Sandra Myrna Díaz, la bióloga que investiga y defiende “la trama de la vida” ante la crisis climática

Sandra Myrna Díaz (2019).
Imagen: Wikimedia Commons.

En junio de este año, Sandra Myrna Díaz, bióloga argentina, fue noticia junto con otra colega, Joanne Chory, estadounidense, al ser ambas galardonadas con el premio Princesa de Asturias de Investigación por sus aportaciones en la lucha contra el cambio climático. Ambas desarrollan su actividad en uno de los campos que, quizá, menos llaman la atención: el del impacto que la crisis climática tiene en la parte vegetal de los ecosistemas. Las plantas, que también se extinguen, son la base sobre la que los animales, incluidos los humanos, sobrevivimos y por eso, si ellas cambian o desaparecen, que lo hagamos nosotros también es solo cuestión de tiempo.

Díaz nació en Bell Ville, Argentina, en 1961. Estudió Biología, área en la que se graduó en 1984 y se doctoró en 1989, ambos en la Universidad Nacional de Córdoba, en el Centro de Ecología y Recursos Naturales Renovables de esa universidad.

Poco después de doctorarse, en 1993, entró en su misma universidad como profesora, donde sigue trabajando actualmente como investigadora del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, entre otros cargos.

Cómo cuantificar el daño a los ecosistemas

Uno de sus grandes logros, motivo entre otros por los que fue premiada con el Princesa de Asturias, fue la participación en el desarrollo de una metodología capaz de cuantificar los efectos y beneficios que tiene la biodiversidad de las plantas de un ecosistema y su aprovechamiento por parte del ser humano en distintos usos (combustible, alimentación, materiales…) así como su eficacia para contrarrestar el calentamiento global, por ejemplo atrapando CO2 presente en la atmósfera.

Se trataba de encontrar una forma fiable de asignar un valor numérico a estos aspectos, de entender de forma sistematizada (y no “a ojo”) cómo los cambios en el recubrimiento del suelo afectan a las propiedades de un ecosistema al modificar sus funciones y su diversidad. “Los modelos sobre relaciones entre las propiedades de los ecosistemas y la distribución vegetal local son numerosos, pero están diseminados en la literatura científica con distintos grados de apoyo empírico y distintos componentes analizados”, explicaban Díaz y sus colegas en el abstract de ese artículo, dificultando su aplicación generalizada y sistemática, algo que ellos venían a solventar con su herramienta.

Entre otros muchos puestos y cargos, Díaz ha formado parte en varias ediciones de los informes publicados por el IPCC, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático que ya va por su quinto informe y que desde su fundación en 1988 se ha encargado de reunir, unificar y actualizar las evidencias científicas disponibles sobre el avance del cambio climático en sus distintos aspectos y en todo el mundo, a la vez que recomienda a los gobiernos las acciones a desarrollar para frenarlo, compensarlo y tratar de revertirlo. Como recompensa por su labor, el IPCC fue galardonado en 2007 con el Premio Nobel de la Paz (que, a diferencia de los nóbeles de ciencia sí se otorga a entes colectivos) junto a Al Gore.

“Negar el cambio climático pasa por intereses económicos y políticos”

Resultado de su trabajo como investigadora ha desarrollado también una voz clara y crítica en contra de los que niegan la crisis climática: “La evidencia es abrumadora. Negar el cambio climático pasa directamente por intereses muy poderosos económicos y políticos, intereses creados”, decía en una entrevista reciente.

Ya desde los comienzos de su carrera, el estudio y protección de los ecosistemas tiene para ella una clara dimensión económica como herramienta para la lucha contra la desigualdad y la pobreza. “La biodiversidad, que nosotros entendemos no solo como número de especies sino como la trama de la vida sobre la tierra, es fundamental para el bienestar humano”, opina Díaz, no solo en el campo de la salud: “desde la obtención de comida y agua limpia hasta cuestiones de identidad y de inspiración artística y científica, es difícil encontrar un ámbito de la vida humana donde la biodiversidad no juegue un papel fundamental”.

“La pobreza no es inevitable”

También se ha pronunciado sobre la pobreza como algo que no es natural e irremediable, sino que una parte de la población ha creado y naturalizado y que tiene mucho que ver con cómo manejamos y conservamos los recursos: “La pobreza no es una parte inevitable de la vida, algo que sea resultado de la fatalidad o de la falta de recursos para todos. La pobreza es el resultado de la desigualdad, de un modelo económico, político y cultural por el cual unos pocos se benefician de modo inmediato y desproporcionado a costa de la privación, el sufrimiento y el fracaso crónico de gran parte de la gente”, opina la bióloga.

Sandra Myrna Díaz (2016). Imagen: YouTube.

Una privación que incluye arrebatar los beneficios materiales e inmateriales de la biodiversidad de los ecosistemas: “Lo poco que queda del mundo natural constituye el privilegio de los ricos tanto como preocupación intelectual como para disfrutarlo directamente”.

En uno de sus últimos trabajos, como integrante de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos, Díaz participó en la investigación que alertaba del peligro de extinción que sufren actualmente un millón de especies animales y vegetales. A pesar de la alarma, ella considera que no es tarde para revertir la situación: “Estamos en un momento en el que si actuamos de forma decidida y pronta y a un nivel profundo, tenemos posibilidades de salvar la trama de la vida sobre la Tierra”.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

2 Comentarios

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Victoria Muñoz ParedesVictoria Muñoz Paredes

Felicidades por el Premio Princesa de Asturias.
Han hablado mucho los galardonados del 2019 sobre niñas y mujeres.
Hace tiempo que estoy buscando una persona de su especialidad que quiera recoger un poema que escribi sobre una niña de nueve años que mataron. En el poema pido a un botanico le pongan su nombre -Samia- cuando nazca una nueva flor.
A la niña la casaron a los siete años en pago de una deuda del padre. El marido la mato a los nueve años para hacer daño al padre.
Necesitaria un correo para enviar mas informacion y el poema.
Anticipandole las gracias.
Victoria Muñoz.

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