Jill Tarter: “La buscadora de señales”

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Jill Tarter.

“¿Estamos solos en el Universo?”, “¿Existe vida más allá de la Tierra?”, “¿Hay vida inteligente en otros planetas?”. Son preguntas que la humanidad viene haciéndose desde hace mucho tiempo y aun no tienen respuesta.

Los avances científico-tecnológicos llevados a cabo a partir del siglo XIX hicieron pensar que la posibilidad de encontrar vida inteligente más allá de la Tierra podría ser plausible. Grandes nombres como Nicola Tesla, Guglielmo Marconi o Lord Kelvin así lo creían.  Pero si ha habido una persona que ha dedicado toda una vida a responder a las preguntas arriba planteadas esa ha sido una mujer. Una astrónoma tan importante que el mismísimo Carl Sagan se basó en ella para escribir su afamada novela: “Contact”. Esa mujer es Jill Tarter, la astrónoma que buscaba señales en el espacio.

Jill Tarter nació en New York el 16 de enero de 1944. Hija de un jugador de futbol profesional y una trabajadora de la industria de la moda, ya desde pequeña iba a contracorriente. Según sus propias palabras “destacaba por hacer cosas de chicos tales como ir de acampada, pescar, trabajar con herramientas, etc. Era más un hijo que una hija”. Según se iba haciendo mayor su padre la animó a pasar más tiempo con su madre para hacer así “cosas de chicas”. Pero eso no iba con ella. En aquella época Jill tenía ocho años y tenía claro lo que quería ser de mayor: ingeniera.

No fue fácil. Durante la escuela secundaria adoraba las matemáticas y la física. Quiso cursar carpintería, pero las normas de género de la época no dejaban que las mujeres eligieran esa asignatura, por lo que fue obligada a coger la asignatura de economía doméstica. Jill prosiguió con sus estudios en la Universidad de Cornell, donde se licenció en Ingeniería Física en 1965. En aquellos años era la única mujer en una clase de trescientos estudiantes. La ventaja era que los profesores siempre sabían quién era ella. La desventaja era la política universitaria de la época, que tenía la responsabilidad de velar por la seguridad de los alumnos. Por ello, a diferencia de los estudiantes, las estudiantes no podían salir de sus habitaciones de diez de la noche a seis de la mañana. Fue duro, ya que tenía que resolver todos los problemas sola y no aprendió a trabajar en equipo.

Decidida a explorar vías diferentes a la ingeniería, consiguió su Máster y su Doctorado en Astronomía por la Universidad de California, en Berkley, en 1971 y 1975 respectivamente. Su tesis doctoral se basó en el estudio de enanas marrones, término que ella misma acuñó para referirse a cuerpos celestes que no son exactamente estrellas ni planetas, sino objetos subestelares con masa insuficiente para mantener reacciones nucleares de fusión de hidrógeno.

Durante la etapa universitaria Jill tuvo su primer contacto con el mundo SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence) gracias a lo que posteriormente sería el proyecto SERENDIP (Search for Extraterrestrial Radio Emision from Nearby Developed Intelligent Populations) que la Universidad de California lanzó en 1979. En aquellos primeros inicios de los años setenta Jill se unió casi por casualidad al grupo de Stu Boyer, un astrónomo de su universidad que quería buscar vida extraterrestre utilizando radiotelescopios. El Dr. Boyer trabajaba en el Hat Creek Radio Observatory donde Jill era la encargada de utilizar un ordenador muy concreto. Nunca antes hasta entonces de había planteado trabajar en SETI, pero el Dr. Boyer le pasó un informe que cambió su vida, el del proyecto “Cyclops”, un proyecto de la NASA de 1971 donde se explicaba cómo llevar a cabo investigaciones con radiotelescopios para encontrar señales de radio que podrían ser emitidas por algún tipo de inteligencia extraterrestre. No fue la tecnología o el procesado de señales lo que más entusiasmó a Jill, sino la idea de que después de tantos años, los humanos tuvieran por fin las herramientas y los experimentos que podrían responder a la pregunta de si estamos solos en el universo.

Jill Tarter en el Observatorio Arecibo. © Louie Psihoyos/Corbis
Jill Tarter en el Observatorio Arecibo. © Louie Psihoyos/Corbis.

Desde entonces Jill Tarter se convirtió en una pionera en ciencia SETI. Según sus propias palabras era afortunada, ya que el SETI era un área novedosa y la discriminación de género no existía”, aunque tuvo que sortear otros prejuicios relacionados con el hecho de buscar extraterrestres. No todos veían esa búsqueda como algo útil. Cuando le preguntaban sobre el por qué buscar señales de vida inteligente en otros planetas siempre respondía que era una forma de entender la física y la química del Universo. Según ella, el saber si somos el único planeta habitado y el único con una especie inteligente sería una buena forma de conocer el espacio exterior.

