Jocelyn Bell: “La ciencia y la religión son compatibles si no te dicen qué tienes que creer”

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Foto_1La mañana del 10 de febrero jarreaba en Bilbao. Aunque las previsiones meteorológicas anunciaban mejor tiempo en la costa mediterránea, no deja de sorprender que un trayecto de avión de apenas una hora y 10 minutos pueda ponerte en la tesitura de que te sobre casi toda la ropa y de poder pasear por la playa…

Jocelyn Bell aterrizó al filo de las 12 y media en el aeropuerto de Manises. Le esperaba José Antonio Font, profesor asociado del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Valencia donde Bell iba a impartir dos conferencias. La primera de ellas titulada ‘Reflections on the discovery of pulsars’ (Reflexiones sobre el descubrimiento de los púlsares) a las 4 en punto de esa misma tarde.

Después de comer, y gracias a la mediación de Toni, hablamos con la astrofísica norirlandesa, descubridora de la primera radioseñal de un púlsar, cuando se preparaba para la charla en el Salón de Grados, situado en la primera planta de la Facultat de Matemàtiques, del Campus de Burjassot.

Las palabras de Toni, justo antes de comenzar, no dejaban mucho margen: “No te enrolles”, me soltó. Traducido a otro lenguaje, aquello fue lo que los periodistas llamamos coloquialmente un atraco en el que arma de mano suele ser la temida grabadora y los minutos, escasos.

A pesar de lo apremiante de la situación, Jocelyn Bell es de las pocas personas que responde a las prisas con sonrisas abiertas y palabras sencillas. Hablando lentamente, casi como si el tiempo, que ya se nos echaba encima, fuera una ilusión. (Quizá lo sea para un físico, pero en absoluto lo es para un periodista).

La casualidad (o la causalidad) ha hecho que podamos hablar con Jocelyn Bell la tarde antes de que se confirme la primera observación de un fenómeno de la física que predijo Albert Einstein hace una centuria. La existencia de las ondas gravitacionales.

Javier San Martín (JSM) ¿Cuándo va a ocurrir la próxima gran noticia de la astronomía?

Jocelyn Bell (JB) Mañana por la tarde…

(JSM) (Creo que arqueo las cejas y supongo, por cómo continúa la conversación, que ahora tengo la cara a mitad de camino entre el pasmo y la de quien cree que le están tomando el pelo).

(JB) No, en serio, mañana por la tarde. Estamos a la expectativa de un gran anuncio sobre las ondas gravitacionales y eso es muy grande… si los rumores son ciertos.

(JSM) ¿Y será un descubrimiento realizado por una mujer?

(JB) El anuncio de mañana será realizado por un gran grupo (de personas) y hay muchas mujeres trabajando en él haciendo un gran trabajo.

Jocelyn y el Nobel

Susan Jocelyn Bell Burnell (Belfast 1943) es una de esas mujeres que pertenece a la nómina de quienes merecen el Nobel (como Lise Meitner y Rosalind Franklin), pero que, no lo llegaron a recibir. Su caso fue, al menos, igual de sangrante que el de la austriaca y la británica.

Desde niña estuvo en contacto con la astronomía, porque uno de los encargos que recibió su padre, arquitecto, fue el de mejorar el Observatorio Armagh y su biblioteca. Esta primera aproximación a la ciencia junto con el empujón de un profesor de física de la “Mount School” en York, le llevaron posteriormente hasta las universidades de Glasgow y Cambridge, donde estudió su doctorado bajo la dirección de Antony Hewish.

Por entonces, la radioastronomía era una disciplina incipiente que había demostrado recientemente su valía en la investigación del espacio. A finales de los años 50 del siglo pasado, Allan R. Schmidt descubrió las primeras fuentes de radio cuasi-estelares (cuásares). El proyecto de doctorado de Jocelyn Bell trataba precisamente de la construcción y utilización de los aparatos necesarios para la observación más precisa de esos nuevos objetos celestes.

Jocelyn Bell en la Universidad de Cambridge en 1968. Foto: Daily Herald.
Jocelyn Bell en la Universidad de Cambridge en 1968. Foto: Daily Herald.

Corría el año 1967 cuando Bell, como estudiante de doctorado, analizaba los datos de los radiotelescopios. Entre ellos detectó una débil señal que presentaba una regularidad asombrosa. El pulso llegaba exactamente cada 1,3 segundos. Tan precisa era aquella señal que la designó con el nombre LGM-1 (Little Green Men-1) o pequeños hombres verdes-1, es decir, que llegó a pensar en la posibilidad de que estuviera generada por una inteligencia extraterrestre.

Tras descartar que aquella misteriosa frecuencia procediera de un satélite o de una civilización alienígena, Bell llegó a la conclusión de que aquellos latidos del espacio eran indicios de que se encontraba ante algo nuevo en astronomía. Unos objetos que se conocerían con el nombre de púlsares, los restos de la explosión de una supernova.

El comité de los premios Nobel quiso reconocer en el año 1974 el trabajo realizado por las personas que habían inventado nuevos modos de escuchar el universo y premió a Sir Martin Ryle y a Antony Hewish. A ambos “por sus pioneras investigaciones en astrofísica” y en concreto a Ryle “por sus observaciones e invenciones, en particular por la técnica de síntesis de apertura” y a Hewish, “por su papel decisivo en el descubrimiento de los púlsares”. A pesar de que el Comité de los Nobel puede laurear hasta a tres personas, la descubridora de los objetos por los que se premiaba directamente a Hewish no recibió el galardón, lo que decepcionó a la comunidad científica.

