María M. Intxaustegi: “Los pecios son cápsulas del tiempo que portaban los mayores avances tecnológicos de cada sociedad”

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Foto_1Iniciar una travesía bajo una lluvia intensa, rumbo a Donostia, por una autopista en permanente transformación, donde no es extraño ver los restos de naufragios en forma de camión o automóvil varado, en el mejor de los casos en un arcén, puede recordar bastante a una singladura tormentosa.

Avistar el abrigo del puerto de destino siguiendo la estela de agua de quien va a proa, no infunde demasiada esperanza cuando tras doblar alguna elevación del terreno arrecia la tormenta, la visibilidad se acorta y uno piensa que puede llegar a convertirse en uno de esos pecios, en este caso de carretera, que estudia María M. Intxaustegi, pero una vez “atracado” el coche en refugio seguro, llegar a la sede de la Sociedad Cultural de Investigación Submarina (INSUB) merece la pena.

Entrar en el área de Arqueología Subacuática es hacerlo en una sección de la bodega de un ballenero del siglo XVII. Allí está todo lo que se esperaría encontrar: vértebras de ballena; recuerdos de viajes anteriores, como un trozo de madera en pleno proceso de desalación, que guarda en su interior un clavo solo visible a los ojos expertos de quien sabe analizar los cambios de color de la madera con el paso del tiempo; una colección de anclas que aguardan apoyadas contra una pared un lugar mejor en el que reposar; y sobre las mesas, cubiertas de cajas que ocultan otras joyas, dibujos exquisitamente precisos de los pecios que María Intxaustegi ha estudiado. Cada tabla, cada clavo, casi cada arruga de la madera, está en esos dibujos.

A pesar de su juventud, nació en Donostia en 1989, María se comporta como una capitana ante grumetes recién enrolados y antes de comenzar la entrevista ya está vomitando información, como las balas de un galeón cuyos cañones asoman por las troneras abiertas.

Javier San Martín (JSM) A pesar de que seguimos mirando y viviendo de cara al mar, al menos aquí en la costa, da la sensación de que hemos perdido buena parte de la cultura marinera.

María Intxaustegi (MI) Está presente sólo que la gente no lo sabe. Si no conoces de dónde vienen las cosas, no sólo los objetos, sino también las palabras, pierdes mucha información importante. Cuando le dices a un amigo “vete al carajo”, por ejemplo, lo que le estás diciendo en realidad es que suba al palo mayor y vaya al puesto donde están los vigías. Normalmente cuando pensamos, no en el marinero recio, sino en la gente de la ciudad que navega, la idea que nos viene a la cabeza es la del millonario con su yate o su velero de un millón de euros y no es así para nada. Se puede disfrutar del mar sin tener que navegar.

(JSM) ¿Cuánto queda por descubrir en el océano?

(MI) ¡Uf! Invertimos millones para ir al espacio, pero no hemos investigado lo que hay en el océano al completo todavía. El problema es que no se ve, y como no se ve, no se reconoce la valía que tiene ni puedes ver lo hermoso y lo tranquilo que es. Bucear es una de las actividades más relajantes que hay. Es como si estuvieras en un estado de concentración total. Es maravilloso y facilísimo.

Tesoro Vs patrimonio

María Molina Intxaustegi se licenció en historia y arqueología en la Universidad del País Vasco, es Investigadora del Departamento de Historia Medieval, Moderna y de América de la misma universidad y recientemente ha sido nombrada vocal de arqueología del INSUB.

(JSM) A bucear no enseñan durante la carrera, ¿no?

(MI) (Se ríe a carcajadas) No –responde rotundamente– claro que no.

(JSM) Y entonces, ¿de dónde la viene ese interés por dedicarse a algo tan específico como la arqueología subacuática?

(MI) Me matriculé en historia porque me gustaba la historia, no pensando en que iba a ser arqueóloga subacuática. Antes de entrar tampoco sabía lo que significaba ser arqueólogo de verdad, porque no te lo explican. Durante la carrera te enseñan lo que son los sedimentos, los estratos, cómo se hace una excavación, se te cae el mito y descubres la realidad… y además me encanta el mar. La bahía de Donostia es mi piscina particular. De pequeña iba con el tubo, con las aletas,… y llegó un momento en que, después de ahorrar mucho dinero, porque bucear es caro, me hice buzo profesional. Yo pensaba dedicarme como buzo a las obras portuarias después de licenciarme, pero uní las dos pasiones y descubrí la arqueología subacuática.

