Tejiendo destellos: Imágenes de la vida de Sylvia de Neymet

Nota de la editora

A principios de este mes recibí un cariñoso mensaje de la matemática Ma. de la Paz Álvarez Scherer. Me comentaba que había tenido “el gusto y privilegio de ser alumna en Topología I de Graciela Salicrup, y de sentir su solidaridad y apoyo siendo yo estudiante joven embarazada y luego con hijos.”

También mencionaba que conocía personalmente a Mary Ellen Rudin, que fueron amigas y la visitó en su famosa casa construída por el arquitecto Frank Lloyd Wright.

En su mensaje, me hablaba también de la gran pionera Sylvia de Neymet Urbina, la primera mujer mexicana en doctorarse en matemáticas y gran amiga de Alejandra Jaidar. Ma. de la Paz comentaba: “Trabajamos juntas y fue una maravilla ser su amiga. Le hicimos un homenaje poco antes de que se jubilara y, precisamente mientras estaba realizando los trámites de jubilación, falleció”. Sylvia de Neymet Urbina (1938-2003) falleció el 13 de enero de 2003.

Ma. de la Paz me envío el enlace a un artículo que escribió en su honor en 2003 comentándome: “Si te sirve de base o si quieres usarlo en su totalidad, es todo tuyo”.

Por supuesto, no he cambiado nada del texto original, que se reproduce debajo tal cual apareció publicado en 2003 en la página de la UNAM dedicada a matemáticas y matemáticos en México (se publicó en papel en Carta Informativa de la Sociedad Matemática Mexicana, Sexagésimo Aniversario, abril 2003, 3-5). Solo he añadido algunos enlaces a personas y lugares, y alguno aclarando alguna expresión coloquial mexicana que desconocía.

Un especial agradecimiento a Ma. de la Paz por escribir y permitir la reproducción de su artículo en Mujeres con ciencia.

Tejiendo destellos: Imágenes de la vida de Sylvia de Neymet

El siguiente texto es una adaptación del leído en el homenaje que la Facultad de Ciencias dedicó a Sylvia de Neymet. Todas las historias fueron contadas por ella misma en deliciosas conversaciones al calor de un café. Hoy, a casi un mes de su fallecimiento, quisiera compartir la inmensa nostalgia de su ausencia.

Sylvia de Neymet.

La mamá de Sylvia quedó huérfana de padre, siendo muy joven, durante la Revolución. Su madre la  impulsó a estudiar en la normal. El primer trabajo que tuvo fue en un pueblo, hoy comido por la ciudad, llamado Santiaguito al cual llegaba todos los días tomando un tren que salía del Zócalo. Además de ser maestra tenía grandes inquietudes artísticas y estudió en La Esmeralda, dedicándose a la escultura. Sus trabajos son orgullo de sus hijos y nietos. La abuela paterna de Sylvia fue maestra muy reconocida del Colegio de las Vizcaínas. Sylvia proviene, pues, de una estirpe de mujeres singulares de principio del siglo pasado: mujeres cultas, mujeres trabajadoras, mujeres artistas.

El papá era ingeniero civil. Para llegar a su primer trabajo tomaba, todos los días, el mismito tren en el Zócalo. Y así, tras largas jornadas viajeras, el ingeniero, delgado, formal, siempre de sombrero, conquistó a la joven maestra. Desde entonces, vivieron en San José Insurgentes-Mixcoac, en una casa llena de arte, de plantas y de pláticas interesantes. Así crecieron Sylvia y sus hermanos.

Estando Sylvia en primaria, pocas cosas la desconcertaron más que el día que su mamá intentó ayudarle en la tarea de aritmética. El problema era de los típicos: “si 15 manzanas cuestan 7 pesos, ¿cuánto cuestan 23 manzanas?” Y ahí estaba Sylvia a punto de empezar a talachear cuando su mamá le pregunta “a ver, dime, ¿es más o menos?”

El asombro de Sylvia fue mayúsculo: “¿Cómo?”

“¿Cuestan más o menos?” volvió a preguntar su mamá.

Sylvia no pudo más y le dijo, “Mamá, en la escuela nos piden resultados EXACTOS, ¡no más o menos!”

La mamá comprendió que nunca había discutido la maestra ninguna forma de razonamiento, que sólo había enseñado procedimientos sin ton ni son y, pacientemente, volvió a formular la pregunta conduciendo la discusión.

