No pienses en un elefante rosa

En Europa el sólo 20% de las cátedras universitarias mejor financiadas están dirigidas por mujeres, y la misma situación se repite en otras instituciones relacionadas con la investigación de alto nivel. Los motivos que pueden explicar este desequilibrio son múltiples y se pueden trasladar fácilmente a otros campos y esferas públicas. Incorporar más mujeres a la ciencia repercute en una mejora de la misma y en el conjunto de la sociedad: integra nuevas perspectivas y maneras de hacer. En una sociedad cambiante y mestiza como la actual, un debate profundo sobre la gestión de la diferencia y la mejor manera de incorporar nuevas sensibilidades que la hagan avanzar es más necesario que nunca.

El pasado mes de febrero tuvo lugar el ciclo “Mujeres y ciencia” organizado por el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) e ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats). Durante el segundo debate “En primera persona: La voz de las mujeres investigadoras”, muchas de las ideas y reflexiones que surgieron son aplicables a muchos campos de la vida. Este artículo recoge algunas de las más llamativas.

El ser o no ser… mujer asiática en un examen de matemáticas

Diversos estudios psicológicos demuestran que un individuo que forma parte de grupo o población, asume como propia la valoración hecha al grupo, y esto le condiciona. La influencia del estereotipo en el rendimiento de cada uno se valoró a partir de los resultados en un examen de matemáticas en clases mixtas. En un grupo se repartía el examen sin más. En el otro grupo, mientras se repartía el examen, se comentaba a la audiencia que había menos chicas que chicos en la clase. El resultado, las notas de la chicas del segundo grupo eran peores que las del primero.

Pero el estereotipo no siempre juega en contra; por lo general se cree que los asiáticos son buenos en matemáticas. Entonces, ¿qué pasa si eres mujer y asiática?,  ¿cómo te irá el examen de matemáticas? En clases con estudiantes asiáticas se observaba un mejor rendimiento si antes del examen se mencionaba que las persones con orígenes asiáticos mostraban mejores aptitudes para las matemáticas, y peores resultados si lo que se remarcaba era el prejuicio del género en la clases con estudiantes de nuevo mujeres y asiáticas. Del mismo modo que si te dicen: no pienses en un elefante rosa…, si ya te lo ha imaginado, ¿no? Si acentúan tu pertenencia a un grupo, tú y tu cerebro respondéis a ello.

La amenaza del esterotipo

Pepa Toribio (Profesora de investigación ICREA en la Facultad de Filosofía de la Universitat de Barcelona) reflexionó sobre los factores que empujan a uno a elegir estudios, y qué creemos que es importante en cada carrera. En general, las carreras dichas de letras son cursadas por más mujeres que hombres, pero esta tendencia se rompe cuando hablamos de filosofía, donde las mujeres representan el 20-30% de los estudiantes. Estos niveles se asemejan a los porcentajes que encontramos en carreras como la astrofísica. Esta relación es paralela al hecho que la sociedad considera que la genialidad es un factor importante en ambas carreras. Además, se cree que en filosofía la dialéctica entendida como la capacidad de vencer al oponente con argumentos juega un papel importante en el campo, y esto es percibido como un rol claramente masculino (ver [1]).

Harry Potter y el gen del genio

Por lo general el estereotipo que la sociedad tiene sobre un colectivo condiciona los componentes del mismo. En el caso concreto de las mujeres y el mundo académico, puede afectar desde el rendimiento en un examen hasta estudios superiores que se deciden cursar.

Para ilustrarlo, Verònica Benet (Profesora de investigación ICREA del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universitat Pompeu Fabra) resumía la situación con un “Más importante que ser brillante es creer que se es brillante”.  Pero a menudo la genialidad va asociada a roles masculinos, jamás a femeninos. Como en la saga Harry Potter donde el protagonista es un mago excepcional, tiene algo especial, un don, una capacidad natural. Mientras que su gran amiga Hermione le ayuda en múltiples ocasiones con su magia, pero su gran capacidad no es gratis, se forja a base de mucho estudio y esfuerzo. Se omite el hecho que a menudo la idea genial, la intuición, la corazonada viene precedida de mucha dedicación, de haber leído sobre el tema, profundizado y meditado y de pronto… un día sí, ¡un día la inspiración te sorprende! ¿Te sorprende?

