Sue Finley, la calculadora humana que no piensa en jubilarse

Sue Finley. Wikimedia Commons.

Sue Finley (1937) encontraba más interesantes los números que las letras. No es algo extraño si se piensa con detenimiento, esto debía ser así desde la antigüedad. En el ensayo El infinito en un junco (Siruela), la autora, Irene Vallejo, explica que según algunas hipótesis, nuestros antepasados aprendieron el cálculo antes que las letras. «Somos seres económicos y simbólicos. Empezamos escribiendo inventarios, y después invenciones (primero las cuentas; a continuación los cuentos)».

Desde pequeña, Finley tenía un talento especial para los cálculos matemáticos. Su deseo, no obstante, siempre había sido ser arquitecta por lo que comenzó a estudiar  arte y arquitectura en Scripps College (California). Pero, después de tres años decidió dejarlo, llegó a la conclusión de que “realmente no se puede aprender arte”. A veces una retirada a tiempo es una victoria.

Tras dejar atrás su etapa universitaria, hizo el examen para trabajar como secretaria en la empresa aeroespacial Convair, colaboradora de la Marina de EE. UU., donde se fabricaban aviones y cohetes. Pero suspendió. Suerte que en ese momento le hicieron una de las preguntas más importantes y acertadas de su vida: «¿Te gustan los números?». A ella se le abrió el cielo: «Oh, sí, me gustan mucho más que las letras». Trabajó durante un año aquí y lo que es más importante, dio comienzo a su trayectoria como científica. A lo largo de su carrera, que aún no ha terminado, ha participado en las misiones a la Luna, Marte, Venus, Mercurio, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, y en los programas espaciales Ranger, Mariner, Pioneer, Viking y Voyager.

Fue en 1958 cuando Finley comenzó a trabajar como “calculadora humana” en el Laboratorio de Propulsión a Reacción (Jet Propulsion Laboratory), en Pasadena (California), grupo que pertenecía a la recién creada NASA. Allí estaban “las computadoras”, mujeres que resolvían problemas aritméticos a mano. Muchas de ellas no contaban con ningún título universitario, como es el caso de esta científica. Pero no todas esas operaciones se hicieron siempre a mano. Finley también estudió el lenguaje de programación FORTRAN, desarrollado en la década de 1950 por IBM para aplicaciones científicas.

Finley se encargaba de calcular las trayectorias de lanzamiento de los cohetes. Ella decía que su trabajo era como “buscar tesoros o misterios”. Una de sus contribuciones más notables fue la de la misión Pioneer 3. La sonda debía llegar a la Luna y entrar en una órbita circunsolar, pero falló. Una computadora no pudo calcular de forma correcta los datos de velocidad, pero Finley sí que fue capaz de otorgar esa información. En 1962, por ejemplo, la NASA lanzó la nave espacial Ranger 3, que tenía como objetivo estudiar la Luna. Pero se desvió y entró en una órbita heliocéntrica. Según sus cálculos, la nave espacial se alejó 35 000 kilómetros aproximadamente.

Una pausa

Entre 1963 y 1969, dejó el laboratorio para dedicarse exclusivamente a la crianza de sus hijos. Fue una etapa muy oscura, cayó en una gran depresión: «Fui un completo fracaso como ama de casa», dijo. Después de aquello, regresó al Laboratorio.

Ya en la década de 1980, Finley trabajó en la Red de Espacio Profundo de la NASA (Deep Space Network, DSN en inglés), una red internacional de antenas de radio que sirve para dar apoyo a las misiones; se utiliza para rastrear, comunicarse y recopilar datos. Ella creó un programa que automatizó los movimientos y traducciones de la antena de la plataforma. Es uno de los trabajos más importantes que ha llevado a cabo dentro de la NASA. De esta manera, dejó de ser “calculadora humana” para convertirse en empleada del área de testeo de software y subsistema de ingeniería.

Asimismo, entre 1990 y 2000, participó en las exploraciones del Sistema Solar, y trabajó en las misiones del Mars Exploration Rover. En estas desarrolló una tecnología interesante y muy curiosa que consistía en enviar tonos musicales en las diferentes fases de descenso de la nave. Esta información fue muy válida para que los ingenieros pudieran determinar en qué momento de aterrizaje se encontraba el cohete.

Sue Finley (2019). Phys. Org.

Actualmente, continúa trabajando a tiempo completo para el Jet Propulsion Laboratory y no tiene intención de parar. Ha colaborado en las recientes misiones no tripuladas, como por ejemplo la misión Juno, dedicada al estudio del planeta Júpiter. En lo referente a los premios, en 2013, recibió uno al Logro del Grupo de la NASA, y en 2018, le otorgaron la Medalla de servicio público excepcional de la NASA.

Referencias

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

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