Esta situación cambió radicalmente y para bien en la secundaria. Sylvia entró a la Universidad Femenina y su maestra de trigonometría, la que le mostró el placer de razonar fue, ni más ni menos, que nuestra  querida Manuela Garín. Más tarde, en la preparatoria, la extraordinaria profesora Ma. Teresa Sánchez de Padilla, que también daba clases en la ENP, culminó el proceso que enamoró a Sylvia de las matemáticas. Por cierto, el libro de Cálculo que llevaron fue el Vázquez-Barros Sierra, mismo que sería su libro de texto en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Vale la pena mencionar aquí que la Universidad Femenina, fundada y dirigida por la Sra. Obregón Santacilia se convirtió en un centro de desarrollo intelectual muy profundo. Las veladas culturales de los viernes incluían a personajes como Juan José Arreola, Nabor Carrillo, etc. El arte, la ciencia y la cultura en boca de sus creadores, difundiendo entre estas jóvenes las ideas más actuales de la época. En esta escuela y desde la secundaria, tuvo Sylvia a una de sus más queridas amigas, Alejandra Jaidar, de entrañable memoria en la UNAM.

Y así, en 1955, llega Sylvia a la nuevecita Facultad de Ciencias. Ciudad Universitaria llevaba dos años funcionando. Sus maestros del primer año fueron, ni más ni menos que los pioneros: Barajas, Torres, Nápoles Gándara, Graef y Vázquez. Además cursó Temas Selectos de Física con Oyarzábal. El laboratorio de esta materia lo daba Lozano. En este laboratorio, Sylvia rompió un record: Para un experimento de probabilidad, Lozano le pidió a Sylvia, anunciándola como “una mano inocente”, que echara volados. La tal “mano santa” en TODOS los tiros sacó puras águilas… para envidia de cualquier vendedor de buñuelos.

¿Alguien puede pensar en Sylvia de Neymet como una domadora de fieras? Pues ahí donde ven, así fue. Resulta que cuando Sylvia estaba en cuarto año, es decir, cuando era una jovencita de 19 años, el entonces director de la Facultad, Nápoles Gándara, le propone dar clases en la preparatoria. A Sylvia le parece una gran oportunidad y sin preguntar más, acepta.

La sorpresa es que las clases eran de Geometría Analítica para los chavos de la prepa 3. Esto, a los jóvenes de hoy puede no decirles nada… pero los menos jóvenes recordamos que la prepa 3 era, ni más ni menos, que la prepa 1, en San Ildefonso, en la tarde-noche. Y ahí va Sylvia a darle clases a los jóvenes de la nocturna.

Sylvia de Neymet.

Cuando llegó, lo primero que supo fue que sus futuros alumnos acababan de correr, mediante una huelga, a su antecesor. Y la mismita tarde que habló con el director sobre la clase, así, sin más preámbulos, la mandaron a dar su materia. Lo primero que recibió de los chavos fue un reclamo por haber intercambiado, rumbo a la clase, el salón de la planta baja que tenían asignado por otro en el primer piso de un profesor con problemas para caminar. Hay que decir que casi todos sus alumnos eran mayores que Sylvia. Así que todas las tardes ella se ponía el más serio ropaje que encontrara y llegaba a dar su clase. En su casa se reían de su disfraz de maestra seria.

Ese año, 1958, hubo muchas huelgas importantes en México. En particular, hubo una huelga estudiantil contra el alza de precio del transporte. Los chavos de la prepa 3 organizaron brigadas, hicieron propaganda y convocaron a una manifestación al Zócalo. Desde luego, invitaron a su querida profesora: “nosotros vamos por usted y la cuidamos toda la marcha, maestra”.

Al acercarse el final del curso, los alumnos le pidieron a Sylvia que les diera Cálculo el año siguiente. Pero ella estaba a punto de irse a París y no podía hacerlo. El día del último examen llegaron todos los alumnos trajeados, guapísimos. Al final le dijeron a Sylvia que la invitaban a echarse un taquito. Ellos, los más bravos, los de la fama de groseros y de vándalos, le tenían reservada una mesa a su maestra y habían contratado un mariachi para despedirla. ¿Ahora si ven a la domadora de fieras? Si lo gentil no quita lo valiente…

Dicen por ahí que Lefschetz no era precisamente una persona fácil… pero, si los chavos de la prepa 3 cayeron ante la gentileza de Sylvia, ¿cómo iba a resistirse el gran maestro? Y así se convirtió en su alumna de tesis. Él venía los veranos. Sylvia se recibió en 1961.

Antes de recibirse, ya con la tesis hecha, se fue dos años a París becada por el gobierno francés. El primer año vivió en la Alianza Francesa y el segundo en la Casa de México de la Ciudad Universitaria de París. Estudió en el Instituto Henri Poincaré de la Sorbona. Llevó cursos con el Prof. Ehresmann de Topología diferencial (rama de las matemáticas que estaba naciendo), Topología Algebraica y Categorías. Participó en el  seminario de Cartan. Entre sus compañeros estaba Adrien Douady, el famoso y estrambótico desde entonces matemático francés, y Shu-Bei-Shu, un gran topólogo chino.

