Linda B. Buck, feliz por ser científica

Como mujer en la ciencia, espero sinceramente que mi recibimiento del Premio Nobel sirva de mensaje para las jóvenes de cualquier parte del mundo, que sepan que tienen las puertas abiertas y que les sirva de estímulo para cumplir sus sueños.

Linda B. Buck
© The Nobel Foundation 2004
© The Nobel Foundation 2004

Linda Buck, eminente investigadora en el campo de la ciencia de la percepción sensitiva, obtuvo con Richard Axel el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2004 en reconocimiento a su labor pionera en el descubrimiento de los “receptores olfativos y la organización del sistema del olfato”.

Linda B. Buck nació el 29 de enero de 1947 en Seattle (Washington) en el seno de una familia de origen sueco que emigró a los EE.UU. a finales del siglo XIX por parte de madre, e irlandesa por parte de padre. Es la segunda de tres hermanas. Su madre se dedicó al cuidado de la familia, el hogar y la educación de sus hijas y su padre ingeniero eléctrico, dedicaba su tiempo libre a realizar y construir inventos en el patio de la casa. La propia Linda cuenta en su autobiografía que el interés de su madre por los puzles y los inventos de su padre, fueron la semilla de su futura afinidad por la ciencia, aunque nunca se imaginó de niña que llegaría a ser científica.

Como siempre tuvo gran interés en ayudar al resto de las personas, inicialmente eligió estudiar psicología, pensando ser psicoterapeuta, y en 1975 obtuvo el doble grado en Psicología y Microbiología en la Universidad de Washington. Finalmente se decantó por la biología, tras hacer un curso sobre inmunología, y se trasladó a la Universidad de Texas, al Southwestern Medical Center de Dallas, donde se doctoró en Inmunología en 1980.

Richard Axel y Linda Buck. The Gairdner Foundation
Richard Axel y Linda Buck. The Gairdner Foundation

En 1991, publicó por primera vez con Axel sus trabajos conjuntos sobre la identificación de los citados receptores olfativos, fruto de sus investigaciones para explicar la habilidad de los mamíferos para detectar una vasta cantidad de sustancias químicas originarias de distintos olores. Los resultados de este estudio sobre el olfato fueron sorprendentes, ya que identificaron al menos 1.000 genes (3% de nuestros genes) diferentes que estaban activos en la nariz de las ratas. Dichos genes sirven de receptores olfativos, que a su vez son capaces de reconocer y memorizar las en torno a 10.000 sustancias odoríferas conocidas. Cada célula olfativa está especializada, por tanto, en identificar un número concreto de olores, cuya señal envían al cerebro mediante impulsos eléctricos. Todos los receptores son proteínas relacionadas entre sí, pero difieren en pequeños detalles; cada receptor consiste de una cadena de aminoácidos que está anclada a la membrana celular y la atraviesa siete veces. Sus investigaciones las realizaron utilizando ratones, animales que poseen más receptores olfativos que los humanos.

Hasta la década de los noventa, en que presentaron sus resultados, el olfato había sido uno de los sentidos más enigmáticos, y las investigaciones se centraban sobre todo en analizar la audición y la visión, dos sistemas sensoriales aparentemente más vitales. Buck y Axel revolucionaron este campo de investigación al ser quienes primero utilizaron la metodología molecular para determinar el funcionamiento de este sentido. A partir de entonces, continuaron sus trabajos por separado. El siguiente objetivo de Linda fue averiguar cómo se organizaban las señales de esos receptores en el cerebro para generar las distintas percepciones olfativas.

Receptores olfativos y organización del sistema del olfato. © The Nobel Foundation 2004
Receptores olfativos y organización del sistema del olfato
© The Nobel Foundation 2004

En 1993 y 1994, Buck publicó la explicación de cómo funcionan las células nerviosas en la nariz, describiendo la forma de las neuronas que conectan el epitelio olfativo de la nariz con una parte del cerebro denominada bulbo olfativo.

Como para Linda siempre ha sido muy importante encontrar aplicaciones de sus resultados de investigación para ayudar a las personas, al trasladarse a un centro de investigación sobre el cáncer, esperaba colaborar con sus investigaciones sobre el olfato y el gusto al desarrollo de nuevos fármacos que bloquearan el amargo sabor de algunos medicamentos contra el cáncer.

Linda en su laboratorio. © Dan Lamont/DPA
Linda en su laboratorio. © Dan Lamont/DPA

Merece la peña destacar la dedicación completa de Linda a su trabajo. Ella misma relató al periodista Daniel Lyons de Forbes que había trabajado contra reloj durante tres años: “Solía dedicar de 12 a 15 horas al día a mi trabajo, me levantaba iba al laboratorio y no regresaba hasta altas horas de la madrugada”.

Linda Buck se siente muy feliz por ser científica: “Cuando miro atrás en mi vida veo que la fortuna me ha tocado por haber sido científica. Poca gente tiene la oportunidad que yo he tenido de poder hacer cada día lo que más me gusta, lo que adoro hacer. He tenido excelentes personas como mentoras, colegas y estudiantes con quien explorar lo que me fascina y he disfrutado de los éxitos y descubrimientos, y estoy agradecida por todas estas cosas y expectante por aprender que será lo siguiente que nos desvele la Naturaleza”.

Sobre la autora

Teresa Nuño Angos es Doctora en Ciencias Químicas y Catedrática de E.U. de Didáctica de las Ciencias Experimentales de la UPV/EHU. Es además Directora para la Igualdad de la UPV/EHU.

2 Comentarios

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Elena Vecino

Después de tantos años en la ciencia, he perdido un poco la fascinación por la persona que está detrás del investigador. Eso no me sucedió con Linda Buck cuando la conocí hace dos años en Cambridge. Aun siento la admiración del momento en que la escuché por la elegancia y seguridad con que presentó los resultados científicos. ¡Se notaba perfectamente su autoría en cada uno de los experimentos!. Un lujo de científica y de mujer.

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