Fue una de las fundadoras del SETI Institute (1984) y durante años formó parte de muchos proyectos internacionales de investigación tales como el NASA SETI High Resolution Microwave Survery (HRMS, 1992-1993). Posteriormente fue directora del Proyecto Phoenix del SETI Institute. Este proyecto, que duró desde 1995 hasta 2014 escrutó cerca de ochocientos sistemas estelares parecidos al sistema solar con radiotelescopios situados en Australia, West Virginia y Puerto Rico. Durante esta etapa Jill creó, junto con Margaret Turnbull, el denominado HabCat (Catalog of Nearby Habitable Systems), catálogo que contiene una selección de 17 129 estrellas candidatas a tener exoplanetas potencialmente habitables. Fue poseedora del Bernard M. Oliver Chair for SETI en el SETI Institute entre 1997 y 2012 y directora del Center for SETI Research entre 1999 y 2012. Diseñó junto a su equipo el Allen Telescope Array (ATA), un sistema único compuesto por cuarenta y dos antenas de 6,1 metros cada una, situado en el Hat Creek Radio Observatory y que comenzó sus operaciones en 2007. El proyecto combina observaciones astronómicas y la búsqueda de señales de vida inteligente y, si consigue los fondos necesarios, pretende tener hasta trescientos cincuenta radiotelescopios que permitirán observar los cientos de exoplanetas descubiertos recientemente por el satélite Kepler, así como los exoplanetas ya anteriormente conocidos que se encuentran en miles de sistemas estelares.

contact_saganJill Tarter se jubiló en 2012 después de treinta y cinco años de trabajo escaneando el Universo y buscando señales de inteligencia extraterrestre. Ha recibido muchos reconocimientos a lo largo de su carrera, tales como el premio TED (Technology, Education, Design) en 2009, que premia a personas con visión para cambiar el mundo, o el Lifetime Achievement Award from Women in Aerospace (1989). La revista Time la consideró una de las cien personas más influyentes del mundo en su famosa lista de 2004 y una de las veinticinco personas más influyentes en el espacio en 2012. Incluso el Asteroide 74824 Tarter (199TJ16) se llama así por ella. En los últimos años se ha centrado en la educación científica y en la divulgación. Ha sido la investigadora principal de dos desarrollos curriculares (“Life in the Universe Series” y “Voyages Throught Time”) y colabora dando charlas en museos, escuelas, etc, sobre la importancia del STEM en general y SETI en particular. Anima a los nuevos buscadores de extraterrestres a no cesar en su empeño.

Aunque la mayoría no lo sepamos, Jill Tarter es muy conocida en la cultura popular. Y es que Carl Sagan se basó en ella para su personaje de Ellie Arroway en la novela Contact. La novela fue llevada al cine años después (1997) por Robert Zemeckis con Jodie Foster como protagonista. Jill y Jodie trabajaron juntas preparando el personaje. La actriz se esforzó en presentar a Ellie como a una científica trabajadora, apasionada, que quería respuestas, que no se rendía y que además se divertía con su trabajo. Jill quedó muy satisfecha con esa idea ya que era una buena referencia para niñas y jóvenes. De hecho, cuenta Jill que durante años muchas mujeres le han dicho que esa película las inspiró para estudiar carreras STEM. Aunque también tiene pegas. Resulta que hay dos grandes errores en la película. El primero es matemático. El personaje de Ellie Arroway cita una versión modificada de la Ecuación de Drake que calcula la probabilidad de encontrar una civilización inteligente en el Universo, y para tristeza de Jill, estos cálculos son incorrectos. El segundo de los errores está relacionado con un walkie-talkie. Y es que cuando el personaje de Ellie recibe la señal extraterrestre en el campo de radiotelescopios lo primero que hace es comunicarlo utilizando un walkie. Desgraciadamente, en la vida real, la señal del walkie interferiría con la recibida del espacio, estropeando considerablemente el momento.

Jill Tarter. © SETI.
Jill Tarter. © SETI.

Dice Jill Tarter que cuando era niña y paseaba por la playa mirando a las estrellas, se imaginaba a otros niños haciendo lo mismo en otras playas de otros planetas en otros sistemas de estrellas. Para ella era obvio que si hay tantas estrellas y tantos planetas en el universo no podíamos estar solos. Ha dedicado su vida a responder esa pregunta, y aunque todavía no ha conseguido la respuesta, lo ha hecho con la ilusión de la niña que fue. Y es que, según sus propias palabras:

Ser científica significa que nunca debes crecer. Nunca debes de parar de preguntarte por qué.

Referencias

Sobre la autora

Aitziber Lopez (@lopez_aitzi) es doctora en química por la UPV/EHU.

4 Comentarios

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Aitziber LopezAitziber Lopez

¡Muchas gracias Adonita!
Dicen que Carl Sagan invitó a Jill a cenar y la mujer del escritor, la también escritora y productora Ann Druyan, le dijo que su marido estaba escribiendo una novela en la que reconocería facilmente a la protagonista. ¡Y así fue!
Personalmente creo que teniendo en cuenta la vida de Jill, se entiende perfectamente el estupendo caracter de Ellie Arroway en la novela/película.

Clariola Fenoll GarcíaClariola Fenoll García

Muchas gracias.Me ha encantado conocer a esta gran científica.Feliz año 2017.Salud y alegría.

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