De regreso a México, pasó por Princeton donde además de visitar a su maestro, conoce a Fox, Milnor y Papakyriakopoulos. Nada más para que se den una idea de la época de la que hablamos, Princeton era EXCLUSIVAMENTE para hombres y este discriminatorio hecho era parte de su orgullo.

Quizá nos parezca totalmente natural, como le parece a Sylvia, esta historia. A ver, sitúense en 1958, piensen en una jovencita y pregunto ¿de verdad les parece natural? ¿a cuántas chavitas más de esa época conocen que lo hicieran? De esta característica de Sylvia, de hacer pasar por natural lo extraordinario, hablaré más tarde.

Al regresar de Francia, Sylvia se recibe. Era abril de 1961. Durante este año da clases, como maestra por horas, en la Facultad de Ciencias.

De la estancia en París, Sylvia ganó en profundidad matemática, en experiencia de la vida y… en el amor. Y así, en abril de 1962 se casa con Michel Christ, joven médico que prendado de la matemática y con el espíritu aventurero que lo caracteriza, deja su país en pos de ELLA. Juntos compartirán aventuras de todo tipo: pesca, buceo, radioafición y la más comprometida de todas las aventuras: tener hijos.

Por estas mismas fechas se produce un cambio importante en el medio matemático: se abre el CINVESTAV. A él se incorporan dos jóvenes recién doctorados en Princeton: José Adem y Samuel Gitler.

El CINVESTAV abre su maestría y doctorado y entre sus primeros alumnos están Francisco Tomás y, claro, Sylvia. En esa época imparte clases en la Escuela de Físico-Matemáticas del IPN a la primera generación (que iba en cuarto año) de Álgebra Homológica y Análisis Matemático.

Al año siguiente, presenta los exámenes generales y nace su hija Simone. Hace su tesis de doctorado con Samuel Gitler y nace Lorraine. En 1966, Sylvia es la primera mujer mexicana que se recibe de doctorado. Se incorpora a la Facultad de Ciencias y nace Pierre. Aunque la historia no lo registra, también en ese año fue la primera reunión conjunta de la AMS y la SMM. La ponencia de Sylvia sobre una parte de su tesis doctoral es expuesta por Gitler.

Y ese mismo año, 1966, Sylvia es nombrada profesora de Tiempo Completo del Departamento de Matemáticas. Los únicos tres tiempos completos eran Sylvia, Víctor Neumann y Arturo Fregoso.

De entonces a la fecha, ha enseñado en más de cincuenta cursos de la Facultad, ha dirigido tesis de licenciatura y maestría, ha sido sinodal (en exámenes profesionales, de maestría y de doctorado), ha dado conferencias en congresos nacionales e internacionales, ha participado en comisiones del departamento de Matemáticas, del CONACYT, ha sido miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Matemática Mexicana, ha impartido cursos en universidades de provincia, ha publicado artículos de investigación y, a últimas fechas, ha dedicado su esfuerzo a la redacción de un libro sobre acciones de grupos que muy pronto será editado por la Sociedad Matemática Mexicana.

Sylvia de Neymet.

Para terminar quiero platicar de mi relación con Sylvia. De una u otra forma, aunque en la licenciatura Sylvia no fue mi maestra, siempre estuvo presente: Sylvia, cuando te saluda, no está siendo  “amable” en el sentido formal de la palabra: te saluda a ti. Cuando te pregunta cómo estás, cómo van las cosas, las materias, cómo te va en tu nueva ayudantía, cómo va tu embarazo, cómo están tus bebés, te está diciendo que lo comparte, que aunque nunca hayas platicado con ella, está contigo.

Fue más tarde, en la maestría, que realmente conocí y desde entonces he disfrutado a Sylvia. Es la más entusiasta y apasionada de la geometría, la topología, de los ejemplos bonitos, me tocó verla enloquecer con las acciones de grupo (ya veía acciones de grupo hasta en la sopa de letritas), el seminario de geometría hiperbólica en el que participamos la entusiasmaba enormemente. Ahí descubrí otra parte de su personalidad; su identidad secreta: Sylvia es “el gis más rápido del Oeste”… ninguna demostración se le para enfrente… una hora es más que suficiente para desenredar los más terribles secretos de teorema alguno… es muy difícil discernir que va más rápido: el gis, sus palabras, las ideas o el implacable borrador… es impresionante y agotador. Saliendo de seminario sólo cabía compartir un café t-r-a-n-q-u-i-l-o.