(JSM) Usted está jubilada, pero sigue siendo profesora visitante en la Universidad de Oxford…

(JB) Sí, así es y también soy presidenta de la Real Sociedad de Edimburgo, que es la Academia Escocesa.

(JSM) ¿Y sus estudiantes conocían su caso con respecto al Premio Nobel?

(JB) Sí, probablemente sí.

(JSM) ¿Y qué pensaban, qué decían sobre esto?

(JB) No mucho… (Risas) Ya sabes, normalmente tenemos mucho trabajo duro que hacer, así que supongo que estarían pensando en el trabajo.

(JSM) ¿Es posible seguir creyendo en la ciencia después de su caso?

(JB) Creo que no entiendo la pregunta.

(JSM) Quiero decir si es una buena opción como carrera, como dedicación, como forma de vida…

(JB) ¡Oh! Sí, sin duda.

(JSM) ¿A pesar de lo que le pasó?

(JB) Sí, estoy segura de que sí…

(JSM) ¿Y es posible creer en los humanos?

(JB) (Se ríe abiertamente) … Sí, definitivamente sí.

(JSM) Creo que es usted el ejemplo vivo de que en nuestra sociedad las mujeres todavía están marginadas. ¿Cree que debe ser una prioridad luchar contra la marginación de las mujeres en la ciencia?

(JB) Sí, creo que la ciencia es mejor si está realizada por diferentes personas, de distinto nivel jerárquico, con experiencias o bagajes muy diferentes. Y esto supone el encuentro entre hombres y mujeres, pero también, el de personas de diferentes países y razas… Los equipos de científicos, los grupos de investigación, son más fuertes si son diversos.

(JSM) ¿Y cómo podemos hacer esto que propone?

(JB) Estamos encontrando muchas maneras de hacerlo. Una de las que parece funcionar mejor en este clima (crisis económica) es la del control del dinero público que se concede, por ejemplo.

En Gran Bretaña tenemos un buen ejemplo en la Oficial Médico Jefe (es la más alta asesora en materia de salud del gobierno británico y la máxima responsable del servicio de salud civil. En estos momentos la hematóloga y Dama del Imperio Británico, Sally Claire Davies). Ella gestiona algunos fondos destinados a la investigación científica y propone que sólo los grupos de investigación que demuestren respetar los valores de género puedan tener acceso a esos fondos. Y esto lógicamente tiene un gran efecto. (Risas)

(JSM) Obviamente… ¿Qué lecciones hemos aprendido de su caso?

(JB) Creo que el Comité de los Nobel ha cambiado, porque en 1993 le dieron un nuevo Nobel a una investigación sobre los púlsares y el premio fue para un científico y sus estudiantes, no sólo para él. Ambos, él y el equipo ganaron el premio. Así que creo que, en ocasiones, las formas de medir han sido diferentes. (El Premio Nobel de física de 1993 fue para Joseph H. Taylor Jr. y para Russell A. Hulse, entonces su estudiante de doctorado, por su descubrimiento de un nuevo tipo de púlsar que abría nuevas posibilidades en el estudio de la gravitación).

Ciencia y religión

(JSM) Se podría pensar que para alguien que se educó en una escuela cuáquera para chicas podría existir conflicto entre la ciencia y la religión, pero no es su caso. ¿Es posible combinar la ciencia y la religión?

(JB) (Responde categóricamente y segura de sí misma) Sí.

(JSM) ¿Cómo pueden vivir ambas en el mismo mundo?

(JB) Creo que depende del tipo de religión. Depende de a qué iglesia pertenezcas. Los Cuáqueros, “La Sociedad Religiosa de los Amigos”, no te dicen en qué tienes que creer, y eso está muy bien.

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Jocelyn Bell. Ilustración de Adam McDade.

A pesar de no haber ganado el Nobel, es una de las científicas más influyentes del Reino Unido y ha recibido otros galardones. Entre ellos, la medalla Herschel de la Real Sociedad Británica de Astronomía en 1989 por su descubrimiento de los púlsares o la medalla de Oro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en junio de 2015.

Mañana, en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la profesora Jocelyn Bell impartirá otra conferencia que se titulará ‘We are made of star stuff’ (Estamos hechos de materia de estrellas), en la que explicará cómo la mayor parte de los elementos que constituyen al ser humano se produjeron muchos millones de años atrás en el núcleo de las estrellas. Como Carl Sagan escribió al final del capítulo 11 de su famosa serie “Cosmos”, somos el producto de 15.000 millones de años de evolución y necesariamente la sociedad técnica más atrasada de la galaxia, porque una sociedad más atrasada ya no dispondría de la radioastronomía con la que una joven científica, estudiante de doctorado, descubrió uno de los objetos más extraños del espacio, los púlsares.

Sobre los autores

Esta entrevista ha sido realizada por Javier San Martín @SanMartinFJe Izaskun Lekuona @IzaskunLekuona y es una colaboración de Activa Tu Neurona @ACTIVATUNEURONA con el blog Mujeres con Ciencia.

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