Olga Skorokhodova: «Cómo percibo, imagino y entiendo el mundo que me rodea»

Olga Skorokhodova.

I passed through dark and storms,
I looked for the road to light,
To a rich creative life…
And I have found it! Remember that!

Atravesé la oscuridad y las tormentas
Busqué el camino a la luz,
Para una rica vida creativa…
¡Y la he encontrado! ¡Recuérdalo!

Olga Skorokhodova nació el 24 de mayo de 1911 en el pueblo de Bilozerka (óblast de Jersón, actualmente Ucrania) en el seno de una humilde familia campesina. En 1914, su padre fue enviado al frente y nunca regresó. Su madre acabó siendo la única persona que mantenía a la familia formada por los hermanos y hermanas del padre de Olga y el abuelo enfermo. Trabajaba como empleada doméstica de un sacerdote desde el amanecer, dejando a su hija al cuidado del abuelo.

En el verano de 1919 Olga enfermó de meningitis. Su abuelo ya había fallecido y sus tías y tíos ya no vivían con ellas, así que su madre era la única que podía cuidarla:

Estuve enferma mucho tiempo, lo recuerdo bien porque cuando empecé a recuperarme noté que hacía frío; de hecho ya era otoño. Pero no me molestaba el otoño. Lo terrible fue que ni a mi madre ni a mí nos quedaba ninguna duda de que me había quedado ciega y estaba casi sorda… El país estaba sumido en caos; la Guerra Civil había comenzado y, por supuesto, mi madre no pudo enviarme a recibir tratamiento. Hizo lo que pudo, por supuesto. Me llevó a los médicos en Jersón, pero los especialistas en ojos y oídos solo me dieron unas palmaditas en la cabeza y, con simpatía, dijeron a mi madre que no se desanimara.

En otoño de 1922, tras la muerte de su madre por una tuberculosis, Olga vivió un corto período de tiempo con una de sus tías y pronto la enviaron a una escuela para niñas y niños ciegos en Odesa. Allí permaneció hasta 1924. Con solo algo de capacidad auditiva en su oído derecho, y sin nadie que pudiera atenderla individualmente, Olga no acudía a las clases ya que no podía oír las explicaciones del maestro. Un año después de ingresar en la escuela, Olga perdió también la audición de su oído derecho. Pasaba sola los días en su habitación: su sentido del equilibrio se había deteriorado, no podía caminar sola, y nadie podía acompañarla a pasear.

Uno de sus profesores escribió al profesor Ivan A. Sokolyansky que estaba a punto de abrir una institución para niñas y niños sordociegos en Járkov, clínica en la que Olga ingresó en 1925. Allí su vida cambió. Junto a ella, los otros cinco pacientes eran bien atendidos, en un lugar agradable, con un personal volcado en su cuidado. Cuando se acostumbró a la nueva situación y a sus nuevas rutinas, comenzó su aprendizaje. Olga recuperó casi por completo el habla, capacidad que había olvidado tras su aislamiento en el colegio de Odesa.

Había ocho alumnos en la escuela Sokolyansky cuando estalló la Gran Guerra Patriótica de 1941-1945. Los nazis que ocuparon Járkov irrumpieron en la escuela y mataron a seis de ellos. Olga fue una de las dos que sobrevivieron. La vida en la escuela no fue fácil a partir de ese momento. Los alemanes habían nombrado como responsable a un exdirector del Ejército Blanco, Utkin, que quitó a Olga su máquina de escribir en Braille, la aisló y destruyó sus papeles. En 1943, llegaron las tropas soviéticas y Utkin fue arrestado.

Olga había recibido educación secundaria a través de un programa individual, lo que le permitió ingresar a una universidad pedagógica. En 1944 se mudó a Moscú, donde consiguió un trabajo en el Instituto de Defectología (rama de la medicina que se ocupa de las personas que carecen de autonomía propia) liderado por Sokolyansky, con el que Olga trabajó toda su vida. Allí, con la ayuda de su tutor, comenzó a describir por escrito los acontecimientos diarios, reescribiéndolos tantas veces como fuera necesario. Sin ediciones externas, Olga realizó un minucioso trabajo en el que detallaba su experiencia como persona sordociega, y se transformó en un material único y una guía metodológica en los campos de la psiquiatría, psicología y pedagogía. En 1961 defendió su tesis de grado en psicología y se convirtió en investigadora en el laboratorio liderado por Sokolyansky.

Olga Skorokhodova.

