Las imágenes en Internet amplifican los sesgos de género

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Las imágenes en Internet amplifican los sesgos de género

Cada vez dedicamos menos tiempo a leer y más tiempo a mirar imágenes. Buscamos información en Google, navegamos por Instagram, TikTok o Wikipedia y, casi sin darnos cuenta, construimos nuestra visión del mundo a partir de las imágenes que vemos.

En apenas dos décadas, Internet ha pasado de contener miles a tener miles de millones de imágenes. Hoy las fotografías y los vídeos dominan nuestra experiencia digital y son procesados por nuestro cerebro de forma más rápida, emocional y memorable que el lenguaje escrito.

Primeras imágenes que aparecen al buscar «engineer» en Google (5 agosto 2026).

Imaginemos que una niña de diez años busca en Internet «ingeniería», «investigación» o «ciencia». Antes incluso de leer una sola línea de texto, habrá visto decenas de fotografías. Esas imágenes no solo ilustran la profesión: también le transmiten, de forma casi imperceptible, quién parece pertenecer a ella.

Pero ¿qué ocurre si esas imágenes presentan una realidad sesgada? En el artículo «Online images amplify gender bias», publicado en la revista Nature, un grupo de investigadores e investigadoras se pregunta si las imágenes transmiten más sesgos de género que las palabras.

Para responder esta pregunta, analizaron más de un millón de imágenes procedentes de Google, Wikipedia e IMDb, junto con miles de millones de palabras extraídas de esas mismas plataformas. También estudiaron 3495 categorías sociales, incluyendo profesiones como medicina, ingeniería, enfermería o carpintería.

Los resultados mostraron un patrón muy consistente. Las imágenes no se limitan a reflejar los estereotipos de género existentes, sino que los amplifican mucho más que los textos.

Un sesgo mayor en las imágenes

El trabajo demuestra que, aunque tanto las imágenes como los textos muestran asociaciones de género similares, las imágenes presentan esos estereotipos de manera mucho más extrema. Por ejemplo, profesiones tradicionalmente asociadas con mujeres, como enfermería o peluquería, aparecían representadas con una proporción mucho mayor de mujeres en las imágenes que en los textos. Lo mismo sucedía con profesiones tradicionalmente asociadas a los hombres, como fontanería o ingeniería.

En otras palabras, si un texto ya sugiere que una profesión es «más masculina” o «más femenina”, la imagen correspondiente suele exagerar todavía más esa percepción.

Las mujeres aparecen menos de lo que deberían

El estudio también encontró un problema adicional: las mujeres están infrarrepresentadas en las imágenes de Internet. Las imágenes no solo reflejan la realidad de forma imperfecta, sino que tienden a presentar una versión todavía más desigual que los textos.

Cuando las investigadoras y los investigadores compararon los resultados con datos reales del mercado laboral estadounidense y con encuestas de opinión pública, observaron que mientras que los textos se aproximan más a la realidad observada, las imágenes muestran una presencia masculina significativamente mayor. La infrarrepresentación femenina en las imágenes respecto a la realidad es cuatro veces mayor en las imágenes que en el texto. Incluso en aquellas profesiones en las que la realidad laboral es más equilibrada, las fotografías siguen mostrando muchos más hombres.

¿Influyen realmente en nuestra forma de pensar?

Para comprobar si el mayor sesgo observado en las imágenes respecto al texto tiene consecuencias psicológicas, se realizó un experimento con más de 400 personas. Cada persona debía buscar información sobre distintas profesiones utilizando Google. Un grupo de esas personas solo podía consultar imágenes, mientras que otro grupo debía leer descripciones textuales de esas mismas profesiones. Tras la búsqueda, todos respondieron a la pregunta sobre qué género asociaban con cada ocupación.

Aunque se trata de un experimento realizado en una única sesión, los resultados indican que incluso una exposición breve a imágenes sesgadas puede modificar las asociaciones de género de los participantes.

Quienes habían visto imágenes mostraban estereotipos de género significativamente más fuertes que quienes habían leído textos. Por ejemplo, la profesión de modelo fue considerada mayoritariamente femenina por ambos grupos, pero esa percepción casi se duplicó entre quienes habían visto fotografías. Es decir, la mera exposición a imágenes sesgadas modificó la percepción de los participantes sobre quién «pertenece” a determinadas profesiones.

Una posible explicación del resultado anterior es que los textos pueden describir una profesión sin mencionar el género. Una frase como «el hospital realizó la operación” puede escribirse de forma neutra o incluso evitar cualquier referencia al sexo de la persona que realizó la intervención. Las imágenes funcionan de otra manera. En una fotografía, el género suele percibirse inmediatamente mediante rasgos físicos, ropa o peinado. La información demográfica es mucho más visible y, por tanto, mucho más difícil de ignorar.

Un reto para la inteligencia artificial

Los resultados del trabajo adquieren todavía más importancia en la era de la inteligencia artificial generativa. Muchos sistemas capaces de crear imágenes a partir de texto se entrenan utilizando enormes colecciones de imágenes disponibles en Internet. Si esas bases de datos contienen sesgos de género, la inteligencia artificial puede incorporarlos y reproducirlos automáticamente.

Así, cuando un usuario solicita una imagen de una profesión, el sistema puede tender a generar representaciones estereotipadas porque es precisamente lo que ha aprendido del contenido existente en la web. El problema, por tanto, no se deriva únicamente de la inteligencia artificial, sino de los datos con los que se alimenta.

Conclusión

La psicología lleva décadas mostrando que las imágenes se recuerdan mejor que las palabras y producen un mayor impacto emocional. Es famosa la frase “una imagen vale más que mil palabras” (atribuida generalmente a Fred R. Barnard), que influyó significativamente en el uso de las imágenes en publicidad. Por eso su capacidad para reforzar asociaciones y estereotipos resulta especialmente potente.

Las imágenes no son un simple reflejo de la realidad, sino que contribuyen a construirla. Cada fotografía que aparece en un buscador, una red social o una campaña publicitaria transmite información sobre quién ocupa determinados espacios sociales. Cuando millones de personas consumen diariamente esas representaciones, los estereotipos se refuerzan de forma silenciosa.

En un mundo cada vez más visual, las imágenes que encontramos en Internet no solo muestran cómo es la sociedad: también influyen en cómo imaginamos quién pertenece a cada profesión o espacio social. Diseñar plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial que representen mejor la diversidad no es solo un reto tecnológico. Es también una forma de evitar que los estereotipos del presente se conviertan en los del futuro.

Referencia

Guilbeault, Douglas; Solène Delecourt; Tasker Hull; Bhargav S. Desikan; Mark Chu; and Ethan Nadler (2024). “Online images amplify gender bias”. Nature 626 (8001), 1049-1055

Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

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