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María M. Intxaustegi realizando mediciones a una
vértebra de ballena. Foto: ©Izaskun Lekuona.

(JSM) Cuando hablamos en los medios de comunicación de que se ha localizado un pecio, generalmente detrás ponemos la palabra tesoro, pero pocas veces conocimiento…

(MI) ¡Ah! ¡Eso es culpa vuestra como gremio! Y te reconozco que os tengo bastante tirria en ese aspecto, porque es muy sencillo cambiar la palabra tesoro por la de patrimonio. Ese cambio ya es radical. Las palabras significan cosas, por lo tanto, es muy importante elegir las palabras adecuadas, máxime en un medio de comunicación. Ahora por ejemplo está de moda el galeón San José y leemos titulares que discuten de quién es el tesoro del galeón. Ese planteamiento es erróneo. No es el tesoro, es el patrimonio del galeón. Un patrimonio que es de todos, de la humanidad. Ni es sólo de España, ni de Colombia, ni de quien lo ha encontrado, ni de quien lo quiere vender o se lo quiere quedar en su casa, es de todos.

(JSM) ¿Cuándo otorgamos el valor de patrimonial a un objeto?

(MI) ¿Qué diferencia hay entre un ancla lítica y una piedra? Las dos son piedras, pero una de ellas representa algo más de una simple roca. No te lo puedes llevar, hay que investigarla. El patrimonio, como objeto per se, no tiene valor, es el valor que nosotros le damos para que sea patrimonio, algo que nos pertenece como nuestra herencia. Si estas empresas sacasen unas publicaciones científicas, hiciesen sus análisis pertinentes… pero sólo destruyen, destrozan el yacimiento, se llevan aquello que les interesa y luego lo exponen, lo venden o hacen lo que quieren. Ellos no investigan, expolian. Eso no puede ser. Y si ocurre es porque se mueven en un mercado negro de tráfico de antigüedades con el que consiguen tanto dinero.

(JSM) Con los cazatesoros se llevará fatal…

(MI) (Habla en tono de broma, aunque muy seria en el fondo) Tenemos una relación estable. Ellos me odian y yo les quiero meter en la cárcel.

(JSM) Pero, ya que una de las quejas habituales de los arqueólogos subacuáticos es que no hay medios ni recursos para investigar y estas empresas parece que si los tienen, ¿no sería mejor alquilar sus servicios, bajo la supervisión de un arqueólogo, a cambio de una parte de ese patrimonio, que nosotros recuperaríamos cuanto antes y que ya no estaría al albur de otros cazatesoros?

(MI) Siempre creo que hay que llegar a acuerdos, que los matices deben ser grises, pero hay veces que el gris es tan claro que es blanco, o tan oscuro que es negro, y este es uno de esos casos. No se debe vender patrimonio porque sientas una base tan peligrosa que no se sabría dónde poner el límite. Por eso, cuando Florida dio la razón al gobierno español en el caso de la “Mercedes” sentó un precedente magnífico que es: “Si robas patrimonio, pagarás las consecuencias”, y eso fue fundamental. A los cazatesoros ni agua.

Navío español de 74 cañones. Animación de la distribución interior del casco.
Navío español de 74 cañones. Animación de la distribución interior del casco.

Los muros de madera y la batalla de Trafalgar

Cuenta la historia, casi convertida en leyenda, que el oráculo de Delfos reveló a los griegos la manera en que se salvarían de los persas durante las Guerras Médicas. La profecía decía que tenían que refugiarse tras los Muros de Madera… Atenas no tenía muros de madera pero sí barcos. Los que Temístocles había mandado construir poco antes. Evacuar la ciudad en los muros de madera salió bien a los atenienses, si pensamos en que el menos pudieron reconstruirla, tras ganar la guerra a las hordas de Jerjes.

(JSM) ¿Qué podemos aprender de los pecios de usted investiga como arqueóloga?

