Alexandra Kehayoglou, tejiendo paisajes

Ciencia y más

Es difícil para la gente entender que una alfombra puede ser arte. Pero tal vez eso está cambiando.

Alexandra Kehayoglou, New York Times, 2019

Alexandra Kehayoglou (1981) es una artista argentina; estudió artes visuales en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Utiliza elementos textiles para crear sus obras de arte, muchas de ellas instalaciones de grandes dimensiones. La lana forma parte de su herencia familiar, como comenta recordando a su abuela materna de nombre Ekpiniki:

Nací rodeada de alfombras. Mi abuela griega emigró desde Asia Menor, trayendo consigo un telar con el que, años más tarde, fundarían El Espartano, empresa familiar que aún hoy comercializa alfombras.

Alexandra Kehayoglou, Ministerio de diseño, 2018

Muchas de las obras de Alexandra representan paisajes. La artista desea conservar la imagen de algunos lugares, fundamentalmente de Argentina, que están empezando a cambiar por efecto de la intervención humana: campos, ríos o praderas perduran para la memoria a través de sus lanas de múltiples tonalidades.

Una de sus obras es la instalación No Longer Creek (No más arroyo) que, en 2016, denunciaba mediante una alfombra de 8 por 6 metros la destrucción del arroyo Raggio. Vecinos comprometidos evitaron que ese curso fluvial terminara convertido en un embarcadero:

Era un oasis, lleno de vegetación, árboles, aves. Me quedaba horas ahí. Y cuando me enteré que había una movida de vecinos para evitar las obras, sentí que tenía que tenía que hacer algo.

Alexandra Kehayoglou, La Nación, 2018

Otra de sus creaciones se titula Repoussoir for a New Perspective (Realce para una nueva perspectiva). Es un tapiz de 2 por 1,2 metros que examina la explotación minera (fundamentalmente de bentonita, perlita y puzolana) e industrial de la isla de Milos, en el archipiélago de las Cícladas.

En 2018, Alexandra presentó el trabajo What if All is, una instalación de 170 metros cuadrados que analiza la desaparición de algunas tribus en la Patagonia. Esta gran alfombra representa la huella de estos pueblos plasmada en las pinturas rupestres encontradas en cuevas de la zona.

La instalación Río Santa Cruz, de 300 kilos de peso y de 9,8 por 4,2 metros, habla sobre el estrés hídrico en la Patagonia. Un espejo en el techo, sobre la alfombra, da la sensación de ‘infinitud’ para ese paisaje que representa. El público que visita la instalación puede tumbarse o recorrer los senderos reproducidos en este enorme tapiz; es una parte del río Santa Cruz y su entorno según las fotos aéreas tomadas desde un dron. Por cierto, muchos exploradores visitaron esta zona. Entre ellos, el bergantín HMS Beagle alcanzó la desembocadura del río Santa Cruz el 13 de abril de 1834. Veinticinco hombres recorrieron el río durante dieciséis días; uno de ellos era el naturalista Charles Darwin que estudió la flora, la fauna y la geología de la región.

A mediados de 2017, el Gobierno argentino aprobó la construcción de dos presas en el río que inundarían 400 kilómetros cuadrados de la zona cercana. Con la etiqueta #porunriosantacruzlibre se realizó una campaña en redes sociales para intentar paralizar este proyecto. Alexandra Kehayoglou se unió a esta iniciativa a través de la instalación Río Santa Cruz, un testimonio textil de cómo era la zona antes de la aparición de estos embalses en construcción.

Después de observar todos estos tapices, creo que se entiende mejor la frase de Alexandra Kehayoglou que inicia esta publicación. Cada una de estas instalaciones requiere de numerosas horas de trabajo, de enorme esfuerzo físico y, sin duda, de la especial y sensible mirada de una artista. ¿Una alfombra puede ser arte? En mi humilde opinión, sí.

Referencias

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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