Frances Glessner Lee, de burguesa aburrida a experta criminóloga

En la literatura policiaca pueden encontrarse ejemplos de mujeres detectives de éxito. Una de ellas, una figura de culto, es la señora Jane Marple, personaje creado por la escritora Agatha Christie, y uno de los más importantes de la literatura de ficción británica. Miss Marple conoce todos los detalles, combina hechos y realidad con sus conjeturas, y en base a eso ayuda a la policía a buscar pruebas. En el libro Muerte en la vicaría puede leerse: “No existe en Inglaterra detective alguno tan sagaz como una solterona de edad indefinida, sin nada que hacer durante todo el día”. Nadie cuestiona su inteligencia y lógica. ¿Y qué hay de Jessica Fletcher, la protagonista de la serie de televisión Murder, She Wrote?

Frances Glessner Lee (1940-1950). Imagen: Glessner House Museum.

Estas “abuelas entrometidas” eran investigadoras competentes y respondían a un arquetipo de detectives amateur que funcionaba muy bien. Pero no solo existe esta figura en la ficción. La criminóloga Frances Glessner Lee (1878-1962) tenía ese aspecto de “abuela entrañable” cuando creó sus famosos dioramas llamados Nutshell Studies of Unexplained Deaths (Pequeños escenarios de muertes inexplicables). Estas maquetas, que ella misma construía en forma de casas de muñecas, mostraban escenas de crímenes que eran imposibles de resolver solo con la apreciación visual. Con este nuevo sistema ella planteó la necesidad de análisis médicos y científicos en las investigaciones por asesinato.

La ciencia policial fue su pasión desde muy pequeña, quizá esa necesidad de resolver casos empezó con los libros que leía de Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes. Sin embargo, por muchos libros que hubiese leído, no pudo dedicarse a la criminología. Frances pertenecía a la alta burguesía norteamericana, era hija de una familia muy influyente de Chicago. Su padre, John Glessner, fue un importante empresario en el sector de la maquinaría agrícola, de transporte y electrodomésticos. Demostró ser una figura autoritaria y prohibió estudiar a su hija. La época tampoco se lo permitió; a finales del siglo XIX, las mujeres debían quedarse en casa.

Diorama: “Barn”. Imagen: Wikimedia Commons.

Tanto ella como su hermano fueron educados en casa. No obstante, su hermano corrió mejor suerte. A él sí que le permitieron ir a la universidad. Sin embargo, Frances, como tantas otras mujeres, hizo lo que se esperaba de ella: se casó a los 20 años y tuvo hijos con el abogado y profesor de derecho de la Universidad Northwestern, Blewtt Lee, de quien se divorció quince años más tarde. Para ella fue “un periodo solitario y triste”.

Investigación en miniatura

Frances tenía 52 años cuando decidió dedicarse a lo que siempre había soñado. Tenía una mente brillante, era una gran observadora, y muy minuciosa en lo que hacía. Con la ayuda de George Burgess Magrath (un amigo y compañero de estudios de su hermano), profesor en Harvard, creó una Cátedra de Medicina Legal en dicha universidad, en 1931. Fue el primer programa de estudios superiores de medicina forense en Estados Unidos. Este nuevo departamento se centró en la perspectiva médico legal de la investigación de homicidios. Magrath y Glessner se encargaban de formar a doctores en medicina para que se convirtieran en forenses, e impartían conferencias y seminarios. Pusieron en marcha esta iniciativa porque creían que en las investigaciones policiales no se tenían muy en cuenta las consideraciones del forense.

Diorama: “Parsonage Parlor”. Imagen: Wikimedia Commons.

Los Nutshell studies o escenarios eran la matriz de este programa. Como ella llegó a explicar en una ocasión, se trataba de recrear el asesinato para llevar al investigador por los caminos de la lógica, esto es, su intención era potenciar la observación y deducción de los agentes. Esta herramienta fue muy útil para la resolución de algunos casos durante la década de los años 40 y 50. No hay que olvidar tantas otras que ya se utilizaban en el ámbito de la ciencia policial durante los siglos XIX y XX: el uso de la fotografía en la escena del crimen (1867), el análisis que detecta la hemoglobina (1853) y la gran revolución de la aplicación del reconocimiento del ADN en 1958 que se utilizó por primera vez para la resolución de un caso de doble asesinato en Inglaterra.

Un trabajo de muerte

Frances tenía un taller de carpintería en su casa de New Hampshire. El segundo piso albergaba un mundo en miniatura. En sus notas iba explicando cómo hacía los dioramas: “He estado trabajando sobre los cuerpos y tengo tres terminados –vestidos, colocados y casi definitivamente muertos–”. El detalle de las maquetas era asombroso: las luces se encendían y apagaban, las llaves giraban en las cerraduras, había colillas en la mesa, papeles tirados y revueltos por el suelo, en las despensas había alimentos enlatados y alimentos en las encimeras de las cocinas. Y por supuesto, una víctima. O dos. Y salpicaduras de sangre según el patrón utilizado en cada asesinato. En total, creó diecinueve dioramas y miles de objetos en miniatura.

Diorama: “The Red Bedroom”. Imagen: Wikimedia Commons.

En 1943, el estado de New Hampshire la nombró capitana honoraria del cuerpo de Policía, la primera mujer en Estados Unidos y en el mundo que alcanzó ese cargo. Formó parte también de la Asociación Internacional de Jefes de Policía y de la Academia Americana de Medicina Forense. En 1945, Harvard inauguró los Seminarios Frances Glessner Lee (más tarde se llamaron Seminarios para la investigación de homicidios), utilizando los primeros dioramas. En estas clases trabajaban muchos aspectos del crimen: determinaban la hora de la muerte, la identificación de las víctimas, los interrogatorios y la realización de autopsias. Estos escenarios se utilizaban en las clases prácticas; cada alumno se enfrentaba al caso durante una hora y media bajo la supervisión de Frances, que respondía a dudas y comentarios.

El trabajo tan minucioso que hizo empezó a conocerse; recibía consultas y cartas de policías que tenían dificultades con los casos que tenían entre manos. Su trabajo fue muy importante porque señaló las carencias de un sistema que no contemplaba la investigación forense. Ella explicó: “Los Nutshell Studies no se presentan como una serie de casos que buscan ser resueltos, sino como ejercicios para observar y evaluar evidencias indirectas, especialmente aquellas que tienen importancia médica”.

Diorama: “Pink Bathroom”. Imagen: Wikimedia Commons.

Fue una mujer observadora, con una gran imaginación y un extraño don para resolver asesinatos. Podría haber sido una gran detective en la ficción, como Marple o Jessica Fletcher, o una gran dama del crimen, como Christie. Pero ella decidió ser la “abuela” que revolucionó la ciencia forense.

Referencias

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

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