Los viajes de Charlotte Murchison a los confines de la geología

Póster de Ammonite. Wikimedia Commons.

En los últimos meses, Mary Anning y Charlotte Murchison han cobrado forma; moldeadas para la ocasión como si fueran figuras de alfarería, se muestran ante el mundo, de nuevo, enfrente de un público que ahora las mira con cierto asombro y consideración. Este protagonismo inusual –no porque ellas no lo merezcan, sino porque durante la historia han sido relegadas a un segundo plano– ha sido debido al anuncio del estreno de la película Amonnite, del director británico Francis Lee, que llegará a los cines en noviembre, y donde se destacan las vidas de la paleontóloga y la geóloga. El film se centra, entre otras cosas, en descubrir la relación amorosa que presumiblemente mantuvieron las dos mujeres a raíz de un encuentro que tuvo lugar en Lyme Regis, una localidad costera de Inglaterra.

Más allá de la polémica que ello ha generado –la familia de Anning no está muy de acuerdo con esta lectura de la historia– es una buena forma de conocer en detalle el trabajo que hicieron estas dos grandes científicas del siglo XIX, de su encuentro, y de cómo aquello nutrió sus respectivas carreras. La de Charlotte, aún menos conocida que la que desempeñó su compañera, estuvo marcada por los viajes que hizo por Europa durante 1816 y 1847, junto con su marido Roderick Murchison y el geólogo Charles Lyell. En ellos, se dedicó a hacer observaciones geomorfológicas, a ilustrar los parajes, y a buscar fósiles y conchas. Charlotte parecía haber desarrollado una habilidad especial para entender la ciencia, sobre todo la geología.

Los viaje geológicos

Charlotte nació en 1788, en Hampshire (Inglaterra). De su infancia y juventud se han rescatado muy pocos datos. Su padre fue el general Francis Hugonin y su madre, también llamada Charlotte, fue una gran florista y una enamorada de la botánica en palabras de su hija. En 1815, conoció al que sería su futuro marido, Roderick Murchison, y a los pocos meses, se casaron. Tras esa unión, ella se dedicó a animar a su marido, oficial de caballería, a que dejara su afición por la caza y empleara ese tiempo en algo más provechoso como el estudio de la ciencia, ámbito en el que ella estaba sumergida, estudiando mineralogía y conquiliología.

Los primeros destinos elegidos por la pareja fueron Francia, Italia y Los Alpes, y los recorrieron entre 1816 y 1818. No fue una travesía puramente científica, también la emprendieron por motivos culturales. Desafortunadamente, en la ciudad de Roma aconteció uno de los episodios más trágicos, ya que Charlotte contrajo la malaria. Aunque lograra recuperarse, los efectos de la enfermedad la perseguirían toda su vida, hasta su muerte, a los 80 años. Cabe subrayar que en esa misma ciudad conocieron a Mary Somerville, una matemática y divulgadora científica escocesa.

El segundo viaje fue en 1828, y lo hicieron junto a Lyell. Cada vez más intrigados por la geología y por conocer los entresijos de esta disciplina, el trío investigó el entorno del Macizo Central, y alcanzó la cima Puy de Dôme. Más tarde, se trasladaron al sur de Alemania. Asimismo, visitaron Los Alpes austriacos y tiroleses. En ocasiones, Murchinson y Lyell decidían irse por su cuenta dejando atrás a Charlotte. Pero ella no quería perderse nada, así que elegía su propia aventura: observaba atenta los paisajes, los dibujaba, interactuaba con expertos locales, y recolectaba plantas y conchas. En Aurillac (Francia), por ejemplo, se detuvo a observar y dibujar calizas lecustres.

The Light of Science (1832 ), caricatura satírica del geólogo Henry Thomas de la Beche.
Representa a Charlotte Murchison disipando la oscuridad que cubría el mundo con la luz de la ciencia.

Y en uno de esos viajes a la costa sur de Inglaterra, Charlotte fue a la caza de fósiles con Mary Anning (1799-1847), la mayor descubridora de fósiles de la historia –encontró en 1811 el fósil del primer ictiosaurio del periodo jurásico–. En su diario, Roderick hace referencia a este encuentro y cuenta que Charlotte llegó “fatigada” a Lyme Regis por lo que decidieron que podría quedarse allí para descansar primero, y luego poder trabajar codo con codo con “la célebre cazadora de fósiles del lugar”. Según cuenta el naturalista y geólogo, de aquel dúo “se enriqueció mucho mi primera colección”.

A pesar de ser autodidacta y de haber hecho trabajo de campo, Charlotte deseaba una educación superior. En 1831, Lyell se encontraba dando clases de geología en King’s College de Londres, donde las mujeres tenían prohibida la entrada. Ella insistió en que debía permitir su asistencia. Al final, el geólogo cedió y las admitió en sus clases. Charlotte también acudió a las reuniones de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, cuando sus problemas de salud se lo permitían.

Charlotte construyó una importante colección de fósiles, además de estudiar y dibujar de forma esquemática paisajes geológicos. A través de su trabajo, ayudó a su marido a desarrollar muchas de sus publicaciones como por ejemplo The Silurian System (1839). En este aspecto, cabe recordar que aunque Charlotte fuera, en palabras de Lyell, “una asistente de gran valor”, ella también trabajó de forma independiente y elaboró su propia colección.

Referencias

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

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