Conociendo a Elena Cattaneo

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Elena Cattaneo, 2013.

No sé quién es Elena Cattaneo y no sé absolutamente nada sobre células madre. En el imponente y coqueto escenario que es el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián escucho a Ricardo Díez Muiño presentar a la siguiente ponente. Presto una atención dispersa mientras mi mirada recorre los palcos de terciopelo rojo, porque sé por experiencia que las presentaciones siempre son, lógicamente, exposiciones del mérito del ponente para estar en aquel escenario.

Elena Cattaneo aparece en el escenario tras un atril que es casi más alto que ella. Tras la pantalla del ordenador aparece su cabeza, con el pelo despeinado y un gran collar de bolas blancas que le cubre el cuello. Es menuda, muy menuda, pero en el momento en que comienza a hablar se convierte en un gigante que captura la atención del público que abarrota el teatro.

Su voz es fina, como corresponde a su figura, pero su tono es firme y contundente. Habla un inglés muy italiano, muy apreciado por el público español porque se le entiende perfectamente.

I love science.

Con esta frase tan contundente y pronunciada con amor y decisión comienza su exposición. Casi invisible para el público si no fuera por los planos en la pantalla gigante, Cattaneo nos conduce por su viaje vital y profesional, que son al fin y al cabo el mismo.

Sobre una simple diapositiva de un desierto, con su inglés atropellado y sonoro, explica que la “ciencia es un territorio inexplorado, enorme y desconocido en el que puedes hacer lo que quieras; seguir las huellas de los que pasaron antes o trazar tu propio camino yendo por una ruta que nadie jamás haya emprendido”. Para ella la ciencia es la oportunidad de pensar, de preguntarte cosas, de tener ideas; pero advierte que “es muy fácil enamorarse de nuestras ideas porque, por supuesto, son las mejores y por eso tenemos que ir al laboratorio y probarlas… no enamorarnos. La mayoría de las veces descubriremos que estábamos equivocados”.

Libertad e independencia son fundamentales para la ciencia. 

Tras la preciosa exposición de amor a la ciencia y a su trabajo, que destila pasión y que (me) encandila totalmente, Cattaneo entra en la parte más técnica de su conferencia. Su especialidad es la investigación con células madre para intentar descubrir el origen y una posible cura de varias enfermedades neurológicas. Durante los siguientes 20 minutos, y sin soltarnos ni un segundo de la mano metafórica con que nos agarra para que no nos perdamos, Cattaneo nos explica qué es la enfermedad de Huntington, cuándo fue diagnosticada, cuándo empezó a estudiarse y qué sabemos sobre ella.

Nos proyecta este emotivo vídeo de un reportero inglés, corresponsal de guerra que se enfrenta a la certeza de que morirá de Huntington igual que su padre y su hermano.

Con el corazón en un puño tras este vídeo nos adentramos, entonces, en la parte más científica de la charla. Elena nos muestra cómo ya se ha descubierto que el origen de la enfermedad está en una repetición excesiva de una secuencia genética. Más de 35 repeticiones de la secuencia CAG significa sufrir la enfermedad. Pero Elena nos lleva más lejos: ¿por qué se produce esa repetición excesiva? ¿La sufren otros animales? ¿Cuándo aparece esa secuencia en la historia de los animales? Paso a paso, poco a poco, va respondiendo preguntas que seguramente muy pocos de los asistentes nos habíamos hecho o sabíamos siquiera que podían hacerse.

¡Adoro las células y la idea de que estamos hechos de ellas!

La charla es como un viaje a ese desierto que nos mostró en las primeras diapositivas. Cattaneo nos lleva a un territorio completamente desconocido y nos muestra el camino que ella ya ha recorrido y lo que ha ido encontrando. Nos ha enseñado y alentado, y termina su conferencia tal y como empezó, con otra declaración de amor a la ciencia:

La ciencia no es solo una lista de ideas, es una manera de entender nuestra ignorancia mientras compartimos el entusiasmo por nuevas ideas. 

Al día siguiente, en un encuentro con estudiantes de ESO y bachillerato, Cattaneo se mostró igualmente cercana y entusiasta, y de todos los maravillosos consejos que dio a los 300 estudiantes que abarrotaban la sala me quedo con esta reflexión aplicable para todos.

Debemos recordar que vivimos en el lado más afortunado del planeta tierra. Tenemos mucha suerte. Por la mañana cuando me despierto veo el vaso medio lleno, nunca lo veo medio vacío. Tenéis la suerte de vivir en un país precioso en el que se ha organizado este fantástico encuentro y no habéis hecho nada para merecerlo, simplemente habéis nacido aquí. Habéis tenido esa fortuna y ahora os toca a vosotros hacer la otra mitad para tener éxito en la vida.

Maravillosa Elena Cattaneo y fantástico Passion for Knowledge 2016.

Mi más profundo agradecimiento al DIPC (Donostia International Physics Center) por brindarme la oportunidad de asistir a este evento.

Sobre la autora

Ana Ribera (Molinos), historiadora con 16 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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