroscopia de la División de Física Atómica en 1945. Entre 1949 y 1958, realizó disimiles análisis que culminaron en la publicación de su libro en tres volúmenes Atomic Energy Levels, as Derived from the Analyses of Optical Spectra.

Los volúmenes se convirtieron en “las fuentes de referencia definitivas utilizadas durante décadas en campos como la astronomía, la física láser y la química espectral”.

Charlotte Moore Sitterly en su despacho de la Oficina Nacional de Normas. Imagen: Prabook.

Precisamente en ese momento de su carrera, la experta consiguió demostrar la existencia de tecnecio en el Sol. Esa evidencia fue la primera prueba de que el inestable elemento 43 podía producirse y obtenerse de forma natural en el universo.

Años más tarde, otros especialistas consiguieron hallar pequeñísimas trazas de este elemento en la corteza terrestre, originadas por fisión espontánea del uranio. Asimismo, el análisis del espectro de luz de estrellas lejanas ha encontrado pruebas de su presencia en puntos muy distantes al Sistema Solar.

A lo largo de su vida, y gracias a sus pesquisas científicas, Moore Sitterly consiguió reconocimiento internacional. Fue la sexta mujer en recibir el Federal Woman’s Award del Gobierno de los Estados Unidos (1961) y fue elegida como la primera asociada extranjera de la Sociedad Astronómica de Londres.

Otro de sus lauros fue la Medalla Bruce (1990), una de las condecoraciones más destacadas en el área de conocimiento de la Astronomical Society of the Pacific.

Charlotte falleció el 3 de marzo de 1990, tenía 90 años. Todavía contribuía con el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología en el momento de su muerte. En sus últimos años amplió sus análisis al espectro ultravioleta, gracias a los datos registrados por instrumentos transportados por cohetes al espacio.

Referencias

Sobre la autora

Claudia Alemañy Castilla es periodista especializada en temas de ciencia y salud. Trabaja en la revista Juventud Técnica.

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