El momento crucial de nuestra amistad fue el congreso en Guanajuato de 1990. Viajamos Pilar Martínez, Sylvia, Mariana Saiz y yo en el coche de Sylvia. Ahí se rompió cualquier hielo y descubrimos que detrás de lo serio y formal, Sylvia escondía a una mujer divertida, alegre, dicharachera. Recuerdo que Mariana todavía le habló de “usted” a Sylvia… hasta la primera  caseta de la carretera a Querétaro. Sylvia y yo compartimos habitación… y noches enteras de la más deliciosa plática… eran las dos de la mañana y nos decíamos “bueno, ya. Mañana seguimos platicando” apagábamos la luz… y bastaba con que una dijera “pero…” para que la luz se encendiera, y la plática continuara hora tras hora. Las dos vivimos ese congreso con grandes ojeras, bostezos que intentábamos fueran discretos y felices… de ese mismo congreso salió una declaración de la Sociedad Matemática Mexicana (por cierto, muy poco difundida) que, en esas noches de desvelos, Sylvia ayudó a matizar. Nos gustó tanto, que en Morelia y en Guanajuato, una segunda vez, volvimos a hacerlo: madrugadas llenas de buena plática, días de intenso trabajo, cenas departiendo con otros colegas… para reiniciar la madrugada platicando….

Sylvia es gentil, es alegre, entusiasta, Sylvia sabe oír y sabe decirte… Sylvia se sabe la historia de la Facultad de Ciencias; no sólo se la sabe, ha sido partícipe importantísima de ella. Como lo gentil no quita lo valiente, siempre ha tomado posición y ha defendido sus puntos de vista implacable pero gentilmente.

Sylvia se siente apabullada cuando uno le habla de lo excepcional de ella y de su vida. Recuerdo que en el congreso de Aguascalientes, cuando me tocó presentarla para una conferencia magistral, lo único que me pidió fue que no dijera nada que sonara extraordinario. Le parece “cualquier cosa” ser:

  • la “domadora” de la prepa,
  • la alumna de Lefschetz,
  • la primera mujer con doctorado en matemáticas,
  • la primer mujer que fue maestra de tiempo completo del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias,
  • la mamá-maestra de tiempo completo,
  • la maestra que le ha dado su vida a la facultad.

No se da cuenta plena de cómo ella y mujeres como ella desbrozaron el camino para las que vinimos después. Le parece lo natural, lo que había que hacer… y eso es parte de lo que la hace tan especial.

Algún día se tendrá que escribir la historia bien, poniendo a Sylvia, a todas estas grandes mujeres, en el lugar que les corresponde. Quiero acabar parafraseando a Bertold Brecht:

Hay profesores que están un día y son buenos.
Hay profesores que están muchos días y son muy buenos.
Pero hay profesores que están toda la vida;
ésos son los imprescindibles. 

A Sylvia, extraordinaria mujer, extraordinaria matemática, entrañable amiga, imprescindible maestra, un ramo de flores con todo cariño.

Sobre la autora

Ma. de la Paz Álvarez Scherer, actualmente jubilada, estudió la licenciatura, maestría y doctorado en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde fue profesora de tiempo completo. Sus áreas de interés son topología de dimensiones bajas (teoría de nudos), sistemas dinámicos y la enseñanza y divulgación de las matemáticas. En los últimos años ha colaborado con ARTEMAT, con la Sala de Matemáticas de UNIVERSUM (Museo de las Ciencias de la UNAM), y está involucrada e interesada en la conformación de una red de divulgadores de la matemáticas en México.

4 Comentarios

Comenta

Gloria LópezGloria López

Leer sobre estas extraordinarias mujeres, me hace muy feliz. Y me motiva a impulsar a mi hija para que siga el camino que ha trazado. Gracias por difundir

Oziel Arellano ArzolaOziel Arellano Arzola

Buenas noches. ¿Alguna biografía respecto a la Dra Zenaida Elvira Ramos Zúñiga? Fue mi maestra en la UMSNH. Yo la recuerdo con mucho afecto.

Amelia Rivaud MoraytaAmelia Rivaud Morayta

Conocí a Silvia en unas vacaciones que fuimos a Acapulco, con una bola de matemáticos: Samuel Gitler, Carlos Ímaz, el fisiólogo Pablo Rudomin, Juan José Rivaud y una bola de chamacos. Era muy sencilla, como todos ellos y acabo de enterarme de su brillante trayectoria y de su fallecimiento.
Un texto muy vivo e interesante.

Deja un comentario

Obligatorio

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>