Priscilla Fairfield Bok, la astrónoma que sobornaba al conserje para mirar por un telescopio

Priscilla Fairfield Bok (1928).
Imagen: Bok lecture 2011.

Cuando se habla de la astrónoma Priscilla Fairfield Bok, es habitual empezar por señalar que fue la esposa de otro astrónomo, el holandés Bart Bok. El matrimonio fue una perfecta unión personal pero también científica y profesional, hasta el punto de que, cuando murió Bart en 1983, en el obituario publicado en la revista Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society se podía leer “sería difícil y absurdo separar los logros de él de los de ella”.

Sin embargo, hay que señalar que Priscilla Farfield tuvo méritos más allá de los que consiguió con su marido, empezando por haber perseguido su sueño de estudiar las estrellas en una época en la que ser mujer suponía un obstáculo añadido, especialmente si se provenía de una familia de pocos recursos económicos como la suya.

La familia de Fairfield, nacida en 1896, vivía en un pequeño pueblo de Massachussetts, llamado Littleton, donde su padre era religioso unitario, una rama del protestantismo. Aunque no pasaban penalidades, tampoco su situación era boyante y por eso ella tuvo que trabajar para costearse los estudios. Cuentan que durante sus años estudiando en la Universidad de Boston, los fines de semana sobornaba al guardia para que le dejase utilizar el telescopio del tejado de la universidad, que hoy lleva su nombre. Como resultado de sus observaciones escribió un artículo sobre manchas solares que se publicó en la revista Popular Astronomy.

Investigar en Harvard sin fondos ni remuneración

Se doctoró en la Universidad de California y comenzó a dar clases en el Smith College, una institución para mujeres. Allí continuó con sus investigaciones, pero debido a la escasez de recursos y herramientas de Smith, pronto empezó a frecuentar el observatorio astronómico de la Universidad de Harvard. Allí hacía sus observaciones y análisis y, aunque no obtenía fondos ni sueldo de Harvard, muchos de sus artículos sí se publicaron en la revista científica que publicaba el observatorio.

En 1928, tras ahorrar por su cuenta para el viaje, acudió a la asamblea de la Unión Astronómica Internacional, en Leiden. Esperándola para recibirla estaría Bart Bok, que un año de correspondencia después de aquella reunión se desplazó a Harvard. Se casaron en septiembre de 1929, dando pie también a una fructífera colaboración científica.

Priscilla y Bart permanecieron 25 años en Harvard, él ascendiendo rápidamente a distintos puestos y cargos dentro del área de la astronomía y ella sin recibir nunca remuneración por su trabajo. Cuando tuvieron hijos, ella se quedó en casa para cuidarlos y el número de publicaciones con su firma descendió, si bien en las actividades de divulgación científica al público a menudo intervenían los dos.

Los vendedores de la Vía Láctea

Porque además de sus colaboraciones científicas, Priscilla y Bart dedicaron gran parte de su tiempo y esfuerzo a acercar la astronomía al gran público. En un artículo publicado en 1936 en The Boston Globe se los describía como Los vendedores de la Vía Láctea, y su obra más importante fue un libro de texto para estudiantes, titulado La Vía Láctea, descrito como “uno de los textos de astronomía más exitosos jamás escrito”. Escribieron el libro a medias, y eso supuso, según contaba Bart después, el momento más tenso de su matrimonio.

Al principio teníamos ocho capítulos en el libro. Estuvimos de acuerdo en que yo escribiría cuatro y ella otros cuatro. Después de hacer esto en unos cinco o seis meses, dijimos: ‘Ahora tú toma mis capítulos y yo tomaré los tuyos, y así tendremos un libro más homogéneo’. Bueno, pues un día Priscilla se puso en pie delante de la chimenea y dijo: ‘Si quieres cambiar las cosas así, mi parte se puede ir a la chimenea ahora mismo’. No lo hizo, pero ese fue el momento más crítico de nuestra vida de casados, al intentar unir esos dos bloques de cuatro capítulos en uno solo de ocho. Creo que salió bien […]. Pero te lo digo, escribir un libro con alguien no es fácil siempre si tienes sentimientos fuertes al respecto.

Uno de sus principales empeños con este libro, que tuvieron que actualizar ampliamente en los años siguientes debido al rápido avance de la astronomía, era que fuese fácilmente comprensible para cualquiera, también para quienes no tenían conocimientos profundos en la materia. Para asegurarse de que cumplían este requisito, una vez redactados los textos, los sometían al criterio de un comité imaginario en el que situaban a gente como su nieto. “Cada vez que peleábamos sobre si algo debía ser incluido o no, decíamos, “Ahora, escucha, tienes a tu nieto en nuestro comité. Él no entendería esto’”, contaba Bart.

Observando los cielos australianos

Priscilla Fairfield Bok y Bart Bok (1958).
Imagen: Alchetron.

En 1957, cuando la Guerra Fría lo impregnaba todo y en Estados Unidos se buscaba a posibles colaboradores de la URSS entre intelectuales de todas las áreas, Priscilla y su marido decidieron emigrar y se fueron a Australia, desde donde una porción de cielo totalmente diferente les permitiría ampliar sus observaciones.

Allí, Bart obtuvo el puesto de director del Observatorio de Monte Stromlo en Canberra. Mientras él estaba ocupado en tareas administrativas y políticas del cargo, ella pasó muchas noches a los telescopios del observatorio, observando y analizando los datos, lo cual le resultaba tremendamente satisfactorio, dado su interés en la astronomía básica.

Volvieron a Estados Unidos en 1966. Durante varios años siguieron la misma mecánica de siempre: Priscilla investigaba sin ascender ni cobrar por ella mientras su marido era el que ocupaba un puesto con prestigio, aunque luego las publicaciones las firmaban los dos. En 1972 ella sufrió un ictus que fue deteriorando su salud. Él dejó su puesto como vicepresidente de la Unión Astronómica Internacional en 1974 para cuidar de ella. Priscilla falleció en 1974 de un infarto.

Un asteroide para ella, y otro para los dos

Su trabajo investigador, público y reconocido pero nunca sustentado con proyectos o un sueldo acorde, fue homenajeado tras su muerte. El asteroide (2137) Priscilla fue bautizado en su honor. En la leyenda de ese bautizo se puede leer: “Con su esposo, Bart J. Bok, participó en cuatro décadas de fructífera investigación galáctica, primero en el Observatorio del Colegio de Harvard, después en el Observatorio de Monte Stromlo y en el Observatorio Steward, con breves recorridos en otras partes. También disfrutó impartiendo cursos de astronomía sucesivamente en el Smith College, el Wellesley College y en el Connecticut College para Mujeres. Junto con su esposo, preparó varias ediciones de La Vía Láctea, un título popular entre los Libros Harvard de Astronomía”.

Los Bok también están detrás del nombre de un cráter en el lado oculto de la Luna y del asteroide (1983) Bok. Además, la Universidad Nacional Australiana entrega cada año el premio Priscilla Fairfield Bok a la mejor alumna de tercer año en carreras de ciencias.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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