Por otro lado, en el mundo académico se da mucha importancia a la capacidad intelectual, pero hay otros muchos factores iguales o más importantes para el éxito. Por ejemplo, la actitud frente a un contratiempo: si en el camino para comprobar tu hipótesis tiendes a descartarla, o si buscas la manera de salvar el obstáculo y seguir con tu idea. Otro factor importante es la gestión del grupo y la capacidad de liderazgo. Además hay factores muy relevantes en la carrera, pero que no dependen de uno mismo, sino del entorno, como son la visibilidad y el reconocimiento que consigue tu trabajo.

Si no lo haces tú no lo hará nadie

Un buen motivo para que las mujeres hagan ciencia, más allá de la búsqueda de la excelencia e igualdad, es que ellas se interesan por nuevos campos que de otra manera no se abordarían. Un ejemplo de esto es el estudio de la personalidad múltiple, tan en boga ahora en nuestras sociedades multiculturales. Hasta hace pocos años la psicología aceptaba que uno tenía su personalidad y con ella lidiaba su vida, tanto en la esfera personal como profesional. Los estudios de las diversas identidades fueron liderados por mujeres, fueron ellas quienes se interesaron por este campo.

The gatekeep

No es sencillo ni tiene una solución fácil y rápida resolver el sesgo de género que existe en el mundo académico como en tantos otros. Como ejemplarizó Mara Dierssen (Directora de Investigación en el Centre de Regulació Genòmica de Barcelona) a veces, aún con la mejor de las voluntades, se cae en el estereotipo intentando luchar contra él, como le ocurrió a la Comisión Europea con el video Science it’s a girl thing que pretendía estimular a jóvenes a cursar estudios científicos. Al final, pretendiendo combatir el sesgo cayó en el cliché: mostrando bellas jóvenes llevando tacones bien altos y paseándose por el laboratorio cual pasarela de moda.

Otro tema de debate son los paneles evaluadores, encargados de valorar los proyectos y responsables de decidir qué se financia y qué no. Solo un ejemplo al respecto: el comité que otorga el Severo Ochoa, distinción de excelencia en el estado Español, está compuesto por 40 evaluadores. Enl 2011, de los 40, tres eran mujeres. Al año siguiente dos y en el 2013 no había ninguna mujer. Situaciones como esta se reproducen en los muchos comités de instituciones europeas y en los editoriales de revistas científicas (como sucede en los órganos directivos de las empresas). Estos comités juegan un papel importante en la carrera de todo investigador, desde filtrar los trabajos que llegarán a un mayor número de lectores hasta valorar y financiar los proyectos.

Una habitación (o proyecto) propi@

Si Virginia Wolf reclamaba una habitación propia, Louise McNally (Catedrática de Lingüistica en el Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la Universitat Pompeu Fabra) apuntaba que en lingüística una persona puede ser la directora de su propia investigación ya desde el primer día de la tesis. Algo mucho más difícil en otros campos como las ciencias naturales, donde el peso del grupo y las instalaciones con equipaciones potentes juegan un papel mucho más importante. Esto podría explicar en parte porque el número de mujeres que realiza un doctorado y continúa en la carrera es mucho mayor en el campo de la lingüística.

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En la fotografía del acto, las ponentes del debate de izquierda a derecha: Pepa Toribio, Louise McNally, Verònica Benet,
Mara Dierssen y el presentador del debate Josep Maria Antó Boqué (Catedrático de Medicina de la Universitat Pompeu Fabra
y director del Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental). Fotografía de Cristina Miró-Julià.

En el debate se citó a Stephen J. Gould (1941-2002) y su conocida frase “science must be understood as a social phenomenon, a gusty human enterprise”.  Como actividad humana realizada por la sociedad que es la ciencia, sus protagonistas viven bajo el influjo de ésta; cuanto más abierta y plural sea, mayor y más diversos serán sus protagonistas y más profundo y mejor será su avance.

Referencias

[1] Sarah-Jane Leslie, Andrei Cimpian, Meredith Meyer and Edward Freeland, Expectations of brilliance underlie gender distributions across academic disciplines, Science 347 (2015) 262-265.

Sobre la autora

Cristina Miró-Julià es doctora en Biomedicina por la Universidad de Barcelona. Tras realizar una estancia en la Universidad de Columbia (NY), trabaja en Biokit I+D. Le gusta explicar lo que no se ve.

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