(MI) El ser humano antes que agricultor fue marinero y pescador. El barco, como medio de vida, de transporte o de conquista ha sido el objeto sobre el que se han plasmado los mayores avances tecnológicos que han tenido las distintas sociedades. Si eres bueno investigando y te rodeas de un equipo pluridisciplinar, puedes descubrir cosas impresionantes en una cápsula del tiempo tan bien conservada como un pecio. Hoy en día el transporte más rápido que tenemos podría ser el avión o el cohete. ¿Cómo se llaman las ciencias que los estudian? Aero-náutica y astro-náutica. La náutica era donde se plasmaba el mayor avance tecnológico, y esos avances, sobre todo a partir de la edad moderna, también se trasladan al armamento. Se construyeron cañones con mayor potencia, para armar los barcos con ellos hizo falta recalcular el arqueo y se pensó en cómo mejorar los buques que traían la plata para conservar el imperio y hacerlos más robustos, pero a la vez más rápidos… Las mayores innovaciones tecnológicas de cada sociedad que miraba al océano se plasmaban en el barco, así que podemos aprender muchísimas cosas.

(JSM) ¿Qué es lo más raro que han encontrado?

(MI) Cañones destrozados, que te hacen pensar cuánta pudo ser la potencia de fuego que tuvo que desarrollarse para destruirlo, marfiles para decoración,… o la vez en la que en una excavación de unos galeones en Cádiz se localizaron unos barriles, que tras ser estudiados se abrieron. Al salir a la superficie los arqueólogos estaban bañados en rojo y daban miedo. Los barriles llevaban grana cochinilla.

Pero a título personal me gusta la madera, saber cómo estaba construido el barco. Cuando veo una tipología constructiva que no entiendo me obsesiono y me pongo a buscar nueva información porque no es algo que esté muy estudiado. Las carlingas, por ejemplo, son un elemento muy importante para un barco, porque es donde se fijan los palos. Imagínate en medio de una batalla naval, donde el carpintero de ribera, que vive en el barco, libra la suya propia taponando vías de agua, quitando astillas, reparando clavazones y todo lo que pueda para proteger entre otras cosas esa carlinga. Esa es por ejemplo una de las piezas estructurales de un barco que a mí me encantan.

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La investigadora sujetando uno de sus dibujos.
Foto: ©Izaskun Lekuona.

Desde los tiempos de Temístocles, aquellos muros de madera han sufrido transformaciones que los han llevado a convertirse en una suma equilibrada de planchas de hierro flotante. La historia nos ha dejado en el recuerdo los nombres de muchos de ellos, y los de sus capitanes. Cristóbal Colón estará para siempre unido al de sus carabelas, como Smith al “Titanic”, o Cosme de Churruca al San Juan Nepomuceno.

Precisamente, de los astilleros de dónde fue botado un navío único en su clase que participó junto al San Juan en la batalla de Trafagar, ha realizado María Intxaustegi un trabajo que le ha valido el V Premio Iberoamericano del Mar Cortes de Cádiz. Hablamos por supuesto de los astilleros de la Habana y del “Santísima Trinidad”.

En el momento de nombrar el cabo donde tuvo lugar aquella batalla, María echa la cabeza hacia atrás y suelta un pesado soplido. Parece pensar: ¡otra vez no!… “es que parece que es la única batalla en la que los ingleses ganaron por enésima vez… ¿pero contra quién crees que perdió Nelson el brazo?… ¿Y la batalla de Cartagena de Indias? Al menos Blas de Lezo se ha puesto de moda hace pocos años…”.

María Intxaustegi está realizando su Tesis Doctoral sobre el astillero de la Habana en el siglo XVIII y sobre los navíos allí construidos y, por la cara que pone, adivina por dónde va mi siguiente pregunta.

(JSM) Y yo que quería hablar del “Santísima Trinidad”…

(MI) Si ya lo sé, si ya lo sé… El “Santísima Trinidad”… El Escorial de los Mares. Originalmente era un buque de tres puentes y 112 cañones. Cuando llegó a Cádiz le hicieron una carena posterior en el que le añadieron un cuarto puente y más cañones. Ese barco tiene una estela mágica, pero no era útil en combate. Era pesadísimo y muy poco maniobrable. La potencia de fuego era mayor claro, pero no era muy efectivo. Nelson rompió la línea en Trafalgar con una maniobra que ya había realizado antes en la batalla de Abukir. Hay más batallas, más historias, pero al final la historia con mayúsculas la escriben los vencedores y a mí me gusta darles voz a todos. Me gusta estudiar quién fue la gente que taló los árboles, quién los transportaba hasta el astillero, la gente que vivía, trabajaba y moría en el propio astillero, la gente que tripulaba esos barcos… eso me interesa bastante más que un comandante que un día decidió liarla parda y cambiar el curso de la historia como pasó con Villeneuve.