En 1947 publicó su obra Cómo percibo el mundo que me rodea, que despertó un gran interés y recibió el premio Konstantin D. Ushynsky. En 1954, complementó el libro con una segunda parte que se publicó bajo el título de Cómo percibo e imagino el mundo que me rodea, que de nuevo fue galardonado con el premio K. D. Ushynsky y fue traducido a varios idiomas. En 1972 se publicó una tercera parte Cómo percibo, imagino y entiendo el mundo que me rodea que le llevó a ganar el Premio de la Academia de Ciencias Pedagógicas de la Unión Soviética.

Solo hubo una persona que invariablemente me entendió correctamente […]. Ese hombre era Sokolyansky. Cuando aprendí a escribir, comencé a anotar las preguntas que me interesaban y a pasarle mis notas. Así, desarrollé el hábito de apuntar mis impresiones sobre mi entorno. Sokolyansky tomaba mis notas muy en serio, las leía atentamente, las conservó e hizo todo lo posible por alentar mi curiosidad. Mis notas no eran como las que puedes ver en mis trabajos publicados. ¡Ni por asomo! Al principio, solo tenían sentido para aquellos que me instruían. Pero a medida que mi expresión coloquial mejoró, mis notas se volvieron más coherentes.

Cuando se reunieron suficientes notas para formar un archivo grande, me sugirieron que deberían editarse y después publicarse en forma de libro. Por supuesto, volví a redactar mis descripciones de algunos fenómenos docenas de veces. Una cosa es tocar, percibir, “mirar” un objeto con las manos. Eso no es muy difícil. Es mucho más complicado describir el objeto en palabras exactamente como lo percibo, es decir, dar una imagen completa del objeto. Cuando los sordos, mudos y ciegos describen sensaciones, percepciones y conceptos en el lenguaje de las personas videntes, siempre debe tenerse en cuenta que sus impresiones se reciben a través de diferentes órganos sensoriales, aunque se describen en las palabras de las personas que ven y oyen. Cuando una persona vidente ve una vaca desde la distancia, dice: “Estoy mirando a la vaca, tiene motas y grandes ojos hermosos”. La descripción de esa misma vaca por parte de una persona ciega se expresará con las mismas palabras que utilizan las personas videntes, pero si describiera sus sensaciones y percepciones inmediatas, diría lo siguiente: “He mirado a la vaca con mis manos. Tiene un pelaje liso y suave, sentí sus piernas y su cabeza, y encontré los cuernos. Lo sentí muy duros al tacto.”.

¿Y qué puede decir una persona sorda sobre tocar el piano? Solo una cosa: apoyé mis manos sobre el piano y sentí las vibraciones de lo que la gente normal llama sonidos…

Percibí muchos fenómenos. Y cuanto más me comunicaba con la gente, más sabía sobre la vida y la naturaleza al ir a lugares interesantes; los más ricos y complejos se convirtieron en mis sensaciones y percepciones del mundo externo. Y tuve mucha más dificultad para encontrar las palabras necesarias para describir cada evento individual. No tengo dudas de que algunas personas verán deficientes en términos “artísticos” muchas de las descripciones de mi libro.

Mi conocimiento creció año tras año y mi estilo literario mejoró. El lector puede creerlo o no, pero debo decir que debo todo mi conocimiento y discurso literario a la lectura, sobre todo, a la lectura de ficción. La lectura es la salvación de los ciegos o los sordomudos, y especialmente de los últimos. Mis instructores te dirán cómo enseñar a una persona sorda, muda y ciega a leer y escribir. Solo quiero decirte que pienso en la lectura como el único medio de salvación para una persona con discapacidad múltiple como yo. Cuando aquellos que están a cargo de la instrucción y educación de los ciegos, los sordos o los sordos, mudos y ciegos lleguen a comprender esto, su enseñanza progresará mucho más rápido de lo que lo hace hoy en día.

Ivan A. Sokolyansky y Olga Skorokhodova.

Skorokhodova investigó durante toda su vida sobre el desarrollo, el aprendizaje y la educación de niñas y niños sordos y ciegos, lo que ayudó a comprender mejor el desarrollo mental de estas personas.

Por todo su trabajo recibió la Orden de la Bandera Roja del Trabajo. Falleció el 7 de mayo de 1982.

Me imagino los rayos del sol cuando, pasada la tormenta, se vuelven cálidos; pero junto al sol flota en el aire un gran rectángulo oscuro –tomo este epíteto del vocabulario de los videntes–. Este rectángulo, fragmento de una especie de masa de materia compacta, se acerca lentamente al sol y acaba por ocultar la cálida radiación. En la calle percibo enseguida la transformación del aire, el descenso de temperatura que se produce en cuanto el sol se vela. Es precisamente este cambio de temperatura lo que me permite formarme una idea de lo que son las nubes.

Olga Skorokhodova, El Correo de la UNESCO

Referencias

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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