Mary Ellen Jones, descifradora de los secretos moleculares de la vida

Vidas científicas

Mary Ellen Jones fue una de las bioquímicas más influyentes del siglo XX, reconocida por sus hallazgos fundamentales sobre el metabolismo y la síntesis del ADN. Su trabajo contribuyó a entender cómo las células fabrican componentes esenciales de la vida, y no solo revolucionó la bioquímica básica, sino que sentó las bases para gran parte de la investigación moderna sobre el cáncer. Fue una defensora incansable de las mujeres y las minorías en el ámbito científico.

Mary Ellen Jones. NAS.
Mary Ellen Jones. NAS.

Mary Ellen Jones nació el 25 de diciembre de 1922 en La Grange Park, un suburbio de Chicago (EE. UU.), en una época en la que se les presuponían pocas expectativas profesionales a las mujeres. Desde joven mostró interés por la ciencia, en especial por la biología. Tras graduarse en bioquímica por la Universidad de Chicago en 1944, tuvo que posponer su deseo de realizar estudios de posgrado porque no disponía de recursos económicos inmediatos.

Los inicios de una vocación: de la industria cárnica a Yale

Durante los cuatro años de paréntesis académico, Jones trabajó en la empresa cárnica Armour and Company, inicialmente como bacterióloga en control de calidad y luego como química haciendo investigación. Allí conoció a Paul Munson, director del laboratorio de investigación y su marido a partir de 1948. Acordaron que ambos mantendrían su carrera científica, para lo cual dedicarían uno de los salarios íntegro a la ayuda doméstica y al cuidado de sus hijos. Decisiones como esta eran poco habituales en la época.

Sabiendo que su verdadera vocación residía en la investigación académica, Jones comenzó su doctorado en el año 1948, tan pronto como su marido obtuvo una plaza en Yale. Lo hizo bajo la dirección de Joseph Fruton, una figura destacada en el estudio de enzimas y proteínas. En tan solo tres años completó una tesis sobre la catepsina C –enzima proteolítica encargada de rejuvenecer las células y tejidos eliminando las proteínas defectuosas–, un logro impresionante dados los medios técnicos de la época. Este trabajo fue la primera muestra del rigor en el diseño experimental y la originalidad que caracterizarían la carrera de Jones.

Tras doctorarse, Jones se trasladó a Boston para realizar una estancia posdoctoral con el bioquímico Fritz Lipmann, merecedor del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1953 por describir el ciclo de Krebs.

El carbamoil fosfato: un hallazgo revolucionario

El nombre de Mary Ellen Jones estará por siempre ligado al descubrimiento del carbamoil fosfato, una molécula fundamental del metabolismo celular. A comienzos de la década de 1950, el conocimiento de las rutas bioquímicas era todavía fragmentario. Se intuía que ciertos compuestos debían existir para explicar la síntesis de aminoácidos (la base de las proteínas) y nucleótidos (la base de los ácidos nucleicos), pero no siempre se habían identificado de forma experimental.

En ese contexto, Jones demostró la existencia del carbamoil fosfato, una molécula intermediaria clave en dos vías metabólicas críticas: el ciclo de la urea y la biosíntesis de nucleótidos pirimidínicos, componentes básicos del material genético. Su hallazgo tuvo un impacto enorme porque, por un lado, permitió comprender cómo los organismos eliminan el exceso de nitrógeno –un proceso vital para evitar la toxicidad del amoníaco– y, por otro, aportó una pieza esencial al rompecabezas de cómo las células fabrican los ladrillos de su material genético.

Carbamoil fosfato: fórmula estructural y modelos con bolas y enlaces. Wikimedia Commons.

Gracias a esta investigadora, el carbamoil fosfato pasó de ser una hipótesis a un compuesto bien caracterizado. La importancia de esta molécula fue tal, que pronto comenzó a estar disponible comercialmente como reactivo científico para otros laboratorios. Hallarla no solo fue fundamental para entender rutas metabólicas básicas, sino que también abrió el camino investigaciones posteriores en biología molecular y medicina, ya que saber cómo se forma el material genético en las células es crítico para poder comprender el comportamiento de las que son cancerosas.

Jones también fue pionera en el estudio de enzimas multifuncionales, es decir, proteínas que realizan múltiples pasos en una misma ruta metabólica. Además, sus estudios sobre la estabilidad y la estructura de enzimas implicadas en la síntesis de nucleótidos también tuvieron repercusiones en la comprensión de enfermedades genéticas raras en las que algunas rutas están alteradas.

Liderazgo académico y lucha por la igualdad en ciencia

La carrera académica de Jones se extendió a varias instituciones importantes de los Estados Unidos. Tras su posdoctorado en el laboratorio de Lipmann en Boston, en 1957 comenzó su etapa docente como profesora asistente en la Universidad Brandeis en Massachusetts. En 1966 se trasladó a la Universidad de Carolina del Norte (UNC) en Chapel Hill. Debido a la falta de espacio en el Departamento de Bioquímica, Jones tuvo que instalar su laboratorio en el sótano del edificio de zoología, un lugar que no estaba diseñado para la investigación experimental y que la mantenía aislada de sus colegas. A pesar de las condiciones adversas, Jones y su equipo encontraron formas ingeniosas para seguir en la vanguardia de la investigación bioquímica. Su perseverancia dio frutos, ya que, tras un periodo en la Universidad del Sur de California, regresó a la UNC para hacer historia como la primera mujer en dirigir un departamento (el de Bioquímica) en la Facultad de Medicina, y la primera en ocupar una cátedra de investigación financiada (Kenan Professorship). Estos logros marcaron un hito en la historia académica de la institución y abrieron puertas a muchas otras mujeres investigadoras.

Jones fue una defensora incansable de las mujeres y las minorías en el ámbito científico. Su liderazgo se extendió a nivel nacional, presidiendo organizaciones como la Sociedad Estadounidense de Bioquímica y Biología Molecular y la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios. Su papel activo en estas sociedades contribuyó a promover políticas de investigación y educación que beneficiaron a toda la comunidad científica.

Honores y legado

Mary Ellen Jones recibió numerosos reconocimientos por su trabajo, incluyendo la medalla Wilbur Cross de Yale en 1982 y el premio Thomas Jefferson de la UNC en 1990. Fue elegida para formar parte de la Academia Nacional de Ciencias en 1984 y de la Sociedad Filosófica Estadounidense en 1994, distinciones que demuestran que fue una investigadora remarcable en su época. Un símbolo duradero de su legado es el Mary Ellen Jones Dissertation Prize de Yale, otorgado anualmente a las y los mejores doctorandos en bioquímica y biofísica, y un edificio de investigación de once pisos que lleva su nombre en el campus de la UNC en Chapel Hill.

ary Ellen Jones Building (1981). The University of North Carolina at Chapel Hill.

A lo largo de toda su carrera, Mary Ellen Jones demostró tener gran curiosidad intelectual y una apertura hacia las nuevas tecnologías poco común para su época. Incluso a finales de los años 1980 y principios de los 1990, cuando ya superaba los sesenta años, siguió incorporando nuevas técnicas de biología molecular en su laboratorio, demostrando una flexibilidad mental extraordinaria. Se retiró formalmente en 1995 tras una larga y productiva carrera, poco después de ser diagnosticada de cáncer de esófago. Falleció un año después, el 23 de agosto de 1996, a los 73 años.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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