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El Pelayo acude en ayuda del Santísima Trinidad (centro de la imagen) en el combate del Cabo San Vicente (1797).
Oleo de Antonio Brugada. Museo Naval.

(JSM) ¿Y por qué nos pasa que nos acordamos siempre de Nelson mientras que de Villeneuve y de los marinos españoles no se acuerda casi nadie?

(MI) ¡Uy, qué va! ¡Napoleón se acordó muchísimo de Villeneuve! (Ahora sí bromea). No, en serio, en la plaza Gipuzkoa si miras al edificio de la Diputación desde el estanque de los patos ves cinco bustos. Son los grandes marinos de Gipuzkoa: Urdaneta, Elcano, Oquendo, Lezo y Legazpi. Quién quiere saber, sabe.

(JSM) ¿Cuánto queda de ese astillero de La Habana?

(MI) El astillero de La Habana tenía exactamente las mismas dimensiones que la estación de tren de La Habana, porque se construyó encima. Quedar, si queda. Debajo.

Investigación en arqueológica submarina

(JSM) ¿Cómo de difícil es encontrar un barco hundido?

(MI) Nunca te pones a buscar por buscar. La toponimia es muy importante. Si encuentras un lugar con el nombre de Cabo la Nao, o Bahía del náufrago es una indicación. Los pescadores suelen ser la vía más común. Me han llamado pescadores de Getaria que dicen que han visto un ancla “vieja”, por ejemplo. No te dan la coordenada GPS, que es lo que me gustaría, pero más o menos te dicen donde está. Otras veces el movimiento de las arenas deja al descubierto los restos, los buceadores recreativos comprometidos te avisan… y luego están los hallazgos casuales. Por eso son tan importantes las cartas arqueológicas subacuáticas, porque ponen de relieve todos los restos arqueológicos que hay bajo el mar. Eso siempre pensando en la zona próxima a la costa. Los pecios profundos son otra cosa: ahí podemos hablar también de nuevas tecnologías como sonares de barrido lateral, electromagnetismo, penetradores de lodo… pero es un material muy caro que no utilizamos si no tenemos la seguridad de que haya un barco. Las obras portuarias como las de dragado también facilitan los hallazgos, por eso es importante una legislación que obligue a tener un control arqueológico de este tipo de obras.

(JSM) ¿Qué metodología siguen para trabajar bajo el agua? ¿Cuadriculan el terreno como se hace en tierra firme?

(MI) La arqueología subacuática es la arqueología terrestre pero en el agua y el buceo es el medio para llegar hasta allí. En teoría no hay diferencias con lo que se hace en tierra firme, pero en la práctica sí porque la situación te obliga a innovar. Tienes que atender al tipo de mar en el que vas a trabajar, no es lo mismo el Mediterráneo que el Atlántico y por supuesto no es lo mismo una zona con corrientes que una bahía casi cerrada. O un río. En algunos sitios puedes dejar las chuponas porque sabes que no se van a mover. En el Cantábrico todo lo que bajamos lo tenemos que volver a subir después de cada inmersión porque si los dejas pueden aparecer al día siguiente en Escocia. Somos un poco como McGiver. Hay que saber un poco de todo, y con lo que tienes, amoldarte a las circunstancias porque generalmente no trabajas al lado de la playa. Si estás cerca de tierra firme puedes apañar cualquier problema, pero si te encuentras en un barco a 5 millas de la costa trabajas con lo que has llevado. Se piensa fuera del agua, se planifica todo muy bien en superficie y abajo vas a trabajar, no a pensar en innovar. Tienes un tiempo de fondo, un tiempo limitado para hacer las cosas. Haces lo planificado y subes. Por lo tanto, la planificación previa tiene que ser muy intensiva.

