La empresaria “Lili” Bleeker y las lentes que valieron un Nobel

En el libro El ojo desnudo, Antonio Martínez Ron recoge las palabras del filósofo Bernard Le Bovier de Fontenelle quien dice que al intentar entender el mundo, nuestro problema siempre ha sido querer saber más de lo que podemos ver. A lo largo de la historia, hemos tenido la necesidad de encontrar algo más allá de lo aparente, ver lo “invisible”. Han sido muchos los científicos que han creado y utilizado artefactos (microscopios, telescopios,…) que han ayudado a comprender la realidad que les rodeaba. Es el caso de la física holandesa Caroline Emilie Bleeker (1897-1985), que diseñó y fabricó los instrumentos ópticos necesarios para ver lo que nadie antes había observado; como el microscopio de contraste de fases, invento de Frits Zernike, ganador del Premio Nobel de Física en 1953. Su fábrica fue la primera en el mundo en producirlos. Con Bleeker se abrían nuevas perspectivas.

Caroline Emilie Bleeker. Imagen: Wikimedia Commons.

Cuando era pequeña, Bleeker ansiaba estudiar. Su madre, en cambio, prefería que se quedara en casa para que pudiera ayudar en las tareas domésticas. Sus hermanas mayores pudieron salir para ejercer como maestras, y ella, como la pequeña de la familia, parecía condenada a quedarse en casa. Finalmente fue a la escuela, y tras aprobarlo todo, tuvo que volver a casa para ayudar a su madre. El entusiasmo por aprender siguió intacto y en sus horas libres aprovechó para seguir formándose, adquiriendo conocimientos de griego y latín. Harta y soberanamente aburrida de estar allí, en 1916, decidió irse a Utrech a estudiar matemáticas. Una vez allí, cambió de parecer, y se sumergió en el mundo de la física. Tras graduarse, y necesitada de dinero, empezó a trabajar en una escuela para niñas y también a dar clases particulares. Además, trabajó en el observatorio astronómico Sonnenborgh, y como asistente de profesores en varios laboratorios.

Se doctoró en 1928 y desde ese momento empezó la difícil tarea de buscar trabajo. El profesor Leonard Ornstein, quien había supervisado su trabajo para conseguir el título de doctora, se puso en contacto con varios colegas. En una carta al profesor Evert Gorter escribió: “Es muy inteligente y bien educada tanto teórica como experimentalmente”. A pesar de los esfuerzos del profesor, Bleeker no consiguió el trabajo, ni con Gorter ni con otros de sus compañeros. Ornstein no cejó en el empeño y envió algunas cartas más, pero sin éxito. Bleeker se cansó, y en 1930, decidió abrir su propia consultoría, donde podría asesorar a industrias y laboratorios sobre física.

Un saqueo y judíos escondidos en la fábrica

Solo dos años después, abrió su propia fábrica y esta fue creciendo poco a poco; cambió de lugar varias veces, el espacio fue expandiéndose, y el negocio prosperó. Un año más tarde de su creación ya contaba con veinticinco empleados. Al mando de aquello estaban Bleeker, y su socio Gerard Willemse. En ese halo de prosperidad que la acompañaba, la fábrica cambió varias veces de enfoque. Hasta 1936, se concentraron en la fabricación de hardware para el laboratorio y los instrumentos de medición eléctrica de precisión. En 1936, Bleeker decidió comenzar un taller óptico, y en 1937 dio inicio a la producción de instrumentos ópticos. Esta decisión fue tomada en gran parte por la influencia de su amigo Zernike.

La calidad de los objetos que crearon fue innegable, por eso cosecharon tanto éxito en los Países Bajos y más allá de sus fronteras. Como respuesta a esa perfección de sus productos, en 1939, comenzaron la producción de unos prismáticos para el ejército holandés. Sin embargo, esa partida nunca se llegó a terminar porque un año más tarde, los alemanes invadieron el país. El tiempo se detuvo y con ello llegó la primera gran pérdida para el negocio de Bleeker. A pesar de todo siguió desarrollando microscopios para varias universidades holandesas.

Durante la invasión germana, la fábrica fue un polvorín. Empezaron los saqueos, las redadas, los despidos… Bleeker no se consideraba anti-alemana pero no soportaba a los nazis. Se encargó de esconder a varios judíos en uno de los edificios de la fábrica y como hablaba muy bien alemán, entretenía a los saqueadores con conversaciones vacías, de esta manera les daba el tiempo suficiente a las personas que estaban escondidas para que escaparan. Entre ellos se encontraba una mujer judía que antes de la ocupación había trabajado en la fábrica como telefonista, y después de la guerra como compañera de trabajo en el departamento de óptica.

Edicficio Caroline Bleeker. Imagen: Universidad de Utrecht.

A pesar de las redadas, los alemanes no encontraron ningún material incriminatorio. En 1944, Bleeker y Willemse fueron interrogados, pero los liberaron el mismo día. Como medida de seguridad, ella ordenó a todos los empleados que se mantuvieran alejados de la fábrica y los directores huyeron a Zeist, un pequeño pueblo cerca de Utrecht. El día de la capitulación, convocó a los empleados que quedaban en la fabrica para limpiar el desastre y poder reanudar cuanto antes su actividad.

Restablecieron la fábrica en Zeist, inaugurada en 1949. Tal y como lo hizo en Utrecht, Bleeker, como directora, instruyó a sus empleados, entre otras cosas, enseñó álgebra y geometría. Es importante destacar que ella misma se encargó de que hubiera más mujeres dentro de la plantilla. En los años 60, el negocio dejó de ser próspero y Bleeker, que tenía más de 60 años, no pudo seguir con la dirección de la fábrica. En 1963 renunció a la dirección y le pasó el testigo a A. Nolke que fue director hasta 1978, el año en el que se cerró definitivamente sus puertas.

Su trabajo como directora fue ejemplar, muestra de ello son las innumerables cartas que llegaron de clientes satisfechos con el trabajo de Bleeker durante tantos años. Ella misma contó que “ser mujer definitivamente no facilitó las cosas, pero traté a mi manera de ayudar a los trabajadores que disfrutan de su trabajo”. En reconocimiento a su labor, uno de los edificios de la Facultad de Física en la Universidad de Utrecht lleva su nombre.

Referencias

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

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