Por eso es tan importante la formación y por eso no se debería trabajar con alguien que no sea arqueólogo. No es que no haya buceadores recreativos con una técnica infinitamente mejor de buceo que el arqueólogo, pero es que es precisamente el arqueólogo el que sabe hacer arqueología, desde distinguir sedimentos, realizar fotografías útiles para un fotomosaico, o tratar el objeto encontrado con el cuidado que requiere. Tiene unos conocimientos adquiridos en una licenciatura que le permiten trabajar de forma correcta y efectiva ya que el fin de una excavación será la investigación científica. No el expolio.

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Vista cenital del pecio de Urbieta. Foto en: Izaguirre, M y Valdés, L. «Avance de excavación del pecio
del siglo XV de Urbieta (Gernika)». Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº2.
Untzi Museoa-Museo Naval. Donostia-San Sebastián. 1998. pp. 35-41.

(JSM) ¿Qué aparato cree que se podría inventar para mejorar el trabajo en arqueología subacuática?

(MI) (Vuelve a reír abiertamente). Bueno, ahora se está investigando mucho con los ROVs, los vehículos operados por control remoto, no estaría mal uno especializado en arqueología subacuática. Pero más que un aparato tecnológico, lo que necesito son más personas preparadas. ¿De qué me sirve, por ejemplo, un chisme para distinguir cañones de una aleación metálica concreta si luego no tengo gente competente para interpretar los datos? Las máquinas son sólo máquinas. El trabajo más importante, el de la interpretación de los datos sólo lo puede hacer un arqueólogo. Si yo tuviera un dendrocronólogo, un restaurador especializado que bajase al agua conmigo, un especialista en cañones y otro en arquitectura naval, un buen dibujante subacuático, un mecánico que arregle las motobombas… Eso sería impresionante. Yo no necesito un aparato electrónico para mis investigaciones. Necesito a esta gente. ¡Lo cual no quita que la tecnología me ayude muchísimo y que no haga uso de ella!

(JSM) ¿Por qué es tan difícil que todas estas investigaciones lleguen a la opinión pública?

(MI) Hay dos factores. El primero, la escasa difusión entre académicos. Los investigadores no comparten su trabajo. No lo suficiente en mi opinión. Realizan proyectos y reciben permisos de excavación sin que hayan hecho una publicación científica al respecto. Si diversos investigadores trabajan sobre distintos pecios de la misma época; y bien por el idioma, porque cada uno lo hace en el suyo; o porque otro no publica sus resultados; o porque el trabajo es malo, no podemos relacionar estos pecios. Si no se publica no vamos a poder avanzar en la investigación. No puede ser que no se publiquen los resultados de las excavaciones. Tampoco me sirve que se publique a los 25 años de haber excavado tal o cual yacimiento. No tiene sentido porque si no se publica no existe. Si trasladamos esa problemática a la divulgación pública, el resultado es parecido. Los periodistas deberían tomárselo un poco más en serio…

Arquitectura naval

El cine nos ha enseñado que los arqueólogos se dividen en dos clases. Los ratones de biblioteca y los arqueólogos de campo, generalmente identificados con Indiana Jones. “Quizás responda más al perfil aventurero, pero acabo de venir de una estancia de 3 semanas en el Archivo General de la Marina y he tenido que estar ocho horas diarias entre legajos del siglo XVIII. Dentro de la investigación, me parece de las partes más tediosas, pero es igualmente importante. Un buen trabajo de investigación en la época moderna, que es en la que yo trabajo, no puede estar exento de una buena labor documental. Presupuestar las campañas es todavía peor”.

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María Molina Intxaustegi posa tras una lancha neumática en el INSUB. Foto: ©Izaskun Lekuona.

(JSM) Entre sus viajes de investigación ha recalado en la Universidad de Texas. ¿Qué estuvo haciendo allí?

(MI) Fui invitada por el profesor Filipe Castro, Director del Departamento Ship Reconstruction Laboratory (Laboratorio de Reconstrucción de Barcos). En la Texas A&M University hay uno de los mejores programas universitarios de arqueología subacuática, o Nautical Archaeology (Arqueología Náutica). Dentro de esta universidad tiene su sede el INA, el Institute of Nautical Archaeology, prácticamente salido de la mano de George Bass, considerado el padre de la arqueología científica subacuática.

Estoy realizando un doctorado internacional y por lo tanto tenía la posibilidad de hacer una estancia de investigación en el extranjero. Tras solicitar los permisos y con la aceptación de Filipe Castro fui allí a seguir estudiando la arquitectura naval del siglo XVIII.

(JSM) ¿Y con los suecos?

(MI) Tengo una relación maravillosa con Johan Rönnby, profesor de la universidad de Göteborg, en Suecia. Johan Rönnby me ganó el corazón cuando dijo en una entrevista que él se consideraba a sí mismo un arqueólogo humanista.

(JSM) ¿Qué quiso decir con eso?

(MI) Que historia y arqueología van unidas. Que es un todo complejo y son disciplinas hermanas que juntas nos llevan a una mejor comprensión de nuestro pasado. Y tiene toda la razón. Después de conocernos en persona e intercambiar datos y experiencias, me invitó a unirme a un proyecto muy bonito y ambicioso. Allí exploramos la posibilidad de una relación estrecha y/o transmisión de ideas, entre la construcción naval vasca, que tiene mucha tradición, y la nórdica, que tiene aún más. Los balleneros vascos navegaban por el Mar del Norte y luego, según avanzaron en la técnica de construir bajeles, lograron llegar a las costas de Islandia y Terranova. No es descabellado, por lo tanto, pensar en una transmisión de ideas al respecto y en una relación entre dos culturas, aparentemente aisladas, mucho más estrecha de lo que antes se había pensado. Ese es mi reto, probarlo científicamente.

Ahora esperamos que con este proyecto de excavación del pecio “Gribshunden”, que fue el buque insignia del rey danés Hans I, y hundido mientras estaba anclado en 1495, podamos hacer un análisis comparativo con los pecios de Orio, de Urbieta, etc. y así establecer unos nexos comunes.

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Fachada del edificio de la diputación con los bustos de los marinos ilustres de Gipuzkoa.

(JSM) ¿En qué son mejores en Texas o Suecia?

(MI) Los suecos quizás en medios económicos y académicos. Forman muy bien a sus alumnos y tienen medios y apoyos del gobierno para la investigación. También he notado bastante conciencia ciudadana… Y en el caso de Estados Unidos no te podría decir porque hablamos de un país enorme. No se puede generalizar.

(JSM) ¿Y en qué destacamos aquí?

(MI) Aquí hay gente que, luchando contra viento y marea, son unos arqueólogos subacuáticos impresionantes. Sin los mejores medios, ni en las mejores circunstancias, pero con una buena metodología y voluntad de superación, con publicaciones de primer nivel, se han logrado grandes investigaciones. En Euskadi mismo, Manu Izagirre y Joshan Galdona, mis compañeros de aventuras, fundaron INSUB junto con otros integrantes en los tiempos de Franco.

(JSM) ¿Hay muchas mujeres dedicadas a la arqueología subacuática?

(MI) Sí… en España he visto mucha igualdad de género al respecto. En el Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía (C.A.S.), que está en Cádiz, son todas chicas, salvo un hombre, creo. ¡Y qué chicas! ¡Qué guerreras son! En Texas también vi bastante igualdad. Quizás en los congresos sí que veo menos representación femenina, aunque no tan escasa como para pensar en una desigualdad de género.

Arqueología y educación

(JSM) No hace mucho se han publicado varios estudios internacionales que decían que el mar se ha convertido en un vertedero de plástico. ¿Ha podido comprobarlo?

(MI) ¡Oh, sí! En todas sus variantes. Es desolador ver cómo se están alterando los ciclos de las corrientes, que afectan mucho más de lo que nos podemos imaginar, es tristísimo ver como se enganchan las anillas de plástico de las latas en los animales o cómo se tira basura al mar pensando que se desintegrará como por arte de magia… Yo he llegado a ver remeros de traineras que durante su sesión de entrenamiento en mar tiraban por la borda las botellas de agua de plástico…

(JSM) Quiero terminar hablando de educación. ¿Qué itinerario debe seguir alguien que quiera dedicarse a la arqueología subacuática?

(MI) Gracias al esfuerzo de gente comprometida con la causa como Xabier Nieto, se está empezando a crear una formación reglada en arqueología subacuática en universidades que están mirando al Mediterráneo. No en Euskadi. Ni siquiera en toda la cornisa cantábrica. La Universidad de Cádiz, por ejemplo, está desarrollando un máster y un programa de doctorado exclusivo de arqueología subacuática, Barcelona tuvo un máster, Valencia da diplomas… incluso la universidad de Zaragoza incluye nuestra disciplina en su temario de asignaturas. Y nada en las universidades que miran al Cantábrico. Es una pena.

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No pudimos resistir echar una mirada al Cantábrico al terminar la entrevista desde la solitaria playa de Zurriola.
Foto: ©Izaskun Lekuona.

(JSM) ¿Como llegan a la universidad los futuros arqueólogos?

(MI) El sistema universitario español tiene cosas buenas y otras malas. Centrándome en mi carrera creo que el nivel es muy bajo. Se podría exigir mucho más. Se debería exigir mucho más. Me parece inconcebible que en la facultad de letras, ingresen alumnos que no sepan escribir y leer correctamente. ¡En la facultad de letras no se enseña a poner tildes! Textos científicos, ensayos… Eso es lo que hay que aprender. Tampoco me parece bien la división que hay actualmente en bachillerato entre letras y ciencias. Yo fui por ciencias y siempre estaré agradecida por ello.

Como arqueóloga subacuática debo tener conocimiento de química para entender el funcionamiento del isótopo del carbono en la datación por Carbono 14 o para comprender la concreción que se crea alrededor de los objetos metálicos dentro del agua. Dibujo técnico para dibujar las secciones de los barcos. Matemáticas para calcular arqueos. Física para entender causas de un naufragio. Economía para presupuestar correctamente campañas arqueológicas… ¡Ahora dime que las humanidades no son ciencia!

(JSM) ¿Por qué está ocurriendo esto?

(MI) Viene de los inicios del sistema público de educación del siglo XIX en Inglaterra, cuando con la Revolución Industrial se dieron cuenta de que necesitaban mano de obra especializada y se creó un sistema en el que te decían qué tenías que pensar para poder desarrollar esa labor específica en el menor tiempo posible. Tenías que entrar a la fábrica a producir. Es impresionante pensar que el sistema como concepto, no ha cambiado desde el siglo XIX. El sistema educativo no se adapta a puestos de trabajo que hace menos de 10 años no existían. No se fomenta la curiosidad y la curiosidad hay que tomársela muy en serio. No te enseñan a ser crítico… No te enseñan cómo pensar. Se da la lista de los reyes godos, que no interesa a ningún adolescente para que la memoricen y vomiten esa información en un papel… Cuando tenga hijos quiero que aprendan cómo pensar, no qué pensar.

(JSM) ¿Sucede lo mismo en otros países?

(MI) No generalicemos. En Estados Unidos, en las buenas universidades (las de matrícula carísima) el nivel es muy alto. Se exigen a diario muchísimas lecturas, en todas las asignaturas, y muchísimo trabajo personal fuera del aula. Te reconozco que me da envidia ver lo bien formados que salieron amigos míos que estudiaron en Berkeley o el MIT. En Italia, por ejemplo, donde viví un año, los exámenes eran orales. El profesor estaba sentado enfrente y te hacía preguntas que no venían en el temario pero que, a su vez, estaban relacionas porque quería juzgar como habías asimilado la información dada en clase. Como todo, depende de la facultad, del profesor y del propio alumnado.

Sinceramente, creo que si la historia o la arqueología no es la pasión de una persona y no está dispuesta a sacrificar tiempo y dinero en formación complementaria… no debería perder el tiempo y debería ir tras aquello que realmente le guste. Tenemos la inmensa suerte de vivir en un país del primer mundo con igualdad (teórica, –añado de mi cosecha–) de derechos y de oportunidades seas hombre, mujer, blanco, negro o azul. Debemos aprovecharlo.

Sobre los autores

Esta entrevista ha sido realizada por Javier San Martín @SanMartinFJ. Las fotografías son obra de Izaskun Lekuona @IzaskunLekuona y es una colaboración de Activa Tu Neurona @ACTIVATUNEURONA con el blog Mujeres con Ciencia.

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